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Entrevista a José María Olmo, coautor del libro KING CORP. El imperio nunca contado de Juan Carlos I y jefe de investigación de El Confidencial

«Si Juan Carlos I no ha sido condenado por corrupción y fraude fiscal es únicamente porque ha disfrutado de una absoluta impunidad»

Fuentes: Mundo Obrero [Imagen: José María Olmo. Créditos: Isabel Permuy, tomada de Mundo Obrero]

Juan Carlos I ha sido siempre un hombre de suerte. Franco le trajo a España de niño y se encargó de su formación política y castrense. Le integra en el régimen. En 1969 le designa sucesor a su muerte, ya en forma de rey, pensando en una monarquía franquista. En aquel acto en que se convirtió en príncipe de España, jura lealtad a Franco y a las Leyes Fundamentales del Régimen. Tuvo que esperar seis años más, hasta el 22 de noviembre de 1975, para convertirse en rey y jefe del Estado, saltándose en línea sucesoria a su padre don Juan de Borbón y un hermano mayor, que le precedía, muerto en un accidente. Así fue como, designado por el Generalísimo, e igual que hiciera él, ejercerá como jefe de Estado durante casi 40 años. A Juan Carlos le siguió brillando la buena estrella durante sus cuatro décadas de reinado practicando su concepto medieval, o cuando menos predemocrático, de “vivir a cuerpo de rey”. Y lo siguió haciendo como rey emérito, a partir de 2014, cuando se ve presionado a abdicar en nombre de su hijo por escándalos económicos, sentimentales, y un más que preocupante acelerado descrédito de la Corona en la sociedad española.

Lo que en otros ciudadanos podría haber acabado en delitos fiscales, penales y cárcel, en el caso del rey huido a Abu Dabi se diluyeron por el sumidero… o por las cloacas. La Fiscalía suiza cierra en 2021 la investigación iniciada tres años antes. El fiscal Bertossa no pudo demostrar que los 65 millones de euros pagados por Arabia Saudí fueran la comisión cobrada por la construcción del AVE de la Meca y se acabó aceptando con una muy generosa donación que le hizo el monarca alauita. Una donación entre amigos. La suerte le sigue sonriendo. Tres meses más tarde, el 2 de marzo de 2022, la Fiscalía General del Estado archiva las tres investigaciones que tenía abiertas sobre el patrimonio oculto de Juan Carlos I: la primera, por la transferencia de los 65 millones de euros, que se sospechaba podrían ser una comisión por el AVE saudí; la segunda, por un dinero descubierto en el paraíso fiscal de Jersey; y la tercera, por el uso de dinero opaco con el que el amigo empresario mexicano, Allen Sanginés-Krause, pagaba gastos personales de la familia real casi al completo.

Así lo narran y documentan en el libro KING CORP. El imperio nunca contado de Juan Carlos I (Libros del K.O.) los periodistas José María Olmo (Cartagena, 1981), jefe del equipo de investigación del diario El Confidencial, y David Fernández (Madrid, 1975), que además de trabajar en el mismo periódico, entre otros medios, ha publicado el libro Gürtel, la trama.

KING CORP. es el resultado de tres años de investigación y muchos viajes y entrevistas, con gente cercana a Juan Carlos I. De hecho, el libro comienza con un mapa: “Así viajó la fortuna de Juan Carlos I” y un índice cronológico que arranca en febrero de 2004 cuando, en una cacería, Juan Carlos conoce a Corinna Larsen, empresaria y consultora en redes de alto nivel político-empresarial, a la que pediría matrimonio en tres ocasiones, según ella, y con la que compartió negocios, donaciones, pisos y hasta estancias prolongadas en dependencias de la Casa Real. Pero todo saltó por los aires el día en que Corinna no le quiso devolver los 65 millones que el rey saudí donó a su amigo Juan Carlos, El Conseguidor, y que éste puso a mal recaudo en manos de la empresaria británica con la que pensaba pasar el resto de sus días. Un tropezón en su vida que no supuso una caída ya que el deep state siempre le extiende una red a tiempo para que nunca se estrelle cuando se caiga del trapecio. Ni siquiera cuando el comisario Villarejo airea las conversaciones que grabó de sus encuentros con Corinna.

