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De equivocaciones y de responsabilidades políticas en torno golpe de Estado de 1973

Fuentes: Rebelión

La discusión relativa, con ocasión del fallecimiento del exsecretario general del Partido Socialista de Chile (1971-1979) Carlos Altamirano, no es saber quién o quienes tenían política o estratégicamente, la razón durante la Unidad Popular (UP) o si él es uno de los actores responsables de «apurar el golpe de Estado» como lo han expuesto los […]

La discusión relativa, con ocasión del fallecimiento del exsecretario general del Partido Socialista de Chile (1971-1979) Carlos Altamirano, no es saber quién o quienes tenían política o estratégicamente, la razón durante la Unidad Popular (UP) o si él es uno de los actores responsables de «apurar el golpe de Estado» como lo han expuesto los medios de comunicación e incluso sectores de la izquierda nacional, requiere exponer ciertos antecedentes para delimitar el curso histórico de los acontecimientos que condujeron al derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular y de Salvador Allende.

El punto de partida a considerar es el hecho de que Salvador Allende y la UP y el movimiento obrero y popular en 1970, al ganar las elecciones presidenciales de ese año, abrieron y dieron curso a un proceso político e histórico que, desde cualquiera perspectiva marxista de análisis, era revolucionario. Fundamentalmente, pues este, modificaba, alteraba las bases materiales del capitalismo dependiente nacional. Afectando, especialmente, a quienes detentaban el control de los medios de producción. La UP, desde el inicio del gobierno, comenzó a expropiar el poder social, político y económico del capital: la nacionalización de las riquezas básicas, los bienes privados se volvían comunes; la estatización de la banca extranjera; la reforma agraria, la expropiación de las empresas de comunicación y de las industrias, etcétera. Todo esto significaba que el poder de los capitalistas tanto extranjeros como nacional, comenzaba a extinguirse en la sociedad chilena y emergía el poder popular y de los trabajadores.

Este proceso, requería ser defendido con todo el poder dispuesto por los trabajadores y sectores populares. Y, la única forma de hacerlo, no era con consignas en los muros como «No ha Yakarta» o con multitudinarias marchas portando coligues, sino, con armas, o sea, con la preparación para practicar la «violencia política revolucionaria. Para ello era necesario la conformación de una estructura político-militar-popular masiva. Eso no se hizo. Ninguno de los partidos populares: el PSCh, PCCh, el Mapu, la IC o el MIR, estuvieron preparados para ello. Todos fracasaron. Incluso aquellos que resistieron y combatieron el 11 de septiembre de 1973.

Sin embargo, no fracaso el gobierno de Salvador Allende y la UP. La derrota de la UP, estuvo, en la no preparación militar, para defender no la democracia liberal ni de sus instituciones, un «sistema de mierda», como lo calificó Gabriel García Márquez, sino la Revolución Socialista Chilena impulsada desde 1970 por el gobierno popular. Había que defender todas las conquistas logradas para el pueblo y la clase trabajadora chilena.

Si bien, «la vía chilena al socialismo» era inédita, no prevista por los clásicos, tal como lo dijo Allende, el 4 de noviembre de 1970, al asumir el gobierno. Marx y Engels, si habían previsto: que la clase dominante no iba entregar el poder ni menos ser despojados del control del capital, de manera tranquila y pacíficamente, aceptando y acatando los resultados producidos por la democracia liberal, no lo iban permitir. Por esa razón, el enfrentamiento de clases era inevitable, así, lo había demostrado la revolución francesa, la revolución rusa, china y cubana. Y, por qué, iba ser diferente en el caso chileno. Y, menos aún en el contexto de la «guerra fría». Ni de la posición geopolítica y militar estadounidense en la región. Todo hacía indicar que el «golpe de estado» era posible. Así, lo tenía previsto el gobierno estadounidense desde fines de los años cincuenta. Allí están los testimonios históricos que lo confirman.

