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Entrevista Luis Daniel Torres Rodríguez, escritor, docente e investigador

«Como ves, hay siempre un contrapunto entre mi trabajo creativo y mi trabajo de docencia y de crítica»

Fuentes: Rebelión

Luis Daniel Torres Rodríguez (Puerto Rico, 1961-) es uno de nuestros más prolíficos escritores. Daniel Torres es a su vez docente e investigador de Español y Estudios Latinoamericanos en Ohio University. Es egresado de la Universidad de Puerto Rico (Literatura Comparada y Estudios Hispánicos, B. A.), de la Universidad del Estado de Nueva York (Español, […]

Luis Daniel Torres Rodríguez (Puerto Rico, 1961-) es uno de nuestros más prolíficos escritores. Daniel Torres es a su vez docente e investigador de Español y Estudios Latinoamericanos en Ohio University. Es egresado de la Universidad de Puerto Rico (Literatura Comparada y Estudios Hispánicos, B. A.), de la Universidad del Estado de Nueva York (Español, M.A.) y de la Universidad de Cincinnati (Español, Ph.D.). Luis Daniel es novelista, ensayista, poeta, cuentista, crítico literario, antólogo, todo ello dentro de lo que ha sido una labor de hispanista forjada durante las pasadas tres décadas desde Ohio, Estados Unidos. Es oriundo de Caguas, un país que se ha venido forjando en Puerto Rico, país con el que ha mantenido una constante colaboración literaria que le ha permitido -como pocos escritores de la diáspora boricua- estar presente aún en su ausencia. A partir de su trabajo literario de mayor reconocimiento, Luis Daniel nos da respuesta de lo que ha venido haciendo. Sus respuestas como mis preguntas son para que nos vayamos conociendo y que le vayamos reconociendo a Daniel Torres el trabajo creativo qué hace y cómo lo hace y ha hecho.

– Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – Eres un docente que investiga y escribe relatos. Hace cerca de un año nos vimos brevemente en Carolina, Puerto Rico. Presentasteis una nueva edición de unos relatos que tratan de unas cabronerías de sobre veinte años. Son cuentos viejos, miradas viejas, observaciones viejas, es decir, historias de tres y no de dos cuerpos. Es el libro por el que te conocimos, las historias por las que nos conocemos. ¿De qué trató o tratas en esa colección de historias de tres cuerpos?

– Luis Daniel Torres Rodríguez (LDTR, en adelante) – ¡Muchas gracias por esta entrevista WRS! Cabronerías: Historias de tres cuerpos es la historia de amores poliamorosos, entre tres, son cuentos que nunca envejecen porque en la cultura del Caribe y en la cultura del mundo hay personas que aman a más de una persona al mismo tiempo. Llámesele adulterio también desde la tradición judeocristiana: «No cometerás adulterio»; o llámesele triángulo amoroso, en estas historias se explora un primer triángulo de dos mujeres y un hombre (en los primeros tres cuentos), y luego, tres triángulos entre hombres en Puerto Rico, Yucatán y Estados Unidos. Seis cuentos que matemáticamente reproducen esa combinación de seis entre dos, tres. Yo soy el producto de un triángulo amoroso, el de mis padres, y a su vez también he reproducido triángulos en mis relaciones amorosas. Y en todo este entramado triangulero se alza el dolor de la traición como eje del melodrama para contar estos relatos. Fíjate que nunca he dejado de pensar en el dolor tan grande que mi nacimiento le ha de haber causado a la esposa de mi padre cuando supo que yo venía en camino… De ahí, también nace el exorcismo que es Cabronerías: Historias de tres cuerpos todo. El prólogo del escritor Max Chárriez a la edición 20 aniversario explica muy bien estos gajes del oficio amoroso entre tres.

– WRS – ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle? ¿Qué relación tiene esa colección de cuentos con tu trabajo creativo y tu trabajo docente-investigativo entonces y hoy?

