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Comunismo y cuestión nacional en España

Fuentes: Espai Marx

«El planteamiento abstracto del problema nacional en general no sirve para nada.» V.I. Lenin «La nación, categoría histórica, solo puede ser definida históricamente» Pierre Vilar Ningún lector italiano familiarizado con los textos de Marx y de Lenin sobre la cuestión nacional dejará sorprenderse tras la lectura del artículo de mi camarada y (sin embargo amigo) […]

«El planteamiento abstracto del problema

nacional en general no sirve para nada.»

V.I. Lenin

«La nación, categoría histórica, solo

puede ser definida históricamente»

Pierre Vilar

Ningún lector italiano familiarizado con los textos de Marx y de Lenin sobre la cuestión nacional dejará sorprenderse tras la lectura del artículo de mi camarada y (sin embargo amigo) Diego Guerrero sobre el problema nacional en España (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=28540). Los lectores de Proteo no podrán dejar de sorprenderse ante una versión del internacionalismo proletario tan abstracta que parece calcada de las posiciones de Rosa Luxembourg tan sabiamente criticadas en su día por Lenin.

Hasta la derrota que sufrimos los comunistas españoles en la transición de la dictadura franquista al actual sistema liberal-representativo, posiciones como las de Guerrero eran minoritarias en el movimiento comunista español. La magnitud de nuestra derrota fue tal que, en este tema, como en tantos otros, se produjo un auténtico corte epistemológico y generacional.

Este corte epistemológico queda de manifiesto cuando Guerrero nos dice: «Desde luego ya no está de moda el «análisis de clase» de los fenómenos sociales, pero sorprende que nunca se haya hecho uso de él, que yo recuerde, para analizar un fenómeno tan actual y relevante como el del nacionalismo moderno en España»[1].

Siendo como somos amigos y camaradas de Guerrero, quedémonos en que su juventud y su dedicación al campo de la economía, le impide haber conocido trabajos sobre la cuestión nacional en España, tan interesantes como la del historiador Pierre Vilar, o textos clave como los de Joaquin Maurín, Andreu Nin, Dolores Ibárruri, José Díaz y Joan Comorera. Todos estos textos y las polémicas cruzadas entre estos dirigentes comunistas forman parte de un rico patrimonio compartido entre los comunistas españoles de las diversas corrientes.

A pesar de las importantes diferencias políticas y metodológicas entre estos autores, que no podemos debatir aquí, todos ellos compartían algunos elementos básicos: todos se declaraban comunistas, todos compartían el punto de vista de Marx y de Lenin sobre la cuestión nacional, todos la analizaban desde un punto de vista de clase, es decir desde el punto de vista, como decían ellos «de la revolución proletaria». No puede decirse tan alegremente que, en España, nunca se haya hecho uso del » análisis de clase» para analizar la cuestión nacional, como hace Guerrero.

Esta afirmación es una muestra más del corte generacional entre nuestra rica tradición marxista y las nuevas generaciones de comunistas. Esta ruptura ha comportado fenómenos negativos, entre ellos el refugio de muchos comunistas en posiciones nacionalistas tanto periféricas ( hay comunistas independentistas en Galicia, en Euskadi, en Catalunya, Valencia, Baleares y Andalucía, que yo conozca) como nacionalistas españolistas negadoras de la pluralidad nacional de España. Que estos comunistas resistan como comunistas, es en sí meritorio, aunque el independentismo de unos y el centralismo españolista de otros sean un impedimento para avanzar hacia la unión de todas clases subalternas ( obreros, campesinos, , trabajadores intelectuales, trabajadores autónomos…) en torno a un proyecto de clase de lucha por la democracia y el socialismo en España.

Por otra parte, existen en España expresiones y organizaciones comunistas internacionalistas. Estas organizaciones, minoritarias por el momento, se esfuerzan en analizar el problema nacional desde una perspectiva de clase[2].

Mi visión crítica en relación con las expresiones comunistas independentistas no queda incluida en este artículo, aunque, sin duda, aparece entre líneas. Quede dicho, aunque sea de pasada, que no creo que en España, hoy, se produzcan situaciones coloniales, que den a la independencia de alguna de las naciones oprimidas un sentido de ruptura revolucionaria.

  1. Consecuencias del determinismo económico y de la filosofía «progresista» de la historia: el elogio de la centralización como progresista.

Aquí me refiero a una idea persistente en el pensamiento de Diego Guerrero que podría ser resumida en la frase de su artículo que dice: «Cuando, por ejemplo, la ideología pequeñoburguesa (primero en Cataluña, después en toda la España progresista) critica a Felipe V por haber aplastado las «antiguas libertades históricas catalanas», nuestro internacionalista diría que no está haciendo otra cosa que reclamar las libertades medievales a las que puso fin la marcha moderna hacia el progreso centralizador y expansivo que se estaba dando en toda Europa.»[3]. Remarquemos: «progreso centralizador».

