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Se publica de forma póstuma su libro "El socialismo en Chile durante el siglo XX. Una herencia yacente"

Belarmino Elgueta Becker, un socialista del siglo XX

Fuentes: Rebelión

En México se publicó, en forma póstuma, el último libro del dirigente, intelectual y parlamentario del Partido Socialista de Chile, Belarmino Elgueta Becker, titulado El socialismo en Chile durante el siglo XX. Una herencia yacente.[1] Belarmino Elgueta Becker nació el 24 de febrero de 1921 en Reñihué, Chiloé, un remoto lugar de Chile, con una […]


En México se publicó, en forma póstuma, el último libro del dirigente, intelectual y parlamentario del Partido Socialista de Chile, Belarmino Elgueta Becker, titulado El socialismo en Chile durante el siglo XX. Una herencia yacente.[1]

Belarmino Elgueta Becker nació el 24 de febrero de 1921 en Reñihué, Chiloé, un remoto lugar de Chile, con una loca geografía, en el cual se formó su carácter, junto a sus once hermanos, de los cuales él fue el menor. Su infancia transcurrió en medio de la pobreza y sufrió tempranamente la pérdida de su padre.

En 1937, siendo todavía estudiante de secundaria, fue impactado por las repercusiones de la Guerra Civil española que marcaron profundamente el espíritu de su generación. Inició entonces el vínculo de toda una vida con el Partido Socialista de Chile, fundado apenas cuatro años antes, al incorporarse a la Federación de la Juventud Socialista.

Esa decisión definió el resto de su vida, la que se puede dividir en tres periodos: la larga marcha, personal y colectiva, hacia las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 y su trágico desenlace el 11 de septiembre de 1973; la persecución y el exilio hasta 1989, y el retorno y el ostracismo hasta su muerte en 2007.

La larga marcha.

En 1942 Belarmino Elgueta se trasladó a Santiago e inició estudios de Derecho en la Universidad de Chile. Entre 1943 y 1946 formó parte del Comité Central de la Federación de la Juventud Socialista y se desempeñó como Jefe de la Brigada Universitaria Socialista.

En 1946 completó sus estudios de Derecho, sin embargó nunca se tituló. La pasión por la política lo desvió de la academia y del ejercicio de su profesión. En efecto, ese mismo año fue electo al Comité Central del Partido Socialista de Chile con lo que se dio inicio a un nuevo ciclo en su vida.

Junto a otros jóvenes, de la «Generación de 1940», encabezados por Raúl Ampuero Díaz y, en alianza con destacados intelectuales partidarios como Eugenio González Rojas y Julio Cesar Jobet Burquez –pertenecientes a las generaciones anteriores de «1920», y de «1930», respectivamente–, Belarmino Elgueta Becker jugó un papel clave en la refundación del partido, iniciada en el XI Congreso General, celebrado en Concepción en 1946.

La década siguiente fue un período de intenso trabajo teórico y práctico de carácter colectivo, en el que nuestro padre estuvo profundamente involucrado como dirigente, intelectual y parlamentario. Se inició con la formulación de la Fundamentación Teórica del Programa del Partido Socialista de Chile en 1947, y concluyó con la elaborción de la concepción estratégica del Frente de Trabajadores,

Fue esa concepción de una alianza de trabajadores manuales e intelectuales, con un programa de transformaciones con una perspectiva socialista, la que permitió poner fin a las políticas de conciliación de clases, en el marco del programa burgués de consolidación del capitalismo, marcando así una ruptura con la conducción política de la época que permitió iniciar luego, un nuevo ciclo.

En 1953 fue electo diputado por Chiloé, su tierra natal, para el período 1953 – 1957 y se desempeñó también como Jefe de la Brigada Parlamentaria Socialista. Fue además director fundador de diversos medios de prensa partidaria, entre otros de la revista «Espartaco» y los semanarios «La Consigna» y «La Calle»,. A partir de esa época se inició también en el periodismo político como editorialista y colaborador permanente del vespertino de izquierda «Última Hora».

En 1956 participó en la creación del Frente de Acción Popular (FRAP) que fue la primera expresión práctica, en términos políticos – electorales, de la concepción estratégica del Frente de Trabajadores, -la alianza de trabajadores manuales e intelectuales con un programa de transformaciones con una perspectiva socialista- elaborada por los jóvenes dirigentes que habían tomado el poder partidario en 1946.

