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El ex juez Juan Guzmán asume la defensa de la documentalista Elena Varela

Fuentes: Rebelión

La defensa de la documentalista Elena Varela estará en manos del ex juez Juan Guzmán, del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Central, quien la llevará a cabo en forma independiente de esa casa de estudios. En junio de 2008, Guzmán integró asimismo el equipo de la exitosa defensa de Héctor Llaitul […]

La defensa de la documentalista Elena Varela estará en manos del ex juez Juan Guzmán, del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Central, quien la llevará a cabo en forma independiente de esa casa de estudios. En junio de 2008, Guzmán integró asimismo el equipo de la exitosa defensa de Héctor Llaitul y Roberto Painemil, el cual logró desbaratar otro montaje policial. Ese juicio en Temuco concluyó con la absolución de los dos mapuche acusados de haber realizado un atentado incendiario. Toda la acusación se basaba en una declaración inculpatoria que había sido obtenida bajo tortura. La Corte de Apelaciones de esa ciudad de la Región de la Araucanía confirmó posteriormente la sentencia absolutoria, ya que la fiscalía había solicitado la anulación del juicio.

Prácticas de la ANI

En este caso, Elena Varela y Kenny Sánchez -para quienes el Fiscal pide respectivamente 15 y 20 años de cárcel – también han denunciado que se ha utilizado la tortura como medio de obtención de declaraciones, que son consideradas «confesiones» por la Fiscalía. En octubre de 2008, desde la Cárcel de Alta Seguridad de Rancagua, Kenny Sánchez acusó al Fiscal Jordán -en una carta pública dirigida a los organismos de derechos humanos- de ser cómplice de esas prácticas desarrolladas por funcionarios de la Agencia Nacional de Inteligencia ANI.. Sánchez denuncia: «El día que el fiscal Servando Pérez, citó a declarar a Sergio Reyes, se produjo una nueva situación anómala, por decir lo menos, dado que el interrogatorio fue dirigido por dos miembros de la ANI que no se identificaron, hecho que se produjo en presencia del fiscal y del abogado de la Defensoría Penal Pública, de nombre Cristian Godoy».

Las denuncias de los detenidos no han sido acogidas por la justicia. El 4 de julio de 2008 la Corte Suprema rechazó por unanimidad el recurso de amparo presentado por la defensa de la cineasta Elena Varela que alegaba procedimientos irregulares en su detención y formalización. Esa actuación de la Suprema fue fiel a sus prácticas de tiempos de dictadura y los hechos fueron puestos en conocimiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con el patrocinio de destacadas personalidades del mundo de la cultura, de académicos y del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales. La CIDH abrió una investigación a partir de esta denuncia.

En la acusación presentada ahora por el fiscal Servando Jordán no falta nada: se alude al MIR como una organización terrorista, se vincula a los detenidos con el ELN de Colombia y también con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

El fiscal ha pedido 15 años de presidio para la documentalista de «Newen Mapu Che» y de «Los Sueños del Comandante», a quien acusa como autora intelectual de un asalto a una oficina del Instituto de Normalización Previsional (INP) de Machalí y del robo a una sucursal del Banco de Estado de Loncoche. La audiencia de preparación del juicio se realizaría el 17 de marzo. Según ha informado la prensa, la acusación sostiene que el dinero se destinaba a «financiar la defensa de Mauricio Hernández Norambuena», ex dirigente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, encarcelado en Brasil. Agregan que además Elena Varela tendría vínculos con comunidades mapuche para financiar guerrillas, lo que será investigado por los fiscales de la zona sur, donde ella filmó el documental requisado en su detención y que aún permanece en poder de la policía, que sólo ha ofrecido devolver una mínima parte de las grabaciones.

