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¡Avanzamos Patria… a galope de corrupción!

Fuentes: Rebelión

Recordando lo que el correísmo se llevó

«Que nos roben todo, menos la esperanza»
-Rafael Correa

«En la ausencia de justicia, ¿qué es la soberanía sino un robo organizado?»
San Agustín

Más de 35 mil millones de dólares entre «coimas, sobreprecios en contratos públicos, evasión tributaria, por comisiones en exportación de petróleo y en importaciones de derivados, deuda pública y gasto corriente» … Esa es la estimación de la Comisión Nacional Anticorrupción sobre el «costo» que habría tenido la corrupción durante la década en la que gobernó el ex presidente Rafael Correa.

Para dimensionar esta cifra, comparémosla con el monto oficial de deuda externa pública registrado en noviembre de 2017, que llegó a los 31.626 millones de dólares. En efecto, con los recursos que, al parecer, el correísmo saqueó -o contribuyó a saquear- se podría pagar toda la deuda externa pública (y hasta sobraría). Otro ejemplo: si tomamos la cifra del saqueo y la dividimos para el estimado de población ecuatoriana a diciembre de 2017 podríamos decir que, en promedio, a cada ecuatoriano se le habría robado alrededor de 2.144 dólares; robo que, para una familia promedio de cinco miembros, equivaldría a unos 10.720 dólares…

Si las cifras en sí mismas no son suficientes para comprender la magnitud de la «corrupción galopante» –tal como la definió el presidente Lenín Moreno– que se vivió en la década correísta, la podemos complementar con casos concretos de corrupción (que en su mayoría muy seguramente ya se encuentran incluidos en las estimaciones de la Comisión Anticorrupción).
Algunos pocos ejemplos:
 
– Más de 1.500 millones de dólares gastados en la refinería «invisible» del Pacífico, con un campo baldío, un acueducto (con intervención de Odebrecht) y una cancha de fútbol para que los trabajadores no se aburran.

– Alrededor de 2.200 millones de dólares gastados en la intervención de la refinería de Esmeraldas, particularmente para rehabilitarla y que recupere su producción de 110 mil barriles alcanzada en 1997 pero que perdió por falta de mantenimiento. A pesar del fuerte gasto, no se resolvieron varios problemas y hasta se llegó a decir que la situación de la refinería es «crítica«.

– Preventas petroleras con países como China o Tailandia, en donde el Ecuador comprometió «más barriles de petróleo de los que produce«; casos de intermediación petrolera, que promovieron el surgimiento de «nuevos ricos» con la especulación del crudo ecuatoriano; estos y otros manejos petroleros corruptos implicarían pérdidas superiores a los 2.000 millones de dólares.

– Manejo corrupto de casos petroleros delicados como sucedería con Petrobras, que habría generado pérdidas por alrededor de 2.500 millones de dólares.

– Entrega fraudulenta de campos petroleros maduros a transnacionales (tema que el propio Correa calificó como «traición a la patria«).

– Hidroeléctricas con sobreprecios millonarios (p.ej. Manduriacu), retrasos, funcionamientos parciales, y hasta el uso de endeudamiento externo caro (sobre todo chino, generando una deuda con el país asiático de unos 2.888 millones de dólares).

Incremento salvaje y nada transparente de la deuda pública, al punto que a octubre de 2017 entre la deuda oficial y las deudas no reconocidas (p.ej. preventas petroleras, facilidades de liquidez del Banco Central, fondos transferidos a la banca pública, deudas con proveedores, deudas con Schlumberger, deudas con la seguridad social…) se habría superado los 60 mil millones de dólares.

– Plantas de gas con sobreprecios, retrasos y hasta problemas técnicos como Monteverde y Bajo Alto; sobreprecios, mal funcionamiento, y derroche en varios proyectos de obra pública como: carreteras, aeropuertos (p.ej. Tena, Santa Rora), plataformas gubernamentales, sede de la UNASUR, escuelas del milenio pésimamente planificadas, universidades disfuncionales como Yachay e IKIAM, etc.

– Quiebra y derroche de empresas públicas como TAME, ENFARMA, canales de televisión incautados como Gama y TC Televisión.

– Perjuicios millonarios al IESS, incluso con la complicidad de clínicas privadas; borrón de la deuda del Estado con el IESS.

– Venta con perjuicio al Estado del ingenio azucarero Aztra/Ecudos así como de la Unión Cementera Nacional.

