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El Emirato Cristiano Europeo, el imperio del caos y la sátira satirizada de Charlie Hebdo

Fuentes: Rebelión

1. Si se considera la fórmula del rostro, teniendo en cuenta la filosofia de Deleuze y Guattari, pared blanca con agujeros de subjetividad, es posible señalar dos momentos en la historia de la civilización burguesa: 1) un primero en el que el asunto del rostro era simple, maniqueísta, porque funciona(ba) afirmando el rostro europeo e […]

1.

Si se considera la fórmula del rostro, teniendo en cuenta la filosofia de Deleuze y Guattari, pared blanca con agujeros de subjetividad, es posible señalar dos momentos en la historia de la civilización burguesa: 1) un primero en el que el asunto del rostro era simple, maniqueísta, porque funciona(ba) afirmando el rostro europeo e inferiorizando a los demás perfiles humanos. En esta primera fase, que predominó hasta la mitad del siglo XX, la pared blanca de la sociedad capitalista estaba pincelada con marcas subjetivas antinómicas como blanco y negro, centro y periferia, colonizador y colonizado, hombre y mujer, heterosexual y homosexual, siempre positivando el primer término, fundamentalmente europeo, en detrimento del segundo, básicamente no europeo; 2) en la segunda fase de la civilización burguesa, principalmente después de la II Guerra Mundial, la estructura maniqueísta de los rostros sociales se multiplicó como las mercancías y, aun como estas, entró en un proceso de superproducción de rasgos subjetivos agitados por la ideología liberal.

2.

La primera fase, de estructura maniqueísta, constituye la base del imperialismo europeo. La segunda, a su vez, es el modelo de realización del imperialismo estadounidense. En relación con estos dos imperialismos dominantes de la civilización burguesa, un teórico incendiario para analizarlos es Franz Fanon (1925-1961); y lo es no porque haya tematizado conscientemente este asunto sino porque constituye un autor de transición del imperialismo europeo al gringo, principalmente si fueran considerados comparativamente sus dos principales libros teóricos, Los condenados de la tierra (1961) y Piel negra, máscaras blancas (1952).

3.

En Los condenados de la tierra (1) es posible evidenciar una posición militante abiertamente maniquea (2) al imperialismo europeo, identificado como un sistema de propiedad que apenas será superado si ocurre una descolonización completa, capaz de abarcar todos los ámbitos de la vida. El rostro del europeo en esta obra de Fanon se expande por todo el socius y se constituye como el centro sísmico de un aparato social/colonial absolutamente implacable con los colonizados; y así es tanto más inflexiblemente avasallador cuanto más el punto de vista a ser considerado sea el del colectivo excluído, este anónimo cuya existencia no tiene rostro, pronto inexistente, pronto naturalmente violable, necesariamente sacrificable, asesinable.

4.

El rostro del imperialismo europeo es más bien que el rostro en sí, blanco, del colonizador. Como la imagen estereotipada de Cristo, es antes la rostridad de una religión: el sistema de propiedad institucional de la civilización burguesa, contra la cual no queda otra alternativa sino la respuesta inevitable de una violencia opuesta, impasible a las ilusiones del «no del todo», o de cualquier outra forma usual o no de contemporizar lo peor, la invasión colonizadora, generalmente camuflada por el humanismo eurocéntrico, este inesperado espectáculo que a veces se viste de conocimiento, a veces de sonrisas simpáticas (3); humanismo que en realidad es un sistema de apariencia cuyo striptís es preciso afrontar para verlo tal como es: terrorismo innombrable contra los pueblos del mundo.

5.

Parte de este humanismo terrorista del imperialismo europeo, en Los condenados de la tierra, es la ilusión esencialista presente en diversos segmentos de los pueblos colonizados, cuando, de cara a un presente inhabitable, tiende a clamar por un regreso a un idílico pasado pre-colonial. No existe vuelta atrás, dice con todas las letras Fanon: como la situación colonial se funda en la violencia, la respuesta del colonizado necesita ser violenta. Es por esto que la respuesta del colonizado contra el sistema de apariencia del colonizador debe ser una sola: violencia revolucionaria, comprendida como negación y afirmación; negación sin titubear al sistema de propiedad del colonizador y también a los eternos dilemas sisíficos (4) del colonizado; afirmación sin autoilusión de un mundo sin colonizadores ni colonizados, pronto sin imperialismos.

6.

Publicado nueve años antes, Peau noir, masques blancs (1952) o Piel negra, máscaras blancas (5)  se constituye (sin desestimar su propio brillo) como un singular suplemento al libro Los condenados de la tierra. Porque, más que matizar la violencia de la rostridad dominante, analiza las psicopatologías inscritas en la relación entre colonizado y colonizador; entre blanco y negro, designándolas como metafísicas del blanco y del negro, de colonizador y de colonizado; metafísicas que indican, en el juego de máscaras entre negros y blancos, colonizadores y colonizados, un período siempre infantil de la Historia del hombre, razón suficiente para concluir: es el hombre el que precisa liberarse de sus taras identitarias, de sus fundamentalismos étnicos, de sus neurosis derivadas de valores anclados en sistemas de ideales de ego y de cosificación, independiente de si es blanco o si es negro, si es colonizador o colonizado, si es pobre o si es rico.

7.

Aun teniendo en cuenta Piel negra, máscaras blancas, para Fanon el hombre necesitaría liberarse de sí mismo, de su humanidad, de su humanismo, sus máscaras herederas de relaciones de poder, inclusive teniendo en cuenta la relación hombre/no hombre, porque no somos nada si se considera que ser algo sea ser superior. El hombre necesita liberarse, a la postre y de entrada, de su infancia opresora y oprimida, de sus síndromes, de sus narcisismos, inventándose revolucionariamente en la y por la igualdad. Cabe recordar aquí a Wittgenstein: «Revolucionario será aquél que pueda revolucionarse a sí mismo», lo que coincide con inventarse revolucionariamente.

8.

Lo que define a Fanon como un autor de transición entre las artimañas humanistas y maniqueístas del imperialismo europeo y las diluciones ilusorias del imperialismo yanqui tiene tal vez relación con lo que Lacan decía respecto al inconsciente: esto piensa. Es en el plano del pensamiento del inconsciente que el imperialismo gringo puede ser analizado como una inversión de la teoría de Fanon, porque, si en Los condenados de la tierra es posible leer un rechazo consciente al paquete de bienes del imperialismo europeo y si en Piel negra, máscaras blancas la metafísica entre blancos y negros presupone que éstos travisten a aquéllos en un contexto en que ambos se enmascaran neuróticamente, aquello que el imperialismo estadounidense hizo y hace es mantener todo igual que antes, pero de la siguiente forma: haciendo que los condenados de la tierra se vuelvan las máscaras negras y/o colonizadas de la piel blanca y/o colonizadora.

9.

El imperialismo gringo es más europeo que el europeo y lo es expandiéndolo. Abstrae el rostro blanco volviéndolo efígie del dólar y lo ancla no sólo en el petróleo sino en cualquier otro rostro. La conexión dólar/petróleo, eje de su dominio, no sólo la asocia a los que, desde su mezquina e interesada óptica, han dado en llamarse fundamentalismos islámicos, sino también a las máscaras de los condenados de la tierra, que son igualmente su fuente primaria o su bituminoso petróleo, razón por la cual puede ser analizada también como dólar/rostros no blancos o, simplemente, dólar/máscaras negras.

10.

Bajo el punto de vista del dominio yanqui, la fórmula piel blanca/máscaras negras equivale, en este sentido, a dólar/rostros no europeos en un contexto planetario, se insiste, en el que todo es máscara, inclusive las izquierdas, el imperialismo europeo, los valores occidentales, los países, los idiomas, los pueblos, las monedas, las clases sociales, la libertad de expresión. Las máscaras son, por lo tanto, el fundamento del imperialismo gringo. Es por esto que ellas se vuelven cada vez más fundamentalistas y es igualmente por esto que ellas son máscaras negras, expresión que usamos con el sentido de máscaras de alteridades u otredades, razón suficiente para deducir que estas, así como el petróleo, son el verdadero punto de apoyo del dólar, su patrón oro, no siendo casual que se difundan y se multipliquen, sin techo, así como pasa con el dólar, narcisísticamente.

