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Lecciones de la Guerra Israelí-Libanesa

El Debate Anarquista en torno a la Liberación Nacional

Fuentes: Rebelión

La guerra entre Israel (con un total apoyo de los EEUU) y Hizbulah (así como del resto del Líbano) ha terminado -temporalmente. «Temporalmente», pues ninguno de los grandes temas han sido zanjados, particularmente, el rol colonialista de Israel en el Medio Oriente. Mientras, la guerra entre los EEUU e Irak se ha intensificado, al igual […]

La guerra entre Israel (con un total apoyo de los EEUU) y Hizbulah (así como del resto del Líbano) ha terminado -temporalmente. «Temporalmente», pues ninguno de los grandes temas han sido zanjados, particularmente, el rol colonialista de Israel en el Medio Oriente. Mientras, la guerra entre los EEUU e Irak se ha intensificado, al igual que la guerra civil sectaria iraquí. La guerra de los EEUU y Afganistán continúa. Y hay bastante evidencia de que el gobierno de Bush quiere atacar Irán. La paz no anda a la vuelta de la esquina.

La izquierda ha tomado una variedad de posiciones ante esta guerra, acorde a sus posiciones ante el conflicto de Medio Oriente en general. Los primeros, los liberales han continuado su apoyo a los EEUU, así como al Estado de Israel, pero han querido que le laven la cara a sus acciones, para demostrar un comportamiento más inteligente y sofisticado. Por años, el ala liberal del movimiento contra la guerra en EEUU ha luchado por mantener la cuestión de Israel versus Palestina por fuera de las protestas contra la guerra. Ahora que deben referirse en específico a la agresión de EEUU-Israel, ellos dicen que si bien Israel tiene el «derecho a defenderse», estas acciones habían sido «excesivas» y «desproporcionadas». Por su parte, estas palomas pro-israelíes claman por un «alto al fuego», igualando a ambas partes, al agresor y a la víctima. Ambos debieran dejar de pelear. La mayoría de los liberales apoyan la demanda de que Hizbulah se desarme (¡pero no llaman al desarme de Israel!). Se alegran con la actual (temporal) resolución sobre la guerra, en la cual diversos poderes imperialistas y otros Estados intervendrán, como comisarios, para «mantener la paz», más o menos.

Los segundos, la izquierda radical, en su mayoría se convirtieron en la barra de Hizbulah, así como de Hamas, tal cual lo habían sido de la resistencia fundamentalista en Irak (nadie aviva a los talibanes de Afganistán; esto sería demasiado para los más radicales entre ellos, supongo). Estoy hablando del Workers World Party, de sus frentes y de sus divisiones, así como de la International Socialist Organization de los EEUU y de sus colegas, el Socialist Workers Party de Inglaterra, entre otros. Ellos se han enfocado en los innegables males del ataque de Israel y en el apoyo popular a Hizbulah, que se ha expandido por todo el Líbano, así como por el resto del mundo árabe y musulmán.

Esto conlleva algunos resultados algo extraños. Durante la guerra entre EEUU y Vietnam, fue posible retratar al lado «comunista» (nacionalista, estalinista y totalitario) como «socialista». Pero no hay manera de dar una careta progresista a Hizbulah o a las fuerzas que se le asemejan. Ellos están a favor di dictaduras teocráticas, sin derechos para las religiones disidentes, para las minorías nacionales, trabajadores o mujeres. En ausencia de una alternativa, se han convertido en los líderes de un movimiento de defensa nacional en contra de una ocupación extranjera. Esto puede y debe ser dicho. Pero que los izquierdistas secularistas, saludarlos acríticamente como si se tratara de un movimiento socialista proletario, es rarísimo. Para los anarquistas no se trata sólo de que no nos gusten sus ideas, sino de que semejante programa no puede conllevar la liberación del Líbano ni de otros países. Sólo un programa anarquista podría hacerlo.