Este frente político – electoral amplio, fundado en la convergencia de las vertientes socialista y comunista del movimiento popular chileno, eligió a Salvador Allende Gossens como su candidato para las elecciones presidenciales de 1958 y 1964, pero no fue hasta el 4 de septiembre de 1970 que el candidato de la Unidad Popular (UP) –alianza heredera del FRAP–, obtuvo el triunfo en la elección presidencial, con un programa de transformaciones inusitadamente radicales

Esa fue la última estación en la larga marcha del socialismo por el camino de la revolución. Este camino, en el cual los trabajadores adoptan una política independiente de la política burguesa y sus intereses se proyectan a través de la profundización del proceso revolucionario tras los objetivos socialistas, fue la esencia de la experiencia del gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende Gossens.

En 1971, nuestro padre fue electo nuevamente y, por última vez, miembro del Comité Central en el XXIII Congreso General celebrado en La Serena, integrando la Comisión Política del mismo. Desde ese lugar, junto a otros dirigentes de la izquierda socialista, impulsó la aplicación irrestricta del programa de la Unidad Popular, como prerrequisito indispensable para la consolidación del gobierno popular.

Esa experiencia inédita en Chile, y quizás en el mundo, que fuera denominada por el Presidente Allende como la «vía chilena al socialismo» terminó abruptamente el 11 de septiembre de 1973. Augusto Pinochet Ugarte subió al poder tras comandar un golpe de Estado contra el último Presidente Constitucional de Chile instalando una dictadura militar de carácter terrorista que gobernó el país hasta 1990.

Ese día, en el Palacio de La Moneda destruido tras el asalto de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, comandadas por los generales traidores a su juramento constitucional, junto al Presidente Allende, murió también el Partido Socialista de Chile que nuestro padre, junto a otros, había contribuido a refundar en 1946.

La persecución y el exilio.

Los siguientes fueron años de persecución para él, así como para otros miles de chilenos. Pinochet y sus colaboradores militares y civiles suprimieron libertades fundamentales y persiguieron con saña a opositores para destruir las expresiones de organización popular generadas durante el período anterior e imponer un modelo altamente regresivo en la distribución del ingreso generado socialmente.

De acuerdo a las Comisiones Nacionales de Verdad y Reconciliación y de Prisión Política y Tortura, durante el régimen de terrorismo de Estado establecido en Chile, fueron asesinadas entre 4000 y 5000 personas, decenas de miles fueron encarceladas y torturadas, y otros centenares de miles más sufrieron la pérdida de sus empleos y/o fueron obligadas a exiliarse.

Nuestro padre, perseguido desde el día mismo del golpe de estado, con la dirección partidaria completamente desarticulada por la muerte, prisión o asilo de sus miembros; desvinculado de los escasos remanentes de esa dirección que permanecían en Chile, y subsistiendo en precarias condiciones de clandestinidad, tomó una de las decisiones mas dolorosas de su vida y buscó asilo, encontrando refugio, primero, en Argentina, y luego, en México, país acogedor, hermoso y misterioso, cuya tierra, pueblo y cultura amó profundamente.

El exilio, sin embargo, implicó no solo el alejamiento de su tierra sino que también la separación de su familia. Sus tres hijos que, de distinta manera, y desde temprana edad, habíamos dado continuidad a las ideas fundamentales que estuvieron presentes en el pensamiento y en la práctica de nuestro padre, decidimos permanecer en Chile y participar en la resistencia clandestina a la dictadura.

Sólo dos de nosotros sobrevivimos a la represión del régimen de terrorismo de Estado, no obstante haberla sufrido también de manera directa. Nuestro hermano Martín, el segundo de sus hijos, miembro del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), fue secuestrado y hecho desaparecer a los 21 años, por agentes de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), el 15 de julio de 1974.

La decisión tomada por sus hijos hizo que nuestra madre, Yolanda Pinto Miranda, también se quedara en Chile. La búsqueda de Martín la llevó a convertirse en una de las fundadoras de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Chile en 1974, y destacada luchadora por los Derechos Humanos durante los años mas duros de la dictadura – cuando el terror paralizaba a millones – hasta 1979 cuando, con su salud severamente quebrantada abandonó el país y se reunió con nuestro padre en México, hasta su muerte, ocurrida dos años más tarde, el 2 agosto de 1981.

Durante el período que residió en México, Belarmino Elgueta Becker continuó una intensa actividad intelectual y política vinculada a la defensa de los perseguidos y reprimidos en Chile; la lucha por la recuperación de la democracia en el país y por la reunificación del Partido Socialista en torno a su pensamiento revolucionario, después de su escisión en dos corrientes: una pro socialdemócrata y otra pro comunista.