11.

Si, para Fanon, la relación entre las clases sociales es abstracta y universal aunque se viva de forma concreta y la raza es inmanente y singular, tal vez pueda trazarse un paralelo con la equivalencia entre piel blanca, entendida como efigie abstracta del dólar, y petróleo, entendida como ancla inmanente al dólar, formando el petrodólar. En el contexto del imperialismo estadounidense, el dólar sustituye a la clase social, ocupando su universalidad abstracta y es así como esta adquiere, aunque sea sólo una moneda, una realidad concreta. Por otro lado, los rostros, las otredades, el petróleo, en fin, las máscaras negras, son vividas de forma inmanente y singular, teniendo al dólar como su verdadero dios.

12.

Es en este sentido, pues, que es posible hablar de fundamentalismo como el rasgo que define al imperialismo yanqui, dejando claro que el fanatismo islámico es sólo un síntoma de una humanidad igualmente fanática: ¡Por la efigie del dólar! Así, si el imperialismo gringo se constituye como inversión del pensamiento de Fanon (o igual de Marx) es porque aquel transformó a la piel blanca dólar en una universalidad abstracta, sustituyendo a las clases sociales, en diversos contextos en las que estas también se vuelven singulares e inmanentes. Logo: puntos de apoyo para el dólar: la piel blanca del mundo.

13.

En Piel negra, máscaras blancas, el axioma racista de la piel negra es: cuando me aman me dicen que es a pesar de mi color y cuando me odian me dicen que no tiene relación con mi color. Teniendo en cuenta al imperialismo gringo, este axioma racista contra la piel negra asume cada vez más otra configuración, a saber: si me aman me dicen que es a pesar de no tener dinero (dólar); si me aman me dicen que no es por el hecho de que yo sea pobre, razón suficiente para concluir lo obvio: más que nunca el poder de la alteridad, la verdadera piel negra del mundo, es pobre, los desheredados de la tierra.

14.

Teniendo en cuenta el modelo de realización del imperialismo yanqui, con su grandilocuente fórmula piel blanca/dólar igual ancla cambiaria en las máscaras negras/petróleo del mundo contemporáneo, algunos imperativos categóricos de las reglas de juego, bajo el punto de vista de la libertad de expresión, pueden ser comunicados así: ¡Agítense, otredades de la tierra, en nombre del dólar! ¡Exprésense de forma fundamentalista, máscaras negras de todos los rincones! ¡Sean ustedes mismos, mujeres, gays, negros, musulmanes, occidentales, orientales!

15.

El verdadero dios del mundo es la piel blanca/dólar como efigie del capital planetario. Para alcanzar la gracia suya es preciso que las otredades se expresen a partir de una libertad fundamentalista, basada en el cuerpo a cuerpo del odio, de la división, del prejuicio, del racismo.

16.

Si el dólar es el europeo vuelto efigie y el petróleo son las alteridades metamorfoseadas en carne de cañón, aquel, el dólar, es el humanismo occidental; y estas, las otredades, son el estriptís encarnado del terror.

17.

La libertad de expresión universal de la piel blanca/dólar, como sustituto humanista de la lucha de clases, es su grandilocuente anclaje en las libertades de expresión de las pieles negras/petróleo del mundo, como realización divisionista de la lucha de clases.

18.

Bajo el punto de vista del imperialismo estadounidense, libertad de expresión, en este contexto, es lo siguiente: confusión, odio entre oprimidos, división de los trabajadores, como realización de la universalidad abstracta, aunque concreta, del dólar.

19.

El imperialismo gringo, por lo tanto, con su fórmula piel blanca(dólar)/máscaras negras/petróleo alimenta el fundamentalismo expresivo de las alteridades, toda ellas, con el objetivo explícito de dividir a los trabajadores de hoy, a escala planetaria.

