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Alberto Flores Galindo, el intelectual como constructor de horizontes utópicos

Fuentes: Analéctica

Se requiere de los intelectuales. Pero, insisto, lo lamentablees el desencuentro entre ellos y la militancia política.Aquí también hay una responsabilidad de quieneshan estado demasiado preocupados por la luchainmediata, la imposición de una secta,la disputa por el poder minúsculo.Así se envejece. Alberto Flores Galindo En el campo de las ideas hay una inmensa herencia que […]

Se requiere de los intelectuales. Pero, insisto, lo lamentable
es el desencuentro entre ellos y la militancia política.
Aquí también hay una responsabilidad de quienes
han estado demasiado preocupados por la lucha
inmediata, la imposición de una secta,
la disputa por el poder minúsculo.
Así se envejece.

Alberto Flores Galindo

En el campo de las ideas hay una inmensa herencia que nos pertenece y que debemos rescatar. Me refiero a las ideas de intelectuales críticos, que en otras circunstancias pensaron de manera creativa y que se comprometieron con luchas políticas, dejándonos como legado su reflexión y ejemplo. Recuperarlos se vuelve una necesidad ya que el neoliberalismo, hegemónico también en la academia ha desplazado y busca borrar esta tradición. Alberto Flores Galindo (1949-1990) es uno de los nuestros, poco conocido en México, pero cuyo pensamiento y ejemplo como intelectual es necesario rescatar en estos tiempos de crisis civilizatoria.

Alberto Flores Galindo fue un prolífico intelectual peruano de finales del siglo XX, un siglo de atrocidades y de grandes esperanzas, que terminaría en términos históricos en 1989 con la caída del Muro de Berlín. Flores Galindo desarrollará su obra de 1968 a 1990, un periodo histórico marcado por el ascenso, reflujo y derrota de las luchas políticas de izquierda. En la historia de Perú este periodo está marcado por el golpe militar de Juan Velasco Alvarado (1968), militar nacionalista, un periodo de luchas populares intenso, la irrupción de la violencia de «Sendero Luminoso», fuerte represión y termina con la llegada de Alberto Fujimori en 1990 a la presidencia de Perú. Un periodo complejo, de luchas clasistas, de violencia y de crisis económicas; para la izquierda fue al final una derrota profunda, instaurándose la hegemonía neoliberal en una de sus formas más salvajes de la región.

Flores Galindo, historiador, sociólogo y ensayista peruano, desarrolló un pensamiento crítico y original. «Tito», como le decían sus amigos, nos ha dejado reflexiones e investigaciones que desbordan la coyuntura histórica que le tocó en vida. Su influencia está presente en los debates actuales, sobresaliendo en el de la «colonialidad del poder». Su crítica al neoliberalismo y su defensa de un horizonte socialista, son un ejemplo de su valentía hacia al futuro, en un momento en que muchos intelectuales arriaban banderas de lucha.

La investigación histórica se hace desde preguntas del presente, en el caso de Alberto Flores Galindo se observa una profunda inquietud por tres grandes problemas contemporáneos de Perú y Latinoamérica: la estructura de clases, la violencia recurrente y los horizontes utópicos. Aspectos que concentran causas que explican la crisis recurrente de las sociedades latinoamericanas.

Estructura de clases de Perú

Para Alberto Flores Galindo las claves de la constitución de la estructura de clases de Perú se encuentran en el pasado, en el hecho terrible de la conquista que destruye el mundo inca, imprimiendo a las relaciones de clase un carácter racial. Fundándose un sistema de dominio sustentado en la división del pueblo y en la violencia.

El estudio del pueblo, en todas sus facetas, fue un campo fértil en el trabajo de Flores Galindo. Observó potencialidades y divisiones del campo popular, explicadas en su constitución histórica. Mostrando al mundo subalterno en su complejidad en dónde los aspectos culturales son una pieza central en su conformación.

En los «Rostros de la plebe» muestra la compleja constitución de las clases subalternas en Lima y alrededores, una zona «pacifica» en términos políticos durante la colonia. Mostrando la dificultad de actuar de los diversos sectores subalternos como clase o de manera colectiva. La estructura de castas junto con el sistema de reproducción de esta sociedad, hará muy difícil el diálogo y la creación de identidades desde lo popular.

Su reflexión fruto de una exhaustiva investigación, permite pensar las dificultades de crear la comunidad nacional. La sociedad peruana aparece como un conglomerado de clases y grupos, disgregadas, relacionados por la violencia y extraños unos a otros. La desigualdad como impedimento de constitución del pueblo y de la nación, es una veta de análisis que se desprende de la reflexión de Flores Galindo.

Aristócratas y plebeyos, parecen ser los conceptos clasificatorios de la sociedad de Lima colonial, en dónde la desigualdad se expresa además de en términos económicos, en la educación, en el gusto, en la cultura y la «carencia» de ella. Pero el mundo plebeyo, es también un espacio amplio de divisiones y de violencia. Este análisis de Flores Galindo, sugiere caminos para adentrarse en la sociedad actual de los países latinoamericanos, en dónde se vive un fortalecimiento de la desigualdad por el neoliberalismo. Donde diversos sectores no se perciben como iguales, compatriotas, sino como un otro, extraño y peligroso.

