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Como si nada

Fuentes: El Siglo

Como si nada hubiera ocurrido, como si nada hubiera cambiado, en una sociedad conservadora como la nuestra suelen surgir de cuando en cuando voces, señales o personajes para los que pareciera que el tiempo se detuvo. Es cierto que hay realidades objetivas constantes al margen de nuestra voluntad, como la lucha de clases por ejemplo, […]

Como si nada hubiera ocurrido, como si nada hubiera cambiado, en una sociedad conservadora como la nuestra suelen surgir de cuando en cuando voces, señales o personajes para los que pareciera que el tiempo se detuvo. Es cierto que hay realidades objetivas constantes al margen de nuestra voluntad, como la lucha de clases por ejemplo, pero incluso en ellas se reflejan, y la influyen necesariamente, los cambios operados en la economía y la política en cada momento histórico. Y, sin embargo, hay quienes siguen a la vera de la historia mientras esta transcurre implacablemente. Es lo que Saramago acertadamente llama el «aborregamiento». Y, con razón, el portugués nos llama a «desasosegar» a los aborregados.

Es por ejemplo el caso de los que se niegan a pagar las muchas deudas con el pueblo que la dictadura dejó y que la Concertación no pagó. Son «macanas» dice Pérez Yoma, la deuda histórica con los profesores «no existe» dice la señora Jiménez. La deuda con maestras y maestros sí existe y se pagará, como la deuda con los jóvenes, con nuestros hermanos mapuches, con los forestales, con los mineros, con los pescadores, los deudores habitacionales, los jubilados y pensionados, mal que les pese a los conservadores.

Es el caso de Piñera, la derecha y sus socios, los militares retirados, todos los que siguen pegados a las pretinas de Pinochet y la dictadura. Como si nada, atacan abiertamente al juez español Baltasar Garzón que investiga el lavado de dinero que involucra a Lucía de Pinochet, al abogado Oscar Aitken, a Pablo Granifo que hoy es nada menos que presidente del Banco de Chile y a otros próceres de la derecha. El momiaje chilla que es «persecución política», como si alguien pudiera dudar que en la dictadura no sólo se asesinó, sino que, además, se robó.

Como si nada, un candidato que según sus propios «no está casado ni con la derecha ni con la izquierda», el mismo que apoya a candidatos de la UDI, el mismo que no acaba de definirse frente a la Revolución Cubana, posa sin embargo junto a un conocido y desinformado cantante cubano y emplea en su franja la voz del presidente Allende, un líder de la izquierda, un grande de nuestra historia que no coqueteó con la derecha.

Como si nada, un servidor de órdenes de los dueños de los medios intentó provocar a Jorge Arrate, sacando de viejos cajones la foto de un guerrillero de las FARC acompañado de un joven al que llama «alto dirigente del PC» acusando a la izquierda de antidemocrática. El pobre hombre recibió la merecida respuesta, pero muestra el aborregamiento que caracteriza a la TV chilena, cuya creatividad parece muerta si se observa como copia todo del exterior. Ya no sólo los programas de farándula o debate sino hasta malas copias de buenas teleseries españolas como el caso de «Los años 80» y «Aquí no hay quien viva». entre tantos.

Como si nada, desde una de las revistas más reaccionarias que generosa le abre puertas, un antiguo mirista revive los ataques anticomunistas de la ultraizquierda de los años 60. Con casi medio siglo de atraso repite que votar por la Izquierda es perder el voto. Se siente cómodo en un comando de izquierdistas y derechistas unidos que creen que así no serán vencidos ; los principios no cuentan. Cómodo en «el copihue», «la lechuga» o como se llame la fotocopia de un olivo italiano cuyo final conocemos. ¿Cómo explicarle a la pequeña burguesía que el enemigo es el imperialismo y la derecha y no la clase obrera y sus organizaciones?

Como si nada, La Moneda impuso un Instituto de DDHH que no cubre el conjunto de las actuales necesidades de verdad, justicia y reparación. Fuera de nuestras fronteras, Obama ratifica el bloqueo a Cuba, no cierra las cárceles de Guantánamo, respalda a los golpistas de Honduras y envía otros miles de soldados a Afganistán. Como si nada. Pero el desasosiego les llegará a todos de una u otra manera.