La buena estrella que ilumina al emérito se mantiene a fuerza de muchas complicidades y protecciones urdidas en la tramoya, que sostienen los lujosos caprichos de un exmonarca que nunca vio límites a sus delirios de grandeza. Delirios que tienen a la democracia con tortícolis crónica ya que en asuntos reales nació mirando para otro lado y así sigue. De hecho, tras la inevitable abdicación en 2014, el gobierno del PP y con el respaldo del PSOE aprobaron una reforma legal para mantener la protección del rey, que ya no ejercía como rey. “Por si acaso”, debieron de pensar. Una inviolabilidad que cerraba con siete candados la caja de Pandora que alimentaba el rey bonachón. La misma inviolabilidad de la que se jactaba un diario británico cuando su examante Corinna le denunció por acoso: “No puedes denunciarme, he sido rey”, se burlaba el tabloide Daily Mirror.

A lo largo de su vida Juan Carlos ha ido recibiendo regalos cifrados en millones de pesetas primero, de euros después, con tufo a petrodólares siempre. José María Olmo y David Fernández han ido rastreando, siguiendo hilos y atando cabos. La dimensión de la punta del iceberg que han descubierto solo desvela todo lo que queda por desfangar. Si sirviera para tirar de la alfombra, mucha élite de este país caería de cabeza. La verdad es que sería difícil. Para eso está la red que impedirá que toquen suelo. Y el dinero para comprar voluntades. Un dinero que pusieron a disposición de José María del Olmo y David a cambio de una dosis de amnesia para que abandonaran su investigación. Pero también hay voluntades que no se compran y profesionales que conservan ética y vocación para ejercer el cuarto poder al servicio del derecho de la sociedad a la información.

Con José María del Olmo, nos adentramos en este libro, que ha vendido ya 17.000 ejemplares y que el pasado mes de diciembre salió también en edición de bolsillo.


Gema Delgado.- ¿Cómo surgió este libro?

José María Olmo.- En el año 2020 publicamos muchísimas exclusivas en El Confidencial para destapar la fortuna oculta de Juan Carlos I y nos dimos cuenta de que teníamos mucha información que debía convertirse en un libro. En ningún caso queríamos que el libro fuera una simple recopilación de artículos. Durante tres años estuvimos viajando y hablando con muchas personas que habían tenido una relación directa con el monarca y que conocían otros activos que seguían formando parte de su patrimonio secreto.

El libro destapa muchos episodios, realmente graves, que no se conocían hasta ese momento y que sirven para conocer mejor no solamente su fortuna, sino también la naturaleza del personaje.

Gema Delgado.- Contáis que el rey emérito considera que esas donaciones millonarias que ha recogido a lo largo de su vida, y esa fortuna secreta que ha ido gestando en la sombra y de la que dispone para costearse sus lujos y los de sus amantes, le pertenece y que es el precio que él se merece por todo el trabajo que ha hecho por España.

José María Olmo.- Creo que la trayectoria de los últimos años de Juan Carlos I sería imposible si no hubiera un problema moral de fondo. Un problema original, además, que empieza muy pronto.

“Él tiene la percepción de que fue el artífice de la democracia española y siempre ha tenido el complejo de no tener el dinero que él consideraba que se merecía”

Él tiene la percepción de que fue el artífice, casi diría el único artífice, de la democracia española. Y siempre ha tenido el complejo de no tener el dinero que él consideraba que se merecía una figura de la altura en la que él mismo se ubica, sobre todo cuando empieza a entrar en contacto con los grandes popes del capitalismo salvaje de la España de los 80, de los que empieza a rodearse.

Es verdad que él, como monarca, ha tenido acceso desde el principio a casi todo el patrimonio del Estado para su disfrute personal y el de su familia, pero no tenían dinero en efectivo para poder invertirlo en lujo y en bienes mucho más modernos que la posesión de tierras y palacios de épocas pretéritas.

