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El marxismo ¿es una ciencia?

Fuentes: Rebelión

Existe la creencia bastante difundida que el marxismo es una ciencia. Por ejemplo, ante los problemas de la humanidad, hay quien tiene una fe ciega en que la ciencia del marxismo los va a resolver. Veamos qué hay de cierto en dicho supuesto: Para que la proposición «el marxismo es una ciencia» tenga sentido, debemos […]

Existe la creencia bastante difundida que el marxismo es una ciencia. Por ejemplo, ante los problemas de la humanidad, hay quien tiene una fe ciega en que la ciencia del marxismo los va a resolver.

Veamos qué hay de cierto en dicho supuesto:

Para que la proposición «el marxismo es una ciencia» tenga sentido, debemos establecer, antes que nada, el significado -que debemos consensuar- de marxismo, por un lado, y de ciencia, por el otro; entre otras cosas, porque ninguno de los dos conceptos es ajeno a la controversia.

Empecemos por el concepto de marxismo: se suele concebir el marxismo como una corriente ideológica -es decir, un conjunto de supuestos cognitivos y de principios normativos- que fue fundada por Carlos Marx, quien seria -según el tópico que analizamos- su máximo exponente. Sin embargo, dentro de lo que históricamente se ha venido a llamar marxismo conviven múltiples tendencias de lo más heterogéneas y variopintas. Para muestra: leninismo, trotskismo, maoísmo, estalinismo, marxismo-leninismo, la metafísica materialista-dialéctica, kautskismo, marxismo estructuralista, teoría crítica (escuela de Frankfurt), revisionismo bernsteiniano, existencialismo marcussiano y otras.

Para que un cuerpo de conocimiento pueda ser considerado una ciencia, uno de los requisitos que se le exigen es que mantenga cierta homogeneidad de criterios; condición que, en la anterior relación, obviamente no se da; además, algunas de dichas tendencias son directamente anticientíficas: para la teoría crítica la ciencia es ideología, para Marcusse, los diamats y Stalin es una veleidad burguesa. Sin embargo, cuando nos referimos al marxismo como ciencia estamos pensando, sobre todo -y con razón-, en Marx. Pero, en este punto, topamos con un problema: fue, precisamente, el propio Marx, quien se excluyó a sí mismo del conjunto del marxismo. No era en broma cuando le dijo a su yerno, Paúl Lafargue: «lo cierto es que yo no soy marxista». Marx, que era un hombre de mentalidad abierta, no podía tolerar ni que se convirtiera su pensamiento en un catecismo ni que llevara su nombre una especie de secta dogmática, ni que en su nombre se profirieran todo tipo de estupideces; lo que deseaba era que la gente conocedora de su obra se animara a pensar por cuenta propia. En ese contexto, desautorizó a sus dos yernos marxistas, Lafargue y Longuet -confesos seguidores suyos-, colgándoles los epítetos de «el último bakuninista» y «el último proudhonista», respectivamente.

Vemos, pues, que no podemos incluir a Marx en el marxismo sin traicionar la voluntad del propio Marx. Pero, como cuando pensamos en el marxismo como ciencia suponemos a Marx, lo que ahora debemos averiguar es si el pensamiento del gran sabio es una ciencia específica, delimitable como una rama autónoma del corpus científico.

Un proceso de investigación cumple con el método científico si da los siguientes pasos:

Descubrimiento de un problema: Marx observa que hace falta un análisis científico del funcionamiento de la sociedad moderna (en síntesis, del capital).

Planteamiento: la sociedad moderna, como todo sistema social, es un proceso que tiene su génesis, desarrollo y culminación, punto en el cual se transformará en otra cosa; debemos conocer las leyes que rigen ese proceso -entre las cuales destaca la del funcionamiento del capital- para poder actuar racionalmente sobre él; es decir, para que la negación de la sociedad moderna sea dialéctica y no mecánica.

Cuerpo de conocimientos relacionados: economía política, historia, politología, filosofía, material empírico y estadístico, etc.

Solución con el material obtenido: Marx examina con un trabajo ciclópeo los conocimientos existentes constata que no permiten la solución del problema planteado; por lo tanto, sintetiza todo el inmenso caudal de material con el que ha trabajado, establece críticamente sus límites y da el siguiente paso.

Establecimiento de nuevos contenidos: además del método científico, Marx aplica la dialéctica al análisis de la forma mercancía, que él entiende que es la célula del organismo del capital; demuestra cómo a partir de la forma mercancía del producto del trabajo surge necesariamente la forma dinero y el capital; desarrolla el concepto de valor, demostrando que la esencia de toda otra ulterior forma de valor reside en la forma relativa; procede al análisis del proceso de formación del capital, diferenciando fuerza de trabajo y trabajo; etc.

Solución al problema: efectivamente, Marx ofrece una explicación cabal y legaliforme del funcionamiento del sistema capitalista, de cómo surge y se desarrolla el capital y de cómo se genera el valor y el plusvalor en el proceso de trabajo, de cómo se transmite el valor a través de los elementos de la estructura de la sociedad y de cómo el proceso económico condiciona el funcionamiento general del sistema, engarzado retroactivamente con la base ideológica que lo legitima. Demuestra, también, que los propios principios constitutivos del sistema -tanto materiales como espirituales- no pueden llevarse hasta sus últimas consecuencias sin la transformación del propio sistema.

Hasta aquí hemos podido comprobar: a) que el marxismo no es una ciencia; b) que Marx no pertenece al conjunto de tendencias que constituyen el marxismo; c) que Marx opera de acuerdo con los cánones de la ciencia.

Queda pendiente: explicar en qué consiste la aplicación dialéctica del método científico de Marx, empresa que dejo para un ulterior trabajo.

* Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona