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Bachelet y sus fautores

Fuentes: Rebelion

La lógica indica que antes de cuestionar a los ministros y subsecretarios del gobierno de la presidenta Bachelet habría que esperar que asumieran sus cargos el 11 de marzo y evaluar a partir de ese día las medidas que tomen y recién entonces juzgar. Pero tomar hoy ese camino sería ilógico, incluso diría yo, ingenuo. […]

La lógica indica que antes de cuestionar a los ministros y subsecretarios del gobierno de la presidenta Bachelet habría que esperar que asumieran sus cargos el 11 de marzo y evaluar a partir de ese día las medidas que tomen y recién entonces juzgar. Pero tomar hoy ese camino sería ilógico, incluso diría yo, ingenuo. El currículum del noventa y cinco por ciento de los fautores escogidos por la presidenta para gobernar junto a ella lo dice todo y se resume en una definición muy clara: son engranajes del sistema neoliberal, testaferros de la oligarquía empresarial. El ministro y subsecretaria de Educación son sólo un botón de muestra. El objetivo de la Concertación, hoy maquillada como Nueva Mayoría, está cumplido, volvieron a ser gobierno y seguirán siéndolo por veinte, cuarenta o cincuenta años más. Sólo una Izquierda y movimientos sociales reorganizados y consecuentes podrían sacarlos en un futuro incierto del gobierno. Una Izquierda y movimientos sociales que sean inteligentes, que se despabilen de una vez por todas y no abandonen la calle jamás. Mientras no exista democracia y justicia de verdad abandonar la calle es abandonar la lucha real.

La Concertación gobernó durante veinte años asumiendo la misma actitud que asumieron los partidos y los políticos durante la República Oligárquica entre fines del siglo XIX y principio del siglo XX (1891-1924). Dentro de otro contexto obviamente, pero con la misma actitud: «confundiendo» su propio patrimonio con el patrimonio del país. Realizando grandes chanchullos y vueltas de carnero donde la apostasía y el engaño fueron el estandarte. Lo esencial del programa de la Concertación fue desechado, desde el primer día de haber asumido el gobierno Patricio Aylwin, en favor de una política llamada «en la medida de lo posible», que no fue más que un invento para justificar las componendas con la derecha y los militares y dar pie al zarpazo que traían entre manos. Edgardo Boeninger y Enrique Correa son los ejemplos más siniestros de lo que afirmamos. Enrique Correa se ha hecho rico gracias a su adhesión al neoliberalismo y si le siguen la pista a Nicolás Eyzaguirre no le va en zaga. Para que vamos a seguir dando más nombres, todos los conocen, en especial Agustín Edwards y sus operarios de Paz Ciudadana. Paz Ciudadana es algo así como el equivalente al papado de Rodrigo Borgia.

Hoy los integrantes de la Nueva Mayoría, y con marcada insistencia los dirigentes del Partido Comunista afirman que defenderán como «hueso santo» el programa de Michelle Bachelet. Un programa que no es más que propuestas muy generales y ambiguas, con letra chica y trampas entre líneas. Pero la Nueva Mayoría insiste en que será el programa del cambio y que la vía para tales cambios es el Parlamento y no una Asamblea Constituyente. Ya ni los diputados comunistas hablan de AC. Es pecado, así lo instruyeron claramente las editoriales de El Mercurio; La Tercera y La Segunda tras las elecciones: Nada de pasar máquinas aunque tengan mayoría en el Congreso, aquí hay que consensuar. Somos un país moderno, cristiano, republicano y con unas fuerzas armadas fieles a su tradición democrática.

Por otro lado, la presidenta y sus fautores confían en que los diputados y senadores de la Nueva Mayoría no la defraudarán para cumplir su programa en «gran parte» pues tienen los quórum necesarios para esa «gran parte» ¿Qué pasará con «la otra parte»? ¿Es «la otra parte» justo la que exige la ciudadanía que se priorice? Si usted es un ciudadano atento, en cuanto a las funciones legislativas, no deje pasar las declaraciones de la señorita Ximena Rincón, ojo con ella y las funciones arcanas que le han encomendado. Con los parlamentarios no son muchas las esperanzas, siempre terminan mostrando la hilacha. El problema de ellos es que no entienden que han sido elegidos para llevar a cabo las propuestas del pueblo elector y no para hacer lo que les venga en gana, más encima recibiendo sueldos y privilegios laborales que ningún otro trabajador chileno tiene. Se cuenta una historia que refleja muy bien a los parlamentarios chilenos: Un candidato ofrece en un poblado ubicado en el sur de Chile construirles un hermoso puente si votan por él. Entonces un lugareño pide la palabra y le dice «señor candidato para qué queremos un puente si no tenemos río», el candidato responde «pues bien, también les pongo el río». En lo personal el único parlamentario que me merece confianza es Gabriel Boric, y entre los ministros Claudia Pascual es una persona honesta, trabajadora y decente. Pero lamentablemente, como dice el refrán popular, «una golondrina no hace verano».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.