Los terceros, los anarquistas, se han opuesto claramente a la agresión de Israel y EEUU. Han señalado la naturaleza reaccionaria de ambas partes en esta guerra. Sin embargo, muchos han tendido a igualar a las dos partes, a tratarlas como si fueran igualmente malas, y han llamado a oponerse a la guerra en ambos bandos. Mientras que hay bastante confusión entre los anarquistas sobre esta cuestión, mi impresión es que la mayoría han fracasado en dar su apoyo a los oprimidos en contra de los opresores en esta guerra (así como en otros conflictos del Medio Oriente).

Yo propongo, en cambio, una aproximación anarquista diferente. Los anarquistas revolucionarios deben, a la vez, (1) solidarizar con el pueblo de la nación oprimida en contra de los opresores (en este caso, El Líbano en contra de EEUU-Israel), a la vez que (2) oponerse políticamente a todos los programas y liderazgos estatistas y burgueses (nacionalistas, islamistas, etc… en este caso Hizbulah), en favor del socialismo-anarquista revolucionario e internacionalista. Por «solidaridad» quiero decir «estar junto al pueblo» de la nación oprimida, apoyarles en contra de los ataques de sus opresores (lo que no significa no tener simpatía por los soldados de Israel y EEUU, una simpatía que se debe basar en su humanidad y en sus antecedentes de clase trabajadora, no una solidaridad con ellos en su rol de soldados).

No significa gritar consignas como «¡Victoria para Hizbulah!» o «¡Todos somos Hizbulah!», consignas que implican acuerdo político con Hizbulah. Recientemente, un grupo de anarquistas gay de Nueva York canceló una protesta en la embajada iraní por la persecución de gays iraníes. No querían jugar a favor del gobierno de EEUU en virtud de sus preparativos para una guerra en contra de Irán. Hubiera preferido que se manifestaran con carteles diciendo «EEUU; ¡no se metan con Irán! Estado de Irán; ¡no se metan con los gays!».

Opresiones que son de clase y que no son de clase

Este asunto es parte de una cuestión más amplia: la relación entre los asuntos que son de clase y otros que, específicamente, no lo son, cuando se busca la liberación. El problema de la opresión puede dividirse entre la explotación de clase y otras formas no clasistas de opresión. La explotación capitalista se refiere a la manera en que los capitalistas extraen la plusvalía a los obreros (además de la explotación de los campesinos a manos de los terratenientes y de los capitalistas). Las opresiones no clasistas, incluyen la opresión de la mujer (de género), de la gente de color (raza), de los gays y las lesbianas (homofobia), de las minorías religiosas, de la juventud, etc., así como la opresión nacional. La opresión de la clase obrera es específica al capitalismo y su resolución requiere de la revolución socialista. Las otras opresiones (aún la del campesinado -que siguen siendo una gran proporción de la humanidad) son todavía reminiscencias del precapitalismo. Son formas de opresión que el capitalismo, en su juventud revolucionaria, «prometió» abolir. Este era el programa democrático-burgués que se alzó en las grandes revoluciones capitalistas de Inglaterra, los EEUU, Francia y América Latina.

Por supuesto, los capitalistas nunca se desvelaron por su programa democrático. Más bien, han integrado opresiones específicas a su sistema como baluartes de su explotación capitalista. Algunos de estas opresiones pudieron haber sido iniciadas por el capitalismo temprano o por la explotación de clases precapitalista (esto es, por fuerzas económicas) -pero han adquirido vida propia y existen por su propia inercia. Todas las formas de opresión, incluyendo la de clase, están entrelazadas, se apoyan entre sí, y se sustentan entre sí.

Históricamente, la tendencia de lucha de clases en el anarquismo (el anarco-sindicalismo y la mayor parte del comunismo-anárquico) se ha enfocado en la lucha de clases de los obreros en contra de los capitalistas. Frecuentemente, han tratado a las opresiones no clasistas como de poca importancia, como ilusiones creadas por los capitalistas para engañar a los obreros, para dividir y debilitar a la clase trabajadora. Una vez que se mencione esto a los trabajadores, supuestamente, ellos comprenderán este truco y se unirán en contra de los patrones. Esta visión simplista es también sostenida por versiones crudas del Marxismo.

