La Plataforma de Solidaritat amb les Persones Assentades a l’Antic Circuit de Fòrmula 1 de Valencia está movilizándose contra el riesgo de desalojo, sin alternativa habitacional, de las 1.300 personas que malviven en el asentamiento chabolista ubicado en el antiguo trazado; en esta zona del distrito marítimo de Valencia, donde se celebró el gran premio automovilístico entre 2008 y 2012, está previsto un proyecto urbanístico (PAI del Grao) promovido por la empresa Valere Reoco, que incluye 3.200 viviendas y torres de entre 23 y 40 plantas; a ello se suman las competiciones internacionales de vela en el Real Club Náutico y la marina.
Uno de los miembros del asentamiento es Mohamed Salem, de 45 años, procedente de los campamentos de refugiados saharauis en Argelia; llegó al estado español en 2017; recuerda que contó con el apoyo de la Fundación CEPAIM y permaneció en Bilbao antes de recalar en 2018 en Valencia; la entrevista se realizó después de la rueda de prensa organizada por la plataforma solidaria el 5 de junio, con el fin de dar a conocer la situación de los campamentos; en el acto participaron miembros, entre otros colectivos, de València és Refugi, Nave Albal, Sindicat d’Habitatge, Iaioflautes y Podemos.
-P: Teniendo trabajo te trasladaste al asentamiento de chabolas del antiguo trazado del Grao; ¿qué te llevó a adoptar esta decisión?
-M.S.: He trabajado de mozo de almacén, también de vigilante de accesos y mi último empleo fue en empaquetado omnicanal en El Corte Inglés, durante algo más de un mes a finales de 2025; creo que me pagaron alrededor de 900 euros.
En el asentamiento entré hace tres años porque no tenía para pagar el alquiler de una vivienda; el problema era que tenía que decidir entre comer, el pago del alquiler o enviar dinero a mi familia; tengo a dos hijas y a mi mujer en los campamentos de refugiados saharauis; y claro, prefiero vivir aquí y que llegue el dinero a mi familia para que ellos puedan comer.
-P: ¿Cómo describirías los campamentos de chabolas y tiendas de campaña en esta zona abandonada de los Poblados Marítimos?
-M.S.: Son asentamientos chabolistas que llevan desde 2019, es decir, no son una novedad; ha habido un aumento de la población en la zona porque la gente no tiene con qué alquilar; o tenía un plato de comida, o bien alquilaba… Y claro, prefieren la comida; la gente no es que quiera vivir aquí; al contrario, están intentando incorporarse a la sociedad y aspiran a tener un futuro mejor.
Pero con las condiciones de los pisos actuales y el racismo inmobiliario… Porque yo, por ejemplo, he intentado varias veces alquilar una habitación o una cama; y por llamarme Mohamed no he tenido la posibilidad de hacerlo; me decían que no, porque decían que estaba ya reservada para otra persona. (Según el informe Discriminación racial en el ámbito de la vivienda y los asentamientos informales, realizado por el Ministerio de Igualdad, Provivienda y Andalucía Acoge en 2022, entre los elementos que desencadenan la discriminación racial en el ámbito de la vivienda figuran el color de piel, la apariencia física, el acento, la nacionalidad, la vestimenta, los distintivos culturales o el nombre y apellidos. Nota del entrevistador).
-P: ¿Es habitual el caso de personas con trabajo que pernocten en la antigua pista?
-M.S.: Hay por ejemplo un mecánico que ahora está en su puesto de trabajo; pero da igual que tengas un empleo o no: las condiciones en que se vive aquí no se las deseo a nadie, 1.300 personas son muchas; en 2019 había una veintena de chabolas, pero actualmente hay entre 500 y 600; son personas de diferentes nacionalidades: españoles, saharauis, marroquíes, argelinos, senegaleses, italianos; hay familias con hijos.
El asentamiento está dividido en tres zonas (A, B y C); si te encuentras en una de las zonas y quieres levantar tu chabola, puedes hacerlo, pero aconsejado y dependiendo de las pautas que marcan quienes ya están establecidos.
-P: Has comparado este lugar con un pueblo, al que sólo le faltan alcalde y concejales… ¿Cómo es la convivencia entre los diferentes sectores del asentamiento?
-M.S.: Estamos hablando de 21 hectáreas con cerca de 500 o 600 chabolas; imagínate la magnitud, es más grande que algunos de los pueblos de la España vaciada; entre nosotros no hay ningún problema, convivimos de manera normal y nos apoyamos y prestamos ayuda si hace falta; también organizamos asambleas en cada zona, con la coordinación de la portavoz Ana Isabel, de València és Refugi, y otros amigos; también marcamos criterios por si hubiera un desalojo, como guardar la documentación y tener el teléfono para llamar a las personas y saber que están bien.
-P: ¿Cómo funcionan servicios básicos como el agua, la luz o la limpieza en los campamentos?
-M.S.: No existen aquí; el agua te la traes en un carro de compra del barrio de Nazaret; para la luz se emplean placas solares, si es que hay, porque son una minoría quienes cuentan con placas solares o baterías de coches; en cuanto a la recogida de residuos, es un problema muy grave que tiene que resolver el Ayuntamiento; y, además de los residuos, hay empresas que arrojan aquí los escombros; estamos haciendo lo posible por hacer las correspondientes denuncias.
-P: ¿Cuáles son las reivindicaciones principales de las personas acampadas?
-M.S.: La demanda principal es que, si se produce un desalojo, ayuden a la gente; esto es lo más importante porque, de lo contrario, ¿dónde van a vivir las personas? Hay barrios en que se desahucia a una o dos familias, pero aquí somos 1.300 personas; y las personas que no tienen papeles, ¿de qué van a comer?, ¿de qué van a vivir?, ¿cómo van a trabajar? Son preguntas que deberían responder quienes dirigen el país.
-P: ¿Se ha producido algún diálogo con el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat?
-M.S.: Varias veces y, como dice alguno de los compañeros, nos han hecho la cama; nos dicen que sí, pero luego no han hecho nada; nos hemos reunido dos veces con los servicios de Bienestar Social, sin que nos dieran soluciones.
-P: Por último, ¿qué pedirías personalmente y en representación del colectivo?
-M.S.: Si hay un desalojo, que se dé una alternativa habitacional; para que las 1.300 personas no tengan que dormir en la calle; hay gente que estaba viviendo en los jardines del río y les dijeron, según nos cuentan, que se vinieran al antiguo circuito, que aquí podrían vivir.
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