20.

La libertad de expresión, por esto mismo, es la que nos divide, nos lleva a equivocar, nos hace odiar a nosotros mismos, en nombre del dios piel blanca dólar.

21.

La eficiencia del imperialismo yanqui tiene relación con el hecho de que él haya encontrado un modelo planetario para la lucha de clases, anclada en la libertad de expresión del odio de trabajador a trabajador, de empleado a empleado, de rostro a rostro o, simplemente, para dialogar con Fanon, de inmanencia singular de las y en las pieles negras en detrimento de la abstracción universal de la lucha de clases.

22.

Todo es rostro y todos los rostros pueden ser anclas para el dios(piel blanca) dólar, donde sea posible deducir que todo puede ser religión, fundamentalismo. Mayo del 68, bajo este punto de vista, por más incendiario que haya sido, se volvió un rostro religioso al servicio del imperialismo gringo, que edita y reedita todo, transformando la libertad de expresión de los rostros de las alteridades en energía de combustión de su absolutismo planetario.

23.

Por el hecho de que el dólar (dios, piel blanca) haya sustituido la lucha de clases como universalidad de la civilización burguesa, reeditándola por medio de la libertad de expresión de las máscaras negras dividiéndose atómicamente, Mayo del 68 se volvió también máscara negra, más un punto de anclaje para el dios dólar (piel blanca), no siendo casual, bajo este punto de vista, que sus herederos sean los más estilizados narcisos, generalmente cínicos, de la actualidad. Son, con rarísimas excepciones, unos jodidamente locos reaccionarios cuanto más libremente se expresan.

24.

Es aquí que una curiosa metamorfosis ocurrió con los rostros contemporáneos (claro, esto incluye los aún vivos) de Mayo del 68. En general, se presentan como laicos, despojados, sexualmente liberados, pero cuando el asunto es el mundo universal/concreto de la opresión de clase, ríen satíricamente. Dicen, burlándose, que ya no estamos en el siglo XIX, que no existen clases sociales, que el mundo es otro y, de forma maniqueísta, dicen que todo maniqueísta es tonto. Por otra parte, es común que se presenten orgullosamente como laicos, pero pronto se nota que adoran al dios dólar (piel blanca). Son una caricatura de ellos mismos, satíricos con casi todo menos con su presunción, menos con su multiplicidad ambulante, menos con el vino caro: menos con el dólar (dios olímpico, piel blanca). Son, al fin y en principio, unos estilizados ultramodernos, reaccionarios.

25.

Aunque lamentamos la muerte de todos los asesinados de la revista satírica francesa Charlie Hebdo, esta ha mantenido una línea editorial heredera de la generación capturada de Mayo del 68, al expresarse libremente a través de una sátira prejuiciosa por partir del punto de vista del humanismo occidental, desvinculando así a este de su lado desnudo: el terrorismo.

26.

Denunciar satíricamente el estriptís de los fanatismos religiosos sin considerar su relación con la vestimenta humanista del sistema de opresión occidental es ser simplemente un arma de guerra de los imperialismos europeo y estadounidense.

27.

La sátira es un género diabólicamente divino, singular, pero cuando se burla, carnavalizando de abajo hacia arriba, de los ideales, de los rituales y de las mistificaciones ideológicas de los poderosos, principalmente teniendo en cuenta el estilo de vida de ellos, en su configuración histórica, laica, supuestamente humanista.

28.

La sátira se inscribe como el horizonte insustituible de la libertad de expresión, dilatándola creativamente, cuando, metiendo la pata, retrata los poderes instituídos de una época dada en flagrante posición de cuclillas, como animales, como risibles, como mortales.

29.

La sátira es la libertad de expresión, cuando desmitifica las religiones (en general vividas como tradiciones históricas, como instituciones respetables) de los grandes poderes de su época.

30.

La sátira es el género de los géneros cuando carnavaliza las jerarquías, las tácticas y estrategias de los plutócratas, poniéndolas en cuatro, haciéndolas ladrar, gruñir, deslizar en sus contradicciones, tirar pedos.

