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Entrevista a Gustavo Hernández Sánchez sobre La tradición marxista y la encrucijada postmoderna

«Edward Palmer Thompson es un autor que sí supo dar un giro copernicano a los estudios marxistas»

Fuentes: Rebelión

Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Salamanca, donde el pasado mes de abril presentó su tesis sobre el fuero universitario en el periodo Barroco, Gustavo Hernández Sánchez ha sido miembro del Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea de esta Universidad como contratado FPU y ha mantenido siempre una preocupación fundamental por la […]

Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Salamanca, donde el pasado mes de abril presentó su tesis sobre el fuero universitario en el periodo Barroco, Gustavo Hernández Sánchez ha sido miembro del Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea de esta Universidad como contratado FPU y ha mantenido siempre una preocupación fundamental por la teoría y la divulgación del conocimiento histórico, elementos que considera necesarios para acercar su trabajo a la sociedad. Es miembro cofundador del Grupo de Estudios Culturales A. Gramsci.

Nuestra conversación se centra en el libro indicado, editado por Visión Libros, Madrid, 2017.

 

Nos centramos ahora en el capítulo II: «Tras la huella de unas raíces para una historiografía marxista posmoderna». Como ha ocurrido en otros capítulos, no aspiro a abarcar todas las aristas de este segundo polígono. Abres con una cita de Eric Hobsbawn, analítica y realista a un tiempo. ¿Qué significa Eric Hobsbawn para ti? 

 Hobsbawm es un gigante de la historia, sin duda el tipo de historiador -y creo no equivocarme- en el que todos los jóvenes historiadores y no solamente los que nos definimos como marxistas, querríamos convertirnos.

Señalas que la tradición marxista, a pesar de todas las críticas, ha sido capaz de renovarse y adaptarse a los nuevos contextos. ¿En qué aspectos se ha renovado desde tu punto de vista? ¿A qué contextos se ha adaptado mejor? 

 Creo que la gran virtud de la tradición marxista ha sido saber mantenerse al pie del cañón a pesar de todas las críticas vertidas contra ella. No sucede lo mismo en otras tendencias historiográficas más dependientes de modas o fluctuaciones. Se ha renovado desde el punto de vista de que ha sabido ir adaptando las novedades o nuevas preocupaciones que se le planteaban a la historiografía, como la cuestión cultural, aunque a veces lo ha hecho de forma un tanto tortuosa o reticente (risas).

Te pregunto si parece por los autores que vas comentado a lo largo de las páginas de este capítulo. Empiezo por Benjamin. ¿Qué valoras más de su obra? ¿Te resultan claras y diáfanas sus tesis sobre filosofía de la historia? 

 Benjamin probablemente sea un autor que necesita ser introducido, es decir, que quizá convenga primero conocer un poco quién es y en qué contexto escribió sus textos y después sumergirse en las lecturas de los mismos. Yo creo que no entendí del todo sus tesis sobre filosofía de la historia hasta que releí la traducción que de las mismas hizo Reyes Mate, a la cual tuve acceso desde un texto introductorio de Raimundo Cuesta que está subido al blog del Grupo de Estudios Culturales A. Gramsci, en él aparece contenida de manera más clara su visión de la historia a través del concepto de lucha de clases. De Benjamin podríamos valorar su capacidad para anticiparse a su tiempo, ver esas cuestiones importantes que se van a empezar a desarrollar y que al principio solo muy poquitos aprecian. En el libro hablo también de sus comentarios sobre La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica (1936) pero sus trabajos tienen otras dimensiones que no son tan conocidas, como El origen del Trauerspiel alemán que hoy está sirviendo para hacer una revisión de la cultura barroca, por ejemplo.

¿La Escuela de Frankfurt fue un grupo muy potente de marxistas no dogmáticos y atentos a las transformaciones culturales? ¿Algún autor, alguna obra en especial? 

 Creo que la obra que más he utilizado, tanto en el ensayo como sobre todo en la redacción de mi tesis doctoral, ha sido la Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horckheimer, publicada en 1947.

