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Entrevista a José Correia Leite

«Vivimos un cambio de era, no de coyuntura, eso explica la caída de Dilma»

Fuentes: Correio da Cidadania

Dilma cayó, Temer asumió y un clima de incertidumbre se cierne sobre el país. Si, de un lado, las manifestaciones que respaldaron el impeachment no se repitieron siquiera mínimamente después del logro, de otro lado la reacción de los sectores progresistas, dentro y fuera del lulismo, todavía es confusa. Para analizar el intrincado momento histórico, […]

Dilma cayó, Temer asumió y un clima de incertidumbre se cierne sobre el país. Si, de un lado, las manifestaciones que respaldaron el impeachment no se repitieron siquiera mínimamente después del logro, de otro lado la reacción de los sectores progresistas, dentro y fuera del lulismo, todavía es confusa. Para analizar el intrincado momento histórico, Correio da Cidadania conversó José Correia Leite que liga la inestabilidad brasileira a un cuadro mundial no muy diferente de crisis sin soluciones.

-Correio da Cidadania: ¿Cuáles son los elementos centrales de la crisis política de este período que llevaron a la caída de Dilma?

-José Correia Leite: Son dos elementos básicos de partida. El primero es respecto a la naturaleza de lo que ocurrió. No tengo duda de que fue un golpe institucional, que está en la secuencia de un proceso visto en otros países de América Latina, como Honduras en 2009 y Paraguay en 2012. Gobiernos electos por el voto popular son sustituidos por articulaciones de ocasión de las oligarquías para derribar legalmente al presidente. Por tanto, frustran la voluntad y soberanías populares, al ver presidentes electos cambiados por oligarcas. Es la primera caracterización. Está de acuerdo con los cambios institucionales del continente en las últimas décadas, en que los militares ya no son la columna vertebral del conservadurismo, pero si las instituciones políticas y los grandes medios de prensa.

El segundo elemento central que parece definidor es que tenemos el agotamiento del ciclo petista, que corresponde a un cambio de período. No es simplemente el cambio de coyuntura, sino de período histórico, en sintonía con el mismo cambio de período histórico de América Latina. El período de reformas neoliberales de los años 80 y 90 generó resistencias populares que acabaron expresándose en casi todos los países, gobiernos que se decían «antineoliberales», o con mandatos de tal orientación. Los partidos de izquierda fueron capaces de galvanizar el descontento con las políticas neoliberales y llegar a los gobiernos.

Raramente tales gobiernos hicieron rupturas con la orientación política neoliberal. Tuvieron el carácter de gobiernos que aplicaron políticas que podríamos definir como de redistribución neoextractivista. O sea, en la nueva división internacional del trabajo cupo a los países latinoamericanos el papel de ofrecer commodities, materias primas agrícolas más baratas para el avance de la industrialización asiática. En Brasil eso fue muy claro, inclusive con énfasis no solo en la exportación de minerales de hierro, productos agropecuarios, sino también con la extracción de petróleo el pré-sal. Al mismo tiempo se aplicaron políticas redistributivas. Los fondos venidos de tales exportaciones eran parcialmente derivados hacia políticas de redistribución del ingreso, que tuvieron impacto positivo en el combate a la pobreza, principalmente por la inserción de capas de la población en el mercado de consumo.

Ahora volvemos, en muchos lugares, a la aplicación de la política neoliberal plena. Significa un esfuerzo de reversión de elementos progresistas anteriores. Para la izquierda del continente, que vivió 15 años en un ambiente rosa, es un cambio sustancial. Es lo que va a ocurrir en Brasil.

-Correio da Cidadania: ¿Por tanto es el cambio de era, más allá de la coyuntura, lo que explica la transición forzada y hasta golpista del poder al PMDB y evita el fardo de presentar tal programa en una disputa electoral?

-José Correia Leite: Temer recibe un mandato para combatir la recesión económica con el programa que Dilma no conseguía llevar adelante. Es un gobierno vinculado ante todo al capital financiero y al agronegocio sin elementos reformistas como antes. Es un gobierno de carácter conservador. Eso queda claro en el gabinete ministerial, que tiene la emblemática figura del ministro de Justicia, Alexandre de Moraes, comprometido aquí en Sao Paulo con el escamoteo de informaciones básicas de seguridad pública. Ni siquiera informaciones de homicidios se logran obtener con tal figura. De los 21 ministros dos son investigados por corrupción y siete son citados por las investigaciones de la operación «Lava Jato». Estamos, por tanto, lidiando con un grado enorme de gansterismo.

