Manuel Acuña Asenjo

Artículos

Cuando ya ha finalizado el plebiscito, convocado por las autoridades del país para resolver si aprobar o rechazar el proyecto de constitución elaborado por la Convención Constitucional, parece conveniente intentar explicarnos su resultado.

Dentro de pocos días, la población chilena deberá concurrir a las urnas. Ha sido convocada para participar en un plebiscito en el cual ha de pronunciarse sobre el texto de una nueva carta fundamental, entregada a su consideración, por la Convención Constitucional (CC), el cuatro de julio recién pasado.

Hace apenas una semana que la CC puso fin al trabajo de redactar el proyecto de Constitución encargado por la comunidad.

En muchos de nuestros artículos hemos hecho referencia a la implacable lucha que, soterradamente, libra la ‘élite política’ de este país en contra de la comunidad nacional. Puede sorprender y hasta parecer ilógico que organizaciones políticas creadas, precisamente, para defender los intereses de las grandes mayorías nacionales, trastoquen, en el tiempo, su cometido y terminen resguardando únicamente los intereses particulares de sus integrantes como el propio. Y, sin embargo, es así. El caso que exponemos más adelante ilustra dramáticamente esa tendencia. Intentemos explicarnos por qué sucede.

Al provocar la asesoría de organismos internacionales al órgano constituyente, la ‘élite política’, a través del ex ministro Allamand y, ahora, por intermedio del Senado, le ha faltado el respeto a la Convención Constitucional y, consecuentemente, a toda la comunidad nacional. Debe admitir su culpa, debe pedir excusas. Y, más que nada, ha de enmendar rumbos. Porque la Historia puede superarla.

Desde el momento mismo en que iniciara su trabajo la Convención Constitucional, un grupo de personas ha intentado, por todos los medios a su alcance, entorpecer su trabajo, ponerle vallas, dificultarlo.

Las bases de la apreciación o valoración —como quiera llamársela—, se encuentran en el proceso de comparación y, en consecuencia, en la analogía, que es la forma a través de la cual ese proceso se lleva a efecto. Pero las analogías (y las comparaciones) no siempre son las más adecuadas y, no pocas veces, inducen a error; a menudo, son fuente de malas interpretaciones y disputas.

A fines del año recién pasado, ocurrió un hecho político importante, un hecho insólito, un suceso político de la más alta y extrema gravedad.

Algunos medios de comunicación han destacado que Gabriel Boric es el presidente más joven que ha tenido la Repùblica desde sus inicios, superando, incluso, a Manuel José Blanco y Calvo de Encalada—Manuel Blanco Encalada (si suprimimos los patronímicos de sus apellidos), militar de 36 años, de nacionalidad argentina— que gobernara Chile durante dos meses del año 1826.

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