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Centenares de personas y colectivos se manifiestan por el centro de Valencia para reivindicar que la vivienda no es un negocio

«Quien especula al pueblo estrangula, la vida no es un monopoly»

Fuentes: Rebelión

“Creo que es necesario que cada persona posea su casa, lo dice la Constitución; cuando veo la televisión me cabreo y hasta hablo con la pantalla; le digo entonces a mi nieto que hay que estar en la calle, así es como se han conseguido todos los avances en la historia”, afirma Maribel, de 77 años, vecina del barrio de Vilanova del Grao de Valencia.

Es una más entre las centenares de personas que participaron el 6 de junio en la manifestación que recorrió el centro de Valencia, desde la Plaza de San Agustín, con el lema Acabem amb el negoci de l’habitatge; la movilización fue convocada por la PAH, el Sindicat de Llogateres de València, el Sindicat d’Habitatge y Entrebarris, con el apoyo de Juntes per L’Habitatge y la campaña València No Està en Venda.

Minutos antes del comienzo, llegaron a la plaza un grupo de vecinos con la pancarta “Stop desahucios. Barri de la Fuensanta per una vivenda digna”, y al grito de “¡Fuensanta resiste el barrio no se rinde!”.

Familias en situación vulnerable del barrio de la Fuensanta y la PAH han pedido al Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat, gobernados por el PP, que medien para evitar próximos desahucios en la barriada, informó Europa Press el 5 de junio; algunas de estas personas señalan que un fondo de inversión ruso -que adquirió las casas a un banco- pretende ahora expulsarla.

Sí tuvo lugar, finalmente, el desahucio de Sonia, Vital y sus 4 hijos en la Carrera Fonteta de Sant Lluís, en el distrito de Quatre Carreres de Valencia, contra el que la PAH convocó el 7 de mayo una concentración; los activistas denunciaron que el desalojo se produjo a instancias de la firma inmobiliaria Promontoria Coliseum Real Estate, que no quiso renovar el alquiler a la familia.

Durante la manifestación del 6 de junio se escucharon las consignas de “Foc, Foc, Foc a l’especulació!”; “Si pago el alquiler no tengo pa comer”; “¡Ser casero no es una profesión!”; “¡Vaga, vaga, vaga de lloguer!”; o “¡Fons voltor, expropiació!”

Se repartieron octavillas y panfletos del Sindicat de Llogateres, en los que se afirmaba que cuando se busca piso sólo se encuentran alquileres muy caros y de temporada; otros, del Sindicat d’Habitatge, que señalaban cómo la crisis de la vivienda es ya insostenible; también se vieron adhesivos que pedían acabar con el negocio de la vivienda; hojas con el tío Sam (emblema nacional de Estados Unidos) vomitando monedas y la leyenda “¡Alimenta a tu casero!”

El manifiesto unitario de los colectivos destacaba las dificultades crecientes para acceder a una vivienda digna; por ejemplo, el informe de coyuntura sobre el Índice de Precios de la Vivienda en Alquiler (IPVA), realizado por Comisiones Obreras a partir de datos fiscales del INE, destaca a la provincia de Valencia como líder en el ranking de incrementos para los nuevos contratos de alquiler: una subida acumulada del 55% entre 2015 y 2024, frente a la media estatal del 37%.

“Comprar una vivienda en Valencia es hoy más caro que nunca”, concluyó el portal inmobiliario Idealista en un informe del 4 de junio; así, el precio medio de la vivienda usada sen Valencia e situaba, en mayo de 2026, en 3.378 euros/m2, lo que supone un aumento del 12% interanual (el precio medio estatal es de 2.795 euros/m2); los precios oscilan entre los 5.054 euros/m2 en el distrito de L’Eixample y los 2.397 euros/m2 en Rascanya.

Las cifras pueden concretarse en testimonios como el de José, miembro de la Associació de Veïns i Veïnes del barrio de la Malva-rosa: “El problema de la vivienda clama al cielo; tengo dos hijos de 30 y 32 años, con uno de ellos no sé qué pasará cuando se le termine el contrato de alquiler”.

El manifiesto de los colectivos se refiere, asimismo, a las nuevas formas de precarización de la vivienda que alcanza, también, a los barrios de la periferia y municipios del área metropolitana; es el caso del alquiler turístico temporal, por habitaciones o el llamado coliving (modelo de vivienda difundido en Silicon Valley que combina estancias privadas y espacios comunes).

Poco antes de empezar el acto se colocaron en la carretera algunas pancartas llamativas, como “1.300 persones en el Circuit de Fòrmula 1. No al desallotjament” (en relación con el gran asentamiento de infraviviendas ubicado en el antiguo trazado para carreras automovilísticas, en la zona del Grao); “¡Basta ya, ni un desahucio más! ¡Necesitamos un parque público de vivienda social!” (según el Observatorio de Vivienda y Suelo del Ministerio de Vivienda, el porcentaje de vivienda en alquiler social en el estado español sobre el total de viviendas principales era del 3,3% en 2024, mientras que la media de la UE-27 se situaba en el 8%); y también se mostraron pancartas sobre las necesidades de los barrios: “Russafa no està en venda. Contra l’especulació. Per un barri viu”.

A lo largo de la marcha, los manifestantes exhibieron carteles de pequeñas dimensiones y lemas contundentes: “Quien especula al pueblo estrangula. La vida no es un monopoly”; “Barri veïnal, no turistificat”; “Independizarse, privilegio nacional” o “València 6/06/2006. Prou turistificació!”

Mientras, el Sindicat d’Habitatge continúa organizando acciones para frenar los desahucios en la ciudad; el 8 de junio, contra la expulsión de Carme y sus dos hijos menores de la vivienda en la que residen, en la calle Guitarrista Tárrega del barrio de Nazaret; el desalojo está promovido por un rentista.

Asimismo el colectivo llamó el 2 de junio a una concentración para detener el desahucio de Vicente y su familia, con dos menores a cargo (de ellos, un bebé de cuatro meses), en la calle Betxí de la barriada de Benicalap; detrás de la expulsión de esta familia, que lleva 30 años viviendo en el barrio, se halla la inmobiliaria Global Lucanor SL.

Y al día siguiente, contra el desalojamiento de Patricia y Eva, dos mujeres en situación de gran vulnerabilidad residentes en la calle Peris Mencheta del barrio de Benimaclet; “queda claro que los especuladores buscan el beneficio, las trabajadoras sólo queremos vivir tranquilas en nuestros hogares”, concluye el Sindicat d’Habitatge de València.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.