Es un gobierno que tiene un corte claramente conservador y al mismo tiempo no marca una ruptura tan profunda con el bloque de poder, cambiando al PT y PC do B por el PSDB y DEM. Así, muchos problemas que marcaron la política institucional permanecen. Eso hace con que podamos prever un escenario de inestabilidad, porque en principio el mandato viene con políticas muy impopulares: corte de gastos sociales, ajuste fiscal, congelamiento salarial…

No obstante tales políticas tienen un precio electoral. Y no me parece que la base de sustentación del gobierno se disponga a promover políticas. Así tendremos la continuidad de la inestabilidad política, pero bajo un gobierno conservador.

Esta inestabilidad también se hace presente por las cuestiones pendientes sobre la salida de Dilma -decisión del Supremo Tribunal Federal- y por la eventual divulgación de nuevas cuestiones de la operación Lava Jato.

Así, la política económica de corte liberal más claro puede provocar reacciones populares en las calles, movilizaciones importantes. Pienso que estas coordenadas diseñan lo que podemos esperar del gobierno Temer.

-Correio da Cidadania: ¿Sobre el agotamiento del ambiente rosa y la venida de una nueva derecha a retomar viejos ciclos, qué vislumbra usted en la economía en este momento?

-José Correia Leite: No da para retomar viejos ciclos. El cuadro internacional es muy desfavorable, no sólo en América Latina sino en el mundo en general. Desde 2008 el crecimiento es bajo en todas las regiones del planeta. Necesariamente el capitalismo tendrá que inventar alguna cosa nueva. A medio y largo plazo la aplicación de políticas neoliberales tiende a generar procesos mucho más recesivos.

Es muy difícil visualizar las alternativas posibles dentro del sistema. En todas partes el dominio del capital financiero sigue imbatible. El bloque del poder no se alteró en el mundo. Tenemos una continuidad de políticas neoliberales, con una gran capacidad de crecimiento. De ese modo podemos especular sobre eventuales salidas todavía más conservadoras, como se ve con la derecha xenófoba de Europa o con Donald Trump en los Estados Unidos. Significarán políticas más nacionalistas, más de corte autoritario.

En el caso brasilero es difícil que este tipo de nacionalismo gane terreno. Podemos tener un conservadurismo de naturaleza antisocial más establecido. Pasaría por el sustancial fortalecimiento de la figura de un Bolsonaro en la próxima elección en 2018. Pero todavía es especulación.

-Correio da Cidadania: Todavía dentro del contexto económico, recientemente el analista político argentino Jorge Benstein teorizó que la derecha que retorna al poder a través de figuras como Macri en Argentina no es igual a la derecha tradicional de los años 90, además de optimista tendría fundamentos económicos más sólidos. Sería algo más «nihilista», una «lumpenburguesía», lo que en cierta medida coincide con la columna de Jânio de Freitas en Folha de Sâo Paulo de este jueves. Gobierno al servicio de los que siempre tuvieron más, quieren todo de una vez y punto final.

-José Correia Leite: Sí, es una derecha con intereses completamente particularistas. En ese sentido es interesante recuperar el análisis de Marcos Nobre, de la Unicamp (Universidad de Campinhas) que estudia al PMDB. Según él, FHC (Fernando Henrique Cardoso) y Lula gobernaron con macrocoaliciones, grandes articulaciones de gobierno capaces de incorporar múltiples intereses particularistas a una orientación general. Y Dilma, frente a la crisis internacional, intentó alterar el cuadro de forma tecnocrática, lo que salió mal. Intentó, por ejemplo, mezclar un trípode macroeconómico, lo que sería una alternativa progresista, pero no fue capaz de consolidar una nueva orientación política para su gobierno. Al hacer eso se confrontó con intereses muy poderosos del capitalismo financiero global.