Durante la radicalización de los años 60 y 70s, hubo movilizaciones de afro-americanos, mujeres, gays y lesbianas, y de otras gentes oprimidas, incluyendo las luchas mundiales de las naciones oprimidas en contra del imperialismo. En nuestro actual período de radicalización, la importancia vital de la clase trabajadora ha sido reconocida por muchos izquierdistas. Sólo los trabajadores, en cuanto trabajadores, pueden parar a esta sociedad de plano y comenzar sobre una base nueva, no explotadora. La clase trabajadora se sobrepone e incluye a todos los grupos oprimidos: mujeres, la mayoría de la gente de color, etc. Al punto de que sería tan cierto decir que la clase trabajadora es conservadora, o por lo menos, no es revolucionaria, como lo sería decir que la mayoría de la población no es revolucionaria. No existe otra mayoría, por fuera de la clase, de derrocar al capitalismo. [1]

Sin embargo, las verdaderas lecciones de los 60 permanecen válidas. Es imposible ignorar la importancia de opresiones no clasistas, específicas. Por ejemplo, el racismo fue creado por el capitalismo temprano para justificar la esclavitud de África. Es decir, para la explotación de un tipo de mano de obra. Y continúa teniendo ventajas para los capitalistas. Pero es cierto que ha tomado vida propia. El racismo es real. El prejuicio, y aún el odio, que muchos trabajadores blancos tienen en contra de la gente de color ya no dependen de causas racionales y no desaparecerá inmediatamente con buenos argumentos acerca del valor de la unidad de clase. No podemos pedir a los afro-americanos que dejen de luchar por sus derechos democráticos específicos, mientras la población blanca no abandone el racismo.

La comprensión de la realidad de las opresiones especiales no niega la validez de la aproximación materialista histórica. No niega la importancia de un análisis de clase. Reitero, muchos tipos de opresión fueron creados por factores materiales (de clase) presentes o pasados. Todos ellos interactúan con el capitalismo (esto es, con la relación entre capital-trabajo). Todos son afectados por el capitalismo, como le afectan a su vez (digamos dialécticamente). Por ejemplo, la opresión de la mujer es previa al capitalismo, y puede que sea aún previa a cualquier tipo de sociedad de clase (no sabemos en realidad). Pero ha sido modificada enormemente por el capitalismo para que ajuste a la familia burguesa y a la economía capitalista.

Opresión nacional y liberación

La mayoría de los anarquistas hoy en día (con ciertas excepciones sectarias) aceptan la importancia y la realidad de las opresiones no clasistas, específicas. La mayoría de los anarquistas están comprometidos con la lucha por los derechos democráticos específicos de las mujeres, de los afro-americanos, de los indígenas americanos, de los gays y las lesbianas, de los prisioneros, y de otros grupos oprimidos.

Pero curiosamente, muchos anarquistas que son campeones de las luchas de liberación no clasistas, frecuentemente, se rehúsan a aceptar las luchas de liberación nacional (significando aquí lo mismo que la autodeterminación nacional: el derecho de un pueblo a determinar su propio destino). La liberación nacional no es, por tanto, directamente la lucha de clases, pese a que sus conexiones con el capitalismo estén bastante claras. Esto es que los grandes capitalistas de las naciones industrializadas buscan expandir sus riquezas a través del dominio de las naciones más débiles, «subdesarrolladas». El capitalismo internacional busca súper-explotar a los trabajadores de estas naciones (trabajadores que aceptan salarios más bajos), para vender estos bienes a sus Estados y a su público, así como para saquear sus recursos naturales -siendo el petróleo el más importante, aunque no el único, de estos recursos. Esto es el imperialismo, Ya que los Estados imperiales no «poseen» directamente más a sus colonias, esto es una fase neocolonialista. El pueblo oprimido de estas naciones son en su mayoría trabajadores, campesinos, y pequeños comerciantes. Pero también has «clases medias» y capas de clase alta. Éstas, o bien aspiran a ser los agentes locales del imperialismo o a reemplazar a los imperialistas como los nuevos amos (o a ambas opciones).