En dicho marco fue significativa su participación en el proceso de convergencia socialista, en su primera etapa, promovido por su viejo compañero de luchas, Raul Ampuero Díaz, a través de los seminarios de Ariccia, realizados en Italia, en los años 1979 y 1980, así como en la elaboración de numerosos artículos, publicados en diversos medios, sobre las nuevas condiciones de la lucha política del socialismo y por la recuperación de la democracia en Chile.

En el ámbito profesional, se desempeñó como profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y profesor – investigador en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), además de colaborar en diversas dependencias de la Administración Pública Federal.

En 1986 fue coautor con Alejandro Chelén Rojas de Breve Historia de Chile, , en una obra colectiva coordinada por el ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Pablo González Casanova, publicada por la Editorial Siglo XXI, y autor de Revolución y Contrarrevolución en Chile, publicada por la Universidad Autonoma de Puebla.

En 1987 fue coautor con Pedro Vuskovic Bravo de Che Guevara en el Presente de América Latina: Los Desafíos de la Transición y el Desarrollo, recibiendo el Premio Extraordinario otorgado conjuntamente por la Casa de las Américas y el Centro de Estudios sobre América Latina, de Cuba, en el año 1987., publicada en ese país y en Argentina;

El retorno y el ostracismo.

Al término de la dictadura, ocurrida el 11 de marzo de 1990, Chile empezó el tránsito hacia la democracia fundado en un pacto, negociado en los meses anteriores al fin del régimen, entre las elites civiles y militares que habían sostenido al régimen de terrorismo de Estado, por una parte, y el sector más moderado de la oposición a la dictadura que incluía al Partido Demócrata Cristiano y un recientemente reunificado y renovado Partido Socialista de Chile, por la otra. Mediante ese pacto, se dejó fuera al sector más radical de la oposición y a las victimas de la represión pinochetista.

Así, con el retorno de la democracia en 1990, Belarmino Elgueta Becker enfrentó el dilema de sumarse a la política del Partido Socialista de Chile reunificado y renovado, que implicaba la renuncia a los objetivos por los que había luchado toda su vida, o replegarse a la marginalidad. Al optar por esta última alternativa, rechazó el camino de los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, instalados a partir de 1990, porque consideró que ella era una coalición liderada por fracciones burguesas y con un programa neoliberal, orientado a la consolidación del capitalismo «salvaje» heredado de la dictadura de Pinochet.

De regreso a Chile, y en ese espacio de ostracismo, durante la última década y media de su vida, Belarmino Elgueta Becker dedicó sus esfuerzos a preservar y desarrollar las ideas que habían inspirado la refundación partidaria de 1946, y la larga marcha del socialismo chileno por el camino de la revolución que culminaron con la gesta del movimiento popular chileno en 1970-1973, el momento mas alto alcanzado por la lucha revolucionaria en la historia del país.

Esos últimos esfuerzos intelectuales y políticos de su vida se tradujeron en la publicación de tres obras dedicadas al pensamiento socialista revolucionario chileno y que constituyen el aporte más personal de nuestro padre al desarrollo de ese pensamiento. Ellas fueron: La Cara Oculta de la Historia. El Legado Intelectual de Julio Cesar Jobet (1997); El Sueño y la Vida en Eugenio González Rojas (2004) y El Socialismo en Chile Durante el Siglo XX. Una Herencia Yacente (2007).

Al final de sus días, con su salud severamente deteriorada fue capaz de escribir todavía un último texto de carácter más personal, y que tituló La camisa del hombre feliz, una búsqueda entre penas y alegríasen alusión al cuento anónimo, popularizado por León Tolstoi–, y que constituye una suerte de reflexión sobre la felicidad o, según como se lea, sobre su inexistencia. A diferencia de sus anteriores escritos, en éste da cuenta de ese proceso de búsqueda, creación y lucha que fue su vida, durante la cual siempre evitó todo protagonismo, a pesar de haber estado vinculado permanente e íntimamente a la historia política de nuestro país.

Belarmino Elgueta Becker, murió en Santiago de Chile, el 2 de mayo de 2007. Fue enterrado en el Cementerio General de esa ciudad, en un nicho situado en la calle México, frente al Patio 29 en donde estuvieron sepultados una gran cantidad de chilenos asesinados el 11 de septiembre de 1973 y en los días posteriores al golpe de estado. En su lápida se lee la inscripción «Perdió batallas pero luchó siempre».

