Tras la invasión de Venezuela y secuestro del presidente de la República Bolivariana, Nicolás Maduro, el 3 de enero, se produjo un incremento del valor bursátil de las grandes compañías petroleras estadounidenses, por ejemplo Chevron, ExxonMobil o ConocoPhillips; asimismo aumentó la cotización de gigantes de la defensa como Northrop Grumman y Lockheed Martin; la agresión militar de Estados Unidos ha causado un centenar de muertos, informó el ministro del Interior, Diosdado Cabello.
Pero el proceso “no ha terminado, se está definiendo y ahora es muy importante apoyar a Venezuela frente a Estados Unidos”, afirma el politólogo y analista Manolo Monereo en entrevista telefónica; Monereo es colaborador habitual de la revista El Viejo Topo y autor entre otros libros de Oligarquía o democracia. España, nuestro futuro (2020) y uno de los coordinadores de ¿Hacia la tercera guerra mundial? (2024); uno de sus últimos artículos publicados es UE: la larga marcha hacia su (auto) destrucción.
-P: ¿Cómo se insertaría la coyuntura crítica que vive Venezuela en el contexto geopolítico global?
-MM: Lo primero es constatar la fase en que nos hallamos; una fase de reacción por parte de Estados Unidos -el estado profundo estadounidense- contra la pérdida de hegemonía que el Occidente colectivo ha ido perdiendo estos años; sin la crisis hegemónica de Estados Unidos, no se explica la reacción tan brutal que comenzó con Joe Biden, algo que hoy se olvida, y cuya consecuencia es la llegada a la presidencia de Donald Trump.
En el fondo hay una paradoja que no acaba de entenderse bien; la globalización ha tenido dos efectos colaterales,que han cambiado la situación y puesto en crisis a esa misma globalización; una es la emergencia de China como potencia mundial del futuro; por otra parte, la decadencia estadounidense y la crisis de la sociedad norteamericana.
-P: ¿De qué modo se pone de manifiesto esta crisis social?
-MM: Estados Unidos vive, de facto, una guerra civil latente; y es en esa guerra donde emerge la figura de Donald Trump; si comprendemos que hay una reacción de los poderes norteamericanos por impedir el declive de Estados Unidos, entenderemos su política global en Europa, Ucrania, Oriente Medio -con el genocidio de Gaza- y América Latina.
Esto se pone de manifiesto, sobre todo, en la definición que aparece en la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada recientemente; allí se observa con toda claridad que actualmente Estados Unidos toma dos decisiones; primero, poner fin a la política de “el mundo lo gobierno yo” e intervengo de manera permanente; así, la Estrategia reconoce que hay otras potencias con las que hay que contar.
-P: ¿Y en segundo lugar?
-MM: Como orientación estratégica, Estados Unidos se reserva lo que llama el Hemisferio Occidental, es decir América Latina (el continente americano); además se reserva los puntos estratégicos fundamentales que tienen que ver –básicamente- con su protectorado: el protectorado europeo (Alemania), el asiático (Japón y surcoreano) y sobre todo en Oriente Medio, con la configuración del poder norteamericano por delegación del poder israelí.
-P: En este mapa global, ¿qué papel desempeña América Latina? Trump ha proclamado el retorno a la Doctrina Monroe, de 1823, resumida como “América para los Americanos”; y cuenta con aliados políticos como los presidentes de Argentina, Ecuador, Perú o Bolivia.
-MM: América Latina cumple el papel de siempre, constituye la reserva estratégica de Estados Unidos; en un momento que la potencia estadounidense tiene que retroceder y replegarse para ganar fuerza, sabe que no puede hacer nada geopolíticamente de relieve si no recupera los resortes de poder que ha perdido, estos años, en América Latina.
-P: ¿Por qué empieza este retorno imperial estadounidense en Venezuela?
-MM: Ya han avanzado mucho; este movimiento de recolonización y redefinición del poder en América Latina lo inició Biden y lo ha continuado Donald Trump; se han ido moviendo los resortes para ir configurando una América Latina mucho más alineada con los intereses norteamericanos; respecto a su política exterior, Biden ya afirmó que Estados Unidos vuelve.
Los demócratas tienen siempre este papel que le gusta mucho a la izquierda light de poder blando/poder duro que, de una u otra manera, administran jugando a lo que Nancy Fraser llama el “neoliberalismo progresista”; en este contexto, ahora Estados Unidos necesita, para recomponer su poder y ganar peso, los recursos sobre todo naturales de América Latina; el término que explica esto es “acumulación por expropiación”; Estados Unidos trata de situarse en condiciones de competir con fuerza ante una China que se les escapa.
-P: Y Venezuela desempeña un papel medular, sobre todo por su riqueza energética…
-MM: Venezuela es la clave no sólo porque tiene las mayores reservas petroleras del mundo, y cuenta con una cantidad de recursos naturales enorme, comenzando por el oro; pero también Estados Unidos necesita expulsar a China y a Rusia de América Latina; desde esta perspectiva, la intervención en Venezuela es una manera más de situar en una posición defensiva a China, que tiene una relación económica y comercial muy relevante con América Latina.