Reaccionando a la ocupación foránea, los pueblos de estas naciones desarrollan un deseo de liberación nacional. Primero, quieren su «propio» Estado, y luego, otras medidas de independencia de los imperialistas, tales como no ser invadidos, así como no ser económicamente dominados. En ausencia de alternativas, se vuelcan al nacionalismo. El nacionalismo no es, simplemente, el amor a su propio país y el deseo de su liberación. Como un programa acabado, significa la unidad de todos los sectores de un país, pobres y ricos, capitalistas y obreros, terratenientes y campesinos, hombres patriarcales y mujeres, nación dominante y minorías nacionales, todos «unidos» en contra de otro país, incluidos SUS obreros, campesinos, mujeres y minorías raciales o nacionales. El objetivo, es un Estado nacional independiente, con su propio ejército, su policía secreta, bandera, estampillas de correo, y con sus propios amos nacionales. Mientras tanto, los capitalistas de los países imperialistas estimulan el nacionalismo (o el patriotismo) de sus propios trabajadores, para mantener su dominio y usar a sus trabajadores como soldados en contra de las naciones oprimidas.

Como programa para las naciones oprimidas, el nacionalismo puede obtener algunos beneficios para su pueblo, y aún más beneficios para los aspirantes a nuevos amos. Pero no puede liberar a ninguna nación del mercado mundial o de los poderes políticos de los grandes Estados. No puede lograr una independencia real. Como puede verse por los destinos de China y de Vietnam, así como de la India y de los Estados africanos, el nacionalismo ha terminado en nuevas opresiones. Franz Fanon escribió penetrantemente sobre esto. El peor ejemplo de cómo el nacionalismo de un pueblo oprimido ha resultado en una nueva opresión, es el Israel Sionista. Sólo la revolución internacional de la clase trabajadora y de todos los oprimidos puede liberar a las naciones oprimidas (estoy simplemente reconociendo esto, no argumentando a favor).

Pero el nacionalismo, no es lo mismo que la liberación nacional. De igual manera, las variantes burguesas del feminismo no son lo mismo que la liberación de la mujer. La liberación negra no es lo mismo que la asimilación liberal o que el nacionalismo de Farakhan [2]. Es posible estar a favor de la liberación nacional sin estar a favor del programa del nacionalismo. Un ejemplo de una lucha de liberación nacional librada con un programa no nacionalista, fue la librada por las fuerzas anarquistas dirigidas por Néstor Makhnó en Ucrania, desde 1917 hasta 1921. Esta se alimentó del odio de los ucranianos a la ocupación extranjera del imperialismo austro-germano, del bolchevismo ruso y de la agresión polaca. El biógrafo anarquista d Makhnó la llama «una guerra de liberación salvaje» (Skirda, 2004, p.44). Pero Makhnó nunca cesó de plantear las cuestiones de clase (la dominación por parte de los capitalistas y terratenientes) y de defender el internacionalismo socialista-anarquista.

El Movimiento Makhnovista declaró (en octubre de 1919), «Cada grupo nacional tiene un derecho natural e indiscutible… a mantener y desarrollar su cultura nacional en todas las esferas. Es claro que esto… no tiene nada que ver con el estrecho nacionalismo de las variantes «separatistas»… Proclamamos el derecho del pueblo de Ucrania (y de todas las demás naciones) a su autodeterminación, no en el sentido estrecho y nacionalista de Petliura, sino que en el sentido del derecho a la autodeterminación de los explotados» (en Skirda, 2004, pp.377-378)

Argumentos en contra de la liberación nacional

La mayoría de los argumentos anarquistas en contra del apoyo a la liberación nacional se basan en la bien fundada oposición del anarquismo al nacionalismo. Los anarquistas no creen que fundando nuevos Estados se libere a los pueblos oprimidos. Los anarquistas de lucha de clases enfatizan la centralidad de ésta, y a la vez, señalan los otros conflictos (no clasistas) en cada nación. Los anarquistas se oponen a la política y la organización del estatismo burgués de los antiguos amos, llámense a sí mismos Ayatollahs, o Socialistas, o Hermanitos de los Pobres. Todo esto es absolutamente correcto.