Grupos de los años 90

Se acusa asimismo a Elena Varela de pertenecer a una organización denominada Ejército Guerrillero del Pueblo, formada por ex miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria que actuaron a comienzos de los años 90 y fueron duramente reprimidos en la época de la «Oficina», un engendro de seguridad dependiente del Ministerio del Interior, dedicado a infiltrar y desbaratar a cualquier precio organizaciones políticas consideradas como un peligro para la democracia. En esos años (1993) nació también la primera Cárcel de Alta Seguridad, la CAS de Santiago, donde fueron recluidos (1995) los 82 nuevos presos políticos de la transición. Un informe de CODEPU citado por el historiador y ex preso político de entonces, Pedro Rosas, da cuenta de 140 casos de tortura y 96 muertes en procedimientos policiales de carácter «antiterrorista». En su obra «Derechos Humanos en la Transición» (Editorial Ayun, 2004), Rosas sostiene: «El tratamiento dado a estos prisioneros se extiende hoy a los presos políticos mapuche y los instrumentos legales empleados contra ellos hasta hoy, son una espada que pende sobre la cabeza de todos los movimientos reivindicativos y sociales populares. Sólo basta para ello estigmatizarlos y criminalizarlos. El «antiterrorismo» es hoy la justificación perfecta que ahuyenta toda solidaridad y permite toda suerte de arbitrariedad».

La detención de Elena Varela tuvo lugar el miércoles 7 de mayo, mientras trabajaba en su documental «Newen Mapu Che», en su casa de Licanray. Al mismo tiempo, en Ercilla era arrestada la integrante del Consejo Regional de Arte y directora comunal de Cultura de la Municipalidad de Ercilla (territorio mapuche), Kenny Sánchez y su pareja Flor Domínguez Rosas., al igual que Leticia Cárdenas, Sergio Reyes Matus (trabajador de Mininco, detenido en Temuco) y Jorge Pineda Arriagada, chofer de colectivo en Villarrica, aprehendidos asimismo en el operativo. El fiscal sólo perseveró en tres acusaciones: contra la cineasta, contra Kenny Sánchez y Sergio Reyes, reconociendo que en los casos restantes no cuenta con pruebas. Sin embargo todos ellos sufrieron cárcel y estigmatización pública en los días posteriores a su detención. El tipo de pruebas exhibidas en esos días -por ejemplo banderas del MIR y armamento de fantasía utilizado en los documentales – y la incautación de las entrevistas realizadas a dirigentes mapuche por la documentalista fueron algunos de los elementos que llevaron a la Asociación de Documentalistas de Chile ADOC a entregar su total respaldo a Elena Varela y calificar las acusaciones como un montaje policial, generándose así una poderosa campaña por la libertad de la documentalista. Meses atrás la cineasta visitó Buenos Aires recibiendo también todo el apoyo de los documentalistas del país vecino.

Habla Elena Varela

Reproducimos aquí la entrevista exclusiva realizada a Elena Varela en agosto de 2008 (revista Punto Final Nº 670) al quedar en libertad condicional, luego de pasar tres meses en la Cárcel de Alta Seguridad de Rancagua.

Documentalista Elena Varela: «A mí me torturaron»

«En este juicio hablan mucho del ex MIR, pero lo reconstruyen como si estuviera vivo. Me pregunto: si ellos hablan así, entonces el MIR existe. Con ese razonamiento, hay una ex CNI con otro nombre, que persigue al ex MIR».

Por Lucía Sepúlveda Ruiz

Ahora en libertad diurna, Elena Varela (42 años, documentalista, directora de orquestas sinfónicas infantiles y madre) aceptó el 19 de agosto ser entrevistada por Punto Final. El juzgado de garantía de Rancagua había denegado el pedido. La cineasta aún no recupera las cintas originales de «Newen Mapu Che» y «Los Sueños del Comandante», incautadas por la policía. Formalizada por supuesta planificación de un asalto bancario, en un caso denunciado como un montaje para censurar las luchas del pueblo mapuche, sólo en varios meses más conocerá ella la fecha de su juicio oral. De cabello negro y rizado, ojos luminosos, blusa negra, y jeans, sólo la risa muy breve de Elena, y su voz, que se quiebra a menudo, evidencian lo vivido.

¿Tres meses y medio en la cárcel de alta seguridad de Rancagua han cambiado a Elena Varela ? 

