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Bachelet… ¿es de izquierdas, o de derechas?

Fuentes: Politika

François Mitterrand, ese camaleón de la política apodado «La esfinge» en razón de su renuencia a precisar su pensamiento, a desvelar sus propósitos y a dar a conocer sus principios -admitiendo que tuviese alguno- afirmaba: «Nadie sale de la ambigüedad sino a sus expensas». En claro, «Mientras menos digo, mejor». De ese modo logro convocar […]

François Mitterrand, ese camaleón de la política apodado «La esfinge» en razón de su renuencia a precisar su pensamiento, a desvelar sus propósitos y a dar a conocer sus principios -admitiendo que tuviese alguno- afirmaba: «Nadie sale de la ambigüedad sino a sus expensas». En claro, «Mientras menos digo, mejor».

De ese modo logro convocar a mi derecha, a mi izquierda, arriba, abajo, puedo no negar esto, no cerrarle las puertas a lo otro, insinuar aquello, no desmentir lo contrario, ser una suerte de ectoplasma, proyectarme como un autoservicio a geometría variable en el cual cada cual puede elegir lo que le parezca según su propio gusto, tanto más cuanto que personalmente no me comprometo a nada. «No sé, tendría que estudiarlo», «mis expertos me ofrecen diferentes alternativas…» Para hacerla corta: Ya se verá en su día.

Bachelet se inscribe en esa escuela, sin la autoridad, ni la erudición, ni la inteligencia, ni la habilidad, ni la brillantez, ni la trayectoria del maestro.

Bachelet no tiene principios: tiene intereses. O los representa.

Insiste en eso de que «El pueblo de Chile ha cambiado». Ella es líder porque sigue al pueblo de Chile para donde vaya. O para donde ella supone que va. O más precisamente para donde quisiera que fuese. A Babia. Que según Víctor de la Serna era el sitio al que los reyes de León preferían retirarse cuando no querían saber de nada y de nadie. ¿Para qué inmiscuirse en lo que a uno le concierne?

Lejos de la política el pueblo de Chile es lo que Alianza y Concertación quisieran que fuese: insípido, insaboro, inodoro. Inofensivo. Dejándole a los «expertos» de centro-derechas o de centro-izquierdas (qué más da, la ciencia es apolítica) la administración de lo que importa.

Las cuestiones que incomodan reciben como respuesta «aún no hemos decidido», o bien «las estamos estudiando», o mejor aún, «habría que ver»: llegué hace poco, me reúno con unos y con otros, más con los unos que con los otros… no hay que asustar al empresariado, demiurgo de la felicidad en la tierra. Hay que jugarla ecuménica, panorámica.

«Nadie sale de la ambigüedad sino a sus expensas». La lección de Mitterrand se escucha en bucle.

«Le subiremos los impuestos a las empresas de 20% a 25%… pero gradualmente, durante cuatro años». Eso da un pinche 1,25% anual, que está lejos de producir los recursos necesarios para lo que se promete. Pero lo importante es el efecto de anuncio. Y tranquilizar al empresariado, al GRAN empresariado que según Bachelet se muestra comprensivo y va hasta a aceptar sacarse un cocodrilo del bolsillo si realmente es necesario, imprescindible, en caso de vida o de muerte. ¿Le creemos?

Mitterrand llegó a la cabeza del socialismo francés prometiendo una «ruptura con el capitalismo» y asegurándole a quién quería oírle que quien no lo entendiese no tenía nada que hacer en el PS francés. Y se alió con los comunistas galos, que era donde estaba la credibilidad.

Los resultados son conocidos: los comunistas desaparecieron como fuerza significativa, Mitterrand llegó al poder y muy rápidamente cedió ante los cantos de sirena del neoliberalismo.

Mitterrand fue contemporáneo de Thatcher y de Reagan: ¿Qué queda de su ruptura con el capitalismo? ¿Qué queda del PC francés?

Lionel Jospin, primer secretario del PS francés por obra y gracia de Mitterrand, dijo de su esposa Danièle… «Es la única que creía que Mitterrand era socialista». Jospin tampoco lo era: ingresó al PS en una maniobra «entrista» dirigida por los trotsquistas lambertistas de la Cuarta Internacional. Como se dice ahora, fue «un error de casting».

El «progresismo» nuestro no sufrió ningún entrismo: mutó, en el sentido que Darwin le daba a esa palabra. Se le descuajeringó el ADN, se adaptó no para sobrevivir sino para arrodillarse y palpar un poquito de lo que quedaba. Vive en simbiosis: tanto para ti, tanto para mí.

Mudó de lenguaje, de objetivos, de discurso, de principios, y conservó la etiqueta. Allí donde había vino espumante no quedó sino un líquido indefinible pero gasificado. Para dar la impresión.

Bachelet y sus managers, sus «expertos», sus coachs, sus Misters… piensan que esa estrategia dará el pego. Por lo menos hasta las primarias. Luego se verá en función de para dónde vaya el pueblo, o la «gente», para no incordiar.

¿De izquierdas Bachelet? ¿De derechas? No. Bachelet está donde la ponen.

©2013 Politika [email protected]