– LDTR – Cabronerías se escribe y publica después de mi primera novelita azul, Morirás si da una primavera (1993) que ganara el Premio Letras de Oro 1991-1992 de la Universidad de Miami y de la American Express. Un premio que buscaba en su momento dar a conocer la literatura escrita en español por latinxs en Estados Unidos, pero que no encontró un mercado en aquel momento. Estos fueron mis primeros dos libros publicados. Y aunque me considero sobre todo poeta, comencé publicando narrativa. No fue hasta el año 2000 que salió Fusilado dios en Isla Negra Editores, casa que se convertiría en mi medio de difusión de los textos creativos que escribo (aunque hace dos años se editó la colección de ensayos breves La isla del (des)encanto: Apuntes sobre una literatura boricua actual). A la cabeza es esta empresa editorial caribeña ha estado el poeta dominicano-puertorriqueño Carlos Roberto Gómez Beras, quien es para mí el mejor editor del mundo. Como docente e investigador, mi trabajo creativo informa tanto mi trabajo en el salón de clases como mi quehacer como crítico literario. Todo va de la mano y es parte de un engranaje. Morirás la escribí mientras trabajaba en mi tesis doctoral sobre el Barroco de Indias que culminó en el mismo 1993 con la publicación de El palimpsesto del calco aparente: Una poética del Barroco de Indias (sobre tres poetas coloniales y su diferencia del Barroco español) en la editorial Peter Lang de Nueva York. Y Cabronerías también me ayudó para empezar a moldear otro libro de crítica literaria, mi Verbo y carne en tres poetas de la lírica homoerótica en Hispanoamérica (sobre Enrique Giordano, Manuel Ramos Otero y Néstor Perlongher) que se publicara en Chile en el 2005 bajo el sello de Cuarto Propio. Como ves, hay siempre un contrapunto entre mi trabajo creativo y mi trabajo de docencia y de crítica. Verbo y carne, por ejemplo, también lo fragüé en un seminario de «Erótica en Hispanoamérica» con mis estudiantes de postgrado.

– WRS – Si comparas tu crecimiento y madurez como persona, docente, investigador y escritor entre la época que te gradúas de la Universidad de Puerto Rico (1984) con tu época actual de docente-investigador y escritor en Ohio, Estados Unidos, ¿qué diferencias observas en tu trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado tu obra? ¿Cómo has madurado tú?

– LDTR – Se trata de estar de uno y otro lado, pero estar en los dos lados porque cuando eres estudiante aprendes de tus compañerxs y aprendes de tus profesorxs, pero cuando estás del lado del salón en el que toca enseñar, le devuelves la batuta a la clase para que ellxs aprendan también entre ellxs y contigo porque el trabajo del verdadero maestro es devolverle la voz a lxs estudiantes para que sean ellxs quienes exploren y aprendan, y tú meramente eres un moderador, como un director de orquesta que a la vez también es dirigido por los músicos. De 1979 a 1984 yo fui el ser más feliz del mundo en la UPR. Fue una época de crecimiento en el Recinto de Río Piedras, mi Alma Mater. Yo estaba en dos concentraciones, Literatura Comparada y Estudios Hispánicos, y sobreviví la huelga de 1982 y eso nos sirvió a todos para madurar políticamente. Cuando estaba a punto de terminar mi carrera tomaba yo cursos también de «Líneas Aéreas y Turismo» en Emory Career Academy porque como decía mi Moma, la mujer que me crió, ¿con qué se come la literatura?, y yo pensaba utilizar mi entrenamiento en lenguas (inglés, italiano, portugués y francés) para trabajar en una línera aérea como Air France y escribir al llegar a casa de un trabajo que no tuviera nada que ver con la literatura, como recomendaba Manuel Puig. Pero una tarde, la Dra. Mercedes López Baralt, mi mentora del Programa de Estudios de Honor, me hizo una pregunta que cambió mi vida para siempre, «Danielito, ¿dónde vas a hacer la maestría?». La respuesta a esa pregunta fue mi maestría en la universidad del estado de Nueva York en Stony Brook, mi doctorado en la University of Cincinnati y mis viajes de estudio a la Fundación Ortega y Gasset en Toledo, España y a la Universidade de Coimbra en Portugal hacia mediados y finales de los años 80 con sendas becas. En 1990, acabé mi doctorado y comencé a enseñar en Ohio University, donde he estado desde entonces, y donde tuve el privilegio de llevar estudiantes a Mérida, Yucatán, México, de 1993 a 2013, para estudiar lengua, literatura y cultura hispánicas. Con todas estas experiencias, mi trabajo creativo y mi obra literaria ha madurado a través del tiempo con lecturas, re-lecturas y experiencias que han forjado mi vida de maestro de español y escritor. Yo he madurado como persona, como pedagogo y como artista. Pero es un proceso que no acaba aún a mis 56 años. Cuando yo sea grande me gustaría escribir libros como los de Almudena Grandes que mueven masas. Algún día lograré el virtuosismo de una novela como El corazón helado, que es para mí una obra literaria perfecta. O la certeza de una prosa como la de El hombre que amaba los perros, novela escrita por Leonardo Padura Fuentes. A eso aspiro llegar algún día como escritor…

