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Comentarios a Socialismo y burocracia La Revolución Usurpada, de Joaquín Sagaseta y Arturo Borges

Cuando la «dialéctica» se enfrenta al Estado

Fuentes: Rebelión

Estando básicamente de acuerdo con la crítica que Joaquín Sagaseta y Arturo Borges hacen sobre el proceso de desarrollo burocrático que tuvo lugar en lo que fue la extinta URSS (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=39235) , sin embargo o más bien por ello surgen los comentarios que dan lugar a este trabajo. Hasta hace poco tiempo creía que el […]

Estando básicamente de acuerdo con la crítica que Joaquín Sagaseta y Arturo Borges hacen sobre el proceso de desarrollo burocrático que tuvo lugar en lo que fue la extinta URSS (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=39235) , sin embargo o más bien por ello surgen los comentarios que dan lugar a este trabajo.

Hasta hace poco tiempo creía que el tema de mayor confusión existente en el mundo político, fundamentalmente y sobre todo en el mundo marxista, era sobre la función histórica del Estado, como manifestación estructural y superestructural de la clase social en el poder. Pero es evidente que a esa incomprensión la precede la incomprensión del método de análisis materialista dialéctico. Sin ese dominio los «dialécticos» análisis sobre la burocracia y el Estado son un tanto idealistas, se quedan en denunciar los efectos negativos de la mala actuación de los que como partido asumieron el poder en el socialismo, sobre todo al referirse al «Estado Soviético», a la actuación burocrática de los personajes organizados partidistamente, pero sin entrar en algo básico del marxismo como es su relación sobre la función histórica del Estado, entrar en el fondo de por qué fue posible esa falta de unidad dialéctica que es la estructura y la superestructura del Estado como parte del ser humano en cada momento histórico, desde la realidad económica-social-productiva del momento histórico en que tuvo lugar y que objetivamente influyó de forma determinante, (ya lo dijo Lenin al día siguiente del triunfo de la revolución soviética, no se dan las condiciones objetivas para que el socialismo pueda mantenerse) lo que de hecho induce a mantener, en contra de lo que Marx consideraba no se debía hacer: «Colgar al Estado del cielo». Y lo más grave contribuir a que nos dejemos de caer e integrarnos en el falso juego democrático burgués. Evidenciar no saber instrumentalizar revolucionariamente su legalidad «democrática» burguesa, para alternativamente y paralelamente generar la organización de la verdadera democracia directa y permanente, y con esa visión instrumentalizadota, que se puede y debe hacer, desde esa combinación de lucha legal e «ilegal», desde la lucha contra el poder capitalista hacia el poder socialista. Finalmente, esa forma alternativa de organización participativa permita que todo el pueblo se integre y se consolide como forma de poder de democracia directa permanente en el nuevo Estado alternativo que tiene que ser el Estado socialista.

La burocracia como característica principal del capitalismo, no se elimina por el simple hecho del derrocamiento del capitalismo y el triunfo de la revolución socialista, los hábitos burocráticos heredados (si bien bajo otro ideal) solo se eliminan cuando el desarrollo material, cultural y político del conjunto del pueblo trabajador organizado como clase dominante llega a tal grado de comprensión que todo el pueblo lo asume en la práctica, sin ninguna necesidad de organización partidaria dirigista. Ello implica, tener muy claro cual es el papel del partido y de las masas trabajadoras en el proceso de consolidación del socialismo en su avance hacia el comunismo. Ser ejemplo de democracia participativa, sin el mínimo de actuación burocrática desde la cohesión ideológica marxista, que solo es posible tener desde la permanente actualización, que supere la idealización dogmática, que sirva como guía revolucionaria en cada momento y ante cualquier situación. Tener muy claro cual es el papel de los trabajadores como sujeto histórico político-productivo de la nueva sociedad, y el del partido, no como vanguardia excluyente, sino como vanguardia dirigente que de hecho debe ser por ser dominador de la filosofía con base científica que es la marxista, del método de análisis materialista dialéctico, dirigente en el sentido educador y propiciador de la participación popular desde abajo, desde los centros de producción y demás actividad social, cultural y educativa, hasta la cúspide de poder, de la gran pirámide en que se asienta la nueva sociedad sin explotadores.