– Casos de sobornos, financiamiento de campaña, etc., pagados por Odebrecht, auspiciando hasta un documental para exaltar la imagen de Correa.

– Otros casos varios de corrupción: compra fallida de placas de la ANT; caso helicópteros Dhruv; caso «gran hermano«; valija diplomática con droga; caso del primo de Correa, Pedro Delgado; otros casos de corrupción en Petroecuador, incluyendo las delaciones de CAPAYA

De hecho, esta lista se queda en extremo corta, pues la corrupción y el despilfarro correístas darían para armar todo un museo. Solo pensemos, ¿a qué punto habrá llegado la corrupción en el gobierno de Correa que, al cierre de 2017, el que fuera su vicepresidente se encuentra preso por asociación ilícita (sin duda un personaje nefasto sobre el cual rondan un sinfín de casos de corrupción)?, ¿a qué punto habrá llegado la situación que desde adentro del gobierno se reconoció que las múltiples denuncias hechas al correísmo son ciertas y eran conocidas desde hace mucho tiempo atrás?, ¿a qué punto llegamos que hasta las propias cuentas de Alianza País terminaron siendo vaciadas?

Tanto las cifras como los distintos casos del saqueo correísta son abrumadores. Solo pensemos en que mientras el correísmo se llenaba de frases como «¡Avanzamos Patria!», «El Ecuador ya cambió», «Patria para siempre», «manos limpias y corazones ardientes», en las sombras o incluso a plena luz del día se robaba al país de forma infame. De hecho, el gobierno de Correa, por medio de su postura autoritaria y su abuso del poder, incurrió precisamente en una de las esencias de la corrupción, tal como -paradójicamente- se indicó con claridad en el Plan de Gobierno de Alianza País 2007-2011 (pp.24-25):

«[C]orrupción […] entendida no sólo como actos reñidos con la ley, sino como el abuso de poder por parte de individuos u organizaciones sea en el ámbito público o privado, en actividades económicas, políticas, sociales, empresariales, sindicales, culturales, deportivas, que beneficien directa o indirectamente a una persona o a un grupo de personas.»

Tal traición a los postulados que dieron vida al proyecto político que llevó a Correa al poder hacen ver, con claridad, que el color verde de la bandera correísta perdió su sentido original, y se volvió un verde apasionado, pero por el dinero y el poder…

Con semejante saqueo y traición como precedentes, era obvio que el intento de retorno de Correa al país luego de su autoexilio «belga» y sus «sabatinas de bajo presupuesto«, fracasaría. Fiasco que, por cierto, ha dejado ver que gran parte de esa gente que en su momento buscó perpetuar al caudillo del siglo XXI en el poder, ahora no siente remordimiento en negarlo cual Pedro antes de que cante el gallo. En medio de esas traiciones -al puro estilo de la Cosa Nostra– el correísmo parecería vivir una agonía en donde su caudillo suelta desesperados alaridos frente a organismos que antes desdeñó.

En definitiva, el correísmo se acerca cada vez más a las puertas del horno fruto de sus propios pecados (hecho que ya se veía venir) y, con el tiempo, hasta Correa debería ser implicado en las investigaciones por corrupción emprendidas desde la Fiscalía ecuatoriana (ya sea por corrupto o por inepto al no darse cuenta de que pasó años rodeado de corruptos). Realmente indigna que mientras al país se le tomó el pelo, con farsas políticas como una inexistente «revolución socialista» o la estafa de la «transformación de la matriz productiva», los recursos eran desperdiciados al ritmo del abuso del poder.

Si bien la corrupción acompaña a la Humanidad desde tiempos inmemoriales, el abuso de poder combinado con factores como el rentismo extractivista hicieron que la corrupción correísta sea monumental.

Finalmente recordemos que la década correísta registró una bonanza sin igual: entre enero de 2007 y abril de 2017 el sector público no financiero, sin seguridad social, llegó a obtener unos 256 mil millones de dólares en ingresos. Con todos esos recursos se pudo promover transformaciones estructurales en el país. Eso no pasó y más bien se dejó a nuestra sociedad en una grave crisis en donde lo económico, lo político y hasta lo humano están cayendo en decadencia. La memoria de nuestra sociedad no debe olvidar eso. Por lo mismo, no debemos dejar que esta historia se repita. Si bien -aún- no caemos en un caos como el del tornasiglo, el horizonte no es esperanzador, pues el correísmo se lo llevó todo, hasta la esperanza…