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Vivimos en un sistema enfermo mental y asesino

Fuentes: Rebelión

Desde hace varios decenios nos encontramos en una activa acción necropolítica desarrollada por el neoliberalismo.

La frase «Los ancianos viven demasiado y son un riesgo para la economía mundial. Tenemos que hacer algo, y ya», atribuida a Christine Lagarde, ha levantado ampollas en la “opinión publica”, es decir (hablando en esperanto) en el poder mediático. Rápidamente han salido turbios medios virtuales como, por ejemplo, el aparentemente contestatario “Maldita-es-maldito bulo” [1] para desmentir y calificar de bulo la mencionada frase, tachando la imagen de Lagarde, que le acompañaba, con un gran sello rojo con la palabra BULO. Con esta declaración de bulo se da la sensación de que se está defendiendo el respeto a las venerables canas de la señora Lagarde. Pero lo que se defiende, más que a esta vendida señora, es al sistema draconiano del neoliberalismo mundial. En efecto, aunque no sea exacta la frase mencionada sí que refleja perfectamente lo repetido en infinidad de veces por el neoliberalismo global y el crecimiento oligárquico: hay que poner la economía por encima de las personas y de su salud, por supuesto.

Si embargo grupos como “Maldita-es”, cuya misión exclusiva (según dicen) es  “la batalla contra la mentira”, más bien son grupos manipulados para una “batalla contra la verdad”. También existen grupos que se dedican a lanzar intencionadamente bulos para crear confusión en el lector y que éste empiece a no creer en nada, tampoco en las verdades.

Lo cierto es que el poder mediático es un cañón disparador de falsedades que usa el 90 % de todos los  medios mundiales, los cuales domina. No me importa si la frase en cuestión es exacta y si en lugar de Lagarde lo ha dicho una institución económica internacional, tal como quiere justificar “Maldita-es”. Si es que lo ha dicho una institución peor todavía que si es un comentario personal. Pero lo verdadero es que lo que dice la frase es tan real como la vida misma. Y el “hay que hacer algo ya”,  al menos hace que pensar, sobre todo cuando en breve tiempo ha surgido la pandemia.

Hace ya algún tiempo que Gabriel Martín ya nos hablaba de la existencia de  “El pan por el cntrol demográfico: el Informe Kissinger – NSSM 200”. Dentro de los poyectos a largo plazo. Nos dice que desde el 9 de agosto de 1974 tras el escándalo Watergate, la Secretaría de Estado, comandada por Henry Kissinger entregó a la Casa Blanca el National Security Study Memo 200, un extenso análisis de la situación demográfica mundial. Kissinger, identificó el crecimiento de la población en los países del tercer mundo (Lesser Developed Countries – LDCS) como «un asunto de máxima importancia» y alegó que tal situación ponía en peligro el acceso a minerales y a otras materias primas que los EE.UU. necesitaban y que, por lo tanto, constituía una amenaza para su seguridad económica. Por ello EEUU se lanzo en seguida a una campaña de extinción de población indígena. Al respecto Gabriel Martin nos continúa comentando en su artículo en el siguiente texto:

“México sirve como caso testigo de la inversión estadounidense en las últimas décadas sobre planificación familiar forzada” (…) En Perú también se han denunciado las campañas de esterilización en las que se emplean presiones, promesas de dinero o alimentos y engaños. Con Alberto Fujimori en las localidades de Mollepata, Limatambo y Ancahuasi, las mujeres fueron convocadas a un control sanitario y vacunación, en la sala eran encerradas en grupos de 10 a 20 mujeres y eran inmediatamente anestesiadas (…) Kissinger sugiere que todo tipo de ayuda debe ajustarse a aquellos países que acepten las condiciones de reducir la tasa de natalidad y busquen la estabilidad política (…) Queda a libre interpretación si el control de natalidad que impulsa el memorando, y visto los ejemplos citados de México y Perú, si la idea de Kissinger es eliminar la pobreza o eliminar a los pobres. [2]

Susan George en su libro El Informe Lugano, en donde en estilo novelado pero con profusión de referencias al mundo real expone cómo EE UU paga a los más famosos economistas y ecólogos del globo para forzar la disminución de la población en el mundo periférico, ya que son un peligro para la continuidad del capitalismo. No es tan fantasiosa la historia que nos presen­ta esta autora en su obra; por desgracia, con frecuencia la reali­dad llega a superar a la ficción [3]. Existen al menos dos casos famosos que atestiguan la potenciación de la necropolítica: Henry Alfred Kissinger y Al Gore. Y que son nada menos que dos Premios Nobel. Pero no voy a entra en detalles, pues el espacio de este artículo no da para ello, si el lector quiere ampliar esta información puede hacerlo consultando mi libro El decrecimiento feliz y el desarrollo humano [4].

En España el 80% de los jueces son del Opus Dei, y no sólo es que sean jueces de derecha, son una ultraderecha conectada al neoliberalismo global.

