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Cristóbal Colón y la persistente confusión entre trueque y economía del valor

Fuentes: Rebelión

Una confusión teórica que se niega a morir en el debate del Socialismo del Siglo XXI, es la identificación de la economía de equivalencia con el trueque. Hay dos vertientes en esta equivocación. La derecha la promueve porque lleva la teoría ad absurdum. En otros casos, se debe a la falta de formación económica y […]

Una confusión teórica que se niega a morir en el debate del Socialismo del Siglo XXI, es la identificación de la economía de equivalencia con el trueque. Hay dos vertientes en esta equivocación. La derecha la promueve porque lleva la teoría ad absurdum. En otros casos, se debe a la falta de formación económica y la tentación al debate fácil, sin documentación previa. Dado que el Socialismo del Siglo XXI está en vísperas de su fase de implementación, es necesario explicar en forma sencilla las diferencias entre trueque e intercambio equivalente. (Ver también el capítulo 7 de mi libro, Hugo Chávez y el Socialismo del Siglo XXI.)

 

1. Cuando una persona trata de obtener libremente de otra persona un bien o un servicio, puede pagar de tres formas: 1. con dinero; 2. con trabajo; 3. con productos. Históricamente las tres formas han coexistido durante cinco mil años, pero hoy día domina la economía monetarizada, en la cual el dinero real o virtual (tarjeta de crédito) mediatiza los intercambios. En el feudalismo era frecuente el pago en trabajo, por ejemplo, cuando el Señor (latifundista) le arrendaba al minifundista una parcela para su usufructo, y éste le pagaba trabajando gratuitamente cierto tiempo en los dominios del Señor (renta en trabajo).

 

2. La tercera forma suele llamarse trueque, barter en inglés y francés y Naturaltausch en alemán. Puede definirse como un intercambio libre de productos o servicios en su forma natural, sin mediación o intervención del dinero.

 

3. El espacio físico o virtual en que se encuentran oferta y demanda y donde se lleva a cabo el intercambio de productos y servicios, se llama mercado. Puede ser una tienda, un supermercado, una bolsa de valores, un burdel, E-bay, etcétera.

 

4. La forma de pago con que se realiza el intercambio no dice absolutamente nada sobre la justicia del mismo. El pago en forma de trueque puede ser tan injusto y explotador como el pago en forma monetaria (mediante dinero) o en forma de trabajo vivo. El delincuente Cristóbal Colón es un buen ejemplo de esto: cambió espejos por oro. Si el trueque fuera igual a la economía de equivalencias, entonces Colón hubiera sido un socialista del siglo XXI.

 

5. Si la identificación del trueque con el intercambio justo es falsa, entonces: ¿Qué es lo que determina la justicia del intercambio? Para resolver esta incógnita hay que determinar primero, cuando un intercambio es «justo». Podemos decir, que un intercambio es justo, cuando ninguna de las personas que participan en él, es explotada. Esta condición —ausencia de explotación— se cumple, cuando en el intercambio se entregan exclusivamente esfuerzos laborales iguales. Esos esfuerzos, medidos en tiempo, se llaman en la economía política «valores». Objetivamente justo es un intercambio, por lo tanto, cuando todos los participantes se quedan al final de las transacciones con valores (esfuerzos) iguales o equivalentes.

 

6. Lo que determina la justicia de un intercambio no son, por consiguiente, las formas de pago, sino los términos de intercambio (terms of trade, T.o.T.), ya identificados por Adam Smith para el comercio internacional como el intercambio de volúmenes o cuantidades de trabajo concretizado.

 

7. En conclusión: Para que el intercambio, en cualquier momento de la historia y en cualquier tipo de economía, sea justo, es imprescindible que existan dos condiciones: 1. los sujetos económicos que realizan el intercambio, necesitan conocer el valor objetivo (tiempo incorporado) de cada producto/servicio; 2. tiene que haber un poder real (Estado, ética, control público) que garantiza el cambio de equivalentes, es decir, valores o, lo que es lo mismo, esfuerzos laborales cuantitativamente iguales.

 

8. Crear sustitutos monetarios locales (scrip) o volver a la economía natural (trueque), para escaparle a las maldades de la crematística es, hoy día, una propuesta feudal que no tiene sentido: a) porque no resuelve los dos prerequisitos funcionales de la justicia expuestos en el punto anterior, y b) porque genera un problema adicional de conversión del equivalente general «dinero», debido a que la comunidad tiene que adquirir gran parte de sus productos (electricidad, energía, medicamentos, transporte, ropa, etc.) en el mercado nacional-internacional que opera con la moneda oficial y en dólares/euros. Puede ser bien intencionada la idea, pero no sale de lo que en ciencias económicas se llama la «ilusión monetaria».

 

9. En la crematística, el intercambio se realiza vía el precio, no el valor. Esto es así porque el precio es la expresión del poder de cada sujeto económico en las esferas de circulación (mercados). El más poderoso determina el precio, que, a su vez, es el instrumento de apropiación del excedente económico. En una sociedad de clase el poder está en manos de las elites dominantes. Quitarles el sistema del precio mediante el sistema del valor, significa quitarles su mecanismo de acumulación del capital y, en consecuencia, su existencia como clase dominante. La derecha ha entendido esto, la «izquierda» sectaria y dogmática no, y el socialoportunismo evade el debate.

 

10. El primer paso decisivo hacia la sociedad postcapitalista es éste. Ni ideas románticas, ni desconocimientos económicos, ni maniobras confusionistas de la derecha o del sectarismo deben desviar el gran avance del Socialismo del Siglo XXI, ahora que el concepto ha sido aceptado como valor positivo por las mayorías en Venezuela, Ecuador y Bolivia y que puede convertirse en la nueva fuerza telúrica mundial que fue el Socialismo histórico en su momento.

 

 

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