Y tras el golpe fallido del año 81 de Tejero, él considera que la democracia española ya está a salvo, que está asentada, que no corre ningún peligro, y empieza a dedicarse casi por entero a cultivar esa otra faceta que contamos en el libro: esa parte oscura que tiene que ver con satisfacer sus deseos más primarios de poder, dinero y sexo.

Gema Delgado.- Pero ya empezó en los años 70 a hacer fortuna, llevándose una comisión por cada barril de petróleo que entraba en España.

José María Olmo.- Bueno, antes de que nosotros publicáramos el libro y antes de las revelaciones del año 2020, hubo compañeros que hicieron un enorme trabajo de investigación y que revelaron que en la crisis del petróleo de los años 70 consiguió suculentas comisiones por la importación de petróleo a España. Pero nuestro libro se centra en episodios muy recientes y pretende arrojar luz sobre hechos que han estado produciéndose casi en paralelo a la escritura del libro y que de alguna forma retratan al Juan Carlos más ambicioso.

Durante muchos años él estaba rodeado de una enorme corte de asesores, de consejeros y de, digamos, protectores; sobre todo el Centro Nacional de Inteligencia, que actuaba como una especie de contrapeso para intentar mitigar esa pulsión por el dinero que tenía Juan Carlos I.

“Tenía la sensación de que su poder era cada vez más omnipotente, que podía hacer lo que le diera la gana y que nunca se publicaría información que le perjudicara”

Pero todo eso desaparece cuando él abdica. Acaba teniendo la sensación de que su poder es cada vez más omnipotente y que puede hacer exactamente lo que le dé la gana, porque es consciente de que incluso en el caso de que alguien le descubra información comprometida no se va a publicar, aprovechándose de que existe una censura brutal en España en todo lo que tiene que ver con la Casa Real. Al final eso da lugar a episodios sorprendentes en los que esa necesidad casi patológica de dinero alcanza el paroxismo.

Y en eso nos hemos centrado en este libro, en contar sobre todo episodios más recientes que son contemporáneos a su figura y que creo que sirven también para explicar por qué está en Abu Dabi y por qué tiene tantas reticencias a volver ahora a España.

Gema Delgado.- Quería preguntarte por el título del libro: KING CORP. El imperio nunca contado de Juan Carlos I. ¿Por qué elegisteis imperio?

José María Olmo.- Desde el principio nos dio la sensación de que en realidad no estábamos hablando solo de una persona. Estábamos hablando de una enorme corporación. Como si fuera una empresa privada donde hay diferentes departamentos: un área de seguridad, un área de inversiones inmobiliarias, un área de recursos humanos… que funcionaba perfectamente engrasado, no para solamente conseguir dinero sino también para luego gestionarlo y moverlo. Ese dinero había que blanquearlo y en muchas ocasiones había que introducirlo en España por cauces como mínimo irregulares, por ejemplo, dinero en efectivo que llegaba directamente por el aeropuerto de Barajas. Y para eso hacía falta que participara muchísima gente. Insisto, no estamos hablando solo del patrimonio de una persona, estamos hablando de una enorme organización criminal que operaba sistemáticamente durante años para que esta fortuna quedara lejos de la mirada de los españoles y redundara en una vida mucho más placentera y cómoda del jefe del Estado.

“El CNI actuaba para intentar mitigar esa pulsión por el dinero y el sexo que tenía Juan Carlos I. Ni Elon Musk ni Jeff Bezos tienen 3.000 personas de seguridad dispuestas a hacer todo lo posible por salvarles”

En el libro contamos que el rey tenía a 3.000 funcionarios del Centro Nacional de Inteligencia casi por completo a su servicio cuando él quisiera. Y eso es algo que no pueden decir ni siquiera los grandes magnates de la industria tecnológica de Estados Unidos. Ni Elon Musk ni Jeff Bezos tienen en sus cuarteles generales 3.000 personas de seguridad dispuestas a hacer todo lo posible por salvarles. Y esto, en cambio, era algo que no solamente redundaba en la ocultación de este patrimonio, sino que además contribuía a reforzar el estatus privilegiado que tuvo durante décadas Juan Carlos I.