Son los que pueden estar preparando un “golpe de Estado blando” que favorezca el crecimiento oligárquico indefinido y global, porque el neoliberalismo global necesita mucha más esclavitud y necropolítica para crecer cada vez más y poder competir hegemónicamente. Por ejemplo, se da el caso de que EEUU, con el 6% de la población mundial consume al menos un 35% de los recursos mundiales. En esto consiste el crecimiento oligárquico.

La necropolítica nos indica que mucha gente debe morir

Los negacionistas del covid-19 están claramente alineados en una obsesiva necropolítica. Es un hecho que donde más muertes se producen por el covid es entre los indígenas, los emigrantes, los sin techo y los ancianos. Veamos cómo mueren estos sectores de población de forma mucho mas frecuente que en el Primer Mundo.

  • Los indígenas deben morir para favorecer el crecimiento oligárquico

Para el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) es necesario que mueran los indígenas para explotar más fácilmente  los recursos autóctonos sin la menor dificultad. Además los indígenas son los propietarios ancestrales de las partes aún sin explotar de la selva y además son los únicos que defienden a la Pachamama, y esto va por completo en contra del crecimiento oligárquico del PIB. Así que sin duda el poder mediático nos dice que hay que seguir el ejemplo de EEUU, de exterminio total de la población indígena. Y en ello está muy volcado Jair Bolsanaro. Si queremos que el neoliberalismo prosiga creciendo indefinidamente habrá que hacer actuaciones de intensas consecuencias. Por ejemplo, infinitos fuegos forestales como los que se están provocando de forma incesante en el Amazonas, en Indonesia, etc. Así se deja vía libre para pastos para McDonald’s, mas fácil acceso a las minas de recursos no renovables, al tiempo que se efectúa una limpieza étnica de los conflictivos indígenas.

  • Los emigrantes deben morir para favorecer el crecimiento oligárquico

Los crecentistas oligárquicos del neoliberalismo global son unos obsesos del negacionismo del cambio climático (C.C.) y del negacionismo pandémico, porque solo ven, con su miope mirada, el cortoplacismo acumulativo oligárquico. Pues a estos personajes respetados por el sistema el C.C. lo está favoreciendo en su deseada necropolitica. Porque con el C.C. están aumentando desorbitadamente las migraciones climáticas y con ellas las masivas muertes humanas que se producen al realizar sus travesías por el desierto y el Mediterráneo. Son unas masivas muertes muy apetecidas por estos respetados señores crecentistas oligárquicos de PIB, que defienden a capa y espada lo que es medida de todo y buena marcha de todo en este ciego sistema que padecemos: el PIB. Son señores defendidos por todos, sin posibilidad de cuestionamiento, a no ser que te llame comunista y retrogrado la “opinión pública mundial”, que en realidad no es otra cosa que una “opinión mediática” creada por el todo poderoso poder mediático”

  • Los sintecho deben morir para favorecer el crecimiento oligárquico

Los sintecho es inevitable que mueran, con el covid-19, como moscas a las que las han rociado con el “bendito” DDT. Ello resulta evidente, puesto que no podrán enclaustrarse en los toques de alarma, pues está claro que no tiene dónde hacerlo. Y los que no mueran de covid-19 lo harán de una pulmonía o sencillamente de hambre.

  • Los ancianos también deben morir para favorecer el crecimiento oligárquico

Los ancianos también deben morir, pues son una pesada carga para la economía, según han declarado importantes representantes de la “opinión económica internacional”. Que no son otra cosa que unos crecentistas, unos seres humanos con la enfermedad mental de la obsesión por la acumulación la manía de la hegemonía. Los viejos no son rentables, así que también, como el caso de los emigrantes, los indígenas y los sintecho, deben dejar de existir. El covid-19 se puede encargar bien de esta labor, por su enorme expansión global y por su estupendo carácter nazi selectivo con los más débiles. A los crecentistas oligarquicos de PIB les está viniendo como anillo al dedo la aparición del selectivo y simpático covid-19. 

Notas:

[1] Cuyo hipócrita eslogan es “Únete y apóyanos en nuestra batalla contra la mentira”.

[2] http://www.biodiversidadla.org/Documentos/El-Plan-por-el-Control-el-Informe-Kissinger-NSSM-200.-Proyectos-a-largo-plazo

[3] Susan George, “Informe Lugano”, Icaria editorial, Barcelona, 2003

[4] Julio García Camarero, El decrecimiento feliz y el desarrollo humano, la Catarata, Madrid, 2010, págs.  183 a 200.

Julio García Camarero es doctor en Geografía por la Universidad de Valencia, ingeniero técnico forestal por la Universidad Politécnica de Madrid, exfuncionario del Departamento de Ecología del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias y miembro fundador de la primera asociación ecologista de Valencia, AVIAT.