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El secreto tendido eléctrico de Transelec por la Patagonia

Fuentes: Azkintuwe

A pesar de la guerra mediática nacional e internacional de uno y otro bando, en esta excepcional zona de Chile no se dimensiona aún lo que, además de ríos embalsados, pronostica el futuro con represas. Un paisaje de extrema naturalidad, en la «frontera del desarrollo», luchando por sobrevivir ante la gran avanzada industrial. Tendido eléctrico […]


A pesar de la guerra mediática nacional e internacional de uno y otro bando, en esta excepcional zona de Chile no se dimensiona aún lo que, además de ríos embalsados, pronostica el futuro con represas. Un paisaje de extrema naturalidad, en la «frontera del desarrollo», luchando por sobrevivir ante la gran avanzada industrial.



Tendido eléctrico en Patagonia.

Fotomontaje de Archivo.



Párrafos

Transelec, controlada por la canadiense Brookfield Asset Management -consorcio financiado en parte por las pensiones de ciudadanos del país del norte-, ha hecho trascender que en mayo de 2008 presentará su proyecto al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.

Coyhaique no será la única ciudad que, de materializarse los proyectos, deberá vivir con esta intervención de su paisaje, sus perspectivas económicas y su estilo de vida. Partiendo desde las represas, el trazado en alterna recorrería toda la orilla del paradisíaco río Pascua.




Para muchos personas que viven en Chile las represas que Endesa España y Colbún quieren levantar en los ríos Baker y Pascua se ven lejanas. Incluso dentro de la propia Región de Aysén, en Coyhaique (45 mil habitantes), Puerto Aysén (17 mil) y varias de las localidades al norte de Cochrane (2.200), epicentro de los embalses, hay quienes estiman que éstas estarían lo suficientemente lejos como para complicar la tranquila y natural vida que se lleva en pleno centro de la Patagonia.

Nada raro, de todas formas. La solidaridad no es precisamente una de las premisas del modelo económico y de desarrollo vigente en Chile, en que se sustentan estas iniciativas y donde la máxima pareciera ser que cada uno se salva como puede. Esta especie de despreocupación frente a los impactos de las represas en una zona tan lejana, exótica, se ve favorecida con que gran parte de la opinión crítica de las organizaciones sociales, ambientales y productivas chilenas y extranjeras se ha dirigido fundamentalmente hacia los muros de concreto y los embalses proyectados, y a que Transelec -compañía que realiza los estudios para adjudicarse el negocio del tendido eléctrico por unos U$ 1.500 millones- ha trabajado desde 2006 en completo sigilo. Nadie, de los ciudadanos se entiende, tiene certeza respecto del trazado de las 5 mil torres de alta tensión que sostendrían los cables que inyectarían al SIC en Santiago parte de los 2.750 megawatts proyectados por las represas.

Nadie, excepto las organizaciones técnicas opositoras que trabajan a full cruzando información que permita tener el mapa de los sectores por donde pasaría la franja de 70 metros de ancho que se requiere para la faraónica línea, que sería una de las más largas del mundo en su tipo. Como la Corporación Chileambiente, que ya dio con las zonas que acogerían el cableado. «Mucha gente de la Patagonia, que ha vivido toda su vida en un entorno natural sano, no ha asumido a cabalidad lo que significaría habitar un entorno sitiado por infraestructura eléctrica. Nosotros queremos poner la voz de alerta». Patricio Rodrigo, director de la institución y además secretario ejecutivo del Consejo de Defensa de la Patagonia Chilena (CDP), puso a su equipo a descubrir lo que se esconde. Y lo logró.

Transelec, controlada por la canadiense Brookfield Asset Management -consorcio financiado en parte por las pensiones de ciudadanos del país del norte, al cual se dirigirá este año parte de la presión opositora-, ha hecho trascender que en mayo de 2008 presentará su proyecto al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, que está elaborando la consultora australiana GHD. Faltando pocos meses, la compañía no ha desarrollado proceso de participación ciudadana anticipada alguno, no se ha sabido de reuniones con la comunidad, es decir, no ha hecho nada que ponga en la agenda pública y, por ende, en tela de juicio su plan original, dejando que las críticas se concentren en Endesa y Colbún. Y a éstas pareciera no importarles mucho, total su propio negocio se calcula en U$ 3.000 millones.