Ni Marx, ni Lenin se inventaron una reglamentación alternativa del proletariado organizado como clase dominante, lo que si tenían claro era en qué se debía basar ese poder, en contra de la democracia burguesa donde el pueblo delega su responsabilidad política en la llamada clase política, una estructura participativa permanente que permitiera el control y la revocación de los elegidos a las diferentes funciones de responsabilidad de la nueva estructura y superestrutura de los trabajadores ya en el poder. Marx lo vio tras la experiencia y ejemplo en lo positivo y lo negativos de la Comuna de París, y Lenin tras el Soviet de 1905. Tampoco o más bien no comprendimos, aunque en su obra está implícita la unidad dialéctica del moderno ser humano, del ser productivo-político, esa cualidad del nuevo ser una vez liberado del trabajo enajenado capitalista1. Lo que se manifiesta en la actual práctica y teoría de seguir dando carácter y valor permanente a los viejos conceptos de la sociedad dividida en clases sociales antagónicas, sociedad civil y clase política, admitir como inmutable esa realidad para la sociedad capitalista y de hecho en la socialista cuando el partido dirigente comunista no se libera de lo que implica esa terminología con mentalidad burocrática divisionista del capitalismo, que ya no tiene sentido en el socialismo, todo el pueblo trabajador ya es político-productivo, debe ser participativo político-productivo democrático en todo momento, claro está, siempre que se tenga claro cómo debe ser el Estado participativo que lo posibilite desde la realidad material de cada lugar, de las condiciones existentes en cada país.

El propio título «La Revolución Usurpada» induce a los comentarios anteriores y los siguientes, a preguntarnos, ¿quiénes usurparon? Esta pregunta implícita nos hace plantearnos quienes son los usurpadores, ver que se obvia la relación de la unidad dialéctica del ser humano con la Revolución-Estado socialista desde la realidad material del momento histórico. Es evidente que los usurpadores no fueron los bolcheviques, que si consiguieron convencer al pueblo para que en vez del Estado con la Duma burguesa fuese el Estado del Soviet el que tomara el poder. Lo que vino después, fue por la prematura muerte de Lenin tras el poco tiempo de su vida tras el triunfo de la revolución, por las difíciles condiciones del momento histórico, de la guerra exterior e interior, de la falta de una clase obrera lo suficientemente desarrollada en la que poder apoyarse la revolución. La eliminación de los mejores cuadros del partido en la guerra, unida a aquel aislamiento exterior e interior influyeron determinantemente (ellos mismos más adelante lo admiten) sobre los objetivos de la revolución, que obligó a que asumiera el protagonismo dirigente al propio partido, gentes que abordaron con entusiasmo como tarea urgente, superar los condicionantes materiales, para que el pueblo no muriera de hambre, preocupados en que se sentaran las bases de desarrollo productivo que permitiera superar el aislamiento económico, aun a costa de que se cercenara el poder soviético leninista. Se adoptaron medidas burocráticas dirigistas al estilo capitalista que nadie puede negar permitieron un salto gigantesco en aquel atrasado país, incluso en el aspecto militar que fueron determinantes en la lucha contra el nazismo (que también reconocen). Medidas que no se modificaron cuando se dieron las condiciones objetivas para que el socialismo participativo fuese asumido por todo el pueblo, devolviendo el poder en manos del partido a los soviets de los trabajadores que necesitaban organizarse desde los centros de producción, y demás actividades sociales, educativas y culturales, administrando el poder desde abajo, desde esos lugares naturales donde el ser humano productivo y político puede ejercer y desarrollarse en su plenitud de forma permanente. Ese fue el gran fallo del partido dirigente, que se convirtió en excluyente, al no asimilar el marxismo en su base materialista y dialéctica: el carácter y función histórica del Estado, no solo en su fondo, sino en su forma organizativa burguesa y proletaria. No podemos olvidar que la idea leninista del soviet fue suplantada a propuesta de Stalin por la constitución aprobada el 11 de junio de 1936, que se llamaba soviética, pero que no lo era, respondía a una práctica que se había institucionalizado.