La pregunta que queda es: ¿será posible que en el próximo período exista una orientación política de la burguesía con capacidad hegemónica, de modo de reunificar múltiples sectores de la clase dominante y de la sociedad en torno de una orientación? Parece que no.

En ese sentido, y de acuerdo con el análisis de Benstein, asistimos en Brasil y en América Latina a una lucha desesperada de cada sector por su propia sobrevivencia. Y la disputa por las migajas en un cuadro en que la mesa está quedando más chica. Es un elemento importante para entender por qué Dilma cayó. No es algo inmediato. Ella, aparentemente, implementaba la continuidad de la política de Lula. Pero de hecho intentó dar estabilidad al gobierno con una continuidad de la política de FHC de contención macroeconómica, lo que mantenía al capital financiero dócil.

-Correio da Cidadania: ¿Cuánto hay de oposición de izquierda, cómo debería actuar, dentro o fuera de la institucionalidad?

-José Correia Leite: La recomposición de la izquierda es un proceso que lleva tiempo, e incluso los reposicionamientos tácticos demoran. Por ejemplo los petistas todavía se mueven lentamente. Hay un vacío en la orientación petista, dado que la propia Dilma es una figura difícil de lidiar. Pero Lula, ya hace tiempo, trabaja con la idea de quedar en la oposición y prepararse para la disputa de 2018. En ese sentido los petistas están construyendo una narrativa de lo que está pasando y cuál fue la naturaleza del golpe, con el fin de disputar una adhesión de masas. Eso busca consolidar su base social, que subsiste, e intentar preparar una nueva disputa más adelante.

Es una alternativa esencialmente falsa decir que el gobierno fue derrocado por sus cualidades, por haber promovido la inclusión, la reducción de la desigualdad, etc. Existieron tales elementos en la política, pero la disputa y la caída de Dilma se dio dentro de un cuadro en el cual la orientación era muy conservadora, con profundas políticas de ajuste.

Es evidente que el ciclo petista deja un legado de reducción de las desigualdades sociales en el país por la inclusión de sectores antes marginados del mercado como consumidores. Por tanto refuerza una serie de características conservadoras, cuya expresión más paradójica es la teología de la prosperidad de las iglesias pentecostales. Personas que viven bajo tal creencia y fueron «bendecidas» por esas políticas económicas, atribuyen la mejoría de su situación a dios, no a las políticas económicas.

Por tanto el legado es contradictorio. Claro que el PT y sus partidos satélites van a pasar a la oposición con un punto de vista progresista. Van a colocarse como izquierda que combate al gobierno de la derecha. Es el balance de los gobiernos de Lula y Dilma que venderán. Eso coloca para la izquierda que combatió el proyecto petista, hoy más visible en el PSOL (Partido Socialismo y Libertad), la tarea de conseguir llevar adelante un proceso de recomposición, de construcción de nuevas referencias, otro proyecto de poder para la sociedad brasilera, capaz de materializar un bloque histórico popular, con el fin de enfrentar las tareas pendientes, como las grandes reformas estructurales en la sociedad brasilera.

No será la afirmación de una izquierda solo a partir de lo nuevo. Tendrá que ser capaz de incorporar, además de las nuevas generaciones políticas, a una parte de aquellos que se identificaron en el pasado con las políticas de Lula y Dilma. Tendrá que ser capaz de conducir luchas de frente único, de dialogar con sectores del antiguo bloque histórico. Para dar un ejemplo concreto: una de las cosas que delinean en el gobierno Temer es la desvinculación presupuestaria de la educación y la salud. Claro que tiene un carácter de corte de inversiones sociales.

Para combatir este proyecto, el PSOl, el PCB (Partido Comunista Brasilero) y el PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado) pueden estar juntos en las calles junto al PT, el PCdoB (Partido Comunista del Brasil) y el PDT (Partido Democrático Laborista); lucharan juntos contra las políticas antisociales del gobierno Temer. Así, habrá una reeducación de la militancia que se forjó en los últimos 15 años de luchas contra el gobierno del PT y sus aliados. Por lo tanto es un giro político importante, pues tendremos algunas luchas de frente único al lado de sectores que eran gobierno hasta hace poco. Va a causar extrañeza en una militancia joven que pasó toda su vida política bajo los gobiernos del PT. Una generación que desarrolló conciencia en una época que los gobiernos petistas aplicaban políticas regresivas en varios aspectos.