Pero si hay algo de lo que se tiene claridad hoy, es que nada se puede mantener oculto para siempre. Lo primero es saber que la energía en corriente alterna se transportaría desde las 2 represas del Baker y las 3 del Pascua hasta una subestación conversora ubicada más al norte, en las cercanías de Cochrane, mediante estructuras de entre 35 y 50 metros de altura que requerirían una franja despejada de 30 metros de ancho (posiblemente ampliable al doble por el volumen de energía). Esta inversión sería hecha por las propias generadoras. Desde ese sector, situado a 320 kilómetros al sur de Coyhaique, seguiría su trayecto en corriente continua -bajo la responsabilidad de Transelec- hacia los principales centros de consumo; la Región Metropolitana y las grandes empresas mineras, cruzando a su paso media Patagonia y gran parte de Chile.

Tan lejos, tan cerca

«Qué hermoso se ve Coyhaique con esa sucesión de torres eléctricas, que como un cortejo fúnebre le rodean de punta a cabo» no es precisamente la sensación que los coyhaiquinos quieren generar en los futuros visitantes de su tierra, cuando el cableado -si prosperan las intenciones de las compañías- se asome por el mirador que regala, a sólo unos kilómetros, una amplia vista de la capital de la Región de Aysén, flanqueada como casi toda la zona por voluptuosos ríos, bosques y montañas nevadas.

La Trapananda, como se ha llamado históricamente a estos parajes, rezuma naturaleza. Y por eso los patagones reclaman que gigantescas torres de alta tensión y el consecuente tendido eléctrico por gran parte del Camino Longitudinal Austral (conocido como Carretera Austral) pondrían fin a un posible desarrollo turístico sustentable a lo largo de esta vía que fue considerada ruta escénica por Sernatur. Le dejarían, a cambio, «una profunda cicatriz en la Patagonia. Aysén es uno de los pocos lugares donde uno puede ver la cultura y la naturaleza en bruto, prístina. Y lo que buscan los turistas en esta tierra es acercarse a la pristinidad de la naturaleza, de la cultura y de la identidad patagónica. Un proyecto como éste atenta contra todo eso». Las palabras son de Francisco Vio, director de la Escuela de Guías de la Patagonia, institución que capacita a jóvenes ayseninos con una actividad que les permita tener ingresos y no perder su cultura, tierras e identidad. Una apuesta por el desarrollo económico local real, distinto a lo que ofrecen las eléctricas, señalan.

Pero no todo es paisaje. Una gran cantidad de bosques exóticos y nativos (un porcentaje no menor bajo protección oficial) se perdería por la necesaria desforestación de la franja que requiere la línea en una parte importante de los más de 2.300 kilómetros que contempla el trazado desde el sur hasta Santiago. «Los chilenos aún no nos damos cuenta de la real dimensión de lo que se plantea, trasladar toda esa energía para suplir el consumo ineficiente de la Región Metropolitana, y la gran minería del norte» se queja Peter Hartmann, director de Codeff Aysén. Según datos de Chilesustentable, un solo mall en Santiago consume lo mismo que una ciudad pequeña y la proyección de la demanda energética para los próximos años de un 6,8 por ciento se basa en la incorporación al SIC de nuevos proyectos mineros. Y en tiempos de cambio climático, señalan los detractores, eliminar miles de hectáreas de árboles que capturan gases efecto invernadero no sería precisamente una acción acorde con la conciencia global tan en boga en la actualidad.

Incluso así -y sin considerar siquiera los efectos en la salud producto del electromagnetismo- los coyhaiquinos, y la gente del sur, no pueden verse aún virtualmente «acordonados» por la línea de transmisión, precisamente porque no hay mucha información. Y porque, en realidad, aún teniéndola el escenario es muy difícil de dimensionar. De todas formas, un poco de luz sobre lo que se vendría no está demás.

En dirección al norte desde Cochrane (y luego de atravesar la Reserva Nacional Cerro Castillo) las torres y la línea de corriente continua bordearían Lago Elizalde -frente a Valle Simpson (350 habitantes)-, área que fuera aceptada a tramitación por Sernatur durante 2003 para declararla Zona Nacional de Interés Turístico. Al acercarse a Coyhaique, como una serpiente reptando por los hasta hoy naturales valles patagónicos y al oeste del Camino Longitudinal Austral, cruzaría la zona alta de El Claro colindante con la capital regional, rodearía la ciudad y desembocaría al norte en el sector aledaño conocido como pampa Pinuer. Una vez dejada atrás esta llanura, continuaría el trazado hacia el noreste por un costado de la Reserva Nacional Coyhaique hasta Villa Ortega (250 habitantes), siguiendo por la Ruta Austral hacia Villa Mañiguales (1.500) y la Reserva Nacional Lago Las Torres.

