En diálogo con NEGRX durante su paso por la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el escritor y editor afroperuano Juan Manuel Olaya Rocha reflexiona sobre la invisibilización histórica de las producciones afrodescendientes en América Latina, el lugar de la oralidad como archivo de memoria colectiva y las disputas por construir espacios propios dentro de una industria cultural atravesada por jerarquías raciales. Fundador de D’Palenque, una de las principales plataformas de difusión de literatura afroperuana, Olaya Rocha reivindica las tradiciones negras silenciadas por los relatos nacionales y advierte sobre las persistentes formas de exclusión que atraviesan el campo intelectual y editorial.
Juan Manuel Olaya Rocha es escritor, editor y docente peruano especializado en literatura afroperuana. Fundador de la revista y sello editorial D’Palenque, desde donde impulsa la difusión de autores afrodescendientes y la recuperación de memorias afroperuanas, participó recientemente de la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En diálogo con NEGRX, reflexionó sobre la invisibilización histórica de las producciones afrodescendientes, el peso de la oralidad en la tradición cultural afroperuana y los desafíos de construir espacios propios dentro de una industria editorial atravesada por desigualdades raciales.
Gabriel «Rulock» Pineda.- Participaste recientemente en la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2026. ¿Cómo fue esa experiencia?
Juan Manuel Olaya Rocha.- Fue una experiencia bastante interesante porque llevar a otro país la temática afroperuana no se da todos los días. Si en nuestro propio país todavía está invisibilizada, llevarla a otro espacio tiene un valor importante, sobre todo en la Feria del Libro de Buenos Aires, que es un lugar que reúne muchísimas personas, no sólo argentinas, sino también de otros países.
Además, compartir la mesa con Federico Pita fue una experiencia muy interesante porque aparecieron dos perspectivas distintas: él desde lo afroargentino y yo desde lo afroperuano. Y ahí uno puede encontrar conexiones, semejanzas y también diferencias entre ambas experiencias negras en nuestros países. Creo que fue muy importante haber tenido este espacio en la Feria y me encantó poder hablar sobre la herencia africana en el Perú con personas que quizás no escuchan estos temas todos los días o no los conocen en profundidad.
Gabriel «Rulock» Pineda.- En muchos países de América Latina, como Argentina, la historia afrodescendiente fue empujada hacia los márgenes del relato nacional. ¿Qué lugar creés que ocupa hoy la literatura afroperuana en esa disputa por la memoria y la identidad?
Juan Manuel Olaya Rocha.- Ese es un aspecto bastante interesante porque lo afroperuano, si bien siempre se ha mantenido al margen de los relatos oficiales, en los últimos años comenzó a ser apropiado como símbolo nacional. Todo el tema de la música y la gastronomía afroperuana se convirtió en una marca identitaria del país. Si desde afuera se reconoce al Perú como un país gastronómicamente rico, es gracias también al enorme aporte afroperuano. Lo mismo sucede con la música, el folklore o incluso el deporte. Pero esa visibilización muchas veces redujo lo afroperuano solamente a esos ámbitos. Por ahí se dejó de lado el aporte intelectual, político y cultural, y se asoció más lo afrodescendiente a lo corporal que a lo intelectual. Entonces, cuando uno piensa en la literatura —que era justamente lo que hablábamos en la Feria del Libro— podría parecer que los afroperuanos no aportaron nada a ese campo. Pero hacer ese análisis es dejar de lado las experiencias históricas de los afroperuanos.
No se le puede exigir libros publicados a una población a la que históricamente se le negó el acceso a la escritura y a la educación. La producción cultural se movía dentro del plano de la oralidad. Hoy uno puede acceder a algunos libros donde aparecen relatos, mitos, leyendas, décimas y cumananas —poesías populares muy presentes entre los afroperuanos—, pero hace muchos años esas mismas historias simplemente eran narradas dentro de las comunidades. Formaban parte de una memoria colectiva transmitida de generación en generación y eso no era considerado literatura porque no respondía a los cánones occidentales de escritura culta.
Entonces, cuando algunos intelectuales dicen que los afroperuanos no aportaron nada a la literatura, lo están mirando únicamente desde el lado escrito y occidental. Sí hubo un aporte significativo, solo que se desarrolló en el ámbito de la oralidad. Hoy eso empieza a rescatarse gracias a investigadores y también a los propios afroperuanos que pudieron acceder a la educación y a una cultura letrada, muchas veces vinculados también al activismo. Empiezan a escribir ficción, poesía y recuperar su propia historia.
Por eso yo siempre digo que la literatura afroperuana, incluso cuando es escrita, sigue siendo predominantemente oral. Tiene una base oral muy fuerte. Siempre está presente la memoria colectiva y la visión del mundo de los campesinos afroperuanos.
Gabriel «Rulock» Pineda.- D’Palenque aparece como mucho más que una revista literaria: parece un espacio de reconstrucción histórica y de articulación de pensamiento afroperuano. ¿Cómo nació el proyecto y qué necesidad sentías que no estaba siendo cubierta dentro de la cultura y la academia peruana?
Juan Manuel Olaya Rocha.- Pienso que D’Palenque nace desde la carencia, desde el vacío que existía en cuanto a producción sobre lo afroperuano. Yo empecé a estudiar literatura en la universidad y, como le pasa a muchas personas afroperuanas, crecí sin que me enseñaran mi propia historia. Recién en la universidad empecé a reencontrarme con mi identidad, sobre todo gracias a docentes e historiadores que investigaban la esclavitud en el Perú y me inculcaron la idea de reconocer esa identidad y hacer algo por mi comunidad desde lo que a mí me interesaba: la literatura.
A partir de ahí me vinculé con organizaciones y movimientos afroperuanos y empecé a buscar material bibliográfico sobre literatura afroperuana. Encontraba muy poco. Y muchas veces lo que aparecía estaba escrito desde una mirada blanca, desde otra perspectiva. Uno encontraba revistas literarias donde se hablaba mucho de literatura indigenista o de otras corrientes, pero sobre lo afrodescendiente no había prácticamente nada. Entonces surgió la necesidad de crear una revista que funcionara como un espacio donde escritores afroperuanos pudieran difundir sus obras y ser leídos.
Así nace D’Palenque en 2016, primero como revista impresa. Publicamos el primer número en noviembre de ese año con artículos, ensayos, entrevistas y secciones de creación literaria. Después fuimos incorporando traducciones y reseñas. Con el tiempo entendimos que hacía falta algo más. Cuando uno investigaba qué editoriales publicaban libros afroperuanos, encontraba muy poco, salvo algunos autores ya canónicos. Siempre termina predominando la lógica comercial: se publica lo que vende.
Por eso D’Palenque también comenzó a funcionar como sello editorial para publicar autores afroperuanos y difundir sus obras. Hasta ahora sacamos un par de libros, pero ahí aparece otra realidad muy dura: la económica. Muchos escritores afroperuanos viven en contextos muy precarios, en espacios rurales, y tienen que resolver necesidades básicas antes que pensar en publicar un libro. Escriben muchísimo pero no cuentan con los recursos para editar y publicar.
Y nosotros, como editorial independiente, tampoco tenemos todavía la capacidad económica de cubrir esos costos. Entonces ahí aparece otra forma de invisibilización: las obras existen, pero quedan escondidas o se pierden con el tiempo. Por eso es tan importante también el rol del activismo y de algunas organizaciones afroperuanas que, cuando consiguen financiamiento, ayudan a publicar libros y sostener estos espacios culturales.
Gabriel «Rulock» Pineda.- ¿Cómo ves la presencia afrodescendiente en la literatura contemporánea?
