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El imperio al rescate

Fuentes: Rebelión

Se nos imponen recortes y rescates por haber convertido deuda privada (de bancos y sus inversores-especuladores- en deuda pública a través de su legalización por la casta política corrupta y ruin.

Estamos protestando. Ahora muchos más que antes. Y la guerra de la única clase se intensifica. Los ricos y poderosos lanzan sus huestes a una nueva ofensiva en la que la particularidad es que quien agrede, es la única y hegemónica clase social que pervive en este mundo global en el que hasta la Diferencia se «tunea» en Diversidad cálida e integradora.

Se agrede a una sociedad de consumidores-pagadores completamente fagocitada por La Clase, que lo Integra Todo y Unifica en su Sistema a través del Dogma que conforma su única doctrina ecónomo-político-ideológico-social: El Capital.

Claro está; siempre se dan resistencias, por lo que a quien se resiste a ser fagocitado en interés de los poderes e intereses de los dominantes, se les reserva justamente a lo contario a ser deglutidos: ser vomitado -por lo menos es lo que intentan- hacia la Tierra de Nadie (realmente también es suya), la marginalidad en donde ya habitan los millones de inservibles, los sobrantes del mercado.

Se nos quiere imponer su ideología como única y universal verdad, inevitable y ,además, la más justa. Y esto es así para la mayoría de los que viven. La tozudez de la realidad nos dice que esta sería la verdad absoluta si no existiéramos unos cuantos millones de criminalizados antisistema.

Es esta ideología única, en aplicación de la guerra que siempre tienen declarada las clases dominantes al resto de la población, la que está en plena campaña de agresión.

Por nuestra parte, no nos engañemos. No tenemos representantes en las instituciones demócrata-capitalistas. No podemos seguir engañándonos embelleciendo el recuerdo, tenemos que reconocer que hace tiempo fueron integrados en el sistema. Partidos políticos de origen socialista, sindicatos formados en las luchas sociales de los siglos XIX y XX, algún «alternativo» etc.: integrados, fagocitados, deglutidos.

Cierto es que hay que aceptar que, los experimentos estatales de supuesta alternativa al capitalismo fueron decantándose por el capitalismo liberal después de autoproclamarse como Estados Socialistas (realmente, y a pesar de discursos y proclamas, lo que los definió es que en lo social eliminaron la capacidad de aportación y respuesta social de la población, y en lo económico no se paso de un capitalismo estatal), con lo que la situación del momento en estos estados fue el paso de un feudalismo atrasado a un desarrollo que no puede dejar de ser más que capitalista.

No tenemos clavos a los que agarrarnos, y ahora, en Europa -realmente son procesos de occidentalización universal-, estamos en otra fase capitalista de concentración de poder -recordemos que la economía forma parte muy importante de este- dirigiéndose hacia parámetros consecuentes con dicha ideología.

Dentro de este sistema de capitalismo ultraliberal que padecemos ¿Quién ha dicho que la política de concentración se tiene que limitar a parámetros ecónomo-nacionales, cuando su dogma dice que a mayor concentración mayor beneficio. Más cuanto que los políticos son solo parte del propio sistema y, cada vez más, se limitan a cumplir las órdenes que les llegan desde instancias mucho más poderosas.

Ya que la población europea está siendo atacada también económicamente por las necesidades de beneficio supranacional ¿porque el europeo de a pie solo va a permitir la concentración de riquezas, recursos, capital, bancos….y no exige la concentración de los políticos?.

Se ve, pero no se quiere mirar. La economía siempre ha impuesto lo político, y hoy, los políticos de carrera sobran.

Nos endulzaron la pócima hablando de democracia, pero a las primeras de cambio se demuestra que la financiación, lo económico, el capital; impone lo político. Y los políticos obedecen. ¡No siempre es así! gritaran muchos democratoides recordando ejemplos como el del ministro griego. La verdad es que si alguno de estos políticos retiene todavía un resto de vergüenza, de pundonor, el sistema no tiene complejos demócratas: se le sustituye _ni siquiera se cumple con la farsa electoral-, o se le asesina si se pone incomodo (recordemos a Olof Palme).

Pero retomemos el discurso: estando en España, estado europeo, en una situación como la actual de capitalismo liberal dirigido por «los Mercados»desde una U. E. que impone la reorganización de los dominios ecónomo -estratégicos, una Europa en la que unos estados son dominantes y otros -España, Portugal, Grecia, Italia, Irlanda- son Pig susceptibles de sometimiento mediante ataques especulador-político, y donde sus políticos son meros transmisores de ordenes provenientes de Bruselas -o Alemania, o Francia-. La población sufriente debe dejarse de paños calientes y nacionalismos estúpidos, y reconozcamos que se nos impone desde fuera de las fronteras estatales la forma de vivir y nuestra calidad de vida, y que mientras no consigamos acabar con el actual sistema, nos debe dar igual donde está hecha la bota que nos pisa el cuello.

Recibamos en la protesta a los nuevos cesares llegados desde una UE imperial que impone la reorganización del «limes», pero reconozcamos en la verdad nuestra situación de vivir en una provincia, como tal, intervenida.

Eso sí: exijamos a estos nuevos cesares que sean consecuentes con su política de concentración, y que despidan y libren de la carga de los políticos nacionales: inservibles, mediocres y corruptos. Podemos aportar el argumento de que mantener a esta casta de trepas e inútiles, va contra la ideología de recortes y sobriedad en el gasto.

Se nos imponen recortes y rescates por haber convertido deuda privada (de bancos y sus inversores-especuladores- en deuda pública a través de su legalización por la casta política corrupta. Robo contra la población que solo nos deja el camino de enfrentar a esa gentuza a través de la insumisión, sedición, rebelión.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.