Si se concreta el proyecto, en cada viaje que los coyhaiquinos y los visitantes realicen desde la capital regional en dirección al sur, al norte, Puerto Aysén o el aeropuerto Balmaceda, el duro metal y los carteles de peligro les recordarán que la promesa de una región en estado natural, prístina, prácticamente intocada, la joya turística de Chile, no fue más que un sueño no cumplido. Atrás quedarán las palabras de la directora del Institute for Tourism and Recreation Research de la Universidad de Montana, Norma Nickerson, quien visitó hace algunos meses la zona y la categorizó en el estilo mountain top time travel (viaje en el tiempo desde las altas cumbres): «Son lugares donde el visitante puede subir a un cerro o una montaña, o incluso situarse a un costado de los caminos de ripio en el caso de esta región, observar y no ver evidencia alguna de gente o intervención humana. Eso en un hábitat es un recurso en sí mismo. Y mientras pase el tiempo muchas más personas querrán vivir esa experiencia de sentir que están en un lugar que se mantiene como seguramente eran otras zonas del mundo antes de que llegara el ser humano».

Este hipotético escenario futuro, si las empresas tienen éxito en sus planes, no considera el período de construcción, que demandaría miles de trabajadores extrarregionales y una intervención nunca antes vista del territorio, con camiones de gran tonelaje transitando durante una década por los principales caminos. Los habitantes sienten que sería instalar por 10 años a lo largo de toda la Región de Aysén un gran cartel que rece: «Territorio en Construcción – Perdone las molestias, estamos trabajando para usted».

Zonas bajo la mira

Pero por cierto que Coyhaique no será la única ciudad que, de materializarse los proyectos, deberá vivir con esta intervención de su paisaje, sus perspectivas económicas y su estilo de vida. Partiendo desde las represas, el trazado en alterna recorrería toda la orilla del paradisíaco río Pascua donde se proyectan tres embalses, se conectaría con el sector de El Saltón donde se pretende instalar uno de los muros del Baker y continuaría por el borde de la zona sur del río, el más caudaloso de Chile, hasta llegar a la subestación donde se transformaría la energía a continua, posiblemente al norte de Cochrane.

La planta conversora es tema aparte. Para muchos, representaría no sólo un gran impacto paisajístico con varias hectáreas de condensadores, filtros, transformadores y cables, sino que además significaría un importante riesgo para los seres vivos en caso de fallas, por la gran carga de energía y niveles de tensión presentes. Y, lo otro, podría estar muy cerca de la Reserva Nacional Lago Cochrane-Tamango.

Ya en manos de Transelec, el trayecto hacia el norte continuaría por la orilla del Camino Longitudinal Austral y el río Baker, internándose en la Zona de Interés Turístico Nacional Lago General Carrera, y cruzando el pintoresco poblado de Puerto Bertrand (100 habitantes), el sector pasarela del lago, Puerto Río Tranquilo (300) y las cercanías de Bahía Murta (300). Todas localidades de alto valor turístico para la región y donde la pesca con mosca, el trekking, el kayak y el rafting dejan hoy importantes recursos económicos a los pobladores.

«Nuestra región dejaría de ser lo que es. Estas empresas quieren terminar con los sueños de un modelo de desarrollo sustentable, el que hemos llamado Aysén como reserva de vida. Los que quieren naturaleza vienen para acá. Si alguien quiere turismo de represas, embalses y infraestructura eléctrica no viene a la Patagonia». Para el presidente de la Corporación Costa Carrera, Alejandro del Pino, impulsor de la categoría turística especial de la zona del lago Chelenko (como los tehuelche conocían al General Carrera), el segundo más grande de Sudamérica, es una contradicción lo que se plantea y una verdadera incoherencia en términos de planificación territorial.

A partir de ahí el trazado continuaría siempre hacia el norte por la orilla de la carretera adentrándose en el bosque del valle Murta y el portezuelo Cofré, donde el volcán Hudson causó estragos a principios de la década del 90. En el valle del río Ibáñez se internaría hacia el norte por el estero Portezuelo hasta el río Balboa a través de la Reserva Nacional Cerro Castillo, donde se emplaza la imponente montaña que muchos confunden con las Torres del Paine. «Son nuestras propias Torres del Paine» han dicho los lugareños. Y de ahí, por el portezuelo Boca de León el trayecto hacia Coyhaique.