– WRS – Eres especialista en poesía latinoamericana colonial y contemporánea. Daniel, ¿cómo visualizas tu trabajo creativo con el de tu núcleo generacional de investigadores y escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y Estados Unidos? ¿Cómo has integrado tu trabajo creativo a tu docencia?

– LDTR – Los que brincamos el charco de Puerto Rico a Estados Unidos somos lo que nos llamó la gran escritora puertorriqueña Magali García Ramis (autora de Felices días tío Sergio): «la generación de la fuga de cerebros». Otro compañero de mi generación, Luis Raúl Albaladejo en un artículo clásico en la revista En rojo del semanario Claridad nos etiquetó «la generación soterrada». En los años 80, muchos estudiantes de la UPR continuamos estudios de postgrado en Estados Unidos. A la universidad del estado de Nueva York en Stony Brook llegamos ocho de nosotros a estudiar desde la UPR y casi todos hoy en día somos profesores de planta con permanencia (tenure) en varias universidades de este país en el que vivo y en Puerto Rico mismo porque pudieron volver de este exilio profesional obligado. Ese núcleo generacional de escritores-profesores, muchos de ellos, formamos parte de una revista que se llamó Filo de juego, que comandaban Juan Carlos Quintero Herenica (profesor en Maryland) y Rafa Acevedo (profesor en Puerto Rico) y de esa misma camada surgieron voces como Mayra Santos Febres (profesora en la UPR). Con ella me une la aventura del Festival de la Palabra porque me comisionó la creación de un «Programa Académico» durante el festival que ya va a entrar en su tercer año ahora en 2017. Como ya contesté en la pregunta anterior, mi docencia informa mi trabajo creativo y uno se nutre del otro. El salón de clase es el mejor lugar para llevar a acabo este experimento porque puedes compartir con tus estudiantes a través de talleres de creación literaria muchas de las ténicas necesarias para escribir poesía, cuento, novela, ensayo u otros géneros como la crónica o la crítica literaria. Cuando visito Puerto Rico siempre tengo en el horno un libro por presentar, un congreso por organizar como el «Programa Académico» del Festival de la Palabra, o ahora en junio, que voy para el CLiQ, Congreso de Literatura Queer, que organiza el escritor Max Chárriez de la Editorial La Tuerca en la UPR, Carolina, y en el que nos conocimos tú y yo, cuando presenté Cabronerías, su edición 20 aniversario. Este año voy a presentar la edición 10 aniversario de mi segunda novela, Conversaciones con Aurelia, una historia de dragas, de travestis, de hombres que se visten de mujer y se construyen como mujer para lipsinkear en el escenario de El pájaro azul sus amores y desamores a través de sus tormentos internos o para celebrar quiénes son de verdad. Y esto no está tan alejado de lo que poetas virreinales como Don Carlos de Sigüenza y Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Juan del Valle y Caviedes y Hernando Domínguez Camargo, entre otros, hicieron en el siglo XVII americano, como criollos que buscaban su lugar en el mundo del imperio español de ultramar a través de calcar el estilo barroco en su propio estilo y crear así una especie de palimpsesto o amalgama de muchas escrituras en una esencial.

– WRS – ¿Cómo concibes la recepción a tu trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de tus pares?

