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Bandas armadas abandonan sus actividades delictivas

Cumaná: donde la vida está venciendo a la muerte

Fuentes: Rebelión

Tiroteos que iban y venían en los enfrentamientos que a diario se registraban en Brasil, el barrio más rojo de Cumaná, capital del Estado Sucre, causando el pánico de sus habitantes y un sin número de muertes de inocentes que enlutaban a muchos hogares. Después de las cinco de la tarde nadie salía de su […]

Tiroteos que iban y venían en los enfrentamientos que a diario se registraban en Brasil, el barrio más rojo de Cumaná, capital del Estado Sucre, causando el pánico de sus habitantes y un sin número de muertes de inocentes que enlutaban a muchos hogares. Después de las cinco de la tarde nadie salía de su casa: había prácticamente un toque de queda. Hoy el barrio se ha pacificado, ya sus habitantes transitan tranquilos en sus atardeceres. Pero ¿cómo ha ocurrido ese milagro?

Estos resultados no se lograron de la noche a la mañana. Han sido el fruto de un arduo trabajo que ya lleva más de seis años. Fue iniciado en el año 2000 por un grupo de hermanas y pastores evangélicos agrupados en la Fundación Ministerio Evangélico Musical Sentimiento Cristiano (Memsc). A su cabeza ha estado el pastor José Luis Marcano, galardonado con la medalla Negra Hipólita por el Presidente de la República a través del Ministerio de Desarrollo Social y Participación Ciudadana en enero del 2006.

Su trabajo no empezó en forma planificada, fue fruto del azar. José Luis nos narra que un día robaron algunos instrumentos musicales en el Instituto de la Música que el dirigía y fue entonces cuando, para tratar de recobrarlos, hizo el primer contacto con dos de las principales bandas armadas del Barrio Brasil: los Sánchez y los Carteluos, pensando que allí podría conseguir pistas para recuperar los objetos desaparecidos. Ellos le explicaron que no robaban a los vecinos y menos ese tipo de cosas, pero que ellos conocían quienes había hecho la fechoría. Así se inició un diálogo y un acercamiento que ha crecido con el tiempo.

«Al comienzo estos muchachos desconfiaban porque pensaban que yo los iba a denunciar a sus enemigos. Muchas veces intentaron asesinarme, pero, gracias al amor, la paciencia y tolerancia que Dios ha puesto en mi corazón, es que he podido soportar este duro trabajo – nos cuenta el pastor-.»

Finalmente llegaron a la conclusión de que José Luis sólo quería ayudarlos. Con su paciente trabajo logró irse ganando el respeto tanto de los líderes como de los demás jóvenes integrantes de las bandas.

Una vez ganada la confianza, el segundo paso fue tratar de detener los tiroteos. José Luis nos explica cómo logró ese objetivo: «Les hablé de una tregua y me comentaron que eso era muy difícil ya que había muchos muertos entre ellos, pero insistí y se llegó a un acuerdo de enviar a un emisario de una de las bandas para que mediara con la otra y si regresaba vivo ellos creerían en la seriedad de la intención de paz de la otra banda. Cuando el primer joven de una de las bandas regresó con vida, la otra, a su vez, envió su emisario. Luego los líderes de las dos bandas se reunieron conmigo en la oficina de la Fundación y allí acordaron dejar atrás ese pasado delictivo para empezar un proceso de recuperación de sus vidas y las de sus familias.»

La Fundación Memsc extendió el trabajo de pacificación hacia las demás bandas del barrio, aplicando las mismas herramientas que había aplicado a las dos primeras: charlas cristianas en las que se les hablaba del perdón y la paciencia que Dios ha tenido por medio de Jesucristo; espacios de convivencias entre los integrantes de las bandas y los pastores para crear una atmósfera de confianza entre ambas partes; juegos deportivos entre las distintas bandas (futbolito, básquetbol, pelotita de goma) para lograr un espíritu de sana competencia e intercambio amistoso; paseos recreacionales para compartir entre todos.

Piden trabajo y que la policía deje de tratarlos como delincuentes

A fines del año 2005 soy comisionada por el Ministro de Participación Popular y Desarrollo Social, General García Carneiro, para impulsar el programa Negra Hipólita en el Estado Sucre, y estando allí conozco esta experiencia a través del alcalde Enrique Maestre, quien venía hace ya algún tiempo apoyando a la Fundación Memsc con instrumentos musicales. Aunque no estaba en mi agenda, decido ir a visitarlos, me reúno con alrededor de 60 jóvenes que ya estaban en franca recuperación. Me entusiasmo mucho con lo que ellos me cuentan de su proceso de transformación. Escucho sus demandas. Dos eran las principales: lograr trabajo estable y conseguir que la policía deje de tratarlos como delincuentes y les de una oportunidad para que puedan rehabilitarse.

Esa noche llamo al gobernador del Estado Sucre, Ramón Martínez, quien manifiesta su disposición a reunirse con ellos a la mañana siguiente. En esa reunión, a la que asiste también el jefe de la Policía del Estado Sucre, el gobernador les ofrece participar en su Programa: «Desarme por Ocupación y Alimentación» más conocido como DAO (llevado adelante por Fundasoe)[1] y les garantiza que les dará unas credenciales para que no tengan problemas con la policía. Les habla de organizarse en cooperativas de construcción para lograr tener un trabajo estable y se compromete a entregarles un aguinaldo de Navidad. ¡Había que ver la alegría de esos muchachos con tan buenas noticias!