Juan Manuel Olaya Rocha.- Hoy no creo necesariamente que haya aumentado la producción, sino que hay más intelectuales afroperuanos publicando de manera consciente sobre su propia historia y su experiencia negra. Hay autores muy importantes como Lucía Charún-Illescas o Mónica Carrillo. Y pienso que, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX con el aporte de Nicomedes Santa Cruz y Victoria Santa Cruz, se produce una transición de la oralidad a la escritura. Toda esa producción oral que se transmitía de generación en generación empieza a escribirse y aparecen escritores afroperuanos que publican sobre su propia historia desde una conciencia étnica y con una intención reivindicativa.
Pero también es cierto que algunos autores, incluso dentro de esa intención de reivindicar, no logran escapar completamente de ciertos estereotipos. Hay escritores canónicos como Antonio Gálvez Ronceros y Gregorio Martínez que hicieron aportes fundamentales al representar la experiencia negra del sur de la costa peruana, especialmente en Chincha e Ica.
Sin embargo, a veces también caen en la caricaturización o la sexualización de la mujer negra. Entonces creo que hubo avances muy importantes, pero todavía queda trabajo por hacer para salir de esos estereotipos.
También me parece muy interesante cómo algunos autores contemporáneos buscan reconstruir la memoria afroperuana a partir de referencias yoruba, de la santería y de lenguajes rituales que en el Perú se perdieron bastante con el tiempo. Por ejemplo, en la novela Malambo (2001) escrita por Lucía Charún-Illescas aparecen muchos de esos elementos. Y hay poetas como Máximo Torres Moreno cuya obra tiene una fuerte presencia de imaginarios afrocubanos y religiosos. Eso me parece muy potente porque la literatura termina funcionando como una forma de reconstruir los vacíos que dejó la historia oficial.
Gabriel «Rulock» Pineda.- ¿Qué sabías antes de venir a nuestro país sobre la comunidad afroargentina?
Juan Manuel Olaya Rocha.- No demasiado, en realidad. Siempre había escuchado sobre María Remedios del Valle y la relacionaba un poco con Catalina Buendía de Pecho en el Perú, por el rol que tuvieron en las luchas independentistas. También sabía que, como en otros países de América Latina, lo afrodescendiente en Argentina fue históricamente relegado e invisibilizado. Desde afuera muchas veces se piensa a Argentina como un país europeizado, muy marcado por la inmigración europea, y no se conoce demasiado la herencia africana.
Entiendo también que hubo políticas de blanqueamiento y una intención de construir una identidad nacional alejada de lo afrodescendiente. Entonces creo que todavía existe una deuda importante respecto a la difusión y el reconocimiento de la herencia africana en Argentina. Y aunque veo que hay organizaciones y activismos que trabajan muchísimo sobre estos temas, no conozco todavía políticas estatales fuertes orientadas a reivindicar el aporte afrodescendiente a la nación argentina.

Gabriel «Rulock» Pineda.- ¿Qué proyectos se vienen a futuro?
Juan Manuel Olaya Rocha.- Ahora estamos trabajando mucho para fortalecer D’Palenque en todos los sentidos, sobre todo económicamente. Queremos desarrollar un sitio web donde todo el contenido de la revista pueda consultarse libremente. También estamos intentando darle un perfil más académico para cumplir con ciertos estándares de revistas indexadas y lograr una mayor difusión internacional. Pero sin perder nunca la dimensión popular y comunitaria del proyecto.
En este momento estamos reconstruyendo la página web para crear un archivo digital abierto y gratuito. Y por otro lado seguimos trabajando con la editorial. Queremos publicar muchos más autores afroperuanos, aunque seguimos encontrándonos con las limitaciones económicas. D’Palenque nunca tuvo una visión comercial. La idea siempre fue difundir y visibilizar las producciones afroperuanas, aunque sea un campo que todavía se consume y se lee poco.
Gabriel «Rulock» Pineda es artista y activista antirracista afroargentino de DIAFAR.