– LDTR – Hay una cita de Juan Gelpí que contesta muy bien esta pregunta: «…a pesar de las artimañas que se le han tendido a la literatura puertorriqueña, dicha literatura sigue existiendo, en sus mejores manifestaciones, como escritura que se encarga de sobresaltar y enfrentarse al poder…» Mi trabajo creativo ha tenido una recepción tal vez limitada, aunque ahora que estaba corrigiendo el PDF de la versión final de Aurelia para enviar a prensa, me topé con varias tesis que se han escrito sobre la novela, unos artículos en Francia como el de Nicolas Balutet, otros aquí en USA. Pienso también que esta draga mala que es Aurelia llegó a venderse en la Librería Berkana en Madrid, que es una librería de la comunidad LGBT en las Españas… Se presentó en San Juan, Santo Domingo, Mérida (la de Yucatán) y en Estados Unidos. La recepción que han tenido mis pares está mejor representada por la internacionalización de la literatura puertorriqueña que representan las novelas de una Mayra Santos Febres, pero que venía desde antes con Edgardo Rodríguez Juliá, Luis Rafael Sánchez, Ana Lydia Vega, Lourdes Vázquez y otrxs escritorxs que han hecho escuela a través de premios internacionales como el Juan Rulfo o el modo de difusión de sus obras allende nuestros mares. Los de la generación del 80 tal vez nos hemos mantenido un poco más en nuestro espacio insular, pero hay varios colegas como Juan Carlos Quintero Herencia que presenta sus libros en USA o Edgardo Nieves Mieles que se pasea por México y es un poeta conocido en ese país hermano, así como en Centroamérica. Otro ejemplo son las múltiples ediciones a los dos lados del Atlántico del maravilloso libro de cuentos de Luis Negrón, su Mundo cruel que es nuestro mejor bestseller isleño. Lo que falta es una industria del libro en Puerto Rico que aglomere a todos los trabajadores de la palabra y que pueda lanzar nuestra literatura a los mejores mercados y plataformas del mundo (como ferias del libro internacionales), no sólo de habla española, y se hagan ediciones continentales. Algún día lo lograremos. No olvidemos que ya tenemos un Premio Rómulo Gallegos, nuestro brillante Eduardo Lalo con una novela como Simone, que es la novela de la ciudad de San Juan y de su gran diversidad caribeña, de la isla como lugar del encuentro de varias identidades, como la china, que comenta nuestra condición de sujetos postcoloniales.

– WRS – Sé que vos es de Caguas, Puerto Rico. En Caguas se creen ahora que son un país. ¿Te consideras un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea este puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente vos?

– LDTR – Yo soy boricua de pura cepa. Nací Luis Daniel Carrasquillo Cotto, de los Carrasquillo del Barrio Cañaboncito en Caguas, Sector Los Carrasquillo. Pero como soy hijo ilegítimo, fui dado en adopción a los doce años, aunque desde los dos vivía ya con la familia Torres Rodríguez, quienes fueron mis papás adoptivos, ya fallecidos. Pertenezco a cuatro familias, Carrasquillo, Cotto, Torres, Rodríguez y sí, Caguas es nuestro país. Hubo una época en que detestaba mi pueblo porque quería irme de ahí, decía que lo mejor de Caguas era la salida para San Juan. Pero ahora, mucho tiempo después, me doy cuenta que extraño recorrer las calles de Caguas, el olor de los árboles de la Plaza Palmer, plantarme frente al reloj de flores que es el emblema del pueblo, y mirar hacia la Catedral Dulce Nombre de Jesús de un lado y la alcaldía del otro, todo redeado de montañas, porque el Valle del Turabo es mi único lugar en el mundo. Ahí algún día he de volver. Cuando caigo en una trampa de la nostalgia como ésta, extraño también el balcón de mi casa en la Calle Madrid número 24, esquina con la Calla Domingo Lasa, y todas esas historias que se han colado a través del eco de la memoria en mi propia literatura. A la misma vez soy un escritor puertorriqueño que vive en Ohio y que después de recorrer algunas partes del mundo (Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, México, España, Francia, Italia, Portugal, Cuba, República Dominicana -me falta el Oriente como frontera-) también me siento como un ciudadano del mundo, como nos enseñó Borges. Conocí a José Luis González (JLG) en 1982 en los pasillos de la UNAM, cuando intenté estudiar en el Colegio de México en el DF. Pero económicamente no me fue viable. Y una cosa que me dijo el Maestro JLG fue que él nunca había dejado de ser puertorriqueño y eso se nota en toda su literatura. ¿Es posible dejar de ser puertorriqueño? Esa mancha de plátano, como decimos en la Isla, es lo que nos distingue, nos paremos donde nos paremos somos animales antillanos… Se nos nota a legua.

– WRS – ¿Cómo integras tu identidad étnica y tu ideología política con o en tu trabajo creativo y tu formación en Estudios Hispánicos, Literatura Hispanoamericana o Latinoamericana?