«En términos emocionales, estoy en estado de shock con esta democracia, la justicia y sus aparatos represores. He visto la columna vertebral del sistema. Pero siento que tengo que seguir adelante con la denuncia de lo que está ocurriendo con el pueblo mapuche y terminar mis documentales. En mí hay al mismo tiempo mucho dolor, y mucho amor. Y felicidad, porque hay mucha gente solidaria y consciente de lo que se vive en el sur y de lo que yo he tenido que pasar. Todos podemos estar involucrados en una situación así y vivir una represión igual. Yo creo que este país va camino a la derecha nuevamente y sabemos bien por la historia lo que esto significa.»

Hay querellas por tortura contra el fiscal Servando Pérez y otros en el Juzgado de Garantía de Rancagua. Pero según la agencia Efe usted «reconoció» que no hubo tortura.

«La periodista de EFE me preguntó: ‘¿Te pegaron?’ Y como dije que no, resolvió que no fui torturada. Los periodistas chilenos reducen la tortura a la aplicación de corriente. Hoy es más sofisticada. A mi me detuvo gente de civil sin identificarse, sin dejarme a ir a buscar mi chaqueta, cartera, ni nada. Me subieron a un auto con vidrios polarizados, junto a otros ocho autos sin logo alguno. Me encañonaron y esposaron y comenzaron el interrogatorio. A mi lado, un señor bonachón trató de seducirme para que yo cooperara diciendo quiénes estaban en unas fotos. Luego subió otro diciendo que si no, mi hija iba a sufrir las consecuencias. Lo reemplazó el simpático: ‘Tranquila, todo va a salir bien, t si cooperas, en la tarde estarás en tu casa’. Y así todo el rato. A mi casa ingresaron dos hombres con pasamontañas, que sacaron al director de arte del documental -mapuche- y al lonko de Trikauko. ¡Yo me acordaba de lo que pasaba en dictadura! Ahora ellos dos me han contado que en el lago, les preguntaban sólo acerca del movimiento mapuche, y las armas. Nunca los interrogaron sobre mí. Después sacaron al director de fotografía, Freddy Hayes, boliviano. Así detuvieron y ficharon a cinco miembros de mi equipo.

Quedé aterrada cuando me di cuenta que los agentes tenían micrófonos en mi casa. El día que me detuvieron, sabían que nos tomamos una botella de ron antes de partir a la filmación, y los temas que hablamos sentados en la mesa con otras personas…

En el auto, me empezaron a decir que yo conocía a los líderes del MIR, del Frente y de la Coordinadora Arauco Malleco y que tenía que llevarlos al lugar donde estaban las armas. Cuando llegamos al Colegio Claudio Arrau de Panguipulli, donde yo dirigía la Orquesta Sinfónica Intercultural de Niños, me dijeron que tenía que bajar, abrir las cajas de instrumentos uno por uno y declarar públicamente que yo escondía las armas ahí.

Yo respondí: ‘Basta, yo no me bajo’. Y ellos me decían que tenían órdenes para hacer eso. Los niños se amontonaron mirando. Los agentes me tiraron abajo del auto. Yo tenía miedo. Y les dije: ‘Si quieren que entre, será pasando sobre mi cadáver, porque yo dejé mi corazón ahí y no voy a entrar». Me agarré a las ruedas del auto hasta que el jefe ordenó que entraran solos. Supe después la reacción de la gente. Panguipulli quedó aterrorizado. Luego me llevaron al cuartel de investigaciones de Temuco. Con otros detenidos, estuvimos como hora y media contra la muralla. Después me llevaron a Rancagua. Me metieron a una sala con unas pantallas gigantes de televisión. Los agentes estuvieron fumando, comiendo sándwichs y tomando bebidas toda la noche. Yo no había comido ni bebido nada desde las 9 de la mañana, en que fui detenida. Estaba tan cansada que me dormí. A las dos de la mañana me sacaron a interrogatorio, y a tomar las huellas más otros chequeos en la noche, hasta las 9 de la mañana, que enfrenté la formalización. Recién ahí me enteré oficialmente de las acusaciones.»

Limitando la defensa

¿Cómo supo que la vinculaban con un asalto?

«Cuando me bajaron del auto en Temuco, los camarógrafos de la zona corrieron a filmarme. Me conocían porque salía a grabar con ellos. Me preguntaron por qué me detenían y respondí: ‘Por los documentales y mi relación con el pueblo mapuche’. Uno de ellos me me dijo ‘Te están deteniendo por un asalto».