El marxismo de «segunda generación», elaborado por Kautsky y por sus discípulos, llevaba impreso en su código genético el «determinismo económico» y el progresismo como filosofía de la historia. Pablo Iglesias ( fundador del PSOE) era seguidor incondicional de este reduccionismo llevado a la más extrema indigencia teórica.

El no determinismo economicista de Marx queda claro para cualquier lector atento de «El Manifiesto comunista», de «El Capital» o en sus obras de análisis político cómo «El 18 de Brumario de Luis Bonaparte». Resumamos este no determinismo económico recordando idea de que es «…la realidad social ( no el simple ser económico, j.t.) el que determina la conciencia» [4].

El segundo rasgo de este marxismo de segunda generación es lo que llamaremos «progresismo», concepción según la cual la historia avanza inexorablemente en dirección al progreso social y todo lo que ha acontecido en una etapa determinada es un avance respecto a cualquier fenómeno cronológicamente anterior. Este «progresismo» es, además, profunda e intrínsecamente eurocéntrico: el canon de corrección histórica lo da la evolución que produjo la revolución industrial en Inglaterra.

Según diversas variantes de esta concepción determinista economicista, la revolución rusa fue un error, la colonización de la India un elemento progresista, el exterminio de los indios americanos o el imperialismo zarista hacia el Oriente, un avance histórico progresista, y Argelia era francesa. Si la izquierda belga no dijo nada del genocidio del pueblo congoleño a cargo de Leopoldo, era por que estaba convencida de esa filosofía de la historia profundamente eurocéntrica: los belgas estaban civilizando a los congoleños. Otro caso similar fue el silencio de la izquierda española mayoritaria (PSOE) ante la colonización del Rif. En lugar de apoyar la república de Abdel-Krim, la izquierda permaneció pasiva ante la guerra y la ocupación colonial [5].

En su correspondencia con Vera Sazulich, ya mostró Marx que él no compartía estos postulados «progresistas» del desarrollo histórico:» … mi supuesta teoría ha sido mal interpretada… La «inevitabilidad » histórica de esta evolución, por tanto, está expresamente limitada a los países de Europa occidental»[6]. Esta visión según la cual no era preciso el paso por el capitalismo para poder construir el socialismo, fue reiterada en el prólogo de 1882, a la edición rusa del Manifiesto Comunista[7].

En la cuestión irlandesa mostró de forma suficiente en qué consistía su internacionalismo proletario: «Tan pronto como termina la unión coercitiva de estos dos países estallará en Irlanda una revolución social, aunque sea bajo formas anticuadas… Por otra parte, al dejar intacto el poderío de sus grandes propietarios de tierra en Irlanda, el proletariado inglés los hace invulnerables en la propia Inglaterra … El obrero medio inglés odia al irlandés al que considera un rival que hace que bajen los salarios y el standard of life. Siente una antipatía nacional y religiosa hacia él… La burguesía fomenta y conserva artificialmente este antagonismo entre los proletarios dentro de la Inglaterra misma. Sabe que en esta escisión del proletariado reside el auténtico mantenimiento de su poderío… El pueblo que oprime a otro pueblo forja sus propias cadenas»[8].

Lenin desarmó el progresismo de la socialdemocracia según el cual la revolución socialista solo estaba madura en los países capitalistas desarrollados, elaboró en 1916 la teoría del imperialismo, puso en pié la teoría y la práctica del eslabón más débil y teorizó y organizó a las luchas anticoloniales, de liberación nacional y antiimperialista mundial. Con ello, el marxismo alcanzó un momento alto de elaboración teórica y práctica que dio impulso a un ciclo mundial de luchas que duró por lo menos sesenta años ( no vamos a discutir esta cronología hoy y aquí).

Gramsci, por su parte, desmontó el economicismo común a la segunda y a parte de la tercera internacionales, en el conjunto de su obra, empezando por su artículo de 1917: «La revolución contra el capital» y continuando por sus escritos contra el economicismo en los Quaderni.

La nueva variante de la filosofía «progresista» de la historia que nos proporciona Guerrero consiste en caracterizar como progresista el centralismo feudal de los estados absolutistas europeos del siglo XVII y XVIII. Según esta concepción, el avance del centralismo sería un avance progresista e, incluso, una premonición del socialismo. De ahí que, Felipe V aboliendo las libertades de Catalunya, Aragón y Valencia según Guerrero hubiera realizado una obra progresista.