31.

La sátira es magnífica cuando invierte el orden cínico del mundo, al tropezar con todo lo que es alto, divinizado, reverenciado, exclusivo, con mucha carcajada, desprecio, plasticidad, osadía, engreimiento.

32.

La sátira, al fin y en principio, abre ventanas al porvenir cuando, desmitificándonos desvergonzadamente, no sólo demuestra que somos todos unos animales humanos, sino también cuando denuncia las desigualdades, pues sólo así será la revolución de la risa, desautorizando, en nuestros días, principalmente a Occidente, con sus guerras infinitas, al Occidente y sus transnacionales criminales, al Occidente y sus dólares pieles blancas, al Occidente y sus imperialismos genocidas travestidos de civilización, de poesia, de refinamiento educativo, de saberes respetables, de rigores… y, por encima de todo, de una hipocresía que produce escalofrío. La que lleva a esos imperialismos a cacarear loas a la libertad de expresión, cuando ellos mismos saben que ese derecho universal hace mucho tiempo está secuestrado por una escandalosa minoría.

33.

La sátira es el horror de los rigores ideológicos de los vencedores de una época dada, porque les enrostra la pantomima de sus genocidas aberraciones, metamorfoseadas en humanismos.

34.

La sátira puede ser el género de los géneros cuando, en la actualidad, se vuelve el estriptís de aquello que el imperialismo yanqui designa como derechos humanos porque demuestra, o puede hacerlo, que estos son la aberración trágica, terrorista, del derecho a la vida colectiva, el más sagrado de todos, porque es la condición fundamental para cualquier otro; porque es el principio de los principios, nacido de la tierra para existir -este lugar en el que toda risa es satírica no por naturaleza, porque la sátira jamás será natural, sino porque es histórica, humana, demasiado humana; porque es de donde brotamos igualmente, para reírnos con los más simples y no de ellos.

35.

Es precisamente por esto que satirizar a las religiones tradicionales, el islamismo, el cristianismo, el judaísmo, como hacía y hace la revista francesa Charlie Hebdo es no sólo una ingenuidad sino ante todo una creencia fundamentalista derivada de la peor forma de religión posible, a saber: la que confunde el espacio secular de existir, que es la igualdad a la que estamos retados a inventar (por medio de la lucha de clases planetaria), con la religión de los oligarcas y principalmente con la religión del imperialismo estadounidense, con su falsa universalidad (no) humanista dólar (piel blanca); y lo es por una razón muy simple: el imperialismo gringo trabaja todos los días del año con el objetivo de transformar a toda la humanidad en rehén del odio religioso tradicional, inclusive transformándonos en religiosos subjetivos.

36.

Nada más conveniente, para el imperialismo gringo, por lo tanto, que la perspectiva editorial satírica practicada por los caricaturistas de la revista Charlie Hebdo. Al ridiculizar a las antiguas religiones, lo hacían y lo hacen como fieles de la más fanática de ellas, en la actualidad: la rostridad divinizada dólar (piel blanca), abstracción monetaria anclada en el odio religioso (al respecto, se recuerda la caricatura de Eneko, aquí en Rebelión, en la que dos personajes conversan y uno, con ironía, dice: «Matar por motivos religiosos es salvaje. Lo civilizado es matar por motivos económicos»), usado como bomba de combustión alimentada por las máscaras negras del planeta entero, fuera de ser igualmente manipulada como pieza geopolítica contra China y Rusia y también, lo que es mucho peor, como pretexto para invadir países, bombardearlos, no siendo casuales los ejemplos de Irak, Afganistán, Líbano, Palestina, Siria, Sudán, Somalia, Yemen: todo el mundo.

37.

Si, vivos, los caricaturistas de Charlie Hebdo eran nada más y nada menos que los satíricos satirizados o idiotas útiles de la piel blanca (dólar) abstracción monetaria del imperialismo yanqui, muertos se volvieron combustible para la inclusión/combustión de otro grupo humano fanáticamente grandilocuente a su servicio: los europeos, instigados a la libertad de expresión para convertirse en el Emirato Cristiano Europeo.

