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El estancamiento económico

Fuentes: Rebelión

Curiosamente, el ciudadano común es un completo ignorante en materia económica, a pesar de que las noticias económicas llenan páginas y páginas de los diarios de circulación nacional. No obstante, la explicación es muy simple: los especialistas en esta materia siempre hacen un gran esfuerzo por mantener desinformada a la ciudadanía. Esto es así pues […]


Curiosamente, el ciudadano común es un completo ignorante en materia económica, a pesar de que las noticias económicas llenan páginas y páginas de los diarios de circulación nacional. No obstante, la explicación es muy simple: los especialistas en esta materia siempre hacen un gran esfuerzo por mantener desinformada a la ciudadanía. Esto es así pues son muchas las inconsistencias y abusos que se cometen en esta materia, todo lo cual sería muy difícil de realizar si se tuviera que enfrentar a una ciudadanía informada respecto a qué es lo que realmente está pasando con la economía.

Un ejemplo muy típico de esta confusión entre el sentir ciudadano y la opinión de los expertos, es el famoso indicador del ingreso per cápita. Mientras la mayoría de los chilenos viven experiencias desoladoras y angustiosas con sus precarios ingresos, los especialistas hacen alardes con un Chile que tiene uno de los ingresos per cápita, es decir, por persona, más altos de América Latina. Obviamente a nadie le explican que este indicador se construye tomando todo el ingreso del país y lo dividen por el número de chilenos vivos. Sin embargo, eso no quiere decir que cada chileno cuente con ese ingreso, puesto que la enorme desigualdad que existe en nuestro país hace que más del 80% de chilenos nunca haya recibido ese dinero. La enorme concentración de la riqueza hace que el ingreso per cápita sea nada más que una simple experiencia de placer para los economistas y una causa más de dolor y frustración para los chilenos.

Otro lujo que se permiten los especialistas en economía es con la famosa tasa de cesantía. Esta sube y baja al ritmo de las compras navideñas, los períodos de cosecha o algún otro evento especial que haga subir los puestos de trabajo esporádicos y mal remunerados. Lo cierto es que la calamidad del desempleo afecta normalmente a 600 mil chilenos y este número ha ido sistemáticamente creciendo en las últimas décadas. Sólo en el período de Patricio Aylwin, no superaba los 400 mil cesantes.

Y qué decir de la famosa tasa de crecimiento económico del país. A pesar de que ya se anuncia una tasa menor para el año próximo, a la hora de sacar a bailar, salir a comer y tomar hasta la saciedad, los sabios economistas se dan un festín alardeando que nuestra tasa de crecimiento es superior a la de países de alto desarrollo y el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y las agencias de riesgo internacional no terminan de elogiar nuestro rendimiento económico como país emergente. Por cierto, nadie dice que son los grandes grupos económicos y las corporaciones multinacionales que hacen esa tasa de crecimiento económico, puesto que, al final del día el famoso crecimiento económico de Chile no es otra cosa que el crecimiento de las grandes fortunas que tenemos en nuestras fronteras.

La verdad es que la economía chilena, es decir, la de los chilenos que nacen, viven y mueren en esta larga y angosta faja de tierra, hace mucho tiempo que vive un estancamiento crónico, simplemente porque la riqueza no fluye a través de ellos y las pequeñas empresas que son el 99% y dan el 80% del empleo, es decir, son la economía chilena, sucumben cotidianamente en la peor de las zozobras.