Sin embargo, la revolución francesa se encargó hace mucho tiempo de colocar al «progresista» centralismo feudal y absolutista borbónico en su lugar: el cadalso de la historia. Sólo es preciso leer a Marx, a Engels, o a Lenin, herederos de la tradición jacobina, para comprender que su modelo de socialismo dista mucho de considerar progresista la centralización feudal de los Estados del absolutismo durante el antiguo Régimen ( cómo la de Felipe V en España o la de Luis XIV en Francia), ni el centralismo de la tercera república francesa. Aún menos consideran el centralismo como una de la características del socialismo[9]. Recomiendo la lectura de las obras citadas a pié de página y me limito a citar un paso poco conocido y menos reconocido de Engels, en la crítica al programa de Erfurt: » Así pues, república unitaria. Pero no en el sentido de la presente República francesa ( la tercera república, nota de j.t.), que no es otra cosa que el Imperio sin el emperador fundado en 1798. De 1792 a 1798, cada departamento francés, cada comunidad poseían su completa autonomía administrativa, según el modelo norteamericano, y eso deberíamos tener también nosotros. Norteamérica y la primera República francesa nos han mostrado y probado cómo se debe organizar esa autonomía y como se puede prescindir de la burocracia …»[10]. El anti-estatismo y el anti-centralismo burocrático del viejo Engels era claro, acababa proponiendo que se incluyera en el programa la siguiente medida: » Administración autónoma completa en la provincia, el distrito y la comunidad a través de funcionarios elegidos sobre la base del sufragio universal. Supresión de todas las autoridades nombradas por el Estado». Se pueden reseguir en las obras citadas de Marx, Engels y Lenin, multitud demuestras de este anti-centralismo. ¿Porqué, tras el fracaso el centralismo burocrático de los países del «socialismo real», seguir insistiendo en el carácter progresista del centralismo?

2. Confusión entre nación y estado.

El segundo elemento que preside la concepción de Guerrero es la sempiterna confusión entre estado y nación. Véase: «La nación no es una ideología ni una meta política. Es un hecho. Y España es una nación porque así lo ha definido la historia ( subrayado mío, J.T. ) y así lo reconoce todo el mundo fuera de nuestras fronteras… El que algunos españoles «se sientan» parte de otra nación es una ideología más que cualquiera puede defender, como cualquier otra. Pero la ideología no da derecho a tener privilegios, razón por la cual un anticuado internacionalista, opuesto por tradición a cualquier clase de privilegios, sin duda se declararía contrario a su concesión»[11]. O sea la nación es un hecho científico, el sentimiento nacional es una ideología ( suponemos que en el sentido de negación de la realidad).

Efectivamente, los internacionalistas estamos contra de cualquier tipo de privilegio, pero no consideramos privilegio en ningún modo el derecho de la naciones oprimidas a la autodeterminación, o la conservación y defensa de la lengua y cultura de cada pueblo. Por el contrario consideramos estos derechos como parte integrante de nuestra lucha por la democracia y por el socialismo. Pero examinemos de cerca esa labor «definidora de la historia», según nos la propone Guerrero.

Pongamos algunos ejemplos. La historia definió a Argelia cómo parte del estado-nación francés hasta que los argelinos decidieron los contrario. La ocupación, la limpieza étnica y el genocidio inglés sobre Irlanda duró muchos siglos. La historia, siguiendo a Guerrero, parecía haber definido a Irlanda como parte de la corona y del estado británicos. Hasta que los irlandeses decidieron lo contrario. En la isla de Irlanda existen actualmente dos estados ( la República de Irlanda y la Gran Bretaña) y una sola nación. En el imperio austro- húngaro existía una multiplicidad nacional y un solo estado. Los pueblos de este imperio decidieron emanciparse olvidándose de la definición que había hecho la historia con anterioridad a través del derecho de conquista feudal. Lo mismo pasó en el imperio ruso o en el otomano. La historia había definido a Italia como diversos estados hasta que los italianos, con el Risorgimento, decidieron crear el actual estado unitario italiano. Otrosí podemos decir de los alemanes.

Portugal continuaría siendo parte del reino de España, si en la década de 1640, Felipe IV hubiera logrado mantenerlo bajo su corona. Felipe IV, en su lucha contra Luís XIV, no podía atender a dos frentes y tuvo de optar por conservar parte de Catalunya (aunque no el Rosellón, que pasó a Francia) y perder Portugal. En 1714, si los británicos y los austriacos hubieran decidido proseguir la lucha contra la potencia francesa en España, en lugar de abandonar a sus partidarios en la Península, la corona española no hubiera adquirido los rasgos centralizadores (un centralismo absolutista y feudal; no progresista) y castellanistas que adquirió con Felipe V. La dominación borbónica no fue un sinónimo de progresismo en España, salvo algunos episodios sucedidos durante el reinado de Carlos III. La monarquía borbónica no era, ni es progresista, ni tan sólo es el único resultado posible de la historia.

