Recomiendo:
1

La suerte de Sísifo

Fuentes: Rebelión

«Los resultados de los planes de ajuste estructural son desastrosos para los pueblos, y, en especial, para las mujeres». Primer Diccionario Altermundista (2004)

«Una parte considerable de los préstamos a dichos países fue directamente sustraída por las élites locales en total complicidad con los bancos del Norte, que les ofrecieron su ingeniería financiera para realizar sus operaciones fraudulentas. Eric Toussaint y Arnaud Zacharie: «Romper la espiral infernal de la deuda» (2002)

«…los países del Tercer Mundo han devuelto al menos cuatro veces la suma equivalente a su deuda». Primer Diccionario Altermundista (2004)

Según el citado Diccionario, el ajuste estructural es una imposición del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a los países del Tercer Mundo que a comienzos de la década de 1980 se manifestaron incapaces de reembolsar sus deudas con acreedores extranjeros, y consiste en restricciones en gastos públicos y sociales, precarización laboral, apertura de las fronteras a los capitales y mercancías, desempleo, privatizaciones, eliminación de subvenciones incluso para los rubros de primera necesidad y bajos salarios entre otras medidas que no hacen sino profundizar las desigualdades y perpetuar un orden injusto. Un corsé que constriñe la capacidad de los gobiernos para dirigir su economía, subordinándola a los intereses del capital transnacional. Transcurridas algunas décadas, el mecanismo endeudamiento-ajuste estructural continúa funcionando, pero a la manera de Sísifo (1): a la eventual cancelación de la deuda por un gobierno y con el esfuerzo de todos, sucede otro que la restablece, cuestión de mantener la subordinación a las instrucciones provenientes del extranjero. La implantación del ajuste con el fin de pagar esa deuda supone sacrificios para la comunidad, que suele ver a veces severamente afectada su calidad de vida: en caso de resistirse, debe esperar represión.

Esto es particularmente visible en los países regidos por la derecha y la extrema derecha, que proliferan. Con matices claro, pero en lo esencial no difieren: aquí o allá, la transferencia de recursos, la lógica de la explotación que en el fondo es siempre la misma, con diferente intensidad según el caso. El «experimento Milei» es ejemplificador de los extremos a los que se puede llegar en materia de ajuste y sometimiento a intereses foráneos; el ajuste estructural por su gobierno impuesto a la Argentina ha producido, en dos años, el cierre de 22.000 empresas, 400.000 desocupados y la represión más virulenta desde el retorno de la democracia.

Para el advenimiento de estos tipos de regímenes puede bastar, en principio, que concurran, por un lado, una gestión política fracasada capaz de generar un sentimiento de frustración en capas  más o menos amplias de la sociedad, y por otro lado, la ausencia de proyectos y dirigentes que susciten la adhesión popular al ideario de la emancipación. Si a esto se suman la corrupción, el personalismo, el distanciamiento de la dirigencia respecto de sus representados entre otros factores, se puede generar la «tormenta perfecta»  que hace encallar las naves. El declive de las izquierdas y la forma de revertirlo es lo que hay que poner en foco para recuperar la conducción del barco. 

La experiencia debería servir para evitar los escollos, y entre ellos -no el menor- están las políticas de mitigación. La mitigación no puede ser el remedio para el ajuste estructural, que requiere una solución estructural. Es necesario evitar las rutas ya conocidas: recuperado el control de la nave, si se intentan nuevos rumbos, es posible arribar a tierras promisorias.

Las agendas políticas de mitigación, moderación o disminución de los daños producidos por los ajustes estructurales (empobrecimiento, desintegración  social, etc.) sin ir mucho más allá, sin alterar las estructuras fundamentales que perpetúan la explotación capitalista, cumplen la función de instalar interregnos que preparan la restauración de regímenes de opresión y exclusión. El surgimiento de regímenes de extrema derecha permite delinear con mayor grado de definición las diferencias entre unas políticas y las otras. La mitigación (2) es reacción, su naturaleza es reactiva, mientras que las derechas y las extremas derechas son casi pura acción, que es un atributo del poder (3). Con claridad lo expone Giuliano da Empoli (4)  cuando manifiesta que «El principe» es el manual del usurpador, del aventurero que parte a la conquista del Estado y la primera ley del comportamiento estratégico es la acción. Con la acción decidida, debe llevarse a cabo un acto temerario, de otra manera sería poco más que el acto de un tecnócrata, así se logra el efecto de estupefacción en que se basa el poder del príncipe». La disrupción caótica es para este autor la clave del comportamiento de los autócratas y los magnates de la tecnología que hoy disputan la gobernanza mundial.

