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China y Rusia ¿’amenazas’ para América Latina?

Fuentes: Rebelión

En contrapartida a la visión estadounidense, en América Latina cada vez se vuelve más difícil considerar que Rusia y China sean “amenazas”.

La Universidad George Washington, fundada en 1821, es una de las más prestigiosas del mundo y reconocida por sus estudios internacionales. El pasado 26 de mayo (2022), recibió a Antony J. Blinken, Secretario de Estado de los EE.UU., un funcionario bien calificado y con sostenida experiencia en temas de seguridad y política exterior, quien pronunció un importante discurso sobre “El enfoque de la administración hacia la República Popular China” (https://bit.ly/3tbVDGE), evidentemente preparado con precisión de ideas y conceptos.

Varios analistas han examinado el contenido de ese discurso (ej. https://bit.ly/3PZyIYI). Queda en claro que los EE.UU. están seriamente interesados por defender lo que ahora llaman un orden internacional basado en reglas. Ese orden es el que nació después de la II Guerra Mundial y sus fundamentos se hallan en la Carta de la ONU y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que consagran conceptos esenciales como autodeterminación, soberanía y resolución pacífica de las controversias. Bajo ese criterio, los EE.UU. buscan no solo sostenerlo, sino modernizarlo. Y ese orden está “bajo un desafío serio y sostenido”: de una parte, porque el presidente ruso Vladimir Putin representa una “amenaza clara y actual” por la guerra que lleva en Ucrania; y, de otra, porque el “desafío a largo plazo” es realmente la República Popular China. Desde luego, los EE.UU. tiene sus poderosas razones geoestratégicas para tratar de mantener su hegemonía.

La visión del Secretario Blinken debe ser comprendida con su complemento militar, esto es, la visión presentada por la general del Ejército Laura Richardson, Comandante del Comando Sur de los EE.UU. ante el Comité de Servicios Armados del Senado el 24 de marzo (2022) (https://bit.ly/3PWMrzA). Allí tajantemente se advierte que China es la “amenaza principal” y Rusia una amenaza “secundaria”; que China se está “expandiendo” en América Latina, mientras Rusia “intensifica la inestabilidad” a través de sus vínculos con Venezuela, Cuba y Nicaragua; y que se llevará adelante una “disuasión integrada” (acciones desde todas las esferas de la vida social) para contrarrestar estas influencias “negativas”, que desafían la influencia de los EE.UU.

Como puede advertirse, en esa trama embrollada y compleja, América Latina pasa a formar parte de la estrategia formulada por los EE.UU., que explícitamente busca alinear a “nuestros aliados y socios” en la promoción de “una visión compartida para el futuro”, de acuerdo con el discurso del Secretario Blinken y convertir a “nuestro vecindario compartido”, según la exposición de la Comandante del Comando Sur, en “nuestra mejor defensa”. La región, por tanto, se verá sometida en adelante, a todo tipo de presiones y acciones para ese alineamiento. No hay mayor dificultad con los gobiernos derechistas y neoliberales latinoamericanos que, como ya se ha visto en otros momentos históricos, se subordinan a lo que dispongan los EE.UU. en las materias clave de las relaciones internacionales. Pero el problema que se presenta al coloso del norte es la posición que asumen los gobiernos progresistas, democráticos y de nueva izquierda, que no están dispuestos a dejarse manipular. Los recientes posicionamientos latinoamericanos en torno a la IX Cumbre de las Américas, convocada por los EE.UU. para realizarse en Los Ángeles, entre el 6 y 10 de junio (2022), lo expresa: ha sido México, con el presidente Manuel López Obrador, el primero en cuestionar una convocatoria que excluye precisamente a Cuba, Nicaragua y Venezuela (https://bit.ly/3MbzHC8). Se ha sumado el presidente Alberto Fernández en Argentina, Luis Arce de Bolivia, Xiomara Castro de Honduras y, además, los países del CARICOM, por lo cual aún no está clara la suerte de esa Cumbre, mientras se intenta una reunión de la CELAC, con la participación de todos sus miembros, porque incluso la OEA ha dejado de ser el antiguo interlocutor continental. En definitiva, se ha producido una ruptura histórica de enormes repercusiones para el futuro.

De otra parte, en América Latina cada vez se vuelve más difícil considerar que Rusia y China sean “amenazas”. La época de la guerra fría también dejó lecciones para entender las lógicas del enfrentamiento entre potencias. En la región, los lazos comerciales, financieros o de cualquier otra índole, construidos con esos países, es un logro específico de los Estados, los emprendedores y las empresas latinoamericanas, que supieron aprovechar el espacio creado por la misma globalización capitalista y transnacional. El impacto de la guerra en Ucrania, que ha cerrado el mercado ruso, ha merecido la especial atención de la CEPAL, que hace poco presentó su estudio Efectos económicos y financieros en América Latina y el Caribe del conflicto entre la Federación de Rusia y Ucrania (https://bit.ly/3aqTccM) y lanza uno nuevo: Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar esta nueva crisis? (https://bit.ly/3Ng95RG). Los exportadores de banano y de rosas ecuatorianas encontraron un mercado provechoso en Rusia desde hace años e igualmente el golpe del cierre de ese mercado resultó un problema que rebasa lo económico e incide en la vida política del país. Brasil forma parte de los BRICS y probablemente se sume Argentina, interesada en integrarse (BRICSA). Y son gobiernos derechistas, como el de Jair Bolsonaro en Brasil o uno empresarial-neoliberal y plutocrático como el de Guillermo Lasso en Ecuador, los que quieren fortalecer sus relaciones con China. Nuevamente, la posición asumida por Manuel López Obrador es ejemplar: condena la guerra en Ucrania, aboga por un nuevo latinoamericanismo, cuestiona el caduco monroísmo.

Los gobiernos latinoamericanos, así como las fuerzas armadas de la región (a las que la nueva estrategia norteamericana quiere involucrar directamente, como en el viejo pasado de la guerra fría) deberían ser los más cuidadosos e interesados en el estudio y análisis de los documentos de los EE.UU. como los que refiero, a fin de asegurar la comprensión de las geoestrategias internacionales contemporáneas y poder encaminar criterios y estrategias propias y soberanas de la región, que refuercen, con seriedad, un nuevo mundo precisamente basado en reglas. La experiencia histórica brinda serios motivos para reclamar ese mundo, porque América Latina conoce las violaciones impuestas por los intervencionismos y las injerencias de todo tipo. El más agudo ejemplo de ello persiste en el bloqueo contra Cuba, que desde 1992 ha merecido 28 resoluciones anuales de las NNUU que demandan el fin de una medida unilateral que, paradójicamente, rompe con ese “mundo basado en reglas”. Y lo mismo cabe decir del bloqueo a Venezuela. La horrorosa y condenable guerra en Ucrania, ha demostrado, sin embargo, que el mundo se encamina a una nueva e inevitable multipolaridad con multiculturalidad, en la cual tanto Rusia como China tienen sus propias posiciones, mientras los EE.UU. y la OTAN mantienen las suyas. Sus visiones sobre el mundo no tienen por qué ser necesariamente las que deben tener todos los países. Por eso, también en América Latina aparecen claros síntomas del lento despegue de sus propias visiones para un mundo nuevo. La historia contemporánea está cambiando a un ritmo universal.

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