Pierre Vilar en una conferencia pronunciada en 1977, bajo el título de «Continuidad histórica de la conciencia nacional catalana», que recomiendo leer completa, ha definido de forma más global y compleja la coyuntura de 1714 a la que de forma tan simplista alude Guerrero: «¿ Conciencia nacional? Y, conciencia nacional ¿española o catalana? El mismo Soldevila ha clasificado la revuelta contra Felipe V como un esfuerzo catalán por tomar la dirección de España, más parecido a ciertas veleidades de la burguesía del siglo XIX, antes de 1880, y no como un particularismo propiamente catalán. Lo que importa es que una vez más, viene la catástrofe. Y es entonces, frente a la desgracia, a la amenaza de perderlo todo, cuando en el sitio de 1714, el patriotismo defensivo inspira – al menos en Barcelona – uno de esos momentos de de heroísmo colectivo desesperado que nutre la imagineria nacional, reforzando el sentimiento popular de grupo … En la historia de las naciones, y para distinguir entre nacionalismo y patriotismo, he insistido muchas veces sobre la diferencias entre las actitudes voluntaristas, organizadoras y, finalmente, agresivas, pero creadoras de las clases dirigentes de una sociedad, y las actitudes más bien defensivas ( heroicas, sobretodo en las resistencias) de las clases populares»[12]. Se trata de una indicación preciosa que nunca podemos olvidar los comunistas: debemos ver todos los fenómenos sociales de forma compleja, global y contradictoria; hacer intervenir el motor verdadero de la historia que no es el desarrollo de las fuerzas productivas, ni la progresión mecánica e inevitable de un modo de producción a otro, sino la lucha de clases.

Las «definiciones» de la historia, pues, nunca son definitivas. Que los estados «definidos» cómo producto de una determinada evolución histórica en la que confluyen muchos elementos diversos, no son eternos y se modifican según el desarrollo de la lucha de clases. Veamos cómo veía la unidad española un clásico del marxismo español, Andreu Nin en 1932: » España es, en la Europa occidental, el país económicamente más atrasado, y en ella conviven las economías más opuestas. Ésta es la causa por la que, en el transcurso de los siglos no haya podido asimilar, ni económica ni culturalmente, a los diferentes pueblos que en su origen la formaron en constituirse como una sola unidad política. Mientras una parte del Estado, la menos extensa, se veía impulsada por el camino del progreso capitalista, otra, la más importante, y, por desgracia, la que tenia el predominio político, permanecía en un estado agrario semi-feudal, ligado fuertemente a la existencia de la monarquía y de la Iglesia. Este desequilibrio tenia de producir forzosamente una lucha entre la parte más avanzada y la más atrasada, en la cual al propio tiempo coinciden, y no por casualidad, por el hecho de que existen razones históricas para que seáis, la existencia de pueblos de legua y de idiosincrasia diferente dentro de la unidad política española» [13]. Esta visión de Nin, aún estando teñida del marxismo de segunda generación que criticamos más arriba, nos da una visión mucho más matizada de lo que es España que la facilitada por el artículo de Guerrero.

3. Las formas de la opresión nacional en España

Las posiciones actualmente defendidas por Guerrero, muestran una incapacidad para aceptar la realidad histórica de la opresión nacional en España. Muestran también una incapacidad para aceptar la pluralidad nacional dentro de un mismo estado. Esa incapacidad lo lleva a negar la aplicación del principio de autodeterminación en España. Forman parte del acerbo de un nacionalismo muy concreto como es el nacionalismo español, aunque se disfrace de progresismo e incluso de internacionalismo.

No otra cosa dice Guerrero: » Otro ejemplo de lo anterior podría ser la ideología que encierra el ya famoso eslogan de la «España plural». España es de hecho uno de los países más plurales del mundo y también una de las naciones con registros más altos de pasado relativamente revolucionario. Es una sociedad tanto más plural cuanto que esta nación incluye a un gran número de ciudadanos (mucho mayor que en otros países) que creen pertenecer a una nación distinta, y pueden defender ese punto de vista con plena libertad (y hasta con alguna ventaja). Ahora bien, que haya pluralidad política, o pluralidad de tantas otras cosas: lenguas, culturas, tradiciones, sensibilidades, etc., nada supone sobre la existencia o no de una nación»[14].

Frente a esta posición, común en sectores de la izquierda española, la reacción independista es una posibilidad y una realidad. Que el comunismo español se encastille en el nacionalismo español, aunque sea so capa de internacionalismo, comporta como reacción simétrica: que el comunismo de las naciones oprimidas se refugie en el independentismo.

