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El pago de Chile

Fuentes: Rebelión

En varios de mis artículos, he sostenido que los sucesivos gobiernos de la Concertación han dejado de actuar por principios (¿lo han tenido alguna vez?). Ello, motivado para no perturbar su incestuosa relación con la derecha pinochetista y los militares golpista que se encuentran entronizados en distintas instituciones y estamentos oficiales. En tal dirección, su […]


En varios de mis artículos, he sostenido que los sucesivos gobiernos de la Concertación han dejado de actuar por principios (¿lo han tenido alguna vez?).

Ello, motivado para no perturbar su incestuosa relación con la derecha pinochetista y los militares golpista que se encuentran entronizados en distintas instituciones y estamentos oficiales. En tal dirección, su máxima ha sido hacer operable la llamada «política de los consensos», que no es otra cosa que cautelar los acuerdos con las fuerzas más reaccionarias existentes en nuestro país, léanse, entre otros, partidos políticos de derecha, fuerzas armadas, jerarquía de la Iglesia, empresarios criollos, multinacionales, banca, financieras, COPESA, diario el Mercurio, amén de otros referentes fácticos que agazapados operan por ahí en las sombras.

Es en este contexto que se han resguardado, y se resguardan, de que no haya ningún hecho político y social que vaya a perturbar las susceptibilidades con quienes han consensuado. Nada más patente y descarnado para avalar este cuadro frases provenientes de boca de personaros reaccionarios: «Los empresarios amamos a Lagos», o «El mejor gobierno de derecha de los últimos años lo ha hecho Ricardo Lagos.», etc.

En suma, prisioneros de una política reduccionista y cortoplacista los han llevado a botar al basurero todos aquellos principios éticos y morales que antaño exhibían con orgullo y que los distinguieron. Como bien lo ha dicho el poeta Armando Uribe, una situación tal, ha derivado a que Chile se haya convertido en un «país de traiciones y de traidores». Y si bien no es mi intención en esta nota entrar a enumerar una larga lista de hechos políticos y situaciones que avalen esta imagen, permítaseme sacar a colación un hecho que, en mi opinión, debe repugnar a cualquier conciencia progresista.

Se trata de la situación que afecta al único general constitucionalista sobreviviente de la época de Salvador Allende, Sr. Sergio Poblete Garcés, quien fue despojado por Augusto Pinochet de su nacionalidad chilena mediante el ignominioso Decreto Nº Nº 515, de fecha 23 de mayo de 1977. El general Poblete hoy yace enfermo, habiendo tenido que soportar un largo y forzoso exilio viviendo como paria en el extranjero, sin que su situación haya sido reparada por los sucesivos gobiernos de la Concertación representado por los presidentes Aylwin, Frei y Lagos.

En este punto no solo quiero hacer notar la falta de voluntad política de estos Mandatarios para hacer justicia a este caso, sino también dar conocer el doble rasero que han utilizado para dirimir otras situaciones en que ha estado de por medio el tema de la nacionalidad chilena.

En efecto, mientras al general Poblete, digno ejemplo de militar constitucionalista, no se le ha restituido aún su nacionalidad, los gobiernos de la Concertación han empeñado todos sus esfuerzos para otorgárselos a otros. Me refiero a los casos de Claudio Di Girólamo y Horacio de la Peña. Y si bien para el primero fue un justo reconocimiento a su larga y dilatada trayectoria de aporte al fomento de la cultura en nuestro país, sin embargo ese merecimiento quedó opacado por el hecho que se le otorgó la nacionalidad con un fin netamente utilitarista; una salida para acomodarlo en un alto cargo en un organismo oficial de la cultura. El segundo caso, una decisión del presidente Lagos de corte netamente populista y ramplón. Afirmo mi juicio, porque según su propio decir, le ofrecía la nacionalidad chilena como merecimiento de haber sido entrenador del equipo de tenis que obtuvo sendas medallas de oro y plata en las últimas olimpiadas. Pero es el caso que, públicamente, algunos jugadores y miembros de la delegación hicieron oír su reclamo, por estimar que la obtención de las preseas se debió al propio mérito de los jugadores antes que de su entrenador. Y no dejaban de tener razón si se tiene a la vista que los tenistas del team nacional, a esa fecha, se encontraban en el punto más alto de su carrera deportiva.