Como el incendio quema los pastos que por conservar sus raíces intactas vuelven a crecer más fuertes, las políticas de mitigación colaboran con la barbarie capitalista proveyéndola de la oportunidad de obtener el oxígeno y los nutrientes necesarios para volver recargada: véase si no el desplazamiento de los regímenes de derecha y centro-derecha hacia la extrema derecha y el neofascismo. 

Por otro lado, la mitigación tiende a ser parcial: atiende a tal o cual aspecto de la realidad ignorando el conjunto, pasando por alto las fuerzas operantes en la trama de la cual forma parte. La acción de los autócratas y magnates protagonistas de «la hora de los depredadores» opera sobre la totalidad, impregna el conjunto, trastorna los mismos fundamentos de todo. La gestión de Milei es, otra vez, el ejemplo porque este y no otro es el espíritu que anima a su gobierno, y no podemos ignorar que obtiene los resultados que espera apelando a las herramientas que la democracia pone a su disposición, utilizándolas para socavarla. Con la vigencia de la Ley Bases impulsada por él, el Presidente pasó a tener poderes discrecionales, «el Gobierno no solo desguazó el Estado sino que favoreció la concentración de capitales en las grandes empresas, produjo una caída de la inversión social y aumentó el desempleo público. Además, hubo un marcado retroceso en los derechos laborales y sociales, y se relegó la soberanía nacional a partir del impulso de las privatizaciones de empresas estatales» (5). 

Las consecuencias de los ajustes se hacen sentir en todos los ámbitos de la vida de la comunidad (económico, cultural, etc.) y en cualquiera de ellos que nos detengamos, podremos tomar cabal conocimiento del carácter destructivo de aquellos. Por ejemplo, la familia, el espacio de lo familiar impactado por el endeudamiento resultante del desempleo, la precarización laboral, los bajos salarios, los recortes, la pérdida de derechos y ausencia de políticas públicas que acarrean los ajustes. Conclusión a la que arriba el Encuentro Federal por una Política de Desendeudamiento (Argentina, diciembre de 2025), «el sobreendeudamiento de los hogares no es un accidente: es funcional a un modelo que necesita a la población dependiente del crédito para sostener la extracción de recursos y la transferencia de ingresos hacia los grandes grupos económicos». El endeudamiento no es el resultado tampoco del consumo de bienes prescindibles, sino de intentar procurarse lo más básico: alimentos, medicamentos, atención médica; particularmente graves, los casos de uno o más miembros de la familia con alguna discapacidad. Entidades financieras y prestamistas privados que practican usura acosan a las familias, en las que habitualmente recae sobre la mujer la mayor parte del esfuerzo por evitar la ruina total. Otro grupo particularmente afectado es el de los jóvenes (desempleo, precarización de los empleos, reducción de derechos, etc.). Argentina registra un récord de suicidios (año pico, 2024).

En la Argentina hoy se escucha un grito para algunos inaudible: «¡¿Hasta cuándo vamos a vivir para pagar deudas?!» 

(1) Personaje de la mitología griega que por causar el enojo de los dioses fue condenado a empujar una piedra cuesta arriba de una montaña, la cual al aproximarse a la cima vuelve a caer, obligándolo a reiniciar una y otra vez el mismo trabajo.

(2) Mitigar: «moderar, aplacar,…disminuir o suavizar algo riguroso o áspero»

(3) Poder: «tener expedita la facultad o potencia de hacer algo»

(4) «La hora de los depredadores» ( 5) Página 12 (08/07/25)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.