EL SOCIALISMO EN CHILE DURANTE EL SIGLO XX. EXPERIENCIAS DE AYER PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL FUTURO[2]

A continuación, transcribimos el prólogo y la dedicatoria con los que Belarmino Elgueta Becker da inicio a su último libro publicado, en forma póstuma, en México.

DEDICATORIA

Dedico este libro a mi hijo Martín, detenido «desaparecido» por la dictadura de Pinochet, como símbolo de los centenares de miles de chilenos que fueron víctimas de crímenes contra la humanidad. A los que perdieron batallas, pero lucharon siempre, en muchos casos, hasta la muerte.

En memoria también de Raúl Ampuero Díaz y Pedro Vuskovic Bravo, dos de mis grandes camaradas y amigos, que me estimularon para escribir este libro.

PRÓLOGO

El propósito de este libro es contribuir a la configuración de la memoria colectiva sobre la lucha de la clase trabajadora chilena por el socialismo durante el siglo XX, en un escenario histórico conflictivo y polémico, tanto interno como externo. Es un relato y análisis del recuerdo, desde el punto de vista de la vigilia del presente, en busca del conocimiento del pasado en el continuo del tiempo social, que conduce al porvenir. El pasado, como producto de la acción humana, es una base cierta y firme, que contribuye a darle contenido y forma al presente y al futuro. Por eso, los historiadores de los «vencedores» falsifican el pasado, y los políticos oportunistas procuran olvidarlo, recomendado dar vuelta a la hoja para dirigir su mirada y acción sólo al presente, en cuyo escenario son protagonistas. Los revolucionarios, en cambio, rescatan su pasado de «oprimidos», de modo de vincularlo con el futuro, como una esperanza, porque si el pasado no existe ahora, sus efectos si gravitan en el presente. No se trata de vivir el pasado como nostalgia, sino de recuperarlo para reconstruir el presente y proyectarlo hacia el porvenir. En palabras de Walter Benjamín, «el presente se transforma en futuro por medio del pasado», ya que la fuerza para luchar está dada por los antepasados esclavizados y no por los «nietos liberados». En el caso chileno, es la relación existente entre los aplastados, cuyos huesos no se han encontrado, y los reconciliados que coadministran el sistema de dominación.

Esto no es, en estricto sentido, una historia del siglo XX, en ninguno de sus aspectos, porque la obra de los historiadores se demorará todavía los años necesarios para adquirir la perspectiva del tiempo, que permita comprender e interpretar ese pasado correctamente. Es sólo la visión de quien vivió hechos importantes y desea recordarlos, reflexionando sobre ellos, como parte de la memoria colectiva. Viví las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, las luchas del movimiento obrero y sus avances políticos y sindicales. Poco después, asumí también las repercusiones de la Guerra Civil española y de la Segunda Guerra Mundial, que marcaron profundamente el espíritu de mi generación. Luego de la segunda gran posguerra Chile experimentó avances y retrocesos: el auge popular de 1970 y la caída de 1973, el gobierno de Allende y la dictadura de Pinochet, asumiendo el derrumbe del comunismo y el retroceso del socialismo en el mundo; acontecimiento que golpearon nuestra vida personal y el destino de varias generaciones, vencidas, pero no convencidas.

Las luchas de los trabajadores de Chile por el socialismo se enmarcan en el desarrollo nacional, tanto económico y social como político e ideológico, en cuyas olas a veces se elevan sus crestas y en otras se sumergen en el abismo. Estas mismas luchas no se presentaron en forma aislada, sino que se realizaron en el marco del desarrollo mundial, por lo que recibieron la influencia de los grandes procesos de otros continentes y países, particularmente de Europa, el mundo del que proviene parte de nuestra cultura. El socialismo y el comunismo vinieron de Europa, lo trajeron los inmigrantes y también la literatura y los medios de comunicación de masas. En un campo más amplio, la Revolución rusa, a fines de la Primera Guerra Mundial, condicionaron las luchas revolucionarias en Chile, así como la Revolución mexicana y la Revolución cubana incidieron en estas mismas luchas.

