“¡Felices los artesanos de paz!”, dijo Jesús de Nazaret… Mientras no haya paz en Ecuador, mientras no haya paz en el planeta será porque hemos dejado que la injusticia nos gane la partida. Nos han robado la paz porque no hemos sabido cultivarla y cuidarla.
No hay paz en Ecuador porque el gobierno ha declarado la guerra a los pobres… El gobierno no quiere que los pobres dejen de serlo, porque peligran los privilegios de los ricos.
El papa Juan Pablo 2° lo dijo en México en 1979: “La pobreza no es una etapa casual, sino el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas… que producen ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres”. La pobreza es la consecuencia de la acumulación de bienes y dinero no compartidos ni repartidos: La riqueza es un robo mortal.
En Ecuador mucho dinero está manchado por la sangre de muchos pobres que son explotados, empobrecidos, condenados a morir de enfermedades y de hambres por grandes y pequeños empresarios que logran sus ganancias a costa de la explotación descarada.
El narcotráfico y la violencia correspondiente aumentada por la policía y el ejército son los instrumentos que utiliza el gobierno de los mayores empresarios para asesinar a los pobres, mientras los grandes traficantes y los mayores jefes de bandas viven tranquilos en las urbanizaciones de los más ricos del país.
No hay paz en el mundo porque el presidente desquiciado de EE.UU. siembra la guerra por todas partes para impedir el colapso de su país al nivel económico, político y social.
Felizmente la guerra en Irán le está saliendo mal: asistimos a un nueva Vietnam, donde el ejército tuvo salir derrotado. Se ha caído el mito del ejército norteamericano invencible. Pero, por los gringos, estamos viviendo una película de terror, porque nacieron conquistadores y no quieren dejar de serlo.
El problema es que nos hemos dejado robar la paz. No hay paz en Ecuador ni en el mundo porque muchos una mayoría de personas en Ecuador y Estados Unidos buscan lograr dinero a toda costa sin considerar los medios que terminan matan a los pobres, sin ningún respetar los elementales derechos laborales.
Muchísimos en Ecuador somos responsables de la violencia actuales porque hemos elegidos gobernantes que obedecen a la perversidad del sistema capitalista, comenzando por el traidor Moreno, el banquero Lasso y el dictador actual.
Hemos elegido gobiernos que usan el odio, la mentira, la corrupción, la persecución, la explotación, el atropello a los derechos humanos, el tráfico de drogas, el saqueo de las riquezas nacional para mantenernos en la falta de atención en la salud, la educación, la información correcta, la tranquilidad ciudadana, la desaparición, el sicariato, la extorsión, el secuestro… Somos los primeros responsables de todo lo que nos está pasando.
Preferimos el dinero fácil, tal como lo concibe el sistema capitalista: una mercancía a acumular sin mirar a quien, sin mirar los medios, sin mirar ni el fin ni las consecuencias. Hemos dejado que el sistema nos convierta en mercancía y en mercaderes de la vida de los demás y de la naturaleza. Nos hemos dejado convertir en Caín porque no quisimos escuchar la voz de Dios y de nuestra conciencia: “¿Qué has hecho con tu hermano?” (Génesis 4,9) … ¿Dónde está tu hermano? ¿Cómo está tu hermano? Y llevamos en la frente la marca del asesinato de nuestros hermanos por nuestra explotación, nuestra indiferencia, nuestro individualismo, nuestra pasividad y complicidad… porque respondemos como Caín: “¿Acaso soy responsable de mi hermano?” Ese es nuestro pecado, el primer pecado.
Esta situación seguirá mientras no habrá conciencia de esta realidad, ni decisión de enfrentarla, ni organización para combatirla, ni colaboración para levantar propuestas de economía, política y servicios sociales que nos amparan y nos permiten de vivir digna y fraternalmente.
A los hombres y mujeres de buena voluntad la Biblia nos dice: “¡Mata al prójimo aquel que le quita los medios para sobrevivir!” ( Sirácides 34,22) A Pedro le dijo Jesús: “Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada perecerá por la espada” (Mateo 26,52). Y san Pablo en su primera Carta a su amigo Timoteo: “El origen de todos los males es la ambición del dinero” (6,10).
Ahora, el desafío es revertir la situación actual. Tenemos que ser muchos en querer revertir decididamente lo que hemos permitido y favorecido. Ningún ejército defiende la paz; ninguna violencia construye la paz. Tenemos que ser muchos a reconocer que somos una sola raza humana, que todos somos hermanos, que la naturaleza es nuestro único hogar común, que la vida es para cuidarla y multiplicarla porque todos dependemos de todos, de la armonía con la naturaleza y la comunión con el cosmos. Para vencer los imperios, el hindú Mahatma Gandhi nos enseñan el camino de la no violencia activa y colectiva, que es también el camino de los Indígenas de nuestro país y del continente.
Felicito a todas las personas que individualmente y en grupos, asociaciones, movimientos sociales y políticos que luchan contra estas injusticias y en favor de relaciones humanas que construyen la paz, la justicia, la honestidad y la convivencia social para un Ecuador donde quepamos todas y todos.
No habrá paz si no la construimos nosotras y nosotros, individual y organizadamente, porque la paz es nuestro destino y nuestra felicidad. La paz es justicia, la paz es equidad, la paz es fraternidad.
Terminemos con otra palabra bíblica: “Dice Dios: ‘¡Haré derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz!’” (Isaías 66,12). La paz es un don de Dios, un regalo de la vida y del amor, que hay que merecer y conquistar.
Pedro Pierre: Sacerdote diocesano francés, acompaña las Comunidades Eclesiales de Base (CEB ) urbanas y campesinas de Ecuador, país adonde llegó en 1976.
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