Ni una ni otra posición han sido nunca las del movimiento comunista en España, en sus diversas variantes. Por lo menos hasta que las renuncias de la transición hicieron abandonar este aspecto esencial del programa internacionalista. Veamos como definía España Joan Comorera, secretario general del PSUC [15], en 1942: » ¿España es una nación? Existen en España cuatro idiomas, cuatro economías, cuatro culturas que se manifiestan en psicologías nacionales bien diferenciadas y expresadas en una comunidad de cultura, cuatro ‘caracteres nacionales’, como se acostumbra a decir, cuatro naciones: la castellana o española, la catalana, la vasca y la gallega’… España es hoy un Estado imperialista multinacional»[16]. Quien lea el conjunto de los escritos de Joan Comorera no podrá por menos que coincidir conmigo en el carácter ortodoxamente leninista y de clase con que enfocó siempre el tema nacional en España. Otra cosa es coincidir en las consecuencias políticas que Comorera extraía de ese análisis. Pero eso es harina de otro costal.

A estas posiciones negadoras de la realidad nacional de las naciones oprimidas en nombre del chovinismo de la gran nación, se refería Lenin cuando en 1922, criticando la propuesta de Stalin de integración de las diversas naciones oprimidas por el zarismo ruso como repúblicas autónomas dentro de la Federación Socialista Rusa y preconizaba que cada nación constituyese una república con derecho a la autodeterminación dentro de una Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Dentro de este contexto es cuando repite por enésima vez: «… el planteamiento abstracto del problema nacional en general no sirve para nada. Es necesario distinguir entre el nacionalismo de una nación opresora y el nacionalismo de una nación oprimida, entre el nacionalismo de una nación grande y el nacionalismo de una nación pequeña … Por eso, el internacionalismo de la nación opresora, o de la nación «grande» ( aunque solo sea grande por sus violencias, grande como un esbirro) debe consistir no sólo en observar la igualdad formal de las naciones, sino también esa desigualdad que, por parte de la nación opresora, de la nación grande compensa la desigualdad real que se da en la vida. Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido la actitud verdaderamente proletaria ante el `problema nacional; sigue sosteniendo, en el fondo, el punto de vista pequeño-burgués, y por ello no puede menos de pasar a cada instante al punto de vista burgués»[17]. Es en el contexto de este debate que Lenin lanzó su famoso ex- abrupto: «Declaro una guerra a muerte al chovinismo ruso. Lo comeré con todas mis muelas sanasen cuanto me libre de la maldita muela»[18].

El problema nacional existe en España porque hay dos problemas interrelacionados y que no se pueden negar. Por un lado, la existencia de naciones oprimidas, por otro el centralismo borbónico, agudizado por cuarenta años de fascismo. Un centralismo muy funcional a los intereses de una parte de las clases dominantes españolas que entra en confrontación con las intereses de las clases dominantes catalanas y vascas. Un centralismo no sólo contrario a los intereses de las clases subalternas de las naciones oprimidas si no a los intereses del conjunto de la clase obrera y sectores populares españoles.

En España existen tres naciones ( Galicia, Euskadi y Catalunya) cuyas clases subalternas ( obreros, campesinos, pequeña burguesía) han sido doblemente oprimidas históricamente: en tanto clases subalternas y en tanto que miembros de una nacionalidad no reconocida como tal. El reconocimiento de esta opresión nacional no niega, en absoluto, el sufrimiento y la opresión de las clases subalternas del centro y del sur de España. Por el contrario son dos sufrimientos y dos opresiones que están estrechamente relacionados. Negar cualquiera de los dos, nos colocaría en el terreno de la respectiva burguesía ( sea la periférica o la española).

Las clases dominantes de estas naciones oprimidas, han formado parte de las clases dominantes del Estado Español, tanto en la época de la monarquía borbónica como en la época de la dictadura franquista. Las clases subalternas de estas tres naciones normalmente han luchado codo con codo con el resto de las clases subalternas de España contra el conjunto del bloque dominante: «Los comunistas de la nación opresora tienen que defender, sin vacilaciones, el derecho de la nación oprimida a la separación, a constituirse en Estado independiente. Los comunistas de la nación oprimida deben defender con firmeza la unión voluntaria de su pueblo con los demás, en primer lugar con los de la nación antes opresora… Esta acción doble de los comunistas de la nación opresora y de la nación oprimida os llevará, inevitablemente, a la gran unión de todos los pueblos»[19]. Esa era la posición de los comunistas catalanes en 1942, expresada por Joan Comorera. Posición que coincidía con la de los comunistas españoles.

Las clases dominantes de las naciones oprimidas (primordialmente las burguesías catalana y vasca) han formado parte del bloque en el poder en España. Aunque muchas veces han tenido problemas con este bloque en el poder, que ha sido en muchas ocasiones un freno al desarrollo económico capitalista industrial, apoyando y gestionando los intereses de lo que los comunistas siempre habíamos llamado la «oligarquía financiera y terrateniente». En el caso de Catalunya, cuando la burguesía catalana ha chocado con la política económica del estado español, o bien cuando ha fracasado en sus intentos para dirigir España, ha tratado de usar el movimiento de las clases populares en defensa de sus propios intereses. Pero nunca ha podido hacerlo plenamente. Con razón Niceto Alcalá Zamora le dijo a Cambó en 1917: » Usted no puede ser al mismo tiempo el Bolívar de Catalunya y el Bismarck de España». Este es el nudo conceptual con el que choca el análisis simplista que realiza Guerrero sobre el problema nacional catalán, vasco o gallego. Guerrero reduce el nacionalismo de las naciones oprimidas a los intereses de las burguesías de estas naciones. Y ello es estrictamente falso. Confunde el internacionalismo con la defensa a ultranza del nacionalismo de una de las cuatro naciones contenidas en España: la castellana o española.