– LDTR – Soy un mulato cuarterón que siempre ha tenido inquietudes de izquierdas, pero como decía uno de mis mejores escritores y del cual he escrito dos libros, el mexicano José Emilio Pacheco, mis opiniones políticas están en reparaciones. Es tan difícil emitir una opinión informada viviendo en este rincón del sureste de Ohio, en la región más pobre de Estados Unidos, en las montañas de Appalachia, donde se puede ver de primera mano el fracaso del sueño americano. Porque el Condado de Athens, donde yo vivo, es uno de los más pobres de la nación supuestamente más rica del planeta. Es verdad que el ghetto dorado de Ohio University, donde trabajo, es un oasis entre tanto problema socioeconómico, pero no tienes nada más que ir al supermercado para verle la cara a la pobreza y a la miseria de ese sueño americano fallido: la falta de educación, los servicios médicos en banca rota y un país que ha elegido a un presidente por estar en contra de otro y no querer elegir a una mujer a la presidencia porque también había una desconfianza intrínseca a los demócratas y a los Clinton. Como profesor de lengua y literatura lo mejor que puedo hacer es educar y siempre es un proceso lento. En mi clase del semestre pasado, «Raza, género y diáspora en el Caribe hispánico», tuve una estudiante appalache que me comentó en uno de los exámenes orales lo cercana que se sentía a las lecturas sobre el Caribe hispánico, a la negociación de identidades que ella tenía que hacer como estudiante de primera generación en la universidad. Porque ella también había conocido la carencia que mucha de la literatura del Caribe muestra, y al final para ella, no era tan distinto crecer en Appalachia como crecer en el Caribe hispánico, en un lugar como Puerto Rico. Para mí fue uno de esos momentos en los que la docencia te enseña que no estás tan lejos de tu origen.

– WRS – ¿Cómo se integra tu trabajo creativo a tu experiencia de vida como estudiante antes y después de tu paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integras esas experiencias de vida en tu propio quehacer de docente en Ohio hoy?

– LDTR – En la contestación a la pregunta pasada te comentaba precisamente esto. Yo también soy el primero de mi familiar nuclear que tuvo acceso a la universidad. Mi papá era agricultor, fue bombero, fue taxista, y luego volvió al campo. Mi mamá cocinaba en el Centro Head Start del Residencial Raúl Castellón y comenzó planchando ropa en Caguas. Mi hermana trabajó en fábricas y en construcción. Mi hermano es maestro de Educación Física y deportista. Mi papá adoptivo fue Croupier del casino del Hotel Caribe Hilton y mi mamá adoptiva era ama de casa. Esta experiencia de vida me permite llevar a los estudios una perspectiva de la clase trabajadora que sabe de primera mano cuán importante es la educación. No todos mis estudiantes son de primera generación en la universidad, pero tener de profesor a una persona con mi experiencia de vida creo que les facilita a mis chicxs poder visualizar la literatura que estudiamos. O cuando se trata de clases de lengua, hay todo un rico vocabulario de la calle y de expresiones idiomátias de distintas partes de nuestra América que puedo complementar por mis viajes y mi experiencia en los países que he visitado. El paso por la UPR fue clave para mí, como dije antes, pero también el entrenamiento de maestro de lengua española en la maestría y el doctorado aquí en USA, me dieron las armas para desarrollar destrezas como docente que me permiten incorporar la tecnología en el salón de clases para que la lengua que estudiemos sea una lengua viva y no sólo memorizar vocabulario y conjugar verbos. Se trata de contextualizar el aprendizaje de una lengua con las expresiones de su cultura: cine, televisión, literatura, arte, videojuegos, cómic strips, series televisivas, etc. Todo lo que nos permita adquirir el dominio de otra lengua y su cultura. Ahí el viaje de estudios al extranjero es crucial. De los mejores momentos como pedagogo fue cuando por veinte años enseñé en Mérida, Yucatán a mis estudiantes de Ohio porque lo que aprendían en el salón de clase lo practicaban inmediatamente al salir por la puerta del salón de clases.

– WRS – ¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a tu trabajo creativo y a la temática queer del mismo? ¿Cómo ha variado?