Flores Galindo piensa a la clase como relación de dominación y proceso histórico de conformación, influenciado sin duda por E.P. Thompson. El trabajo de investigación histórica, por lo tanto, es lo que permite a Flores Galindo desentrañar la constitución social de Perú.

Violencia

La violencia sistemática, que se agudiza en la década de los ochentas del siglo XX, será otro de los temas que buscará desentrañar Flores Galindo. Mostrando que en Perú el estado de excepción es la normalidad histórica. Su análisis de la violencia se centra en dos ámbitos que se conectan, por un lado el papel de la violencia en el mantenimiento del orden político y acceso al poder, y un segundo ámbito el de la violencia cotidiana, la violencia social que media las relaciones sociales cotidianas.

La comprensión de la violencia pasa por el análisis del ejército, un tema vedado, de acuerdo con Flores Galindo. La centralidad del ejército es recurrente ante la irrupción de alternativas violentas, guerrilleras o insurreccionales, en dónde se muestra de nuevo el empleo de la violencia en sus formas más brutales como mecanismo de mantenimiento del orden. Estableciéndose, a lo largo de la historia peruana, un estado de excepción y aniquilando el estado del derecho, confundiéndose lo militar con lo civil.

En el análisis histórico de Flores Galindo muestra la permanencia de una tradición autoritaria, que ha marcado la política de su país y dificulta las posibilidades de la democracia. La violencia y su relación con la política, con el Estado, se analiza desde la conformación histórica de la «tradición autoritaria», mostrando una vez más las implicaciones de la pasado en el presente.

La indagación de Flores Galindo sobre la violencia, no se queda en el análisis del ejército, el caudillismo, la «democracia» tutelada y el estado de excepción. En un análisis brillante Flores Galindo señala el carácter estructural y cotidiano de violencia de su sociedad, en la colonia y la conformación de Perú independiente. El racismo pieza central de la sociedad colonial, marcó a Perú independiente, la diferenciación racial, la ciudadanía limitada, la permanencia de la esclavitud y las castas, la servidumbre y la dependencia personal muestran una violencia estructural cotidiana. En dónde no existe igualdad y los derechos humanos simplemente carecen de sentido entre una sociedad de desiguales, de amos y plebeyos.

En un análisis del servicio doméstico en Perú, Flores Galindo muestra como este tiene sus raíces en la esclavitud y en el «pongaje» trabajo obligatorio y gratuito colonial, y está marcando por relaciones de violencia, paternalista en algunas ocasiones. Esta violencia cotidiana no es solamente en el caso del servicio doméstico, está impregnado en todas las relaciones sociales y en todos los espacio. La comunidad campesina frente al hacendado y la autoridad, la gran ciudad y sus «castas», en la fábrica, también, donde los dueños la conciben como su nueva hacienda. El abismo entre clases, la desigualdad extrema, tiene como correlato la violencia.

La violencia enraizada en la sociedad, sugiere Flores Galindo, también contamina las alternativas, en dónde en muchas ocasiones el autoritarismo aparece como mecanismo de justicia y de transformación. Hay una tendencia constante a la violencia, fruto de la estructura social de Perú, a la imposibilidad ante una desigualdad racista y extrema de edificar lo común, la idea de nación, las posibilidades de la democracia misma. Alberto Flores Galindo, pensando en la democracia en un sentido amplio y pensándola como horizonte utópico escribe…

Democratizar el Perú significaría construir otro tipo de relaciones sociales y otra forma de organizar el poder. La democracia exige la revolución social. Esto es así no sólo porque existe pobreza y miseria, sino sobre todo porque cada vez se admite menos la desigualdad. Las crisis, como las que estamos padeciendo, no son únicamente ocasiones para el desaliento; también permiten ampliar las perspectivas y buscar nuevos caminos.

Este análisis de la violencia, vista en su complejidad, en su conformación histórica y ligada a la estructura de clase de Perú, es una muestra del talento y búsqueda de nuevos caminos de Flores Galindo. Nunca la respuesta fácil, nunca el conformismo intelectual y siempre una crítica que pasa por la investigación, y siempre pensando en un horizonte de transformación social.

El horizonte utópico

El otro gran tema presente en la obra de Flores Galindo es el del horizonte utópico. De nuevo la mirada al pasado parte de la necesidad de la utopía en el presente (para Alberto Flores Galindo serán los años ochenta), de alternativas en un momento en que está por decretarse el fin de las utopías y el fin de la historia. Estudiar la construcción de utopías en Perú fue parte del andar como historiador de «Tito» Galindo. En sus trabajos que dan cuenta de la conformación de Perú y de las clases, aparece recurrentemente el concepto de utopía andina que funciona como guía de reflexión. La utopía andina da cuenta de cómo la imaginación del pasado prehispánico, idealización, por las diversas clases sociales, tiene una fuerza importante en las disputas políticas y en la construcción de sujetos. La cultura, la imaginación, el mito y la utopía, entran en juego en la construcción de las clases sociales y en las relaciones de antagonismo clasista.