Dice Guerrero: «Al analizar la suerte económica relativa experimentada por regiones como el País Vasco, o Cataluña, o Madrid, en el periodo transcurrido en los siglos XIX y XX, la izquierda social habría reclamado un análisis centrado, por ejemplo, en la contraposición entre la suerte «disfrutada» por los patronos y la suerte «sufrida» por los trabajadores. Estos analistas, hoy tan pocos y aislados, añadirían que esa forma de ver las cosas es «materialista», perspectiva que considerarían muy superior al enfoque opuesto, que bautizarían como «idealista»[20].

Estamos de acuerdo con una simple diferencia: hasta el corte epistemológico y generacional reseñado más arriba, este tipo de análisis ha sido practicado por los comunistas de diversas corrientes en España. Sólo es preciso consultar la bibliografía que cito a pie de página. La única diferencia consiste en que ninguna de las corrientes diversas del comunismo español olvidó nunca el análisis de los problemas nacionales, análisis que hicieron siempre desde una perspectiva de clase, y utilizando el instrumental teórico propio de su tiempo.

Tampoco es justo ignorar que, en el desastre que vivimos los comunistas españoles desde hace unos treinta años, diversos grupos e individuos tratan aún de analizar las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera y tratan de incluir el análisis de los factores nacionales en el contexto general de la lucha de clases en nuestro país.

Estamos de acuerdo con Diego Guerrero en que detrás del actual debate sobre el Estatut de Catalunya, o en las propuestas de Ibarretxe para la resolución del problema vasco, se dirimen intentos de las burguesías vasca y catalana por mejorar su posición política en el estado español, por aumentar su trozo de tarta en el reparto de los recursos del estado o por mejorar su capacidad de negociación directa con Europa, sin pasar por la mediación de la patronal española o del Estado Español. No estamos de acuerdo con Guerrero cuando éste hace de estas reivindicaciones un «totum revolutum» y pretende confundir a la burguesía vasca y catalana con las clases subalternas de ambas naciones. Las clases dominantes periféricas no pretenden la autodeterminación de Catalunya y de Euskadi y mucho menos la independencia. Tratan de utilizar a las clases subalternas para su propios intereses, del mismo modo que las clases dominantes españolas utilizan la ideología españolista y la «catalanofobia» con el fin de movilizar a las clases subalternas españolas para mejorar su correlación de fuerzas ante las burguesías periféricas.

En este contexto, y con el movimiento obrero en fase de retirada como consecuencia de la globalización capitalista y de la transición, ambos sectores de las clases dominantes usan el nacionalismo ( tanto el periférico, como el español) para movilizar los bloques sociales que hegemonizan. El error que no deben cometer los comunistas ( por débiles que seamos) es dejarse hegemonizar por proyectos de clase ajenos a los intereses comunes de la clase obrera y de los pueblos del estado español.

4. La aplicación hoy del derecho de autodeterminación en la España del siglo XXI.

Hasta aquí, me he limitado a recordar (el espacio no da para más) frente al nacionalismo español de izquierdas algunos elementos de las concepciones comunistas e internacionalistas ante a la cuestión nacional. Se trata, a mi modo de ver, de un punto de partida imprescindible: cualquier intento de reconstrucción comunista, deberá partir del interior de nuestra propia tradición cultural y moral. Pero no somos la mujer de Lot, que quedó transformada en estatua de sal por mirar hacia atrás con nostalgia. Si nuestro debate sirve para algo será para construir el socialismo del siglo XXI. Para ello, habremos de partir de la realidad actual. En la perspectiva de la revolución socialista que supongo compartimos, y haciendo referencia al tema nacional propongo proseguir el diálogo teniendo en cuenta tres aspectos:

