Recomiendo:
2

La lucha sigue

Fuentes: Rebelión [Un grupo de indígenas durante el Paro Nacional. Créditos: Luis Herrera / Twitter de Conaie]

Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez

En este artículo la autora reflexiona sobre el Paro Nacional y las perspectivas de futuro.

De las lecciones históricas que, de forma recurrente, aprendimos en América Latina, una es la que nos enseña que eso que llaman “neoliberalismo”, nombre adornado del capitalismo que está siempre intentando reinventarse a sí mismo, no cumple absolutamente nada de lo que promete en su propaganda, es decir, mejorar las condiciones de vida de los pueblos. Toda esa palabrería no es más que un burdo engaño, ya que la única vida que mejora es la de la clase dominante. En América no son pocos los gobiernos que son elegidos con esa discurso hueco, pero que en cuanto se asientan en las sillas presidenciales repiten la misma fórmula siempre: hay que “apretar los cinturones” de los más pobres y pedirles que se sacrifiquen para llenar los bolsillos del 1% que ya es rico.

Estamos viendo eso ahora mismo en Ecuador, donde la población prefirió colocar en la presidencia a un banquero en vez de a un indígena con militancia social. Después de haber sufrido una brutal devastación durante la pandemia, con más de 35 mil muertos, aún con el nuevo presidente y la reactivación de la economía, el país mantuvo un desempleo gigante en la ciudad y en el campo. Siempre es bueno recordar que Ecuador es un país predominantemente rural. Conforme apunta el profesor John Cajas-Guijarro, de cada 100 trabajadores, 74 están en el campo, y las pequeñas comunidades siguen siendo una fuerza muy grande en la movilización por derechos y en las luchas sociales que envuelven el derecho al agua y al territorio.

Pues el presidente Guillermo Lasso, que prometió mejorar la vida de la población, prefirió seguir los caminos apuntados por el ínclito Fondo Monetario Internacional, los mismos que conocemos bien: mantener las finanzas del estado equilibradas, pero priorizando el sistemático pago de la deuda, dejando en último lugar las demandas de la mayoría de la población. Conforme Cajas-Guijarro, en 2021 la entrada de recursos con el petróleo y préstamos variados creció 65,5%, pero eso no fue usado para invertir en las áreas que exigían urgencia como la salud, la educación o la generación de empleos. El resultado de esta política es también el mismo de siempre: aumento de la violencia, el avance del narcotráfico, de la criminalidad y la desesperación de la población delante de las imposibilidades de producir la vida.

Cuando las cosas llegan al límite de lo soportable, la lucha explota y, como siempre, históricamente, el motor de las batallas es el movimiento indígena/campesino liderado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador, que nació en 1986 y desde ahí ha sido el centro articulador de las luchas populares. Quién está atento a la historia sabe que fueron los indígenas los que en 1990 ocuparon Quito e iniciaron una caminada sin vuelta de organización y lucha autónoma. Fueron movimientos liderados por ellos que derrumbaron presidentes, como Lúcio Gutierrez en 2005, y confrontaron los llamados progresistas como Rafael Correa. Y, así, como ahora, siempre que esas gentes se levantan, la represión es violenta y avasalladora, lo que no enflaquece en nada la marcha de la lucha. Por eso, siempre resulta impresionante ver que los dirigentes actúan de la misma forma, sin prestar atención a historia. No es la policía, ni las balas, ni los cañones, ni las muertes que detienen los indígenas. El efecto es siempre el contrario. Además de fortalecer el movimiento aún consigue aglutinar otras categorías de trabajadores, así como estudiantes.

Y así ha sido desde el día 13 de junio cuando la Conaie desencadenó un paro nacional, una huelga general, que presentó al gobierno un conjunto de reclamos no sólo de los indígenas, sino de todos los trabajadores. Hay reivindicaciones coyunturales, pero también históricas. Exigen reducir el precio de los combustibles, moratoria de las deudas de los pequeños y medianos productores agrícolas, políticas para el campo y la no firma de un tratado de libre comercio que destruye la producción nacional, creación de empleos, estancamiento del avance de la minería, protección del agua, el fin de la privatización del patrimonio nacional, respeto a los derechos de los trabajadores y de las comunidades indígenas, garantía de la seguridad y acceso de la juventud a la enseñanza superior. O sea, lo básico. Es más: reclaman que cumpla sus promesas.

Pero, en vez de garantizar lo que había sido prometido en la campaña electoral ¿qué es lo que hace Lasso? Manda reprimir las manifestaciones y ya el primer día detiene al presidente de la Conaie, lo que genera nuevas manifestaciones y nuevas marchas, y nuevos cortes de carreteras, y nuevas movilizaciones. Mientras más la policía reprime, más gente va saliendo de las comunidades, de las esquinas más lejanas, y el movimiento crece. Lasso decreta estado de excepción y el movimiento crece. El gobierno cede para una negociación, pero inmediatamente recula, manteniendo la represión y la violencia, el movimiento crece. Hoy, llega el 18º día de lucha. Las reivindicaciones están ahí, el gobierno insiste en no negociar, se esconde detrás de los escudos policiales. Seguramente va a perder.

Hasta ahora ya fueron cinco muertes, hay un número alto de heridos y muchas denuncias de violaciones de derechos, pero no hay señal de que la lucha enfríe. La Asamblea Nacional llegó a discutir la destitución del presidente, tanto por acusaciones de corrupción como por el uso de la violencia contra el movimiento; sin embargo, a pesar de la propuesta vencer en la votación general por 80 votos a 48, el hecho de no haber alcanzado la mayoría cualificada –que eran 92 votos–, echó por tierra esa posibilidad.

Para los trabajadores, indígenas, campesinos y estudiantes también hay una lección ya históricamente aprendida. Únicamente la lucha cambia la realidad. Lo que aún continúa sin respuesta es la posibilidad de construir un proyecto conjunto de poder, pues a lo largo de los años, a pesar de algunas victorias coyunturales, destitución de presidentes y todo lo demás, esos movimientos aún no consiguieron dirigir el país, ya sea por elección o por revolución. En las últimas elecciones, a pesar del candidato ser un indígena, había mucha desconfianza con relación al proyecto que sería defendido y el resultado fue la victoria del banquero. Uno más para ser derrumbado por esa fuerza gigante que es el pueblo ecuatoriano. Una fuerza que necesita encontrar camino común para finalmente cambiar el destino del país.

Lo que la historia enseña es que no hay rostro humano en el capitalismo. Siendo así, no bastan las conquistas parciales. Hay que poner todo patas arriba.

¡La lucha sigue!

Nota de Rebelión: Después de la escritura y traducción de este artículo la CONAIE y demás organizaciones indígenas, sociales y sindicales ecuatorianas levantaron el paro al cabo de 18 días al conseguir que el gobierno se comprometa a cumplir de manera parcial con algunos de los 10 puntos demandados. El paro fue levantado por un periodo de 90 días para monitorear el cumplimiento de los términos acordados.