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Adelanto del libro “La Ciencia (es) bélica. Textos para el debate”, de Alejo Rossi

El prestigio de los premios Nobel en el imaginario Occidental

Fuentes: Rebelión

Alfred Bernhard Nobel (1833-1896), fue un científico sueco que se dedicó al desarrollo y producción de explosivos, entre ellos la dinamita, la gelinita y la balistita. Independientemente de las aplicaciones en minería o demoliciones, resulta razonable considerar el hecho de que el origen de sus inventos estaba claramente orientado a la industria bélica. En particular, […]

Alfred Bernhard Nobel (1833-1896), fue un científico sueco que se dedicó al desarrollo y producción de explosivos, entre ellos la dinamita, la gelinita y la balistita. Independientemente de las aplicaciones en minería o demoliciones, resulta razonable considerar el hecho de que el origen de sus inventos estaba claramente orientado a la industria bélica. En particular, la balistita y la pólvora sin humo, fueron expresamente desarrolladas para tal fin. En particular, la pólvora sin humo fue de vital importancia para el desarrollo de las armas automáticas, lo cual no es poca cosa si uno mira en términos temporales el desarrollo de armas en función de su capacidad destructiva. Este avance, en términos históricos fue un punto de inflexión para la industria bélica. A partir de las armas automáticas, las guerras nunca más serían como antes.

Cuenta la historia oficial que Alfred sintió una tremenda culpa y remordimiento al observar los estragos que sus inventos provocaban en el campo de batalla y debido a esto decidió donar cerca del 95% de su herencia a la implementación de un premio anual a aquellos aportes científicos, políticos y sociales que resulten un aporte que beneficie a la Humanidad. En sus palabras:

«La totalidad de lo que queda de mi fortuna quedará dispuesta del modo siguiente: el capital, invertido en valores seguros por mis testamentarios, constituirá un fondo cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios entre aquellos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la Humanidad.(…)» Alfred Nobel

No tiene mucho sentido indagar acerca de la sinceridad de Alfred respecto de los sentimientos de culpa que le produjo conocer los estragos causados en el campo de batalla o en las poblaciones civiles por sus explosivos, pero resulta al menos llamativo el hecho de que le resultó bastante fácil predecir y hasta le fue sencillo experimentar, para obtener los resultados de la aplicación de sus explosivos. La capacidad de predicción y la experimentación, son ítems obligatorios en los quehaceres científicos desde Galileo a la fecha y Nobel era un científico. Por otro lado, no hace falta estudiar en la Universidad de La Matanza o en Harvard para saber que si te dedicas a fabricar una bomba, no le espera un futuro muy prometedor a los que se encuentren cerca cuando explote, de hecho no hace falta mucho más que el criterio de un niño para ser conciente de las consecuencias

La capacidad para realizar cálculos físicos o matemáticos es propia de toda especie viviente y puede o no ser consciente. Hay una araña que utiliza una especie de boleadora hecha con tela de araña y su metabolismo se adapta al cálculo de disponibilidad de energía, su SNC estima el tiempo de caza, tamaño de la tela y de los insectos y en caso de no hallar una presa en un lapso determinado de tiempo, busca otra zona de cacería. Uno podría fácilmente calcular intervalos de tiempo u otras magnitudes utilizando por ejemplo un montón de estas arañas, a dicho cálculo de tiempo llamémoslo 1 arañito y obtenemos un dispositivo para calcular el tiempo, no muy práctico por cierto. Un castor, por ejemplo, no se va a poner a fabricar un dique si el tamaño del arroyo y los arbolitos disponibles no tienen determinada relación en sus magnitudes, instintivamente realiza ese cálculo a partir de la observación del terreno. Hay algunas aves que utilizan como método de caza, arrojar a sus presas desde gran altura y de manera instintiva se eleva a una altura determinada mínima suficiente y necesaria para soltar a la presa matándola por el golpe.

Es discutible si lo que entendemos por el desarrollo de la inteligencia abstracta en los humanos, no es más que una evolución en la red neuronal de los circuitos primitivos de otras especies vinculadas a regiones del SNC parasimpático, es decir la región que controla actos y funciones involuntarias, pero es un indicio a tener en cuenta el hecho que uno en matemática o física pasa de no entender algo durante horas o días, quizás meses o años y de golpe, como contaba Adrián Paenza, hacemos un «clic» y pasamos a entender, sin saber cómo fue esa transición de no entender a entender, casi de manera involuntaria, lo cual se podría quizás relacionar con la capacidad instintiva de aprender, la cual compartimos con cantidad de especies, mediante la investigación en neurociencia.