-P: ¿Aparece este punto reflejado en la nueva Estrategia de Seguridad de Estados Unidos, de 2025, que señala los “intereses vitales” del país y menciona potencias rivales como China, Rusia e Irán?
-MM: La Estrategia dice expresamente que todos los recursos naturales de América Latina tienen que estar disponibles para Estados Unidos; asimismo hace un segundo movimiento: cortar las vías de aprovisionamiento y circuitos por los que llegan materias primas y energía a China; se calcula que la inversión realizada por China en Venezuela podría alcanzar los 80.000 millones de dólares; pero el objetivo es también expulsar a Rusia de la zona de influencia que había obtenido en Venezuela.
-P: En el contexto que describes, ¿qué peso geopolítico tiene la Unión Europea?
-MM: Europa no juega a nada porque tiene una contradicción muy importante; la UE necesita impedir un acuerdo de paz en Ucrania en las condiciones actuales; la contradicción radica en que Europa se implicó en la guerra -de manera entusiasta- con Biden, pensando que se podía derrotar a Rusia, incluso hacer caer a Putin (ése era el plan original); pero esto ha fracasado y ahora, en vez de rectificar y buscar una salida, la UE se opone de manera furibunda a un acuerdo de paz.
-P: ¿Por qué razón se opone Europa a este acuerdo?
-MM: En primer lugar, porque sentarse en este momento a negociar con Rusia supone partir de una derrota de la OTAN; significa reconocer públicamente que la UE se ha implicado en una guerra que no podía ganar, que ha fracasado y que cualquier proceso de paz tendrá que hacerse según una agenda que beneficia a Rusia.
Además, en este proceso que observamos en Europa, la construcción del enemigo ruso funciona para un elemento fundamental que nunca se tiene en cuenta: la crisis de la UE; Europa vive una crisis muy grave y extrema, incluso existencial; para salir de ella han encontrado la vía del rearme y la militarización de la sociedad; han construido un enemigo -Rusia- que unifique a las llamadas fuerzas europeístas.
Y hay un tercer elemento esencial; si tiene lugar un proceso de paz, éste terminaría tarde o temprano definiendo una nueva arquitectura de seguridad en Europa, seguramente incompatible con la existencia de la OTAN; y habría entonces, a mi juicio, muchas probabilidades de que se produjera una crisis definitiva de la UE y del euro.
P-: En 2024, el gasto militar en Alemania aumentó un 28% respecto a 2023 y alcanzó los 88.500 millones de dólares, lo que le sitúa en la cuarta posición a escala mundial, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI); la Comisión Europea presentó en marzo un plan de rearme que pretende movilizar cerca de 800.000 millones de euros en cuatro años. ¿Qué razones de fondo explican esta remilitarización?
-MM: El rearme es la gran estrategia para la salida a la crisis de la UE. Aquí hay una gran paradoja. Una de las razones que hace posible este rearme es la crisis industrial de Europa, en parte porque la política de sanciones no sólo no fue eficaz para hundir la economía y las finanzas de Rusia, sino que terminó por golpear seriamente al conjunto de la economía de la UE.
Se han implicado en una guerra que ahora aprovechan para la reconversión industrial-militar de Europa; pero el problema es que, si hay un acuerdo de paz, ¿cómo van a decirles estos líderes europeos -Merz, Starmer o Macron- a sus pueblos que han fracasado?
Sería reconocer que Rusia ha ganado; seguramente Zelensky tendría que dimitir y dejar de ser el presidente de Ucrania; además Ucrania tendría grandes pérdidas territoriales y no ingresaría en la OTAN.
-P: De nuevo sobre Venezuela, ¿en qué punto se hallan las cosas tras la agresión estadounidense y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, perpetrado el 3 de enero?
-MM: En este momento hay un debate que puede seguirse en los medios de comunicación; se está imponiendo el relato de los hechos difundido por Estados Unidos; es decir, que ellos tienen el control de la situación y del país; que Maduro ha caído en una trampa, le han vendido, o bien se trata de una operación consentida; la cuestión de fondo es que no disponemos de información y, por tanto, podemos estar cayendo en la manipulación estadounidense.
Lo fundamental es que el proceso no ha terminado, se está definiendo y, en consecuencia, es muy importante salir con mucha fuerza oponiéndonos a la política norteamericana en América Latina y rechazando el bloqueo político-militar y comercial contra Venezuela; el proceso no está cerrado, hay que intervenir para apoyar a Venezuela frente a Estados Unidos.
-P: Por último, ¿qué actores han de protagonizar esta movilización?
-MM: La solidaridad con Venezuela ha de manifestarla la opinión pública, pero también los gobiernos latinoamericanos y de los BRIC; existe actualmente una disputa estratégica entre el gobierno venezolano y los Estados Unidos. Los pueblos han de intervenir y no dejar sola a Venezuela.
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