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La Eurocopa: hegemonía política y cuestión nacional

Fuentes: Rebelión

Independientemente del desenlace de la presente Eurocopa, el buen papel de la selección española ha provocado fundamentalmente dos reacciones, por un lado una mayor identificación con la selección y el estado que representa, y por el otro, una mayor preocupación, sobretodo en las nacionalidades históricas, ante esta expresión de españolismo. No somos ingenuos y sabemos […]

Independientemente del desenlace de la presente Eurocopa, el buen papel de la selección española ha provocado fundamentalmente dos reacciones, por un lado una mayor identificación con la selección y el estado que representa, y por el otro, una mayor preocupación, sobretodo en las nacionalidades históricas, ante esta expresión de españolismo. No somos ingenuos y sabemos que la política y el deporte son vasos comunicantes, y quién lo dude, puede consultar «La vergüenza de todos. El dedo en la yaga del mundial del 78» (Editorial Madres de la Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2005), libro en que Pablo Llanto relaciona la victoria de la anfitriona Argentina con la popularidad de la dictadura de Videla.

Así que ante una competición de esta magnitud nos encontramos ante el siguiente dilema, o bien dejamos de lado cualquier connotación política y adscripción nacional para desear un desarrollo del torneo que garantice la mayor calidad del juego, o bien, entramos de lleno en el entramado político. Pero si decidimos entrar en el entramado, no podemos permitirnos entradas parciales, o rebajar el rigor en el análisis.

Es legítimo desear la derrota de la selección española, al fin y al cabo nadie cuestiona la libre adscripción nacional de las personas, pero la derrota no viene sola, sino que viene necesariamente acompañada de la victoria de otra selección, que a su vez, representa otro Estado, o sea , otro modelo de dominación. Y cuesta imaginar cómo, desde una perspectiva liberadora, se puede respaldar la victoria de la mafiosa Rusia de Putin, de neoliberal Alemania de Merkel o de la neofascista Italia de Berlusconi. ¿A caso la victoria de estas selecciones no tendría repercusiones políticas en sus respectivos estados? El internacionalismo e ir sistemáticamente contra la selección española son dos actitudes incongruentes, a pesar que haya quién se enteste en aparentar lo contrario.

Todo esto nos lleva a pensar que quizás tenía que ser así. El problema no es ni la selección rusa, ni la selección española ni la poco afortunada selección holandesa. El problema es la competición misma. ¿En qué gradería de Austria y Suiza podemos corear el «paz entre pueblos, lucha entre clases» si la competición es precisamente entre pueblos o Estados que aspiran a serlo? Pero resulta que nuestro capitalismo, tan visiblemente enfermo en lo económico, presume de una saludable salud en lo cultural, así que en la lucha contra las competiciones deportivas no se divisa la punta de lanza de ningún movimiento de transformación social. Mi conclusión, si puede considerarse tal, es esperar a domingo, ver el partido, relajarse, que gane el mejor, y llegar al lunes con fuerzas para afrontar nuestro partido.

Antoni-Italo Moragas es Coordinador de Universitat en Marxa y militante de la CJC-Joventut Comunista