¿Qué hizo la jueza en la formalización?

«La jueza, Andrea Urbina, no me permitió hablar. Cuando empezaron yo me di cuenta que esas acusaciones no tenían nada que ver conmigo. Ella no dejó entrar al abogado que mandó mi familia; aunque se supone que era un procedimiento público, todo el ingreso al tribunal estaba cercado, mi familia tampoco pudo entrar.»

¿Considera que le aplicaron la ley antiterrorista también?

«En términos prácticos sí. El fiscal dijo que había una asociación ilícita entre encargados culturales de Chile. Para mí eso era ciencia ficción pura. El hizo una construcción del MIR con el Frente Patriótico, el movimiento Lautaro, y el conflicto mapuche, de relaciones políticas entre esos grupos. Y después de esa construcción, ¡resulta que ese montón de gente estábamos detenidos por un asalto!»

¿Y las pruebas?

«Se han rebatido casi todas ya. El material subversivo que según el fiscal yo manejaba eran las banderas del MIR y las armas de fantasía del documental, y en el montaje de prensa agregaron armas de ellos. Para el fiscal, el material escrito del MIR y del movimiento mapuche y de grupos como la CAM de mi investigación eran un tema delictual, pero sucede que en realidad su análisis es un constructo histórico- político y militar de los movimientos sociales en el sur de Chile, que busca ver cómo se cruzan estos.»

Qué piensa de la justicia y de esta policía en democracia?

«Las cosas no han cambiado. La ideología es la misma pero en la justicia hay una caracterización modernista. El fascismo está en comunión ideal con la nueva democracia. En este juicio hablan mucho del ex MIR pero lo reconstruyen como que está vivo. Y yo me pregunto, si ellos hablan así, entonces el MIR existe, pero le llaman ex MIR. Y con ese razonamiento, igualmente, hay una ex CNI con otro nombre, que persigue al ex MIR.»

¿Qué hechos ocurridos en Chile han sido decisivos en su formación?

«Tenía siete años cuando vino la dictadura y se acabaron mis juegos en la calle, y comencé a ver la persecución y el dolor. En los años 84 y 85, cuando estudiaba en el Pedagógico viví los momentos más fuertes y dolorosos porque conocí la represión junto a mucha gente que murió, como Jecar Neghme y los hermanos Vergara.»

¿Por qué ha elegido trabajar con niños?

«Pienso que del trabajo con ellos puedan salir los nuevos pensadores para una sociedad más justa. No podemos construir una sociedad distinta sólo con los medios o con las marchas… Entre 1993 y 1999 hicimos en Maipú una hermosa experiencia independiente: la Escuela de Todas las Artes, con la Agrupación de Niños, una orquesta sinfónica, danzas, y todas las expresiones artísticas. En Pucón, el 2004 formé una Orquesta Sinfónica de Niños. En Panguipulli, yo quería gestionar la orquesta intercultural, que empezó el 2007, para que llegaran niños de todos los sectores rurales. La municipalidad estaba dispuesta a hacer una mesa redonda con los empresarios para financiarla, pero ellos no querían dar dinero si la orquesta tenía niños mapuche. Porque esos empresarios son los mismos contra los que ha luchado el pueblo mapuche, son los dueños del país, los que dirigen todos los medios y en la nueva región están a cargo de controlar las movilizaciones mapuche.»

El comandante Pepe

¿Y cómo nace «Sueños del Comandante»?

«En las conversaciones con los empresarios, ellos me dijeron que en la futura Corporación Cultural no debía figurar el alcalde Alejandro Kohler (PS) ‘porque su familia había sido amiga del Comandante Pepe’. Allí empezó todo, quise investigar. Tuve que hacer un trabajo psicológico – social para poder grabar a la gente, debido al miedo. Supe que José Gregorio Liendo llegó el año 63 a la zona enviado por el MIR, y conocí la historia del Complejo Maderero de Panguipulli constituido como un movimiento campesino independiente. Ellos sostenían sus ideas con un idealismo tan potente, estaban dispuestos a morir luchando. Su energía social irradia tanto que me hacía llorar… Esa historia sólo está en la conciencia colectiva y la expresión oral del pueblo y es lo que me hizo ir con la cámara y buscar y buscar y buscar. El síndrome colectivo de no poder recordar es lo que yo más destaco en «Los sueños del comandante», que se llama así porque esos sueños retornan el año 81 cuando un grupo-entrevisté a sobrevivientes- vuelve a armar la guerrilla.»