Pero bueno, sabemos que la formación científica no suele incluir contenidos de carácter histórico, social o humanístico, lo cual da como resultado en muchos de los casos, científicos incapaces de comprender o al menos preguntarse o indagar acerca de la función social de su trabajo, haciéndoles creer que la ciencias básicas (física química, matemática) son independientes del paradigma cultural y social reinante y que las aplicaciones prácticas de sus inventos y descubrimientos no los involucran ni los responsabilizan de las consecuencias realizadas por terceros.

Repasando la lista de premios Nobel entregados en física y química, es posible constatar con certeza muchos casos en los que los premiados tuvieron una participación directa y determinante en los avances de la ciencia bélica, lo cual se contradice bastante con la declaración taxativa del «aporte a la Humanidad» de la fundación Nobel y la academia sueca a la hora de premiar a los científicos, en tanto convengamos que nada referido al desarrollo de armas de destrucción masiva beneficia a la Humanidad (salvando el caso de tecnologías armamentísticas orientadas a prevenir ataques alienígenas, zombis, monstruos, demonios, fantasmas o el anticristo, los cuales, según tengo entendido, no están por el momento consideradas como hipótesis de conflicto serias por las potencias armamentísticas).

En otros casos no es muy sencillo ligar los aportes, en apariencia inocuos, de ecuaciones y experimentos con su posterior aplicación bélica, sin embargo rastreando el camino de la transferencia de tecnología de los centros de investigación a la industria para aplicarlo a la producción masiva, enseguida podremos verificar que su primer aplicación se relaciona con la industria bélica para en una etapa posterior, eventualmente utilizarlo para la industria comercial de consumo de tecnología.

Un ejemplo sencillo es el caso de los satélites, desarrollados a principios de la guerra fría por Estados Unidos y Rusia como elemento táctico y logístico de apoyo para conocer al enemigo, los cuales posteriormente van tomando otra funciones como por ejemplo herramientas para medios de comunicación, estudio del clima, etc.

A continuación a modo de ejemplo, menciono un par de «próceres» de la ciencia junto con sus aportes al desarrollo de armas de destrucción masiva y tecnología bélica en general.

-Fritz Haber, premio Nobel de química 1918 por sus aportes a la síntesis industrial del amoníaco ingrediente fundamental para la fabricación de explosivos. El mismo Haber se ocupó en el frente de batalla en la primera guerra mundial, de supervisar personalmente el uso del gas contra los rusos. James Franck, Gustav Hertz, y Otto Hahn todos laureados con el premio Nobel, fueron del grupo de Haber, llamados «los soldados del gas». Cabe mencionar que ese año no hubo ningún galardonado con el premio Nobel de la Paz. Aparentemente se lo iban a dar a Haber también, pero a los integrantes de la Academia Sueca y la fundación Nobel les pareció un poco exagerado darle dos premios Nobel el mismo año a la misma persona.

-Enrico Fermi, premio Nóbel de física en 1938. Al igual que Alfre Nobel, Enrico es uno de los pocos científicos que tiene un elemento en la tabla periódica que lleva su nombre: o sea, está el Hidrógeno, el Oxígeno, el Nobelio y el Fermio. Si bien al igual que Nobel se lavó las manos y adujo cuestiones de ética respecto del desarrollo de las bombas atómicas, este simpático sujeto fue uno de los principales científicos que participaron del proyecto Manhattan, el cual consistió en desarrollar las primeras bombas atómicas que posteriormente evaporarían en milisegundos a unos 400.000 japoneses en Hiroshima y Nagasaki.

Es una constante en muchos científicos la inocencia con la que el Poder logra embaucarlos y convertirlos en creadores de armas mortíferas, más teniendo en cuenta que son tipos inteligentes, lo que se dice «genios» para la mayoría de los mortales.

Por eso a veces me pregunto si acaso un premio Nobel a las Abuelas de Plaza de Mayo no es un contrasentido. Ellas, luchadoras a muerte contra la injusticia con la sencilla y poderosa misión de recuperar nietos robados por una dictadura apoyada por la CIA , agencia gubernamental implicada en el terrorismo de Estado del país que más premios Nobel a la ciencia bélica ha ganado, compartiendo el mismo premio que les dieron a otros por hacer bombas y cosas dañinas para la humanidad. O quizás, más que un contrasentido es el sentido mismo de validar en el imaginario global la indiscutible calidad de los premios Nobel. No se.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.