Pero no significa que los anarquistas deban oponerse a la liberación nacional o ser neutrales cuando un Estado imperialista o colonialista ataca a una nación oprimida (tercer mundista). Los anarquistas deben estar del lado de los oprimidos. Reitero: no hay ninguna contradicción entre la solidaridad con los pueblos oprimidos atacados y la oposición política a los líderes de ese pueblo que les guían incorrectamente. Similarmente, podemos apoyar una huelga obrera y demostrar nuestra solidaridad con los trabajadores y su sindicato, a la vez que ser los enemigos más acérrimos de la burocracia sindical. Si los anarquistas pueden hacer esto, entonces, pueden hacerlo también con las guerras nacionales de las naciones oprimidas.

Algunos anarquistas han creado el argumento de que no debieran apoyar a las naciones oprimidas porque… no existe semejante cosa como las naciones. ¡Las naciones no existen! Como si Francia y Argentina no fueran una realidad. Es cierto que las naciones son construcciones sociales -esto significa, creaciones de las personas, y no categorías biológicas. Es verdad que las fronteras de las naciones están frecuentemente poco claras: ¿es Québec una nación? De serlo, ¿es Canadá una nación? ¿Es la India una nación o un conglomerado de naciones? Estas cuestiones son válidas, pero también se aplican a otras categorías. Las clases son construcciones sociales. Los límites entre las clases no están del todo claros. ¿Son los desempleados parte de la clase trabajadora o son «lumpenproletario»? ¿Es la clase media una clase? Lo mismo es cierto para otras categorías. Aún el género, que se basa en la biología, es una construcción social en la manera en que la sociedad interpreta aquello que es biológicamente dado. Esto no significa que la clase o el género sean ilusiones en ninguna mayor medida en que las naciones sean una ilusión.

Los pueblos creen ser naciones y actúan según esa creencia. Una institución no es más que un patrón de comportamiento de masas. Mikhail Bakunin escribió, «La nacionalidad, como la individualidad, es un hecho natural. Denota el derecho inalienable de los individuos, grupos, asociaciones y regiones a llevar su propia forma de vida. Y esta forma de vida es producto de un largo desarrollo histórico [una confluencia de seres humanos con una historia común, lenguaje y con un acerbo cultural común]. Y esto es por lo que siempre lucharé por la causa de las nacionalidades oprimidas en su combate por liberarse de la dominación del Estado». (Dolgoff, 1980, p.401) Por «la nacionalidad… es un hecho natural», quiere decir no que la nacionalidad sea una cuestión biológica, sino de que es creado principalmente por una historia social sin planificación, sin propósito.

Otro argumento es que la autodeterminación nacional (liberación) es un derecho democrático, y que los anarquistas no debieran estar ni por los derechos democráticos, ni por la democracia. La democracia y sus derechos fueron, después de todo, planteados como un arma por la clase capitalista, en contra de los señores feudales. Sirven, y aún continúan sirviendo, como mascarada para el dominio capitalista. También han sido planteados por los leninistas (tanto por trotskistas como por estalinistas) como mascarada para su dominio capitalista de Estado. Nuevamente, todo esto es cierto.

Pero sería desastroso para los anarquistas el posicionarse como antidemocráticos. El anarquismo debe ser presentado como la más radical, la más cabal y la más consistente forma de democracia. La democracia no comenzó con el capitalismo. El mismo término viene de la Grecia clásica. Se remonta a los concilios tribales de la humanidad temprana. Incluye la lucha por la libertad de las revoluciones democrático-burguesas, incluyendo las luchas más tardías de los abolicionistas [3]. Incluye la esperanza de una democracia obrera.

El problema con el capitalismo (y con el leninismo) no es la democracia, sino que la falta de democracia y de derechos democráticos. El capitalismo ha traicionado sus propias promesas democráticas. Los anarquistas harán realidad esas promesas: libertad de palabra y asociación; ninguna discriminación sea racial, nacional o de género; tierra a los campesinos; control popular de todas las instituciones, y libre determinación para todas las naciones -entre otras.