¿Y Newen Mapu Che?

«Ha sido un trabajo super largo y difícil, que pasa también por la empatía con la gente y por el pueblo. Los reprimidos no quieren hablar, porque saben que los periodistas cooperan con los sistemas de seguridad, tienen mucho miedo porque están perseguidos por la ley antiterrorista. El año 2007 gané el Fondo de Fomento Audiovisual 2007 de la Región de la Araucanía para «Newen Mapu Che», y creí que ya no nos iban a perseguir más, porque yo temía antes que me podían quitar las filmaciones que tenía, en momentos en que había mucha represión. También tenía miedo a ser perseguida, porque la gente mapuche, mis entrevistados, no han podido descansar de la represión. Primero, antes de la aplicación de la Ley Antiterrorista se ejecutó la Operación Paciencia, listando los que iban a ser detenidos, perseguidos y monitoreados. Pero el año 2003 y 2004 los que apoyan van aumentando esa lista. Sé que estoy en las nuevas listas de investigaciones ( ríe).

En una denuncia de la Comisión Etica Contra la Tortura, usted figura en la lista de las presas políticas mapuche. ¿Cómo le resuena eso?

«Si fuera así …. (calla, se emociona), me siento orgullosa, porque finalmente logro sentir este dolor de ellos, estas ganas de existir como pueblo. Los mapuches luchan por el ecosistema, la naturaleza, por su cultura. Su cosmovisión es mágica, se liga a su manera de vivir, y son consecuentes. Eso es lo que falta en Chile. Y esa sensación me hace sentir mucho amor por la causa mapuche. Ojalá se fuera mucha gente para el sur a ayudar, no sólo en sentido político sino cultural y social.»

¿Cuándo nace su interés por el tema mapuche?

«El año 2003 estudiaba dirección de orquesta en Alemania, y asistí a un foro en Berlín sobre racismo. Una alemana sostuvo que en Chile había mucho racismo, lo que me sorprendió mucho. Yo tenía otras críticas sobre la democracia chilena, pero allá descubrí que también al sur de mi país hay otro pueblo. Regresé y empecé a crear lazos. Comencé haciendo un registro sonoro sobre la música mapuche y así me fui involucrando más con su historia y el atropello a sus derechos, la perseverancia de su lucha, las reivindicaciones de tierras, y su derecho a existir.»

¿Cómo llega desde la música al cine?

«El año 91, al inicio de la transición, formamos el colectivo Ojo Film. Yo quería trabajar con niños. Me gustaba la idea de hacer películas infantiles. Eso me llevó a estudiar cine. No he seguido una carrera formal pero me considero una suerte de autodidacta profesional, formada inicialmente con los seminarios que daba ARCIS. En el Festival de Guiones en La Habana, fui seleccionada el 2003 con el guión del largometraje ‘El pueblo de los Niños».

¿Qué consecuencias ha tenido su detención para su hija América?

«Ella sabe muy bien quién es su madre. Pero es doloroso que escuche como la prensa oficial pinta a su mamá como delincuente. Ella se enteró de mi detención por las noticias, y todo esto le produjo un daño sicológico muy fuerte que hay que tratar de revertir.»

¿Qué piensa del movimiento que se gestó a raíz de su detención?

«Al ver la campaña en Internet, lloré. Quiero dar las gracias a todos los que han solidarizado, a los audiovisualistas y a los artistas en general, y aún a los que estando en el gobierno, donde todo está bloqueado y negociado, me apoyaron. Yo trataba de hacer Newen Mapu Che para que la gente se despertara. ¡Qué bueno que eso ha golpeado fuerte al corazón de las personas, porque desde el corazón hay que partir para cambiar las cosas!»