De otra parte, hago presente que en la Cámara de Diputados se encuentra en trámite un proyecto de ley con el propósito de restituir la nacionalidad chilena al general Poblete y otros compatriotas, pero la falta de voluntad política ha hecho que dicho proyecto se encuentre durmiendo en el Parlamento un largo sueño desde el año 2003 hasta la fecha. Un contraste con aquellas 24 horas que se demoraron para armar una ley especial para que la democracia cristiana no se quedara sin candidatos en una pasada elección. Y los pocos días de demora para asignarse sobresueldos y, peor aún, para colgarse de un beneficio económico que la ANEF había conseguido después de una ardua lucha para sus asociados. No sin razón entonces, la actividad política en nuestro país se encuentra sumamente desprestigiada. Y es en este cuadro donde se debe entender aquellas voces que acusan al poder Ejecutivo y Legislativo de ser entes corruptos. Corruptos, no necesariamente en el sentido de meter las manos allí donde no se debe, sino y sobretodo, una corrupción que se encuentra enraízada en el centro de las almas y espíritus de dichos entes corporativos.

Ahora bien, este caso ha empezado a tener connotaciones y repercusiones internacionales. Por lo mismo es de esperar que la nueva presidenta, Sra. Michelle Bachellet, repare en el más breve plazo la injusticia cometida por sus antecesores y que han afectado profundamente la dignidad de este ejemplar general, comprometido con los principios más caros al constitucionalismo, en un momento difícil de nuestra historia, cuando en la mayoría de sus pares hacía carne la traición y la felonía. Por cierto, una deuda pendiente que no escapará a la Sra. Presidenta electa se debe atender prioritariamente, más sobre todo, cuando el general Poblete fue amigo y compartió la misma celda de su padre, y según apuntan las notas de prensa, Alberto Bachelet «murió prácticamente en los brazos de éste».

Las últimas notas de prensa nos informan de que ya se ha producido un primer acercamiento entre representantes del gobierno y el general Poblete, con el objeto de hacerle llegar una invitación especial a la transmisión del mando próximo. Sin embargo, este inicial contacto se ha producido con no ciertos tropiezos. Según el general, no se trata que le tiren una invitación por debajo de la puerta, sin antes cumplirse algunos especiales requisitos. En primer lugar tener presente que no posee pasaporte para viajar dado su condición de apátrida. También está el hecho de sus 85 años de edad y que se encuentra enfermo, por lo que de venir tendría que hacerlo acompañado por su hija. También ha señalado que aquí en Chile no tiene donde llegar, amen de otros detalles y circunstancias que habría que tomar en cuenta, y que la invitación que se le ha querido extender no ha contemplado en absoluto en sus detalles.

Una invitación que a la fecha de hacer esta nota todavía no se le hacía extensiva en forma oficial, por lo que de suyo ha empezado a tener sus primeros tropiezos. Y no podría ser de otro modo, cuando los intentos y gestos de reparación se hacen en forma improvisada y a última hora. Por lo mismo, los antecedentes y detalles hasta aquí tenido, me hacen sospechar que dicha invitación no tiene un verdadero y real sentido de reparo, sino mas bien motivada para que el gobierno de Chile no salga tan mal parado del caso y de paso resguardarse del que dirán respecto de una actitud tan indolente e inexcusable para una persona de la talla y estatura del general Poblete.

Finalmente hago presente, que tras el «retorno a la democracia» (¿) en nuestro país, el general Poblete fue uno de los ex oficiales que se negó a venir al acto de desagravio que hizo hace tres años atrás la Fuerza Aérea de Chile a las personas que habían sido detenidas tras el golpe militar. Su negativa a venir a dicho acto de reparación, la fundamentó en que no quería integrar tardíamente -según declara- la denominada «familia aérea»… «No fui porque no quería ver, ni tenía interés de estar junto con un grupo de traidores, torturadores, asesinos e hipócritas», rubricó textualmente el general. Como se ve, este hombre de armas constitucionalista si sabe de honor y de principios, algo tan alejado de los institutos armados y del propio palacio de «La Moneda».

Con todo, ojalá los buenos oficios de la señora presidenta electa puedan dar frutos trayendo de vuelta al general Poblete a su país, lugar desde donde nunca se le debió haber forzado a salir.