Esta incomprensión que reproducimos en negrita sintetiza la base en que se sustenta su análisis: «Toda la vasta elaboración de Mao Tsetung sobre la «línea de masas» se inspira en el temor a las distorsiones burocráticas y al poder de esa burocracia. Excepcional significación reviste que el propio programa de los bolcheviques desde 1919 introdujera la expresión «Estado obrero con deformación burocrática» para referirse al proceso revolucionario en curso en Rusia. Al respecto Lenin indicaba tiempo después: «En el programa de nuestro Partido vemos ya que nuestro Estado es obrero con una deformación burocrática, hemos tenido que colgarle esa lamentable etiqueta, ahí tenéis la realidad del periodo de transición» (Lenin. Los sindicatos en el momento actual y los errores de Trotsky . Obras Completas. T. XXXIII . Ed. La Habana). De alguna al personalizar se culpabiliza a Lenin, en vez de resaltar el fondo material que dio lugar a esa situación. Lenin en su discurso a los sindicatos no tenía ningún temor teórico sobre el Estado, al criticarla no idealizaba el poder de la burocracia en si misma, sino que la situaba en la realidad material de aquel momento histórico, reconocía que el poder soviético no funcionaba, se dirigía a los sindicatos organizados como vanguardia obrera que eran para que asumiesen la nueva realidad que debía ser el poder soviético, para que se elevasen de organización reivindicativa que hasta entonces eran a organización de poder obrero, con la que poder superar la deformaciones burocráticas que suponía el poder en manos del Partido y no directamente en manos de los propios trabajadores ya organizados como clase dominante, con su forma de poder basada en la democracia directa permanente desde abajo. El Estado era obrero en cuanto al ideario, pero por los condicionantes materiales, no lo era en cuanto a los obreros organizados como clase dominante desde abajo, desde los centros de producción, dirigiendo la producción y toda la política. Esa forma, que sustituyese a los directores de fábrica burguesas, cuya autoridad fue asumida por los comisarios políticos del partido, en un principio controladores del boicot que los directores zaristas hacían. Todo el mensaje de Lenin conducía a esa necesidad de que el pueblo asumiese directamente el poder. Pero en tanto ello no era asumido, la transición, la realidad material imponía burocracia que permitiera que funcionase la producción y toda la administración pública. En ningún momento pretendió que desde el lamento se justificase o admitiese esa necesidad burocrática, sino incitar a que los obreros asumiesen esa responsabilidad dirigente, aun consciente de que en su práctica se cometerían errores que serian superados por ellos mismos en el transcurso de la existencia del poder soviético, mediante la comprensión y la participación permanente del pueblo en el nuevo poder proletario. No se puede tampoco caer, interpretar, que sin la defensa de la «línea de masas» se induzca admitir que el «Estado» se puede distorsionar burocráticamente, sino que el Estado hasta entonces y ahora colgado del cielo debía ser descolgado, ser ya la línea de masas actuando, un Estado muy real, muy material, que nada tiene que ver con el material Estado burgués, el Estado del proletariado organizado como clase dominante desde abajo hasta la cúspide gobernante, administrando todo el poder, el político y el productivo.

Seguiremos ampliando los comentarios que suscita la lectura.

1 Marx Manuscritos Económicos y Filosóficos, El trabajo enajenado. Cómo ya en su crítica al Programa de Gotha, Marx resalta que el obrero una vez liberado del trabajo enajenado, el trabajo se convierte en su primera necesidad.