 Me cojo en ella. Hablas en términos muy positivos de la Dialéctica de la Ilustración. ¿Qué aspectos te interesan más de esta obra? Dices que «algunas de las propuestas inscritas en este tratado guían de manera vertebradora muchas de las conclusiones a las que llegamos en nuestro ensayo, especialmente su crítica al concepto de Progreso» 

 En efecto, en esa obra se explica cómo después de la Ilustración el hombre y la mujer modernos convirtieron la «razón» en un mito que terminó por configurarse en pensamiento totalizante -y que está en el origen de muchos de los males del siglo XX- y no en una razón reflexiva o crítica, que es lo que pretenden en buena medida muchos de los filósofos de Frankfurt. Esta razón entendería, por tanto, el Progreso solamente como progreso científico-técnico, no como progreso humano, disociándose de este modo progreso humano y progreso tecnológico. Es decir, que cuando establecemos una crítica al concepto de Progreso no quiere decir que estemos en contra de la tecnología empleada para curar un cáncer, por ejemplo, sino que es una forma de advertir que los avances tecnológicos en las sociedades del presente, desde los efectos especiales en el cine hasta las máquinas para fabricar coches, también sirven para alienar el trabajo y someternos biopolíticamente -a pesar de que este concepto no lo introduzcan ellos-; o si es utilizada para la guerra, como muchas veces también ha sucedido y sucede, estaría en el origen de nuevas formas de barbarie. Una reflexión que introducen estos autores en esta obra me parece fundamental como tarea para la filosofía en el presente: comprender por qué la humanidad en lugar de alcanzar un estado verdaderamente humano, se hunde en nuevas formas de barbarie.

 Ya, de acuerdo, pero no crees que a veces, en esa crítica la «razón tecnocientífica totalizante», hay a un tiempo, en esta escuela de la que hablamos, una crítica a la racionalidad tecnocientífica, al conocimiento científico, al conocimiento positivo. Podemos despreciar y criticar la fabricación y uso del argumento atómico, pero, ¿debemos despreciar también la física de partículas, la mecánica cuántica o la teoría de la relatividad general por ejemplo? 

No, no lo creo.

¿Qué te interesa más de la obra de Marcuse? 

 Creo que Marcuse es un autor que supo advertir en su hombre unidimensional esas nuevas subjetividades que nos hacen ser sujetos egoístas y egocéntricos. Es evidente el narcisismo del que caemos presos los seres humanos en la actualidad, no hace falta más que te des una vuelta por Instagram o Facebook. ¿Cómo revertir estos procesos? A veces las cuestiones para transformar la realidad no pasan tanto como se nos dice por tomar el poder -y digo yo: ¿Para qué?-, sino por saber romper esos lazos que nos están llevando a ser sujetos aislados los unos de los otros a pesar de vivir en sociedades de masas, incapaces de pensar -y no te digo nada de actuar- de manera colectiva. Creo que primero debemos de empezar por estas cuestiones.

Por lo demás, como sabes, no siempre la escuela de Frankfurt tuvo reconocimiento positivo en el conjunto del marxismo contemporáneo. ¿Por qué crees que fue así? 

 Por un lado, porque el marxismo casi siempre recibe con muchas reticencias las novedades. Como dije antes de forma un tanto irónica creo que muy pocos de los autores de los que estamos hablando fuesen acogidos con los brazos abiertos en un primer momento. Si bien después también se tiene la capacidad de integrarlos, o incluso de afirmar que esas cuestiones estuvieron siempre implícitas, es el caso de las últimas interpretaciones de la obra de Thompson, al que se le comienza a considerar como un comunista de primera, a pesar de verse obligado a abandonar la disciplina del Partido (risas). Por otro, también es cierto que el programa político que ha sostenido dicha Escuela, si podemos considerarla como tal, o la mayor parte de sus autores, es básicamente el socialdemócrata y ese es un debate que todavía se mantiene, la pertinencia o no de la socialdemocracia. En este punto es difícil agrupar -como digo- las dimensiones de los filósofos de Frankfurt en torno al concepto de «Escuela», ya que hay puntos de vista muy críticos, por ejemplo, con la socialdemocracia como las Tesis de filosofía de la historia de Benjamin o, por el contrario, muy benévolos, como los planteamientos de Habermas.

Al final del apartado dedicado a la escuela, hablas de la vuelta al carácter humanista de la alternativa socialista. ¿Qué carácter humanista es ese? ¿Te parece importante esa perspectiva, ese giro acaso copernicano? 

 No creo que se trate tanto de un giro copernicano, sino más bien de una demanda que se encuentra inscrita en el marxismo desde el propio Marx en sus Manuscritos. Creo que es importante recuperar las propuestas de ese «marxismo cálido» de autores como Bloch o estos de los que estamos hablando frente -o junto a- la eterna matraca del retorno a Lenin.

Ni la matraca de la vuelta ni acaso Lenin son santos laicos de tu devoción. 