El desarrollo del socialismo en Chile puede dividirse en tres grandes ciclos. El primero comprende los treinta y tres primeros años, durante los cuales surgieron los primeros partidos obreros y sindicatos, re realizaron las grandes luchas sociales, con huelgas y masacres, apareció el imperialismo (principalmente, inglés y norteamericano) y el antiimperialismo. El segundo comprende los treinta y siete años siguientes; se inició con la fundación del Partido Socialista y culminó con los mis días de gobierno de Salvador Allende, en los que el movimiento popular tocó con sus manos los resortes del poder: El tercero comprende los últimos 27 años, en lo que, mediante un golpe militar, gobernó una dictadura de derecha, imponiendo el modelo económico neoliberal, acentuando la sobreexplotación y la pobreza, al término de la cual se proyectó una transición a la democracia que todavía no termina: Estos tres ciclos condicionan el contenido de esta obra.

Este libro comprende, de acuerdo al marco señalado, los siguientes aspectos:

Introducción: La cuenta regresiva.

La cuenta regresiva, a manera de introducción, que muestra en un breve balance las condiciones sociales y políticas centrales que rigen la vida de los trabajadores, al finalizar el siglo XX, como punto de culminación de una larga marcha hacia la tierra prometida. Esta cuenta regresiva constituye, por lo mismo, el desafío que tienen hacia el futuro los socialistas del presente. Es la cara oscura del desarrollo nacional, por lo general, ocultada por la historia «oficial»; son los contrastes extremos del mundo de los ricos y del mundo de los pobres, son sus múltiples problemas: Entre ellos, la desigualdad y la pobreza, la injusta distribución del ingreso, el desempleo y el subdesempleo, la urbanización con su cortejo de fenómenos anexos, el deterioro del medio ambiente y la contaminación, la marginación de los pueblos originarios. Por encima de todo eso, la burla de una democracia subordinada al poder económico de la clase dominante, incapaz de imponer la justicia en materia de derechos humanos y sociales.

Primera parte: Una larga marcha.

La primera parte se refiere a la larga marcha del pueblo chileno, que comprende las grandes ideas y las luchas dirigidas hacia su liberación, en el marco del desarrollo del socialismo en el mundo, hasta fines de la década de los sesenta. En medio del desarrollo de este país, en poco más de medio siglo, se analiza el movimiento obrero, tanto en su ámbito sindical como político, la difusión de las ideas anarquistas y socialistas, que nutren y dan sentido a las luchas de los sindicatos y partidos populares, a sus conquistas sociales y políticas hasta 1933. En este año se funda el Partido Socialista de Chile, que ofrece una nueva orientación al movimiento popular hasta 1970, ya no sólo en la crítica social, sino también en la voluntad de lucha por la conquista del poder para realizar el ya viejo sueño revolucionario de transformar la sociedad, sustituyendo el capitalismo por el socialismo.

Segunda parte: Hacia la tierra prometida

La segunda parte analiza el intento de acceder a la tierra prometida, que comienza con la victoria democrática del 4 de septiembre de 1970, los avances revolucionarios en los cambio de la sociedad, la economía y la posición de Chile en el campo internacional, así como en la democracia y la participación popular. Son los mil días más gloriosos de los trabajadores chilenos, durante los cuales tocaron con sus manos el poder y la revolución, pero al término de los cuales sufrieron también los rigores de la más brutal represión de la burguesía y el capitalismo, levantados en armas, con el apoyo del imperialismo norteamericano. Este profundo retroceso obliga al pueblo de Chile a luchar, de nuevo, durante 17 años, para terminar con la dictadura y abrir paso a una larga transición a la democracia que todavía no concluye.

Epílogo: Nuevos desafíos del socialismo.

Como epílogo de esta memoria histórica, desde el presente, mirando al futuro con las enseñanzas del pasado, se plante la gran pregunta, la cuestión acerca de si hoy cabe formularse la duda acerca de los nuevos desafíos del socialismo, en el marco de un mundo donde se derrumbó la Unión Soviética.- el llamado «socialismo realmente existente», el comunismo- y en que la socialdemocracia se ha convertido en el más firme sostén del capitalismo. Pero este sistema, de enorme poderío, no ha resuelto ni resolverá el problema de la pobreza de la mayoría de los seres humanos, lo que obligará a los trabajadores, empleados y desempleados, a volver a luchar por sus viejas reivindicaciones. En esta lucha habrá que considerar la historia del socialismo en Chile, como una herencia yacente, para rescatar los principios y valores difundidos durante el siglo XX, que aún tienen validez hoy



[1] Editorial Plaza y Valdés / Universidad Autónoma Metropolitana, México, D.F. 2007, páginas 1-720

[2] Texto escrito por Belarmino Elgueta Becker.