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¡Viva Brasil!

¡Viva nuestra política exterior, soberana e independiente!

Fuentes: Carta Maior

Traducido por S. Seguí

Buitres, urubúes, tucanes1, todos frenéticamente en contra de una negociación pacífica del conflicto en torno a Irán, porque es Lula quien condujo las negociaciones, lo que fortalecería aún más su imagen. En cambio un eventual fracaso, aunque llevase a un nuevo conflicto bélico de grandes proporciones, siempre que pudiera ser explotado internamente en términos electorales favorecería a la oposición, en sus mezquinos y desesperados cálculos electorales.

No importa el destino de Oriente Próximo, o del mundo, siempre que José Serra pueda tener alguna esperanza de ser elegido. Elegir un candidato que ha dicho que el Mercosur «es una farsa», que Brasil «hizo una chapuza» en Honduras, que el ingreso de Venezuela en el Mercosur era «una insensatez», que «no invitaría al primer ministro iraní a visitar Brasil, ni iría él de visita a Irán».

Que se vaya al garete la paz mundial, con tal de que la candidata de Lula no siga su curva ascendente, que la hace superar ya al candidato Serra según la encuesta de la empresa Vox Populi2. Al cuerno con la paz en Oriente Próximo, siempre que podamos señalar con el dedo algún paso en falso de Lula en su viaje a Irán. Al diablo con el mundo, siempre que los intereses de la derecha brasileña estén a buen recaudo.

Esta visión estrecha, provinciana, se da de bruces con la importancia del acuerdo conseguido y con sus repercusiones internacionales. Tanto más cuanto que contradice el escepticismo del gobierno estadounidense -Hillary Clinton mencionó el tamaño de la montaña que Lula tendría que escalar para conseguir el acuerdo- y de los portavoces de la militarización de los conflictos a escala mundial. Donde otros fracasaron o apostaron por la inutilidad de la búsqueda de acuerdos negociados, Brasil triunfó.

Brasil ha sabido buscarse aliados -Rusia, China, Turquía, Francia- para abrir un espacio de negociación política que se ha demostrado posible y correcto. La posición brasileña de que Estados Unidos -y otras potencias-, con sus inmensos arsenales nucleares, no tienen autoridad moral para buscar acuerdos que limiten la proliferación del armamento nuclear, abre el camino a otras iniciativas de paz.

En Israel y Palestina, Lula dejó claro que Estados Unidos no es el buen negociador para la paz de la región, tanto por ser parte integrante del conflicto, al definir a Israel como su aliado estratégico, como porque ha fracasado a lo largo del tiempo, sin que se haya obtenido concreción alguna del acuerdo de la ONU de garantizar la existencia de un Estado palestino en las mismas condiciones que el Estado israelí.

Solo faltaba que presentasen la candidatura de Lula al Premio Nobel de la Paz para que un inmenso griterío se extendiese por ahí, a fin de que este merecido reconocimiento internacional no proyectase la imagen de Brasil como un nuevo sujeto en las negociaciones de paz, proyectándonos como un país que contribuye de manera efectiva a la superación de un mundo unipolar, bajo la hegemonía imperial de una única superpotencia, en favor de la creación de un mundo multipolar.

Debemos sentirnos orgullosos de la diplomacia brasileña y la política internacional del Brasil, y de la actuación de Lula y de Celso Amorim. Debemos seguir luchando para consolidar estas directrices de la política exterior brasileña y contribuir a que ésta no sólo continúe sino que se extienda y contribuya aún más a construir un mundo en el que los conflictos no sean ya objeto de intervenciones militares, sino de negociaciones políticas, pacíficas, que respeten los derechos de todos, especialmente de los que, hasta ahora, fueron oprimidos por las potencias que concentran los mayores arsenales del mundo y pretenden perpetuar su dominio en un orden mundial injusto.

NOTAS

[1] En el logo del Partido da Social-Democracia Brasileira (PSDB) figura la imagen de un tucán. (N. del t.)

[2] La última encuesta da una intención de voto de 38% para Dilma Rousseff y de 35% para el candidato del PSDB, José Serra (N. del t.)

Emir Sader es un sociólogo brasileño, docente e investigador. Actualmente coordina el Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, y es Secretario Ejecutivo de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Ha publicado recientemente La venganza de la historia, editorial Era, México, 2005.

S. Seguí es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.

http://www.cartamaior.com.br/templates/materiaMostrar.cfm?materia_id=15356

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