Sin embargo, ciertos sectores de la Unidad Popular e incluso el propio Allende, confiaron y depositaron una «fe», yo diría, irracional y, para nada marxista-leninista, en creer que la burguesía nacional e internacional iban a respetar un proceso político e histórico que modificaba toda la estructura de poder de la sociedad chilena. Eso, no lo aceptaron, se movilizaron con todos sus recursos para derrocar al gobierno y dar inicio al peor genocidio popular que ha experimentado la sociedad chilena desde su constitución como Estado independiente.

Allende tenía una visión equivocada de las FF. AA. Lamentablemente, la izquierda chilena de la época tuvo un gran miedo, un gran temor, que la paralizó y le impidió actuar racionalmente, con el objeto de ganar y capturar el poder total. Para ello, era necesario defender el proceso político, con la violencia revolucionaria. Aunque ello suponía, desatar la «guerra civil», dividir a la FF. AA, quebrar el orden constitucional, etcétera.

El miedo a la «confrontación armada». Ha sido el límite de la izquierda chilena. La clase dominante, en cambio, nunca ha temido a desencadenar una «guerra civil»: lo hicieron en repetidas veces en el siglo XIX. Nunca les tembló la mano para reprimir a la clase trabajadora, exterminar a los pueblos originarios, mapuches, onas, entre otros; ni tampoco para bombardear a La Moneda, con el objeto de defender sus privilegios y granjerías, tal como lo dijo Salvador Allende, el 11 de septiembre; y perpetrar, como he dicho, el peor de lo genocidios de nuestra historia. Mientras que la izquierda se paraliza ante esa posibilidad.

El derrocamiento por la fuerza del gobierno popular no se iba a detener ante la institucionalidad democrática. Más aún si el proceso seguía avanzando por los cursos legales y democráticos. El «golpe» fue el recurso final de la burguesía nacional, al comprobar que las vías institucionales se les cerraban y potenciaban a la UP.

Por lo tanto, los equivocados fueron los partidos y los dirigentes de la UP como también de Salvador Allende cuando se rehusó armar al pueblo y cerrar el Congreso Nacional, El Mercurio, el 29 de junio de 1973. Las revoluciones se pelean y defienden. Y, para desgracia de nuestro pueblo., En septiembre de 1973, no hubo condiciones para ello.

Pienso que muchos o todos estuvieron equivocados. En realidad, más que equivocados. no estuvieron preparados para aquello que el Partido Socialista de Chile, había planteado en 1967: la resolución del conflicto en la sociedad chilena se iba definir por la vía armada. Y, eso fue el Golpe de Estado de 1973. Y, tal como dijeron, los socialistas en el documento de marzo de 1974, y más tarde, en 1977, Carlos Altamirano, en su Dialéctica de una Derrota, su partido, había fracasado en estar preparados para defender el proceso revolucionario de la UP.

Por último, Allende se equivocó, al pensar que las clases capitalistas como sus organizaciones políticas iban a respetar la democracia. Si bien, la democracia funcionaba, pero, todos los opositores conspiraban contra el gobierno popular, lo hacían en el parlamento, en el poder judicial, en las fuerzas armadas, en los medios de comunicación, en las universidades, etcétera.

Se equivocó al pensar que la Democracia Cristiana, partido que representaba a los sectores medios, estaba dispuesta a defender al Gobierno. Aylwin, Frei, Hamilton, y otros estaban dispuestos a sacrificar la «democracia liberal» con el objeto de defender el régimen capitalista. Y, así lo hicieron. Que más tarde se arrepintieran de apoyar a la dictadura es otra cosa. Pero, nunca se han arrepentido de su obtusa oposición al gobierno de Allende. Los grandes responsables de la tragedia de Chile en 1973, son las burguesías nacionales, internacionales, las clases medias, las fuerzas armadas, entre otros. Culpar o responsabilizar a dirigentes de la UP o del MIR, es un gran equivoco político e histórico. Hubo errores y equivocaciones en todos los actores de la UP. Pero, el golpe de Estado y el genocidio popular es responsabilidad de los actores ya señalados.

Apuntar, en consecuencia, a que Carlos Altamirano, como Secretario General del PSCh, sea responsable del golpe de Estado, no pasa de ser una estupidez o torpeza política que solo sirve para ocultar a los verdaderos responsables del derrocamiento del gobierno popular.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.