Otro aspecto es que el PT tendrá que ser oposición en las calles también, terreno donde no sabemos exactamente lo que sobrevivió del partido, después de tanto tiempo en la institucionalidad. ¿Cuál será el poder de convocatoria de organizaciones como la CUT (Central Única de los Trabajadores) y la UNE (Unión Nacional de Estudiantes) como oposición? Tendremos varios test políticos en los que veremos con precisión el reposicionamiento político del petismo en la lucha de clases brasilera. En principio será una oposición de izquierda a un gobierno de derecha, aunque todavía una izquierda bastante color rosa, con colores muy pálidos luego de su pasaje por el gobierno.

Y también muy comprometida con la campaña de Lula en 2018, figura que es blanco de una destrucción de la derecha, pero que mantiene un apoyo popular importante. Sabemos que el proyecto de Lula es extremamente moderado, un proyecto donde todos ganan, desde los banqueros a los beneficiarios de la Bolsa Familia. Algo así ya se mostraba impracticable en el primer mandato de Dilma, en función de la profundidad de la crisis. Es otro elemento de disputa entre la izquierda socialista y el petismo en el próximo período.

Todo eso hace parte de una disputa narrativa y un balance de lo que pasó en Brasil y en América Latina en la última década y media. La izquierda socialista apunta, por encima de todo, a la insuficiencia de las políticas del lulismo. El petismo va a enfatizar los logros obtenidos bajo los gobiernos de Lula y Dilma. Tal disputa de narrativa es clave para el futuro de la izquierda brasilera. Definirá cual será la fuerza de izquierda socialista en el próximo período.

-Correio da Cidadania: ¿Vislumbra la posibilidad de que la idea de elecciones generales gane fuerza en el sentimiento popular?

-José Correia Leite: Para completar tendremos que saber cuál será la bandera de enfrentamiento al gobierno Temer. En este año, en lo inmediato, no puede ser otra que nuevas elecciones. Sabemos que no existe correlación de fuerzas para eso, pero puede existir y tornarse opción masiva en caso de que el gobierno Temer no consiga presentar soluciones estabilizadoras de corto plazo. Puede ser también un elemento de inestabilidad, de peso, para el gobierno Temer. El problema es que esa bandera ha sido bloqueada por el propio PT, con el argumento de que Dilma tiene que agotar todo el proceso legal del impeachment. Pero así perderemos el momento de levantar esa bandera, que debería estar pronta para salir a las calles ahora mismo.

Mientras tanto el petismo está discutiendo que no puede levantar esa bandera ahora porque perjudica la defensa de Dilma en el Senado y el Supremo Tribunal Federal. Es un preciosismo completo. Estas instituciones están comprometidas con el golpe institucional. Por eso la única posibilidad de revertir el juego e impedir que el gobierno Temer se asiente es cuestionar su legitimidad y apuntar que el cambio de gobierno debe estar de acuerdo con la voluntad soberana del pueblo, con nuevas elecciones.

Claro que idealmente tales elecciones deberían ser también elecciones parlamentarias, a fin de barrer la corrupción generalizada que toma cuenta del Congreso. Pero eso sólo sería posible con una sublevación popular en las calles contra el orden político, como en 2013, pero de modo muy amplificado. No me parece que eso esté en el horizonte, inclusive por el desgaste institucional del PT y el grado de articulación entre golpistas, instituciones, grandes medios…

La demanda de la convocatoria de nuevas elecciones para presidente es relativamente simple de hacer y ser entendida por el pueblo, en torno del 60% de las personas ya prefieren nuevas elecciones. Pero la idea pierde validez y caduca en caso de que el gobierno de Temer termine el año estable. Pero, en un plazo inmediato, es la bandera que puede mover la correlación de fuerzas de la actual coyuntura.

Gabriel Brito, Docente en ciencias políticas, militante del PSOL.

Fuente original: http://www.correiocidadania.com.br/index.php?option=com_content&view=article&id=11668:2016-05-13-18-45-46&catid=72:imagens-rolantes

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa