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Lá Fábrica de Sueños. "The King of Comedy" (1982), de Martin Scorsese

La sátira, entre la realidad y la fantasía

Fuentes: Rebelión

La fama es un enorme globo rodeado por una bandada de chiquillos con agujas afiladas. JERRY LEWIS

El trabajo es el elevado precio de la vida, la máxima suerte del hombre. RALPH W. EMERSON (1)

No te desperdicies en el rechazo, ni ladres contra lo malo, sino canta la belleza de lo bueno. R. W. EMERSON (2)

Si hablas con Dios, estás rezando; si Dios te habla a ti, tienes esquizofrenia. TH. SZASZ

La psiquiatría se ha convertido en una forma de control social y una herramienta de opresión en nombre de la ciencia. THOMAS SZASZ

Desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cineclub Al Filo del Tiempo, el Ciclo sobre vida y obra de Martin Scorsese (MS) avanza con El rey de la comedia (1982), comedia negra cuya sátira sorprende a más de uno por estar, todo el metraje, a caballo entre la realidad y la fantasía, sin que se sepa muy bien cuándo se trata de una u otra, igual que entre la comedia negra y el crimen en tanto género fílmico. Quizás no produzca la hilaridad de El último vikingo (2025), de A. Th. Jensen, con M. Mikkelsen, en el papel de Manfred, quien, curioso, padece el mismo mal que R. Pupkin, trastorno de identidad disociativo (TID), antes conocido como trastorno de personalidad múltiple (TPM), caracterizado por la presencia de al menos dos estados de personalidad o alters. Salvo que Manfred tiende al suicidio: Rupert no, y es psicópata. Los defensores del TID apoyan el modelo del trauma, por considerar el trastorno como una respuesta orgánica a un trauma infantil grave: tal es el caso de Manfred…

Aunque en el de Rupert no se conoce el origen de sus desvíos mentales, el aspirante a figura del Stand Up que se obsesiona por la fama de su admirado/odiado J. Langford y hurga temas como la celebridad, el delirio mediático, el afán de protagonismo, más parece un lunático que jamás llegará a nada, como le dice Langford mismo en una de esas charlas que no se sabe si es realidad o fantasía. Rupert busca despegar en su oficio y al conocer a aquél cree que su turno ha llegado: entonces, en medio del delirio y el sueño, lo persigue y, a cambio de su posterior cómplice, Masha, tras un forcejeo, logra subir a su carro e intenta convencerlo para que le dé un lugar en el J. L. Show, que presenta T. Randall. Langford le da su teléfono, Pupkin va a su oficina, se sienta y lo espera sin importar que no llegue, hasta que Seguridad interviene y lo expulsa: claro, no de modo tan brutal como el Sgto. B. McGinnis es sacado del Capitolio y un senador le parte un brazo; él había gritado: Nadie quiere pelear por Israel… (3) 

Lo que le pasa a Rupert en la oficina de Langford con la recepcionista, con la Seguridad y su jefe se traduce en rechazo y en una muestra gradual de como se sabe de a poco que tanto Rupert como Masha son psicópatas: el primero, muy parecido en su conducta criminal a Max Cady en Cabo de miedo, por su capacidad alterna de timar y evitar ser timado. Ambos actúan de modo natural, como quienes no actúan, según dice Al Pacino en sus charlas con L. Grobel: Actuar es no actuar (4). Y esa actuación contenida de R. de Niro como Rupert se parece a la monotonía inicial del filme que, de pronto, parece dar una vuelta de tuerca y va a estallar pero jamás lo hace. Así, hay que decir que El rey… no es una obra de arte ni maestra, tampoco un mal filme. A ratos, muy divertido, otros no tanto aunque, eso sí, siempre mantiene el interés en la historia gracias, justo, al modo como Pupkin teje y manipula sus fantasías de colegaje y amistad con Langford: como cuando llega a su casa de campo en compañía de su amiga Rita.

En efecto, Rupert y Rita se establecen allí, como si fuera su casa, bailan, toman vino, husmean en los cuartos, suben y bajan y, de pronto, con la incomodidad previa del sirviente chino Jonno, aparece Jerry, con su palo de golf, y los pilla muy acomodados, cual patrones. Mientras el público ríe, el Trump Langford de la comedia, enfurece y dispara imprecaciones contra el Petro Pupkin, y le dice que su actuación en el Salón Oral, no Oval, de su Casa Blanca es muy mediocre, que no es más que un orate sin aspiraciones y blablablá. Entonces, surge la figura entre lúcida y avergonzada, noble y mezquina, distante y mediadora, de Rita Keene para convencerlo de que no moleste más y se vayan a la mierda: lo que ahora Jerry parece decir con su mirada. Poco después, en medio del desespero, Pinkin, Pumpkin o Pupkin contrata/recluta a la (otra) psicópata, Masha, de idéntica obsesión y prurito acosador con el exitoso comediante, cazador de autógrafos, presentador de programas de entrevistas light. (5)

Más adelante, ya unidos por una sola vez y con esa única aspiración, secuestran a Langford, lo llevan a la casa paterna/materna de Masha en Manhattan, como si se tratara de un asunto cómico, a la W. Allen, y no de otro trágico, como en efecto es: un crimen, el de secuestro. No se olvide, a propósito, que detrás de Taxi Driver y de El rey… como inspiración, al decir de Todd Phillips, está su filme Joker (2019) o Guasón, ante todo por el guion del propio Phillips y de Scott Silver, y en el que también actúa De Niro (6). Suspenso psicológico que para nada desentona del suspenso psíquico que subyace en El rey… sobre todo a través del montaje paralelo que se establece entre dos situaciones: la del secuestro de Langford vigilado por su Masha admiradora sexual y la del intento mórbido de Rupert por aparecer en el show como el nuevo rey de la comedia. Para escribir su guion, Paul Zimmerman retomó un programa de D. Susskind sobre caza autógrafos y un artículo de Esquire sobre un fan/fanático de J. Carson… 

El chantaje de Pupkin al FBI consiste en que le den la apertura del show de J. Langford esa noche y que se transmita normalmente con T. Randall como presentador invitado. Directivos y productores de la cadena y el FBI aceptan cuanto les exige, Pupkin asegura que liberará a Langford tan pronto sea emitido el programa, para enseguida llevarlos de cabestro hasta el bar de su amiga Rita, donde les ordena que sólo hasta la puerta lo pueden acompañar. Tan pronto entra, saluda a su enamorada onírica, se encarama hasta el techo, prende la TV, ve su propio show y Rita, con la boca abierta, sugiere estar anonadada hasta la envidia o, quizás, descrestada porque el idiota parece no serlo tanto. En el lapso de grabación del show y su emisión, Masha parece realizar su cita soñada con Jerry (7), quien fue atado por Rupert con cinta adhesiva a una silla. Este, seductor, por mentiroso, le pide desatarlo, ella, tonta, acepta; él, se levanta, toma el revólver, le dispara unas balas de salva en el vientre, la noquea, y huye.

En paralelo, como se decía, el monólogo confesional, antes que espontáneo o improvisado, es bien recibido por el público. En él da cuenta de los problemas a lo largo de su vida, de su niñez complicada, y a la vez se burla de su propio devenir. Pero es cuando confiesa a la gente en el estudio, sin ambages, que secuestró al mismísimo J. Langford, su ídolo amado/odiado, para de paso ingresar al planeta de los simios del Stand Up Comedy, que los asistentes se poposean de risa al estar seguros o creer que no se trata de una simulación, u otra farsa, sino que todo es parte integral de su exhibición (8). De nuevo, Rupert da rienda suelta a su mal mental y es, entonces, cuando vuelve por sus fueros y asegura, o sueña, se ignora, que al día siguiente sabrán que no iba de bromas y que podrán pensar que está loco u otra mierda, y que se vayan a la misma. El así seguirá creyéndolo o viéndolo: aunque ello parezca poca cosa, él siempre estará seguro de que es mejor ser rey por una noche que un idiota el resto de la vida…

Aquí una reflexión sobre la triste niñez de Rupert, las causas de su trastorno mental, su psicosis y, en fin, su caída en la prueba de la realidad, Freud dixit: función psicoterapéutica por la cual el observador razona y evalúa el mundo real y su nexo con él. En su arrimo ficticio a Jerry, vía sueño, o concreto, vía contacto directo, Rupert unas veces proyecta estar seguro de lo que dice y hace; en otras parece manotear en la niebla: eso impide que Langford le entienda y él mismo se pierda en su divagar. En una más, la empatía parece concretarse: Pupkin le agradece por su autógrafo, con sus iniciales JL, en una servilleta de tela, y lo adula por su señorío; Jerry le sonríe. Para Freud, aquel con una limitada prueba de la realidad puede a su vez ser portador de trastorno mental; y si le falta agudeza y talento para separar el mundo externo del interno puede albergar sin duda alguna un factor de psicosis. (9) Alucinaciones y delirios con mucha frecuencia se toman como signos de fracaso en la prueba de la realidad

En su ensayo Negación (1925), Freud explica cómo el Yo decide si algo interno puede ser proyectado como externo, y detalla el proceso por el cual la función de la prueba de la realidad decide si una idea/representación es cierta o falsa y si existe en el plano exterior o sólo en el pensamiento. En sus Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico (1911), describe el tránsito del principio del placer al principio de realidad, eje esencial para la maduración psíquica y, por otro lado, factor de choque entre el deseo, personal, y la norma, social y política: causa, además, en gran parte, de desigualdad, intolerancia, ninguneo, que impiden acabar de una vez con la lucha de clases, uno de los motores básicos de la propuesta de Marx, sobre cómo desvirtuar el desliz, si así se quisiera entender, entre la conciencia de clase y, cómo no, la posición de clase. En La pérdida de realidad en la neurosis y la psicosis (1924), analiza cómo la prueba de realidad falla o es desestimada en los trastornos psicóticos.

Para captar mejor lo dicho, van los casos de Rupert y Masha: él, con su aparente distanciamiento frente a las personas y las cosas o con su franco descaro; ella, con su radicalidad frente a su presunto enamorado que deviene un potencial y luego exacto enemigo. Se destacan aquí los roles jugados por R. de Niro, esto es Rupert Pupkin, Jerry Lewis, en calidad de J. Langford, Sandra Bernhard, la anoréxica Masha, y Diahnne Abbott, la camarera Rita Keene, el cuarteto casi musical y relevante, no irrelevante, del filme. Ellos dan forma visual y sonora a todo aquello que se ve complementado/enriquecido por el montaje de Th. Schoonmaker (ThS), quien, como lo haría W. Murch, habla desde la experiencia y no desde la teoría. En ambos, es indudable su amor al y por el oficio. Sin reparos, uno de los placeres más grandes de la vida no es tanto trabajar como hacer el que nos gusta y por el que ojalá nos paguen bien. ThS podrá ser todo lo que se quiera, menos una desdichada, gracias al montaje… 

El que realiza en El rey… es ejemplar, basado en la forma paralela de unir secuencias, con el recorte exacto del plano, sin fisuras, para retirar eventuales trozos malos (10); con la forma de armonizar tiempo de corte y de sonido; con la eficacia debida al manejar estructura, color, movimiento, e incluso manipulación del tiempo, entre tantos aspectos más. Al rodar un filme casero y la cámara oscila, eso significa que hay un trozo malo y debe quitarse. Su objetivo es muy sencillo: una relación de sucesos, sin estructura, en un tiempo continuo. El de un filme narrativo o de ficción complica las cosas dado como se fragmenta la estructura temporal y se hace necesario comunicar estados internos del ser: en este punto se complica aún más identificar el llamado trozo malo. Cosa difícil de hallar en El rey… dada la maestría en el ritmo de montaje, la intensidad para producir emoción, cómo volver continuo lo discontinuo, algo que es en y por sí mismo una influencia capital en el origen y la estructura de un filme… 

Entonces, a propósito del Día Int. de la Mujer Trabajadora (8.mar.2026), cómo no volver sobre el impecable trabajo de montaje de Th. Schoonmaker, colaboradora de MS desde sus inicios hasta hoy. El cineasta, por su lado, ha dicho que Life of an American Fireman (1903) o Vida de un bombero gringo, de E. S. Porter, permeó de modo eficaz el estilo visual de El rey… Si se sabe que Porter es, además, pionero del uso del PP y además del montaje paralelo o simultáneo, que con El gran robo al tren (1903) consolidó el género Western y ratificó la potencia del montaje pues ya se entiende por qué MS en El rey… rodó escenas varias veces y dedicó 15 días a refilmar para perfeccionarlas y obtener gran cantidad de material que tuvo que ser editada (11). Así, Thelma, basada en la duración crea el ritmo por el montaje y para ello los organiza por escenas (unidad de lugar y tiempo del hecho mostrado) o secuencias (unidad de acción visual), sean breves o Flashes o muy largos, entiéndase, planos secuencias. 

Se cuenta que R. de Niro encaró el rol de R. Pupkin tras forjar una técnica de inversión de roles, la que consiste en perseguir a sus propios cazadores de autógrafos, acecharlos, hacerles preguntas sin ton ni son. MS recordó que incluso aceptó reunirse y charlar con uno de sus acosadores de toda la vida: El tipo lo esperaba con su esposa, una tímida mujer de los suburbios que estaba [muy] avergonzada por la situación. Quería invitarlo a cenar a su casa, a dos horas de NY en auto. Tras convencerlo de quedarse en Manhattan, [De Niro] le preguntó: “¿Por qué me acosas? ¿Qué quieres?” Él respondió: ‘Cenar contigo, tomar algo, charlar. Mi madre me pidió que te saludara’(12). Anécdota que lleva a la del tontín duquesito que visita al rey gilipollas y le manda saludos del genocida Varito: lo que más incomoda es que aquí rima. Cuando no debería rimar ni de chimba, o de retrochimba, como dirían los ricos vía manillas Tom y Jerry (aquí, no Langford ni Lewis, sino Uribalas). Y la tribuna hierve/ríe a carcajadas.

En conclusión, El rey… es un filme sobre daño mental, fama, trabajo, rechazo, protagonismo, psicopatía, y mete al público en los terrenos áridos, por incómodos para el Sistema, de la psiquiatría y la antipsiquiatría, a través del pionero, así se diga que no se identifica con ella, el profesor emérito de la U. de Syracuse en NY, el húngaro/gringo Th. Szasz (1920-2012), quien ponía los males mentales no como enfermedades sino en la categoría del lenguaje metafórico. El chico malo (pero jamás Chiquito Malo), santo/pecador MS recuerda en su filme que hay que cuidarse de ese gran globo llamado fama, al que rodean chicos con agujas afiladas. Porque, quizás, una de las cosas que más envidian los mediocres que llevan una vida miserable y por ello se ocupan de la de otros, no de la suya, es la labor hecha con honradez por personas que sólo se ocupan de sus vidas y sirven a cuantos pueden, porque en efecto ven en el trabajo su máxima fortuna y el supremo valor, no el exiguo precio, de su rica existencia.

Por lo mismo, no hay que desgastarse en el rechazo o, como decía mi padre, no hay que gastar pólvora en gallinazos, ni en tigres, digo yo, de la especie impúdicus della espriellis, y en vez de ladrar contra lo malo, combatirlo, por todos los medios que sean necesarios, hasta  que quien pretenda hablarnos como si fuera un dios, desaparezca de la faz de la tierra, y no quede sino el canto de la belleza de todos los buenos que se pretende pasar por malos: gazatíes, iraníes, palestinos, cubanos. Queda advertido: si un dios oxigenado le habla, quizás tenga esquizofrenia y, además, luego habrá de recurrir a la psiquiatría, la que no es otra cosa que una vulgar forma de control social (por eso Rupert ni Masha van a ella), y hoy control social cibernético y un arma de opresión usada a nombre de la ciencia: la que a través de las revistas se divulga o censura desde 2013 por cuenta de Vil Gates y J. Epstein, por mandato del Mosad y del imperio sionazista que tiene cogido de las bolas al pedófilo mono oxigenado.   

Para cerrar, con respecto a esta comedia negra satírica, hay que señalar que las noticias sobre el rotundo éxito de Pupkin, en su fugaz rol como el nuevo rey de la comedia, igual que su pena de cárcel a seis años de la cual paga dos, se reproducen junto a un montaje de sus performances y de tiendas que, después de todo, promocionan y venden su tan esperada autobiografía Rey por una noche. Y él, para disfrute y, más allá goce y morbo, de la masa manipulada por la industria editorial, cree a pie juntillas en el rumor que Rupert echó a andar: aún estima a Jerry su mentor y amigo y por puro business él y su agente literario/mercenario (esto no se dice, pero se supone) vislumbran giras de comedia, venta de autógrafos, adaptación al cine de sus memorias: en la coda, sube al escenario para un show de TV con público en vivo; el locutor lo presenta/elogia y aplaude con ¡entusiasmo!: pero, fresh, amigos, no se trata de Jorge Barón. Es puro nihilismo y vanidad gringos, en modo sátira real/ficticia…

A Santiago, por el placer de comprobar su crecimiento, a pesar de las crisis, o aun con ellas, en términos de genio, cooperación, humanismo, y con el pesar y la melancolía mutuos al extrañar la presencia de Valentina.

A Marthica, ser humano excepcional por el que cada día de vida estaré agradecido de conocerla y de amarla.

A las Cinéfilas, en el Día Int. de la Mujer Trabajadora: esto es, una vida libre de violencia para todas ellas.

A mi gran amigo Rodrigo, por viajar desde México a visitarme por mi cumpleaños/símbolo erótico: el 69.      

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) LEWIS, Jerry / GLUCK, Herb. Jerry Lewis por Jerry Lewis – Memorias. Parsifal Ediciones, Barcelona, 1991, 287 pp.: 193.

(2) Íbidem, 1991, 287 pp.: 163.

(3)  https://www.youtube.com/shorts/CyICKLKwkTY 

(4) GROBEL, Lawrence. Conversaciones con Al Pacino. Edit. Norma, Bogotá, 2007, 292 pp.

(5) A partir de ahí, Masha está en igualdad de condiciones psicóticas con Rupert respecto a Jerry.

(6) https://www.youtube.com/watch?v=TobNCFMK_bs

(7) Una prueba más de  la difuminación entre fantasía y realidad.

(8) Parte de la psicopatía de Pupkin radica en su capacidad de engañar.

(9) FREUD, Sigmund. La negación. En: Obras completas (J. L. Etcheverry, trad., Vol. 19, pp. 249-258. Bs. Aires, Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1925).

(10) MURCH, Walter. En el momento del parpadeo, PDF, 177 pp.: 23 a 27.

(11) Enciclopedia Ilustrada del Cine. Edit. Labor, Barcelona, 1975, 348 pp.: 238 y 270.

(12) SHAWN, Levy (2014). De Niro: Una vida . Nueva York: Crown Archetype.

FICHA TÉCNICA: Título original: The King of Comedy. En castellano: El rey de la comedia. País: EE.UU. Año: 1982. Gén.: Comedia negra / Sátira. For.: 35 mm; color; 109 min. Dir.: Martin Scorsese. Guion: Paul D. Zimmerman. Prod.: Arnon Milchan. Fot.: Fred Schuler. Mon.: Thelma Schoonmaker. Mús.: Robbie Robertson. Int.: Rupert Pupkin (Robert de Niro); Jerry Langford (Jerry Lewis); Masha (Sandra Bernhard); Rita Keene (Diahnne Abbott); Cathy Long (Shelley Hack); Recepcionista de la compañía (Margo Winkler); Jonno, sirviente (Kim Chan); Bert Thomas, productor del show de J. L. (Frederick de Cordova); Wilson Crockett, ejecutivo de la cadena de TV (Edgar Scherick); Tony Randall (él mismo). Dist.: 20th Century Fox. Estreno: 18.dic.1982 (Islandia); 18.feb.1983 (EE.UU). 

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 10.abr.2025 salió en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine, primero de ocho libros por publicarse. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: [email protected] 

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