“Formar parte del círculo de Juan Carlos te permitía beneficiarte de ese tráfico de influencias para ganar dinero. Y la única forma de estar dentro de ese círculo era ser leal al rey”

Gema Delgado.- Lo decís al final del libro, lo que en esta trama se desvela es el modelo de funcionamiento de las élites empresariales de este país. ¿Cómo se ha conseguido mantener esta complicidad para que no se desvelara nada durante tantas décadas?

José María Olmo.- Bueno, es verdad que el mito fundacional de la democracia española hizo que muchísima gente pensara que poner en peligro la figura de Juan Carlos suponía casi volver al franquismo o arriesgarnos a que todo saltara por los aires. Era una especie de confabulación interesada: vamos a proteger a Juan Carlos porque nos irá mejor a todos. Pero también es verdad que los secretos funcionaron como un pegamento en esta élite. Al final, formar parte del círculo de Juan Carlos te permitía tener acceso a información privilegiada que servía para ganar dinero. Y la única forma de estar dentro de ese círculo era ser leal al rey Juan Carlos, mantenerlo todo en secreto porque tú te ibas a beneficiar de ese tráfico de influencias. El de Juan Carlos hizo muchas cosas para favorecer a su entorno.

Cuando viajaba al extranjero, por ejemplo, a un país de los Emiratos o un país del Golfo, no lo hacía para representar a cualquier empresa, lo hacía sobre todo para cuidar a los directivos de las grandes compañías que más contribuían a sostener su imperio. Y estar en esos viajes era una oportunidad que dependía de la voluntad de Juan Carlos. Si él no quería, tú no te subías a ese avión.

“Cuando viajaba a un país de los Emiratos o del Golfo, no lo hacía para representar a cualquier empresa, sino para cuidar a los directivos de las grandes compañías que más contribuían a sostener su imperio”

Y la única forma de conseguir que probablemente tu empresa se introdujera en ese mercado era que alguien como el rey emérito hiciera de intermediario con los grandes jeques del petróleo. Al final era una relación interesada donde no solamente se trataba de preservar el sistema político, sino también de intentar que esos secretos solamente fueran conocidos por unos pocos para que el aura que tenía el rey Juan Carlos nunca se diluyera y él siguiera consiguiendo dinero para sus amigos. Es como las sectas, tú no puedes contar lo que está pasando dentro porque sabes que en el momento que todo el mundo lo sepa, el secreto deja de ser compartido privilegiadamente por unos pocos.

Gema Delgado.- Habláis de la desaprobación de Sabino Fernández Campo sobre el comportamiento de Juan Carlos. Fue el jefe de la Casa Real hasta 1993 y le conocía bien. ¿Cuánto más sabríamos si Sabino no se hubiera llevado tantos secretos a la tumba?

José María Olmo.- Durante mucho tiempo sí que hubo algunas personas, y sin duda creo que Sabino Fernández Campo era la persona más destacada, que intentaron o que hicieron todo lo posible por refrenar esas bajas pasiones del rey Juan Carlos, esas pulsiones por el dinero, por el sexo, por el poder ilimitado. Pero la realidad es que el rey Juan Carlos nunca les hizo demasiado caso. Sabino Fernández Campo es uno de los que mejor conocía sus secretos, pero hay otras muchas personas que están vivas y que seguro que podrían arrojar luz sobre algunos de esos episodios todavía desconocidos.

“Sabino Fernández Campo es uno de los que mejor conocía sus secretos, pero hay muchas personas vivas que podrían arrojar luz sobre algunos de esos episodios todavía desconocidos”

Algunas de estas personas nos contaron cosas que recogemos en el libro y que no se conocían, como por ejemplo la enorme pasión que tiene el rey por coleccionar relojes de lujo, y sobre todo porque se los regalen. Y luego su enorme colección de coches de alta gama. También le compró con dinero de origen opaco unas esmeraldas a Corinna Larsen, que luego intentó recuperar cuando ella lo abandona. Esos son hechos muy concretos que se producen en una época muy reciente y que no habían salido a la luz. Y está claro que si no lo hubiera contado gente de su entorno, habría sido imposible que nosotros lo contáramos.

