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Reseña de la película El joven Karl Marx

De la prohibición de recoger madera a las guerras del agua en Bolivia

Fuentes: Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Esta reseña está dedicada al experto cinematográfico Teshome H. Gabriel
 

 El joven Karl Marx, dirigida por Raoul Peck en 2017, une los inicios idealistas y realistas de un joven Marx, que fue el primero en argumentar afectivamente contra de la producción por parte del capitalismo de una «plétora de miseria». Esta filosofía elaborada por Marx y Friedrich Engels fue una filosofía imperecedera y activa comprometida con la dignidad humana y la justicia social. Marx y Engels son dos oleadas del intelecto que convergen en una sola. Ambos cambiaron toda la discusión entre las circunstancias del tiempo real y las teorías etéreas.

Los pilares del capital se tambalearon en 1848 con la llegada del subversivo Manifiesto comunista escrito por Marx y Engels. Es uno de los libros más leídos, el segundo después de La Biblia. Tanto Marx como Engels quisieron hacer caer el velo para que se unieran los trabajadores del mundo y se libraran de sus propias condiciones opresivas. Se había desenmascarado el mito del capitalismo.

Es una película jovial con el espíritu de un director que no tiene la menor duda acerca de los daños de un despiadado y corrupto sistema global que sigue enajenando y explotando cada aspecto de la vida. Peck rebate el modelo cinematográfico de Hollywood en el que lo único que progresa es la acción y prácticamente nunca una línea argumental que evoluciona a medida que evolucionan las ideas. «El joven Karl Marx» es un breve susurro de una película que invita al espectador a seguir investigando por su cuenta. Es una película destinada a no ser un éxito de taquilla. En vez de ello, se ha hecho sin fecha de caducidad para poder ser digerida en cualquier momento.

La persecución brutal por parte de despiadados terratenientes de los campesinos que recogen leña del suelo es una escena evocadora, que debió de molestar a Marx y provocar su indignación. La prohibición de recoger leña del suelo fue igual de alarmante que las guerras del agua en Bolivia en las que se prohibió a los indígenas recoger agua de lluvia sin permiso en 1999 (1).

Esta película solo la podría haber hecho una persona que cree en la liberación y entiende la explotación. Nacido en Haiti, su director Raoul Peck no es ajeno a la estratificación social que existe en el sur global. Elementos de juventud, debate, investigación, filosofía, sociología, política y economía convierten a Marx en una piedra inca de doce ángulos: un pensador multidimensional cuyo enfoque de la historia proviene de numerosas disciplinas y se basa en ellas.

A diferencia de la fórmula de Hollywood de películas con fines de lucro sensacionalistas, de aventuras y escapistas que están dirigidas al bolsillo y a la parte física de los espectadores, Peck reúne las emociones, los sentimientos y el intelecto como una consolidación necesaria para un potencial despertar de una conciencia que nos puede acercar a entender el funcionamiento malévolo de un sistema mundial. ¿Por qué dedicaría y sacrificaría Marx toda su vida a investigar, estudiar y denunciar la filosofía de una economía que se estructura en torno al beneficio por encima de las personas? ¿Cómo podría entender a Marx la generación actual si no fuera con la ayuda de la narrativa visual? Es una película que llega en el momento oportuno y trasciende unas capas de filosofías dedicadas a interpretar el mundo que Marx ya no consideraba válidas. Era necesario el cambio. La mujer de Marx, Jenny von Westphalen, y sus hijas tuvieron una enorme importancia a la hora de dar forma a la batalla para liberar las ideas contra lo que Marx describió como «el agua helada del cálculo egoísta del burgués». Peck reconoce hábilmente el papel que desempeñó Jenny como piedra angular de la vida de Marx .

En la película hay momentos de duda que fueron esclarecedores para que cualquier movimiento o individuo progresista vea las posibles fisuras que pueden surgir de un análisis no realista durante un debate: aquellos que solo quieren llevarse bien, hablar de hermandad y alentar las sombras, y aquellos que consideran las condiciones materiales de «lo que es» como punto de partida.

En una escena un carismático orador, Wilhelm Wietling, afirma que cuando las críticas se acaban terminan devorándose a sí mismas. Probablemente es uno de los puntos más esclarecedores del diálogo de la película que parece ser el caso hoy en día. Abundan múltiples críticas contra el sistema capitalista postmoderno . Se han convertido en una extensión de lo que Marx describía como el filósofo que interpreta el mundo en vez de transformarlo. Según Marx, iba más allá de eso, se trata de una filosofía de teoría y praxis, incrustada en la movilidad horizontal y el movimiento que no se detiene en contemplaciones.

Peck descubre a Marx como un cartógrafo al que se vuelve para que las generaciones jóvenes rastreen y cartografíen la progresión de las ideas en la película. Para él la película es un «instrumento de análisis». Saca a la luz a Marx, Jenny y Engels de forma extremadamente creativa con una energía alimentada por la correspondencia entre los tres. Evita a los biógrafos de Marx y, en vez de ello, va directamente a las obras y cartas de Marx.

La película no es una receta o un programa de cambio. Tampoco se puede esperar que Peck haya embutido volúmenes de historia y teoría en una película de dos horas que entretiene nuestros pensamientos. Su logro es que tiene presencia. «El joven Marx» está abierta a la crítica, al estudio y las preguntas. Aunque los medios de comunicación dominantes la han calificado de película sobre compañeros, sobre una profunda relación de amistad entre dos hombres, etc., ha pasado a formar parte del cine combativo para guiar cualquier conversación referente a la creación de pobreza y la producción del antagonismo de clase.

Enlace de la película:

http://www.imdb.com/title/tt1699518/

 

(1) https://www.thenation.com/article/politics-water-bolivia/  

 

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.