38.

En nombre de Cristo, del humanismo eurocéntrico, de la religión secular occidental, los tambores del odio religioso agitan a Europa, especialmente al país de la Revolución Francesa (cuna de la libertad, la igualdad, la fraternidad, jad, jad, jad), preparándose para futuras vetustas guerras contemporáneamente milenarias.

39.

Curiosamente, la religión más fanática de todas, el sionismo, estriptís del judaísmo, es también la más, por paradójico que pueda parecer, secular. Es ella la que alista sus mártires, a saber: el Emirato Islámico, el Emirato Europeo, el Emirato Mediático, en nombre de la piel blanca/dólar del imperialismo yanqui, siendo su religión milenária.

40.

El imperio del caos, la piel blanca (dólar) estadounidense, quiere que todos seamos fanáticamente (lo que significa, belicosamente) su explosiva ancla petrolífera, dividiéndonos para convertirnos en señores de la libertad de expresión del odio a nosotros mismos. Con esto, nos satiriza, poniéndonos en cuatro.

41.

Para romper esta alianza suicida, entre la piel blanca (dólar) abstracción universal y su equivalencia carnal de las máscaras negras (petróleo), ahora con la inclusión del Emirato Cristiano Europeo, Fanon nos ofrece la respuesta: revolución creativa, apta para liberar al hombre de sus infantilismos, siempre y cuando estuviera respaldada en otro sistema de equivalencia, a saber: el de la abstracción (siempre vivida como concreta) universal de la lucha de clases anclada en los pueblos del mundo, singulares e inmanentes, considerando un combate implacable al imperialismo europeo, al estadounidense y a cualquier otro.

42.

Una revolución que afirme el futuro sin opresores y sin oprimidos, satirizando la libertad de expresión de aquéllos, siempre genocida, en nombre de la autoinvención de éstos, unos perversos (o libertinos) mal hablados desoprimidos.

43.

Una revolución en la que cada ser humano se revolucione a sí mismo, sin esperar mágicas ayudas, mucho menos de sátiros satíricos satirizados de medios mediáticos mediatizados por el irrespeto, pero, ante todo, por el racismo, por la xenofobia, por la intolerancia de los imperialismos. Y aquí quedan suspendidas, a manera de coda, las palabras del profesor colombiano Renán Vega Cantor: «Dibujar contra los musulmanes es libertad de expresión mientras que dibujar sobre los judíos es antisemitismo inmediatamente censurado». Hipocresía pura. Y pura (e impuramente) de Occidente.

Notas:

(1) Del original Les Damnés de la terre, título proveniente del primer verso de La Internacional: Debout!, Les damnés de la terre! / Debout! Les forçats de la faim! (¡Arriba, los condenados de la tierra! / ¡Arriba, convictos del hambre!). No obstante, hay que recordar que en francés existe la expresión ame damnée (alma condenada), para referirse a quien está completamente dedicado a alguien, que ciegamente ejecuta sus órdenes.

(2) Término entendido aquí como la religión universalista creada por el sabio persa Mani o Manes (c. 215-276) y concebida desde sus orígenes como la fe definitiva en tanto pretende completar e invalidar a todas las demás: una especie de esperanto religioso, de potestad primero europea, luego gringa: después, ¿china o rusa o…?

(3) A propósito, el cineasta chileno Miguel Littín dice: «El alcohol, la religión, las sonrisas, la ley y la gentileza son parte de las herramientas que posee el Sistema para disciplinar y dominar a los hombres».

(4) Relativos al mito griego de Sísifo, aquél anti-héroe condenado cada día a cargar una pesada piedra hasta la cima de la montaña para verla caer de nuevo, viéndose obligado a levantarla una y otra vez… Fue recreado por el escritor francés Albert Camus en El mito de Sísifo (1942), ensayo que se abre con la sentencia de Píndaro: «No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible».

(5) Obra publicada en español por ediciones Akal, Madrid, 2009, 384 pp.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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