– LDTR – Mi mismo trabajo ha variado. En la última lectura que hicimos aquí en Ohio University un grupo de escritores de México, Bolivia, Puerto Rico, Guatemala y Estados Unidos, leí mis poemas más recientes que lidian con el fenómeno de la nostalgia. Sólo dos poemas queer leí en esa lectura. Aunque he publicado ya dos ediciones aniversario de dos obras de temática LGBT y ahora en junio sale otra, y la novela que preparo es la culminación de una trilogía de historias de dragas o travestis, tengo en el candelero una memoria a llamarse La historia de Danielito sobre el niño que una vez fui y del cual he contado parte de su historia en esta entrevista. La recepción de mis libros ha ido en aumento porque cuando yo comencé en 1981 publicando en Taller de Poesía 1981, una plaquette, chapbook u octavilla del taller de poesía liderado por otra de mis más preciadas mentoras, la poeta María Arrillaga, autora de Ciudades como mares y Mañana Valentina, jamás pensé que llegaría a tener la carrera que he tenido como profesor, ensayista y escritor. Un libro requiere al menos diez años de publicado para que se pueda medir no sólo el éxito editorial (que no he tenido ninguno), pero sí las críticas y los estudios donde los lectores profesionales aprecian el trabajo de los autores. Hay un grupo de lectores de literatura LGBT en Puerto Rico que conoce mis libros, pero todavía hay muchos que no me conocen y estas ediciones aniversarios que se han ido publicando en los últimos años son una manera de llegar a las nuevas generaciones. O cuando algún profesor asigna mis textos y me llegan pedidos por Facebook o por correo electrónico de estudiantes ávidos de aprender. A lo largo del tiempo he mantenido una correspondencia esporádica con ellxs y me he dado cuenta que hay lectorxs nuevxs a los que mis viejas palabras les dicen algo. Al principio era la novedad de escribir sobre lo queer como un escándalo, pero ahora es continuar una conversación sobre el lugar de este apartado en nuestra cultura y de libros como Morirás si da una primavera, Cabronerías, Fusilado dios, Mariconerías, debellaqueras (poemario que mereció el Premio Nacional de Poesía 2009 del PEN Club de Puerto Rico), y ver así qué tienen todavía que decirle a lxs lectorxs de nuevas generaciones.

– WRS – ¿Qué otros proyectos creativos tienes pendientes?

– LDTR – Ya te conté de la memoria La historia de Danielito y te mencioné de pasada Lucy, tú qué sabes, que es la tercera novela de la trilogía de dragas o travestis sobre las trans ya viejas y lo que deben pasar para continuar siempre vigentes en un mundo donde la construcción del género sigue siendo un reto. Para Lucy llegar a ese punto de la vejez donde es totalmente aceptada, porque nadie se fija en las viejas, es su momento máximo. La novela abre con el entierro simbólico y real de Aurelia por un grupo de dragas que se dirigen al cementerio marino Santa Magdalena de Pazzi en el Viejo San Juan, que es conocido como el cementerio de los próceres, y hacia allá se dirigen ellas Calle Norzagaray arriba para esparcir las cenizas de Aurelia entre las tumbas frente al mar. Y lo demás se va cocinando a fuego lento entre clases, conferencias, compromisos, viajes y demás pendientes hasta que tenga el tiempo de sentarme y terminar de escribirla… Otro proyecto que tengo es la ensayística completa de la poeta María Arrillaga a titularse Ocurrencias gozosas: La ensayística de María Arrillaga. Ya estamos terminando el proceso de digitalización de los textos para armar y editar todo el manuscrito, y buscar editor. Este ejercicio de recopilar las obras de un mismo autor lo hice con Dulce canoro cisne mexicano: La poesía completa de Carlos de Sigüenza y Góngora (2012), libro que se publicó en Barcelona en la editorial Paso de Barca, y lo continué con la recopilación de toda mi poesía (in)completa hasta 2011 porque había comenzado a publicar en 1981 mi primer poema en Taller de poesía 1981. El volumen se llamó En (el) imperio de (los) sentidos: Poesía (in)completa 1981-2011 (2013) y salió en Isla Negra Editores. Finalmente, tengo una idea que no he madurado y que es una colección de cuentos a llamarse Confesiones de un Chacón Dancer y un divertimento literario que se titulará Diva Undercover, sobre un hombre gay que se viste de macho y vive como tal desde las fronteras del clóset, aunque es una diva total y absoluta. Siempre las fronteras entre los géneros sean literarios o de indentidad sexual, me llaman la atención.

Wilkins Román Samot, Doctor de la Universidad de Salamanca, donde realizó estudios avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.