Manuel Acuña Asenjo

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La idea de un nuevo paradigma de carácter biológico conduce a la cooperación, antithesis de la ley de la competencia que elevara Charles Darwin al rango de ‘universal’. La competencia ha de ceder su lugar a la cooperación para situarse en el carácter de supletoria de ésta. Y permitir que la cooperación adopte un conjunto de principios—como la fraternidad, la participación, la solidaridad, la empatía, la generosidad, entre otros— que existen en la actualidad, pero no son dominantes sino se encuentran desplazados por la adicción competitiva. Es posible para la generación de las ‘autoridades’ que, bajo esa nueva visión del mundo, puedan adoptarse sistemas tales como el de la prelación y el sorteo. Y a la vez, el ejercicio sin trabas tanto de los referéndums como de los plebiscitos. Una democracia que no es a secas sino se identifica con tan sólo una sola palabra: ‘directa’.

La suerte del diario ‘El Clarín’ se decidió antes de la perpetración misma del golpe: no era un diario neutral, tenía amplia aceptación ciudadana, era el diario de más alta circulación en el país, tuvo directa participación en la elección de Allende. Nada de eso perdonaría la dictadura pinochetista.

Cuando en poco tiempo más se entere un lustro del llamado ‘estallido social’, no está de más recordar que ese ‘partido que brota espontáneamente del suelo de la sociedad moderna’ nace de esa manera: una explosión humana, un súbito despertar, un encuentro colectivo para resolver las cuitas presentes. Y luego, el deseo irrefrenable de encontrar a otros para planear un futuro común.

«Un 69% de los encuestados señala que ‘mucha gente o casi todas las personas’ en el sistema público estarían involucradas en situaciones de corrupción”.

Así las cosas… ¿podría extrañarnos que la confianza de la ciudadanía, en las instituciones encargadas de generar las reglas que han de regir la conducta ciudadana, no alcance a empinarse más allá del 1%?

La cumbre estuvo, desde un principio, destinada al fracaso. Nadie lo ignoraba. La circunstancia que al encuentro no asistiría Rusia fue, desde ya, una inequívoca señal; del mismo modo, la ausencia de China. Y, por supuesto, el hecho que el propio presidente Joe Biden no asistiría sino lo haría la vicepresidenta Kamala Harris, daba a entender el poco interés que USA asignaba al evento.

Para quienes queremos poner fin a la corrupción y construir una sociedad mejor, constituye un deber imperativo hacerlo, a la vez que tomar la iniciativa en el continente. Aunque la ‘élite política’ se indigne. Aunque ponga múltiples obstáculos.

Como en la generalidad de las formaciones sociales del globo, una ‘élite’ política se ha apoderado del país. Eso lo sabemos. Es una verdad. Se trata de una ‘élite’ que tiene poder. Y lo ejerce sobre el conjunto social.

El difícil momento que vive Chile no será superado por los sectores dominantes; tampoco por las organizaciones políticas existentes. Por más que se unan. Tal vez, por una nueva; es posible. Como, también, por una fuerza social diferente. Como la que, a menudo, pugna por salir y hacerse presente en las manifestaciones o en las protestas.

La democracia directa es la verdadera democracia. Su esencia misma. Su espíritu. Si en el pasado no pudo hacerse efectiva y debió trocarse en representativa fue porque no existían los avances que la sociedad de hoy brinda para ejercerla. Fue una aspiración. Recuperarla es volver a imponer el control colectivo sobre la marcha de la misma sociedad.

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