 Sobre Lenin se está hablando mucho, me parece una referencia fundamental, por supuesto, no voy a ser yo quien diga lo contrario. Pero también se utiliza un poco para todo de manera un tanto vaga. Considero que primero tendríamos que delimitar históricamente quién fue, algo que no creo que siempre se sepa. Sé que hay publicaciones interesantes que reflexionan sobre el tema como El siglo soviético (2006) de Moshe Lewin y otras más recientes. Sobre la cuestión de volver a Lenin o al leninismo sería interesante hacer primero un gran encuentro en el que se delimitase qué es eso del leninismo o cuál podría ser el papel de un partido leninista en la actualidad. No sé si los asistentes al mismo terminarían por ponerse de acuerdo.

Haces una referencia a Dona Torr, una mujer poco conocida entre nosotros. ¿Nos puede trazar un breve retrato? 

 Fue una de las mentoras del Grupo de historiadores del Partido Comunista Británico, si bien su obra es anterior, entre los años 20 y 30 del pasado siglo. Ayudó a Thompson en su biografía sobre William Morris, por ejemplo. Su labor fue más bien divulgativa o introductoria del marxismo en Inglaterra. Tradujo al inglés la correspondencia de Marx y Engels e hizo varias ediciones facsímiles de El capital. También fue pionera en el empleo de las fuentes orales en la historia del movimiento obrero.

Por cierto, hablando de correspondencia, ¿por qué es tan poco conocida entre nosotros la correspondencia de Jenny Marx? Yo he leído algunas de las cartas (algunas pueden verse, por ejemplo, en Amor y Capital de Mary Gabriel y el corazón se te pone en un puño. ¿Se han traducido alguna vez al castellano, se han llegado a publicar? 

 No lo sé, pero sí sería muy interesante. En mi última estancia en Inglaterra en la School of Histories, Languages and Cultures de la Universidad de Liverpool, asistí a una conferencia en la que varias investigadoras hablaban sobre ella y se habían publicado algunas cosas, todas en inglés claro. Muchas de las novedades generadas en otros países, por esto de la crisis y el riesgo que imagino que supone para una editorial costear ediciones traducidas que no sean éxitos editoriales seguros, no están llegando a nuestro país. Es una pena.  

Lo mismo que te preguntaba antes me atrevo a preguntarte en el caso de Mijail Bajtin.  

 El círculo de Mijail Bajtin es muy interesante, especialmente para aquellos que quieran acercarse al marxismo desde una perspectiva culturalista. Junto con discípulos como Volosinov llegaron a crear un círculo de lingüística marxista. Las posturas del pensamiento marxista respecto del lenguaje fueron hasta la aparición de las obras de estos autores -en la década de los veinte, creo- casi inexistentes. Volosinov argumentó en su obra El marxismo y la filosofía del lenguaje que el significado era una acción social dependiente de una relación social, es decir, reflexionaron sobre la creación social de significados, dependientes de la actividad material social. En palabras de Raymond Williams, que es quien reflexiona sobre estos autores en su obra Marxismo y literatura, muy recomendable, sentaron la base para una reconsideración del problema de la subjetividad dentro de la tradición marxista.  

Como en casos anteriores, ¿qué te interesa más de la obra de Edward Palmer Thompson? ¿Qué es eso de la historia desde abajo? Para hacer historia de las clases subalternas, ¿no hay que ser parte de ellas o haber bebido en ellas? 

 Thompson es un autor que sí supo dar un giro copernicano a los estudios marxistas. Y eso hoy nadie lo pone en duda, a pesar de haber sido enormemente criticado durante mucho tiempo. Lo más importante creo que es que supo dar al concepto de clase una dimensión subjetiva. Es decir, que no existe la clase si no hay conciencia de pertenecer a ella. La lucha de clases no se da porque sí, de manera estructural, sino que son los sujetos organizados de manera colectiva los que deben articularla, si ese es su deseo. Thompson introduce la capacidad de acción de los sujetos en la historia. Un buen apunte para pensar el presente y muy especialmente cómo los discursos del poder están diluyendo esta conciencia de clase, al menos entre la clase trabajadora, y así nos va como nos va.  

La historia desde abajo, por otro lado, sería la historia de la gente sin historia. Hasta la aparición del marxismo y de la historia social a principios del siglo XX, la historia se basaba en el estudio de los grandes personajes, de grandes acontecimientos como batallas, etc., por ejemplo, de las pirámides interesaban los reyes a las que estaban dedicadas y no los trabajadores que las habían construido. Preocuparse por la mayor parte de la población que muchas veces no aparece en los registros -como el campesinado durante la Edad Media- o que por ello es mucho más difícil llegar a conocer, es hacer historia desde abajo.  

 No creo que sea necesario pertenecer a estos grupos sociales para hacer este tipo de historia, pero sí debemos de procurar que las personas que pertenecen a ellos puedan expresarse. Es el caso de las mujeres, por ejemplo.  

Descansemos un poco si te parece.

Me parece

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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