Mientras se creaban las condiciones para la inserción de estos jóvenes en el trabajo productivo, tanto el gobernador como el alcalde decidieron proporcionarles trabajo en la limpieza de la ciudad. Durante un tiempo la gobernación atendió a 200 muchachos y algunas muchachas, pero como el ejemplo cundía y las demandas eran muchas, el alcalde, con la colaboración del Ministerio de Participación Popular y Desarrollo Social, tuvo que atender a 300 muchachos más. A todos ellos se les pagaba un salario mínimo durante 6 meses y se les ha facilitaban instrumentos de trabajo.

Estas actividades han sido muy bien acogidas por los vecinos y vecinas de la comunidad de Brasil y otras aledañas. La gente está feliz porque se acabaron los tiroteos y las muertes y su ciudad está más bonita. Por su parte, los muchachos sienten que con su acción están reparando de alguna manera el daño que antes le hicieron a la comunidad.

Por supuesto que algunos de esos jóvenes en ocasiones fallan. Si las faltas son severas son retirados del Programa y es el propio grupo el que los enfrenta. «Nos costó tanto construir una buena imagen de nosotros, cómo vamos a destruir todo lo logrado por la conducta de unos pocos -expresa uno de ellos-.»

Ahora los buscan para disuadir a otros a seguir por el mal camino

Su transformación es cada vez más conocida en Cumaná. Directores de escuela, de liceos y organizaciones comunitarias los llaman a conversar con los escolares para disuadirlos de seguir por el mal camino. Su historia personal es la mejor lección. Hubo una iniciativa de crear una cooperativa con un grupo de ellos para realizar esta labor en todo el estado, pero finalmente ésta no se materializó. También han apoyado a la Misión Negra Hipólita haciendo un censo sobre las personas que viven debajo de los puentes y han empezado a visitar las casas de alimentación para ver cómo se está dando la atención a la población que acude a esos lugares.

La metamorfosis en algunos casos ha sido tan profunda que hay antiguos jefes de bandas que hoy han llegado a transformarse en líderes positivos de sus comunidades. Ese es el caso José, jefe de la banda de los Sánchez, quien fue electo vocero de su consejo comunal.

Lo que no siempre se ha logrado es un cambio profundo entre los policías. Aunque la mayoría ha logrado entender y apoyar el cambio interior de los jóvenes, quedan algunos que abusan de su autoridad: los matraquean, los amenazan y, muchas veces, los golpean injustamente.

Hacia una inserción en la actividad productiva

Por otra parte, el proyecto productivo avanza. Mientras la gobernación está montando algunas cooperativas, se ha llegado a un acuerdo con un grupo de empresarios encabezados por Sergio Pandozzi para crear la Empresa de Producción Social GRAMA que inaugurará una experiencia piloto al dar trabajo a 150 jóvenes en los inicios e ir creando condiciones para absorber a un número cada vez mayor de muchachos. Ya ellos han conformado su cooperativa de trabajo y, si se resuelven los cuellos de botella burocráticos que han impedido que el proyecto avance al ritmo deseado, muy pronto Cumaná podrá disponer de kits metálicos y marcos de puertas y ventanas fabricados por estos jóvenes para abastecer el mercado de la vivienda.

A fines del 2006 se había logrado pacificar la asombrosa cifra de 18 bandas y de esos jóvenes, 600 han estado siguiendo cursos de formación general y el 7 de mayo comenzaron cursos de capacitación profesionales, acreditados por el INCE, la Consultora Arrecife y la Fundación Memsc, en las área de herrería, carpintería, electricidad, electrónica, telecomunicación, panadería, computación e informática, pesca, repostería, cultivo organopónico, mecánica de motores fuera de borda, fabricación de botes y peñeros. También hay un grupo de 50 jóvenes que se han insertado en el sistema escolar formal, 35 en las distintas misiones y 15 a nivel universitario.

El ejemplo del trabajo de la Misión Vida ha trascendido el Estado Sucre. A Mérida se trasladó uno de los muchachos, Julio César Salas y empezó a trabajar en uno de los barrios más rojos, donde las bandas no dejaban entrar los camiones con bombonas de gas y otros vehículos. Hoy todo se ha normalizado. Un comandante de la policía me dijo: «¡Julio vale por 100 policías!

Esperamos que este sueño hecho realidad se desparrame por toda Venezuela y más allá de sus fronteras, reafirmando así que cuando se junta el amor, la dedicación y la entrega de unos, con la voluntad de cambiar y deseos de vivir en paz de otros, y se cuenta con el apoyo institucional de un gobierno que ha elegido «echar la suerte» con los pobres de la tierra -como decía José Martí- todo es posible.



[1]. Los jóvenes de las bandas han preferido denominar al Programa Misión Vida, porque al pacificarse han empezado a desaparecer las muertes y los muchachos empiezan a descubrir lo que es una nueva vida en paz y armonía entre ellos y con sus respectivas comunidades.