“La gente que le rodeaba veía que el jefe del Estado estaba cobrando comisiones ilegales por hacer de intermediario para grandes compañías. El modelo se extendió a otras personas de su entorno”

Gema Delgado.- El pacto implícito que se hizo en la Transición y que continuó durante décadas, para hoy, para ocultar y silenciar en España los desmanes del rey, nos han dejado un legado de corrupción, de clientelismos, una forma de funcionar en detrimento de la transparencia que exige una democracia.

José María Olmo.- El rey Juan Carlos también se convirtió en un mal ejemplo para la élite de nuestro país. La gente que estaba a su alrededor veía que el jefe del Estado estaba cobrando comisiones ilegales por hacer de intermediario para grandes compañías. Ese modelo se extendió a otras personas que estaban en su entorno y que también querían sacar tajada del acceso a información privilegiada, de las relaciones con mandatarios de otros países, de sus amistades con directivos del IBEX. El monarca actuó como de tumor que se ha ido extendiendo por cada recoveco de nuestro sistema institucional y que sin duda ha contribuido a que en España estallen continuamente casos de corrupción. El rey Juan Carlos tenía que haber actuado como un modelo para esta élite, como una persona ejemplar. Y sin embargo era todo lo contrario. El sistema, las instituciones hoy en día están en crisis porque los ciudadanos no creen en ellas y no creen porque han visto cómo se les engañaba. Han visto que la clase dirigente, con el rey Juan Carlos a la cabeza, ha estado durante años aprovechándose de los fondos públicos para un beneficio privado, donde sobraban los ciudadanos.

Gema Delgado.- Imagino que si un día se tirara de la manta saldrían nombres muy gordos de este país.

José María Olmo.- Sí, porque al final la figura del rey Juan Carlos también es obra de esas personas que estaban en su entorno y que contribuyeron a hacerlo más grande, callándose los secretos que pensaban que los ciudadanos no tenían que conocer o que no entenderían.

Empresarios de los medios de comunicación también contribuyeron a trasladar esa imagen de hombre todopoderoso, casi mágico, que velaba por nuestro destino. Al final, para que esto funcionara, eran necesarios muchos cómplices y el rey Juan Carlos tuvo muchísimos a lo largo de todos estos años.

“Funcionaba como una organización yihadista, con diferentes departamentos y células estancas que gestionaban diferentes partes de su patrimonio y que no se conocían entre ellas”

Su forma de funcionar era muy parecida a la de una organización yihadista. Además de diferentes departamentos había una especie de células estancas que se encargaban de gestionar diferentes partes de su patrimonio y que no se conocían entre ellas. Si alguna de esas personas era descubierta, el rey Juan Carlos la dejaba caer y seguía operando con el resto de sus testaferros. Era un esquema prácticamente indestructible.

Gema Delgado.- Imagino que no habrá sido fácil investigar la fortuna oculta del rey y toda la trama y cómplices que la sostuvieron y todavía la sostienen.

José María Olmo.- Esta forma de funcionar mediante células estancas y el acceso del rey Juan Carlos a los mejores abogados y financieros del planeta dificulta la investigación y la publicación de esas actividades secretas. No solamente fue un problema de voluntad, que también lo hubo. Fue un problema de amenazas y miedo que existió hasta épocas muy recientes. Por ejemplo, el rey Juan Carlos amenazó a El Confidencial con cerrarlo si seguíamos publicando informaciones que afectaban a su patrimonio.

Además, para un periodista normal era muy difícil tener acceso a todas estas cosas. En el fondo nosotros somos unos privilegiados que hemos tenido una mirada distinta a lo que estaba ocurriendo en una época diferente. Pero durante muchos años no estaba al alcance de un periodista identificar a sus testaferros ni poder publicar en un medio de comunicación cómo gestionaban el dinero, porque era información inaccesible y las personas que estaban a su alrededor y que podían dar esas claves en ningún caso lo hicieron ni estaban dispuestas a hacerlo. Al revés. Había muchas personas trabajando para que esto siguiera oculto. Y eran redes muy sofisticadas, con ramificaciones en paraísos fiscales, a veces detrás de dos o tres sociedades instrumentales, con lo cual era prácticamente imposible conocer todas estas tramas.

