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¡Voto por el socialismo!

Fuentes: Aporrea

Voto por el voto. En el siglo XIX se presentó un ferviente liberal a votar por Antonio Leocadio Guzmán. Le advirtieron que estaba inhabilitado como candidato, y el votante dijo: «¡Voto por el inhabilitado!». Le añadieron que estaba sometido a juicio, y el votante exclamó: «¡Voto por el enjuiciado!». Le advirtieron que sería condenado a […]

Voto por el voto. En el siglo XIX se presentó un ferviente liberal a votar por Antonio Leocadio Guzmán. Le advirtieron que estaba inhabilitado como candidato, y el votante dijo: «¡Voto por el inhabilitado!». Le añadieron que estaba sometido a juicio, y el votante exclamó: «¡Voto por el enjuiciado!». Le advirtieron que sería condenado a muerte, y el elector gritó: «¡Voto por el muerto!».

En Venezuela por fin tenemos un sistema electoral a prueba de fraudes, certificado por millares de observadores internacionales. También tenemos autoridades que lo respetan. Parece abierta la vía hacia la revolución pacífica, si es que alguna vez el imperio más armado del mundo va a permitirla. ¡Voto por el voto! Voto por Venezuela. Una vez más, participa en la contienda electoral la Embajada de Estados Unidos. La situación no es nueva. En 1946, el embajador estadounidense Braden intentó forzar una decisión electoral contra Perón, al extremo de que la campaña justicialista ganó con el lema «O Braden o Perón».

En 1973 el Departamento de Estado inundó de dólares Chile para evitar la elección de Allende; elegido éste, presionó para impedir que el Poder Legislativo lo ratificara; ratificado, financió el operativo para derrocarlo. En 1990 la Embajada de Estados Unidos destinó millones de dólares para fundir quince grupos opositores nicaragüenses en un Frente en torno a Violeta Chamorro. Eva Golinger demostró que el Departamento de Estado es el financista principal de la oposición venezolana. O Bush o Venezuela. ¡Voto por Venezuela! Voto por la Integridad Territorial. El tiempo derrumbó las leyendas urbanas sobre la estrategia de la oposición. Que convocaría primarias; que no presentaría candidatos; que llamaría a la abstención; que ridiculizaría el proceso cuadrándose detrás del Conde del Guácharo.

Todas requerían una disciplina, una coherencia, una solidaridad que la oposición no tuvo, tiene ni tendrá. A estas alturas van 29 candidatos; las bases adecas desoyen a sus cogollos y apoyan a Rosales, quien sólo alega un llamado a repartir los reales del petróleo que poco efecto puede tener en quienes lo vieron apoyando el golpe privatizador del 11 de abril de 2002. Detrás de Rosales está también el proyecto de secesión del Estado Libre Asociado del Zulia, proclamado abiertamente a comienzos de este año. ¡Voto por la integridad territorial! Voto por el cuánto. Vivimos una elección sin sor presas. Todos saben quién va a ganar. Hasta la nada bolivariana encuestadora Seijas admite que Chávez junta 80% de popularidad. El opositor Rosales sólo se pro clamó a condición de que lo dejaran luego retornar a su gobernación del Zulia. Sólo hay duda sobre el cuánto. La encuestadora Seijas registra una intención de voto por Chávez de 60%. Para igualar popularidad e intención, voto por campaña, programa, ideología.

Voto por la campaña. Vivimos una campaña electoral sin campaña. O la oposición no tiene nada que decir o el proyecto bolivariano no quiere pecar de ventajista, pero esta es la contienda comicial de más bajo perfil en medio siglo, al extremo de que parece no tener ninguno. Rechacé siempre las campañas que arrancaban con la juramentación del presidente electo y crecían hasta la histeria colectiva año y medio antes de la nueva votación. No sufrago por el regreso de esos operativos de tortura sicológica.

Voto porque quienes compiten por la primera magistratura nos den una explicación concisa y detallada sobre qué van a hacer con los mayores recursos energéticos del hemisferio durante el próximo sexenio.

Voto por el programa. Para el 2012 deberían estar completados: 1) Una reforma del Estado que lo habilite para cumplir eficazmente sus cometidos y lo integre operativamente con las misiones. 2) Una total recuperación de la soberanía sobre nuestra industria de hidrocarburos, que coloque bajo control total, absoluto y exclusivo de la República los sectores hoy comprometidos con concesiones, contratos de servicios o empresas mixtas. 3) Un sistema de participación que integre de manera real las bases sociales a la toma de decisiones políticas y la selección de representantes y cuadros. 4) Una renacionalización de nuestras industrias básicas subastadas por el neoliberalismo, tales como las del hierro, aluminio, electricidad, telefónica, transporte aéreo y otras empresas estratégicas. 5) Una reconquista de prestaciones y derechos sociales tanto para trabajadores en general como para quienes colaboran en las misiones. 6) Una reasignación de las concesiones del espectro radioeléctrico que lo destine en forma efectiva a sus funciones constitucionales de información veraz, educación y entretenimiento. 7) Un replanteamiento del sistema económico en función del ahorro energético, la sustentabilidad productiva, el reciclamiento y la producción de artículos de consumo básico para las mayorías. 8) Una remodelación total del sistema financiero que lo libere de la tiranía del Consenso de Washington, y en consecuencia elimine tributos recesivos como el IVA, cobre impuestos al capital extranjero hoy exonerado por los tratados contra la doble tributación, y cancele de una vez y por siempre el desangramiento de la Deuda Pública. 9) Reforma Agraria, soberanía alimentaria y control de los recursos hídricos y biológicos integrales. 10) Reserva popular garante de la soberanía.

Voto por la ideología. Las elecciones de 2006 deben ser la divisoria para que el bolivarianismo deseche el peligro de querer ir a tantos sitios a la vez que termine por no llegar a ninguno. Vamos hacia el socialismo del siglo XXI; Hugo Chávez Frías lo ha proclamado una y mil veces; todas las encuestas señalan que los venezolanos favorecen el socialismo contra el capitalismo. Socialismo es propiedad social de los medios de producción. Quien no lo quiera, que se apee. Quien quiera hacerse rico, privatizar el agua, convertir a Venezuela en narcocasino prostibulario o negociar concesiones petroleras o de medios, que toque en la Embajada de Estados Unidos. Voto por el socialismo.

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