La utopía andina señala, Flores Galindo, ha estado presente en toda la historia del Perú, en la rebelión de Túpac Amaru en Perú colonial, en el siglo XX estaba en los tres más importantes movimientos políticos e intelectuales, el indigenismo, el APRA y el socialismo de Mariátegui. La «utopía andina» es patrimonio del pueblo, como parte constituyente de su subjetividad política, se encuentra en constante cambio, tiene impulsos trasformadores, revolucionarios, como también puede adquirir vertientes autoritarias y de orden social. El pasado se presenta por lo tanto como campo en disputa, como fuente de ideas y fuerza hacia el futuro.

En forma de testamento, aquejado de un cáncer, Alberto Flores Galindo hace un llamado a «redescubrir la dimensión utópica», que en su caso es el socialismo. En el momento de ascenso del neoliberalismo, «Tito» llama al socialismo, a la vigencia del ideal, a la urgencia de mantener la utopía, de reelaborarla de forma creativa. En medio de una profunda crisis, de un país convulso por la violencia, levanta la voz por una política ética, algo ajeno al neoliberalismo ya que este desplaza la ética por eficacia, gobernanza y negocios al amparo del poder público. El socialismo escribe en su testamento intelectual es «crear otra moral, otros valores.»

El socialismo, en el que piensa Alberto Flores Galindo, tendrá que ser creativo, ligado a una nueva moral y, pensando en el mundo de abajo, no tendrá que hacerse a costa de destruir el mundo andino, el mundo campesino. Esa es la ruta que apenas bosquejó Flores Galindo, y que hoy es un debate que se abre en las luchas latinoamericanas.

Alberto Flores Galindo el intelectual, a modo de conclusión

El itinerario reflexivo y de investigación de Flores Galindo mira al pasado desde su presente. La conformación del pueblo, la violencia recurrente y el horizonte utópico responde a una situación de su presente, al estado de crisis de los ochentas y del que no hemos salido. Su mirada al pasado se enraizaba a un imperativo de lucha política, por reestructurar a la sociedad peruana a partir de la idea de socialismo, pero que en Perú, como en América Latina, pasa por desmontar una estructura de dominación de raíz colonial.

«Tito» Flores Galindo fue un intelectual que entendió su papel en la sociedad como impulsor de horizontes utópicos, ligado a las clases populares y crítico en todo momento. Su obra, tristemente inconclusa, es una fuente a la que hay que acercarnos para ir desentrañando las continuidades históricas, recurrentes, de desigualdad, pobreza y violencia, que como promesa el neoliberalismo habría de erradicar. Desde 1990 los problemas históricos no sólo no han desaparecido, sino que en muchos casos se han agravado en la región. También desde entonces, la hegemonía ideológica neoliberal ha logrado, con éxito variable, cerrar cualquier horizonte utópico, presentando la realidad como un presente eterno, vació y fugaz, cuya esencia es la dominación capitalista, que pone en riesgo la vida misma de la humanidad.

La esperanza está presente en los escritos de Alberto Flores Galindo acompañando sus investigaciones y análisis. La búsqueda de la utopía, es un llamado a buscar la esperanza en las profundidades de la cultura popular. Al borde de la muerte, como despedida, Flores Galindo hace una vez más un llamado a la esperanza entendida como actividad intelectual y política que consiste en hacerla realidad. La utopía está ligada a la revolución, a la construcción de una sociedad nueva.

La esperanza, se palpa, en la solidaridad, en los amigos, como escribió José María Arguedas, en «lo intocado por la vanidad y el lucro». Por lo tanto hay que buscarla en la sociedad misma, hay que ir a su encuentro. Esa es una tarea pendiente por realizar, siguiendo el testamento de Flores Galindo.

El 26 de marzo de 1990 falleció Alberto Flores Galindo a la edad de cuarenta años, perdió la batalla contra el cáncer. Se despidió en una apasionante carta. Se fue tranquilo, con esperanza, sabedor que la lucha por una sociedad mejor nos transciende, que la historia es larga. Alberto Flores Galindo es uno de los nuestros, su reflexión y ejemplo como intelectual, son necesarios para afrontar la crisis neoliberal y vislumbrar alternativas.

Alberto Flores Galindo, junto con José María Arguedas y José Carlos Mariátegui, es parte de los imprescindibles que nos ha dado Perú.

Bibliografía

Aguirre, Carlos et Walker, Charles F., Editors introduction, «Alberto Flores Galindo: Historian and Public Intellectual», en Flores Galindo, Alberto, In Search of an Inca, Edited and Translated by Carlos Aguirre, Charles F. Walker, and Willie Hiatt, Cambridge, Cambridge University Press, 2010.

Flores Galindo, Alberto, Buscando al Inca: identidad y utopía de los Andes, Grijalbo-CONACULTA, México, 1993.

Flores Galindo, Alberto, Los rostros de la plebe, Crítica, Barcelona, 2001.

Flores Galindo, Alberto, Aristocracia y Plebe: Lima 1760-1830, Lima, Mosca Azul Editores, 1984.

Fuente original: http://www.analectica.org/articulos/hernandez-flores/