El internacionalismo es nuestro objetivo

Los internacionalistas dicen, «¡los trabajadores no tienen patria!» y «¡trabajadores del mundo, uníos!». Pero la unidad internacional de la clase trabajadora aún no es una realidad. Es una potencialidad, algo que podría ocurrir. Y es un objetivo, algo que nos gustaría que ocurriera. ¿Cómo lograremos que esto ocurra? ¿Pediremos a los oprimidos que le bajen el perfil a sus intereses en beneficio de una falsa unidad? ¿Pediremos a la gente de color, a las mujeres o a las nacionalidades oprimidas que se subordinen a los estratos acomodados de la clase trabajadora (o aristocracia obrera) de los países imperialistas? ¿O buscaremos construir la unidad de la clase obrera expresando mejor nuestra solidaridad con los más oprimidos? No son los chiítas del Líbano quienes deben abandonar la lucha, sino que los opresores de Israel, a quienes les demandamos abandonar sus privilegios nacionales. Que los trabajadores de Israel cesen de apoyar su supremacía nacional y a su «Estado judío» -entonces, los trabajadores y campesinos del sur del Líbano podrán abandonar su necesaria defensa de los agresores Sionistas.

La diferencia entre el poder global del imperialismo de los EEUU y de sus socios menores, y las naciones débiles, pobres y oprimidas de Medio Oriente y del resto del mundo, se ha hecho demasiado evidente como para que el mundo no lo pueda ver. Se puede ver en las devastadas ciudades y pueblos del Líbano, así como en las calles de Bagdad y otras ciudades iraquíes, destrozadas por la guerra. Es absurdo dar el mismo trato a una guerra entre los EEUU-Israel y el pueblo árabe, que a una guerra entre Francia y Alemania, dos potencias imperialistas. En este último caso, los trabajadores debieran oponerse a ambos bandos por igual. Muchos anarquistas dan mal uso a la consigna «Ninguna otra guerra que la guerra de clases». Esto se aplica a la guerra entre Estados imperialistas (como en la Primera y Segunda Guerras Mundiales), pero no a la guerra entre un Estado imperialista y un pueblo oprimido. Más bien diría «Ninguna otra guerra que no sea la justa guerra de los obreros y de los oprimidos».

Como Piotr Kropotkin escribiera, «El auténtico internacionalismo nunca será obtenido, sino por la independencia de cada nacionalidad, pequeña o grande, compacta o desunida -tanto así como [la esencia] de la anarquía es la independencia de cada individuo. Si decimos, no al gobierno del hombre sobre el hombre, ¿cómo podemos permitir el gobierno de las naciones conquistadas por las naciones conquistadoras?» (citado en Miller, 1976, p.231)

Como estamos en solidaridad con una huelga a la vez que nos oponemos a la burocracia sindical, de igual manera, debiéramos solidarizarnos con los pueblos de las naciones oprimidas a la vez que nos oponemos a sus líderes nacionalistas. El mundo es un lugar complejo, con muchas interconexiones y sobreposiciones de sistemas de opresión. Necesitamos análisis concretos de cada situación (por ejemplo, la situación en Québec es bastante diferente de la de Irak). Las consignas no bastan. Necesitamos de esfuerzos más sofisticados para expresar nuestras políticas.

Bibliografía

Dolgoff, Sam (editor y traductor) (1980) «Bakunin on Anarchism». Montreal, Black Rose Books. Miller, Martin (1976) «Kropotkin». Londres y Chicago, University of Chicago Press. Skirda, Alexander (2004) «Nestor Makhno: Anarchy’s Cossack. The Struggle for Free Soviets in the Ukraine, 1917-1921» Oakland, CA, AK Press.

Para mayores detalles ver http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=1016

[1] Mención a las teorías frecuentes en medios radicales de EEUU de que la clase obrera no tiene igual potencial revolucionario que, por ejemplo, los gays, los ecologistas, etc. [2] Líder de la Nación del Islam en EEUU. [3] Quienes se oponían a la esclavitud.

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