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Entrevista a Xosé Luís Rivera Jácome, miembro del Secretariado de la Confederación Intersindical Galega (CIG)

«Debemos construir la unidad entre las organizaciones de izquierda y de clase, a nivel internacional»

Fuentes: Rebelión

Para el programa Rompiendo Fronteras, conducido con Eduardo Medina Guevara en la Radio del Sur, presentamos una versión ampliada de la entrevista a Xosé Luís Rivera Jácome. Docente de profesión, Xosé es responsable de Relaciones Internacionales y miembro del Secretariado de la Confederación Intersindical Galega (CIG).

Para comenzar, Xosé, nos gustaría analizar la realidad material de la clase trabajadora en Galicia. Frente a los discursos oficiales de recuperación económica, ¿cuál es la situación real en términos de precariedad y pérdida de poder adquisitivo?

Galicia vive una compleja situación por las políticas económicas, el expolio de recursos, el deterioro de servicios públicos, la falta de alternativas laborales para la juventud, las dificultades de vivienda y los ataques a nuestros signos de identidad, como la lengua. La clase trabajadora gallega sufre las consecuencias de la aceleración y acumulación del capital mediante reformas laborales que empeoran las condiciones de trabajo y recortan derechos, convirtiendo al proletariado en un precariado de salarios bajos y empleos inestables. Hoy la pobreza afecta también a quienes tienen empleo.

El Gobierno de España presume de ser el más progresista de la historia y de contar con una ministra comunista, pero aprobó una reforma laboral que consolidó la anterior del Gobierno de Mariano Rajoy en lugar de derogarla. El despido sigue siendo barato y la mayoría de los nuevos contratos son a tiempo parcial o fijos discontinuos. Además, el salario mínimo sigue sin cumplir la Carta Social Europea, siendo insuficiente ante la inflación.

A esto se suma la falta de autogobierno. Galicia es un país rico cuyos recursos son expoliados sin control propio. Por eso fue necesario autoorganizarse. Desde la dictadura franquista construimos el sindicalismo gallego, recordando las revueltas del sector naval en Ferrol y Vigo con los asesinatos de Amador, Daniel y Moncho Reboiras. Así nació la CIG, hoy principal sindicato de Galicia en afiliados y delegados electos. Apostamos por un modelo combativo y de clase donde la fuerza reside en la movilización y la huelga.

La CIG se ha consolidado con un sindicalismo de clase y nacionalista gallego. ¿Cómo se articula la defensa laboral con la soberanía nacional frente al modelo centralista?

Los datos del Instituto Nacional de Estadística lo confirman: Galicia es, junto con el País Vasco, el territorio con más huelgas del Estado y con incrementos salariales superiores a la media estatal. La huelga es un instrumento fundamental y contamos con una caja de resistencia que permite prolongarla sin desamparo económico, decidiendo los acuerdos de manera asamblearia.

A la vez, sufrimos un modelo colonial frente a un Estado español, la UE y transnacionales que explotan nuestros recursos. Galicia produce tres veces más energía renovable de la que necesita sin recibir compensación, mientras se limita la industria naval, la pesca y la ganadería, o se explota la minería para la industria bélica sin procesar aquí el mineral. Esto fuerza la emigración de jóvenes cualificados, demostrando que la defensa laboral es inseparable de la soberanía nacional.

A nivel internacional, Europa atraviesa un momento marcado por el belicismo y la austeridad. ¿Cómo afectan estas directivas a la clase trabajadora gallega?

La deriva de la Unión Europea es preocupante por su sumisión a EE. UU. y la OTAN. El avance de la extrema derecha se facilitó por una izquierda blanda que nunca cuestionó la presencia militar imperialista. El aumento del gasto militar recorta presupuestos en sanidad, educación y servicios sociales, culpando a la población migrante que resulta indispensable para los cuidados y las pensiones. En Galicia, esta economía de guerra frena inversiones civiles por infundados temores de espionaje y solo beneficia a astilleros militares como Navantia, mientras el resto de la sociedad sufre la austeridad.

Ante la ofensiva imperialista y las agresiones a Cuba, Palestina o el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores, ¿cuál es el compromiso de la CIG con el internacionalismo proletario?

Un internacionalismo de meras declaraciones es imperialismo encubierto. Rechazamos las críticas eurocéntricas que tachan la soberanía de los pueblos de xenófoba y defendemos el derecho a la autodeterminación de todas las naciones. Nos solidarizamos de forma firme con Palestina, el Sáhara Occidental y las revoluciones de Cuba, Venezuela y Nicaragua mediante la cooperación, la denuncia institucional y la labor pedagógica en Galicia. En ese sentido, exigimos la liberación tras el secuestro ilegal de la presidenta incaricata Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores.

¿Cómo analizas el contexto internacional tras la agresión a Venezuela y el secuestro de la pareja presidencial?

Nosotros no damos lecciones a nadie sobre cómo llevar su proceso revolucionario; cada pueblo tiene su idiosincrasia y circunstancias. Representé a la CIG en el Congreso Internacional de la Clase Obrera en Caracas y en la Constituyente de la Clase Obrera en Defensa de la Paz y la Soberanía, quedando impresionado por la participación protagónica de los trabajadores y el compromiso del gobierno bolivariano con sus propuestas. Ese espacio confirmó la necesidad de crear unidad internacional frente al fascismo.

Sin embargo, el 3 de enero el imperio aplicó un nuevo plan Cóndor para demostrar que puede saltarse el derecho internacional con la complicidad europea, buscando generar desconfianza y división en la solidaridad internacional. La agresión contra Venezuela es un capítulo más de la guerra global del capitalismo occidental acelerado para no perder su hegemonía frente al Sur Global. EE. UU. e Israel buscan normalizar el secuestro de mandatarios, el genocidio y hasta el uso de armas nucleares.

¿Cuáles deberían ser los temas prioritarios de movilización para una Internacional Proletaria?

Es urgente activar esa Internacional Proletaria centrando la lucha en la batalla de las ideas para contrarrestar la mentira imperialista, la formación ideológica de las bases frente al fascismo y la presentación de alternativas reales al modelo neoliberal. Debemos asumir esta lucha desde una perspectiva de clase, abandonando estrategias conciliadoras que redujeron derechos. Esta unidad internacionalista debe vertebrarse en torno al respeto a la soberanía de los pueblos, la paz, la defensa de los servicios públicos, el fin del racismo y de toda discriminación, y una transición ecológica justa. Consensuadas estas demandas, deben liderar grandes campañas de movilización territorial e internacional.

¿Cómo organizar la resistencia frente a la arrogancia imperialista y al genocidio en Palestina?

Frente a la supremacía militar de EE. UU. e Israel, debemos llevar la batalla al campo de las ideas, la exigencia de valores de paz a los gobiernos, el terreno económico rompiendo la hegemonía del dólar e impulsando campañas de boicot contra Israel hasta detener el genocidio. La inacción internacional demuestra que el objetivo sionista es la eliminación del pueblo palestino y el control geoestratégico de Occidente en la región.

El plan de Donald Trump de octubre de 2025 solo buscó desmovilizar a la opinión pública mientras la agresión continúa. Atravesamos un cambio histórico donde el Norte Global recurre a la financiarización y la guerra para no perder la hegemonía, mientras el Sur Global y los BRICS se convierten en el motor productivo. Para aprovechar esta coyuntura debemos superar el desarme ideológico tras la caída de la URSS, abandonar la individualización de las luchas y construir un frente organizado, revolucionario y transformador.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.