Gema Delgado.- ¿Vosotros llegasteis a tener alguna amenaza durante el trabajo de investigación o a la hora de publicarlo?

José María Olmo.- Nos hicieron una oferta que multiplicaba por cien el importe que cobramos de la editorial por publicar el libro. Fue un testaferro que figura en la publicación. Todavía no sabemos cómo descubrieron que estábamos trabajando en este libro.

Evidentemente, no hicimos caso a esa oferta, pero demuestra hasta qué punto el rey emérito ha seguido teniendo personas a su alrededor que han hecho todo lo posible por protegerlo y las sigue teniendo en la actualidad. Nosotros solo conocemos una mínima parte de ese patrimonio. Ha seguido utilizando y disfrutando de otros activos que permanecen ocultos.

Gema Delgado.- ¿Y habrá algún día que haya papeles que se puedan desclasificar y que podamos conocer más de la forma del hacer fortuna del rey o pasará como con los papeles del 23-F, que solo sirven para entretener un poco al personal y para lavar un poco la imagen del rey?

José María Olmo.- La documentación clasificada la realizan personas que, seguro que en su momento, cuando tenían delante el folio en blanco, sentían las presiones que todos podemos imaginar y estaban dentro de una estructura piramidal que dependía directamente del jefe de Estado.

No creo que alguien pusiera por escrito algo que Juan Carlos I hubiera preferido que nunca se conociera.

Probablemente esos secretos están en bancos, en transferencias, en registros de la propiedad, en registros mercantiles de muchos países, y los conocen muchas personas que podrían sacarlos a la luz en cuanto quisieran. Pero no creo que en los papeles, en la documentación reservada o en los secretos del Estado haya archivos con esta información, porque los datos más sensibles no se dejan por escrito. Otra cosa es que los planes no salieron como Juan Carlos I quería y por suerte la sociedad española acabó descubriéndolo.

Gema Delgado.- En 2014, cuando Juan Carlos I tuvo que abdicar, el PP y el PSOE se aseguraron, a través de una reforma legal, de que el emérito continuara disfrutando de esa inviolabilidad en la que vivió toda su vida.

José María Olmo.- Creo que es evidente que si el rey no ha sido condenado por delitos de corrupción y por fraude fiscal es únicamente porque no se le podía investigar por los hechos cometidos antes de su abdicación y la Fiscalía permitió que tampoco se le investigara por los posteriores. Las regularizaciones voluntarias que presentó serían imposibles para cualquier otro ciudadano. Estamos hablando de hechos gravísimos, pero el rey ha disfrutado de una absoluta impunidad. Y esa impunidad tiene mucho que ver con las cosas que él ha estado haciendo.

Probablemente si fuera un dirigente político que sabe que por una actuación delictiva tendría que afrontar el coste de la justicia o las consecuencias penales de sus actos, se comportaría de otra forma. Pero Juan Carlos I sabía que hiciera lo que hiciera, no sufriría ninguna consecuencia jurídica.

Eso te convierte en alguien muy peligroso. Alguien sin escrúpulos puede hacerse de oro con el dinero de todos.

Gema Delgado.- Vuestro libro se publicó en mayo de 2023 ¿Habrá una segunda parte?

José María Olmo.- Quedan muchas cosas por conocer, pero reconozco que la investigación nos supuso un enorme desgaste. Fue muy complicada. Aunque tampoco lo descarto.

Es indudable que hace falta una segunda parte del libro, pero quizá no la escribamos nosotros. Alguien tiene que tomar nuestro relevo, seguir investigando. A lo mejor nuevas generaciones.

Gema Delgado es subdirectora de Mundo Obrero.

Fuente: https://mundoobrero.es/2026/04/14/jose-maria-olmo-si-juan-carlos-i-no-ha-sido-condenado-por-corrupcion-y-fraude-fiscal-es-unicamente-porque-ha-disfrutado-de-una-absoluta-impunidad/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.