1 – La realidad decreciente del estado-nación en la fase de la globalización capitalista en curso y, particularmente en la construcción de un nuevo espacio imperialista multinacional como es la Unión Europea. Querámoslo o no nuestro marco de lucha también se deslocaliza. El Estado español pierde competencias por abajo ( hacia las comunidades autónomas) y hacia arriba ( la más importantes hacia la comisión Europea). En este nuevo marco, no valen las posturas defensivas del viejo estado-nación creado en el siglo XIX. Por tanto, desde el punto de vista de la revolución proletaria no tiene sentido ni la creación de nuevos estados-nación, ni la pervivencia de reliquias del pasado feudal y fascista, remozado a medias, sin transparencia y sin democracia, durante la transición mediante el estado «de las autonomías» como el actual estado español. No puedo dejar de discrepar con Diego Guerrero: las formas de dominación sí tienen importancia y no todas son iguales. Del mismo modo que no es lo mismo el fascismo que un estado liberal-representativo. Los clásicos del marxismo lo vieron siempre así y la práctica de los comunistas se orientó siempre así. No es casual que España hoy no sea republicana, ni federal. Las clases dominantes sólo aceptaron dejar las formas fascistas de dominación a condición de ambas cosas. Los comunistas, en esa transición fuimos derrotados. Lo peor que nos puede suceder es caer en el nihilismo político radical y que abandonemos el terreno de la lucha por la República Federal y por el ejercicio de la autodeterminación.

Continúo creyendo que hoy, como en 1915 siguen vigentes las ideas de Lenin: » Los socialistas no pueden alcanzar su magno objetivo sin luchar contra la opresión de las naciones. Por eso deben exigir obligatoriamente que los partidos socialdemócratas de los países opresores (…) reconozcan y defiendan el derecho de las naciones oprimidas a la autodeterminación, y precisamente, en el sentido político de esta palabra, es decir, el derecho a la separación política. El socialista de una gran potencia o de una nación poseedora de colonias que no defienda este derecho será un chovinista. La defensa de este derecho, lejos de fomentar la creación de pequeños Estados, lleva, por el contrario, a la formación más libre y más audaz y, por tanto, más amplia y extensa de grandes Estados y de federaciones de estados, más beneficiosos para las masas y más en consonancia con el desarrollo económico. A su vez, los socialistas de las naciones oprimidas deben luchar incondicionalmente por la unidad plena (incluida la unidad orgánica) de los obreros de las naciones oprimidas y de las naciones opresoras. El imperialismo es una época de opresión creciente de las naciones del mundo entero por un puñado de «grandes» potencias, en virtud de lo cual la lucha por la revolución socialista internacional contra el imperialismo es imposible si no se reconoce el derecho de las naciones a la autodeterminación. «El pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre». Un proletariado que acepte la menor violencia de «su» nación sobre otras naciones no puede ser socialista»[21].

2 – Hago una lista provisional e incompleta de preguntas a las que deberíamos dar respuesta, no abstracta, si no concreta: ¿cómo avanzar en el marco europeo hacia la mayor unidad de los obreros de todas las naciones que forman la Europa de los 25? ¿Cómo garantizar el derecho a la autodeterminación de las naciones avanzando hacia una federación de estados europeos, que pueden coincidir o no con los estados que heredamos de las vicisitudes de los siglos XIX y XX? ¿Cómo avanzar en la negociación y el desarme en conflictos nacionales como el de Euzkadi o el de Irlanda del Norte o el de los Balcanes? ¿ Como hacer posible la mayor descentralización posible con la construcción en común de un espacio europeo cuyos ciudadanos sean libres e iguales? Todo ello son preguntas a las que los comunistas debemos tratar de responder desde dentro de los movimientos obreros y populares insertos en los diversos marcos de lucha (la nación, el estado, Europa) que hoy se están reconfigurando a una velocidad increíble. La construcción de un sujeto político internacional se hace más urgente que nunca.

3- Los movimientos migratorios imparables, producto de la globalización económica configuran sociedades cada vez más plurales en su interior. En este contexto se desdibuja la idea de un sola nación, un estado. La aplicación mecánica de esta idea ha dado resultados negativos en la antigua Yugoslavia, y en algunos estados nacidos de la antigua URSS. En las sociedades europeas del siglo XXI vamos a convivencias cada vez más complejas y difíciles de gestionar si se aplican criterios comunitaristas y etnicistas de convivencia. El único criterio defendible desde una perspectiva internacionalista es el derecho de suelo ( como decíamos los comunistas catalanes en los años sesenta: «es catalán quien vive y trabaja en Catalunya») frente al derecho de sangre del nacionalismo (» es catalán aquel que es hijo de catalanes, o quien «se siente catalán»). La aceptación de la pluralidad nacional no solo territorial sino en el interior de cada unidad política, será el principal problema político con que vamos a enfrentarnos en los próximos tiempos. La diversidad étnica dentro de la clase obrera producirá y produce momentos de competencia interna y de conflicto que retrasará la reconstitución del proletariado en clase.

Si queremos dar respuesta a todos estos problemas, más vale que nos pongamos las pilas.

Oix ( Alta Garrotxa), abril 2006.

[1] Véase «Nación y clase», en el presente número de Proteo.

[2] Véase, cómo ejemplos de internacionalismo consecuente, las declaraciones de Corriente Roja sobre el proyecto de Estatuto de Autonomía de Catalunya o sobre la negociación política en el conflicto vasco. Véase también el trabajo de Espai Marx y del sindicato Co.Bas sobre la identidad de clase y nacional en el área metropolitana de Barcelona. Encuesta que está en curso de realización ( Información el www.espaimarx.org ).

[3] Guerrero, ibid.

[4] Introducción de 1857 a la «Contribución a la critica de la economía política», Alberto Corazón editor, Madrid 1970, pág. 37.

[5] Mohammad ibn Azzuz Hakim, «El socialismo español y el nacionalismo marroquí de 1900 a 1939», Imprenta Minerva, Tetuan/Málaga,1978.

[6] Karl Marx, carta a Vera Sazulich, incluída en «El Marx tardío y la via rusa. Marx y la periferia del capitalismo», edición y presentación de Teodor Shanin, Editorial Revolución, Madrid 1990., pag. 162. Puede encontrarse el borrador de esta carta en «Obras escogidas de Marx y Engels», Tomo 3, páginas 161 a 170, Editorial Progreso, Moscu, 1976.

[7] Ibid. , pág. 177.

[8] Karl Marx, «Extracto de una comunicación confidencial», 28 de marzo. Se trata de una circular en que Marx polemiza contra la influencia bakuninista en el Consejo federal de la suiza francesa. Los bakunistas no comprendían la importancia del movimiento de liberación nacional irlandés y su relación con la lucha del proletariado inglés. Se puede encontrar el texto en «Obras escogidas de Marx y Engels», Tomo 2, páginas 184 a 187, Editorial Progreso, Moscu, 1976.

[9] Por ejemplo Marx en «La guerra civil en Francia» (1871) «Obras escogidas de Marx y Engels», Tomo 2, páginas 214 a 259, Editorial Progreso, Moscu, 1976; Lenin en «El Estado y la revolución» (1917), en Obras Completas, tomo 33, o en «Contribución al problema de la naciones o sobre la ‘autonomización’ » ( 1922), Obras Completas Tomo 45, Editorial Progreso, 1987. En estos escritos, nuestros autores describen un modelo de socialismo que poco tiene que ver con el desarrollado en los países del llamado «socialismo real» durante el siglo XX. Si algo se ha agotado no son las ideas de Marx y Lenin sobre el socialismo. Lo que está irremisiblemente amortizado por la historia es el estatismo y el centralismo burocráticos.

[10] Federico Engels, «Contribución a la crítica del programa socialdemócrata de 1891», escrito entre 18 y 29 de junio de 1891. Más conocido como «Crítica al programa de Erfurt».

[11] Guerrero, ibid.

[12] Pierre Vilar, conferencia pronunciada en 1977 en la clausura del Congrès de Cultura catalana, incluido en «Estat, nació, socialismo», Editorial Curial, Barcelona, 1982, pag. 74.

[13] Andreu Nin, «Tesis sobre las nacionalidades», en … «Socialisme i nacionalisme ( 1912-1934). Escrits republicans, socialistes i comunistes», Edicions La Magrana, Barcelona 1985.

[14] Guerrero, ibid.

[15] Partit Socialista Unificat de Catalunya, creado en Barcelona en julio de 1936 como consecuencia de la unificación de cuatro partidos catalanes proletarios, en el marco de la política del VII Congreso de la Internacional Comunista, en virtud de la cual se definió la política de Frente Popular y de Frente Único y la creación de Partidos Unificados del `proletariado. Comorera, procedente da la Unió Socialista de Catalunya, fue secretario general del PSUC entre 1936 y 1949, en que fue expulsado del partido. El PSUC, contraviniendo una fórmula consagrada en la IC, llegó a ser Sección Catalana de la Internacional Comunista. El PSUC es actualmente la organización hermana del PCE en Catalunya.

[16] Joan Comorera, «El problema de les nacionalitats a Espanya» ( 26 de marzo de 1942) incluido en «Socialisme i qüestió nacional», Editorial Undarius, Barcelona 1977.

[17] V.I. Lenin.»Contribución al problema de las naciones o sobre la ‘autonomización’ «, 30 de diciembre de 1922. Incluido en Obras Completas, Tomo 45, pag. 372 a 378, Moscu, 1987.

[18] V.I. Lenin, «nota a L.B. Kamenev sobre la lucha contra el chovinismo de gran potencia», 6 de octubre de 1922. Obras Completas, Tomo 45, pag. 228, Moscu, 1987. Por lo visto ni el dolor de muelas hacia renunciar a Lenin a su lucha contra el chovinismo de gran nación.

[19] Joan Comorera, «El problema de les nacionalitats a Espanya, 26 de marzo de 1942, en «Socialisme i qüestió nacional», ibid.

[20] Guerrero, ibid.

[21] V.I. Lenin, «El socialismo y la guerra», escrito en julio-agosto de 1915, folleto sin fecha, editorial Progreso, Moscú.