Una vez cruzada la zona central de Aysén, y como una forma de obviar el famoso y hermoso Parque Nacional Queulat, las torres tomarían el cruce hacia el este en dirección al poblado de La Tapera (300 habitantes), para continuar por río Cáceres, cruzando la Reserva Nacional Lago Carlota y luego el paso Contrabandistas. Desde el estero Huemules y Cacique Blanco, se dirigirían hacia la localidad de Lago Verde (350 habitantes). Retornarían posteriormente hacia el oeste por el río Figueroa a orillas de camino, bordeando luego el lago y la Reserva Nacional Rosselot con dirección a La Junta (1.000 habitantes), última localidad al norte de la Región de Aysén, pasando a escasos cinco kilómetros de ésta.

Con cerca de 100 mil almas y muy baja población en sus localidades, en la zona se preguntan sobre los impactos sociales que tendría la instalación de 4.000 mil trabajadores, mayoritariamente hombres, durante el período de construcción sólo de las represas. Algo que importa principalmente a quienes han vivido por siempre o se han avecindado en este territorio, considerando que es probable que a muchos capitalinos les dé lo mismo total, como dio a entender el ex triministro de Economía, Energía y Minería de Lagos, Jorge Rodríguez Grossi, cuando entregó su apoyo a la construcción de una planta reductora de aluminio en el litoral: «De qué sirve tener una de las zonas más descontaminadas si no vive nadie».

Siempre en la Patagonia pero ya en la Región de Los Lagos el trazado retomaría la Carretera Austral en dirección norte hasta Villa Santa Lucía y el lago Yelcho, bordeando el Parque Nacional Corcovado. Luego de cruzar Chaitén, donde ya se ha expresado oposición al tendido y las represas luego del Primer Parlamento Medioambiental de la Patagonia organizado por los lugareños, se internaría en Caleta Gonzalo por el Santuario de la Naturaleza Pumalín, en las orillas del fiordo Reñihué, Pillán, Leptepu y Vodudahue. De ahí seguiría a través de este territorio protegido por cordilleras interiores y el Parque Huinay perteneciente a Endesa España, para retomar la orilla del Camino Austral en Cholgo, seguir al norte por el Parque Nacional Hornopirén y desde el poblado del mismo nombre hacia Hualaihué y Contao.

Dejando atrás la Patagonia continuaría el tendido a orillas de camino y pasaría por el estuario de Reloncaví por Bajo Puelo (sector prioritario de conservación), Cochamó y Ralún, para luego cruzar por el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales y la Reserva Nacional Lago Llanquihue hacia el lago del mismo nombre. Las torres y líneas de alta tensión bordearían los cerros, desde donde enfilarían por el camino hacia el norte pasando por Puerto Varas, Llanquihue, Frutillar, Río Bueno, Paillaco, Los Lagos, el sur de Los Ángeles, Mulchén, Bulnes, Cauquenes, Peña Blanca, Curacaví y una parte importante de la ruta 68 que une Santiago con Valparaíso.

Esta información preliminar de Chileambiente no considera las líneas de transmisión eléctrica de múltiples otras represas que se proyecta construir en Aysén y en la Patagonia en general, aprovechando su caudal hídrico con fines eléctricos. Son importantes volúmenes de agua que hoy en gran parte están en manos o están siendo solicitados por empresas eléctricas chilenas o extranjeras, como el caso de Endesa España y AES Gener. Por lo pronto, la minera suiza Xstrata Copper pretende construir en el litoral de la Región de Aysén represas en los ríos Cuervo, Blanco y Cóndor, y Endesa otra más en el río Puelo y dos en el Manso, en la Región de Los Lagos.

El futuro de la Patagonia es hoy incierto. Principalmente porque el hambre insaciable de energía, a pesar de las campañas de ahorro y eficiencia energética (una contradicción en sí mismas en un modelo que apuesta al consumo y a la producción masiva), no es sólo del país. Como lo reconociera el director científico del Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia, Oscar Parra, en marzo de 2006 en una presentación ante la Universidad de New Brinswick en Canadá: «El potencial hidroeléctrico de los ríos patagónicos excede los 8 mil MW (una tercera parte el potencial chileno) convirtiéndolos no sólo en una fuente energética viable para Chile sino para gran parte del Conosur de América».

Así, la Región de Aysén y la Patagonia, reconocida mundialmente por su belleza y aporte a la biodiversidad planetaria, ya no se piensa sólo como la Gran Pila de Chile. La opción, no comunicada aún a los casi 100 mil ayseninos, es ser la Gran Pila del Sur de América. Con medio Chile convertido, por el interés de los dueños de las aguas del país, en servidumbre de paso para el enchufe más largo del mundo.