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Algunas claves ideológicas de la iniciativa del Partido Popular Europeo para condenar el comunismo

El temor de la derecha europea

Fuentes: Rebelión

Los días 23 a 25 de enero, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) discutió una propuesta de resolución presentada por el diputado sueco Göran Lindblad, del partido popular europeo (PPE) bajo el título «Necesidad de una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios»[1] (a partir de ahora, NCI). Esta iniciativa […]

Los días 23 a 25 de enero, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) discutió una propuesta de resolución presentada por el diputado sueco Göran Lindblad, del partido popular europeo (PPE) bajo el título «Necesidad de una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios»[1] (a partir de ahora, NCI). Esta iniciativa tiene como objeto criminalizar, no unos determinados regímenes políticos, si no la propia idea del comunismo. La resolución fue aprobada por 93 votos a favor ( populares y liberales y) y 42 en contra ( socialistas, Grupo de la Izquierda Europea y comunistas). Intervinieron 63 parlamentarios. Por el contrario, el Grupo Socialista, por boca de su presidente, el español Luís María de Puig, senador del PSC por Gerona, pidió la devolución del informe a la Comisión de Asuntos Políticos, debido a la «falta de análisis» y a que puede dar lugar a «interpretaciones incorrectas y nefastas», pero su propuesta fue rechazada por 81 votos en contra y 70 a favor. Si bien la resolución fue aprobada, no ocurrió lo mismo con un proyecto de recomendación a los gobiernos de los Estados miembros del Consejo de Europa para el que eran necesarios dos tercios de los votos. Tampoco salió adelante la iniciativa de crear, junto a la Unión Europea (UE), un Museo europeo en memoria de las víctimas de los regímenes comunistas totalitarios, con sede en Bruselas, o el lanzamiento de campañas nacionales de sensibilización sobre «los crímenes cometidos en nombre de la ideología comunista»[2].

La resolución está recibiendo diversas respuestas en el ámbito europeo por parte de diferentes sujetos políticos. Destaca, por su carácter combativo y de masas la respuesta en Grecia, en Bélgica, en Francia y en Italia. La respuesta en España se muestra un poco tardía y dispersa. Hay que mencionar la iniciativa tomada por la Agrupación de Profesionales y Técnicos del PC de Madrid, la concentración en días asados ante la embajada checa ante el peligro de ilegalización de la juventud comunista de ese país y el llamamiento unitario aprobado por diversas organizaciones en Catalunya. De forma complementaria a esas respuestas, que esperamos se extiendan y se profundicen, conviene resaltar algunos aspectos ideológicos de la propuesta de resolución del PPE. Una propuesta que es básicamente ideológica y la que hay que dar respuesta en el terreno ideológico.

Un fantasma que no se deja exorcizar.

Tras una primera lectura de la propuesta de resolución, lo primero que se me ocurre es que la derecha no ha decidido iniciar una cruzada sólo para exterminar los restos orgánicos de un movimiento que fue el sujeto político esencial de la historia del siglo XX: el comunismo. Los restos de los sujetos políticos del comunismo del siglo XX están, en Europa occidental por el momento y con excepciones, derrotados, dispersos y en algunas ocasiones se mueven en el mundo de la marginalidad política. Contra eso no precisa la derecha hacer muchas propuestas de resolución en ninguna asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, ni en el Parlamento Europeo.

La propuesta de resolución no apunta solamente contra esos restos del naufragio. La resolución apunta contra el propio comunismo. La derecha es consciente, quizás más que los propios comunistas, de que el comunismo, desde al menos 1794, ha sufrido muchas derrotas. Pero, tras cada derrota siempre ha reaparecido, con nuevas formas y con nuevos impulsos y ha marcado etapas enteras de la lucha de clases. El viejo topo no dejará nunca de hozar y de reaparecer en el sitio más inesperado, bajo la forma más insólita, mientras el capitalismo sea el modo de producción imperante.

Las formas que adoptó el comunismo en cada reaparición fueron diferentes pero las aspiraciones de libertad, igualdad y fraternidad fueron, en definitiva las mismas. Y la nueva etapa de desarrollo del capitalismo a nivel mundial está más preñada que nunca de comunismo. La contradicciones a las que el capitalismo somete a la humanidad nunca han sido tan explosivas. La propia existencia de la humanidad está en peligro si el capitalismo no es superado de una vez por todas. Y la humanidad siente como nunca había sentido, nostalgia de un futuro de felicidad común.

Lejos del pesimismo imperante en medios comunistas sobre las condiciones de posibilidad del comunismo en Europa, la derecha es consciente de que el fantasma continúa recorriendo el viejo continente y que está lejos de dejarse exorcizar. La propuesta de Göran Lindblad es una manifestación de ese miedo de la derecha. Un miedo que apunta prioritariamente hacia el Este del viejo continente. Que apunta sobre las consecuencias del desmontaje del bienestar social existente en los antiguos países socialistas. Los datos de este desmontaje para Rusia son claros. El corresponsal de La Vanguardia en la URSS y en Rusia durante muchos años los ha descrito del siguiente modo:

· «La industria produce un 40 % menos que en 1991.

· La agricultura produce un 60 % menos.

· En el contexto de la caída de la producción y descapitalización, el sector de las altas tecnologías y de la investigación científica – la locomotora de la innovación – ha sufrido el principal golpe.

· La exportación de materias primas representa el grueso del comercio exterior y por lo menos el 70% de los ingresos de los presupuestos.

· Por el peso de su PIB en el producto mundial, Rusia ocupa el puesto 16, detrás de países como India, Brasil, Indonesia, México y Corea del Sur.

· Por una combinación ( sin precedentes en una sociedad en tiempo de paz) de aumento de la mortalidad y caída de la natalidad, Rusia pierde desde hace varios años casi un millón de habitantes al año. La esperanza de vida de los rusos ( 57 años para los hombres en 1994, 60 años en 1999) descendió cinco años e los últimos ocho años. Rusia ocupa el puesto mundial 135 en esperanza media de vida por detrás de Togo»[3]

El auténtico genocidio social causado por la reinstauración del capitalismo tiene consecuencias políticas: fuerte presencia de partidos que se reclaman o provienen del comunismo en diversos países cómo Checoslovaquia, Rusia, antigua RDA… Eso significa un grave inconveniente para la construcción de Europa como nuevo espacio económico, social y político funcional a la nueva fase de desarrollo capitalista. Un grave obstáculo para la construcción de Europa como nuevo polo imperialista.

Este miedo de la derecha quizás sea difícil de percibir desde Occidente y concretamente en nuestro país, tras la profunda derrota política, pero sobretodo cultural e ideológica, sufrida por el movimiento comunista en España tras la transición. Quizás alguien considere que hablar de temor de la derecha al comunismo sea excesivamente optimista. Quisiera decirle a ese alguien que, en este caso, ser optimista solamente es ser un pesimista bien informado. Infórmese, si quiere usted pasar del pesimismo paralizador al optimismo de la voluntad, leyendo la propuesta del PPE. Encontrará cosas como la siguiente: » … el juicio moral y la condena de los crímenes cometidos desempeñan un papel importante en la educación consagrada a las jóvenes generaciones»[4], luego existe el peligro de que determinadas capas jóvenes se hagan comunistas. O, por ejemplo: «En primer lugar, en cuanto a la percepción en el público, debería ser claro que todos los crímenes, incluido s los cometidos en nombre de una ideología que predica los ideales más respetables tales como la igualdad y la justicia, tienen que ser condenados, y que este principio no debe sufrir ninguna excepción. Este aspecto es particularmente importante para las jóvenes generaciones que no tienen experiencia personal de los regímenes comunistas»[5], de la educación de los jóvenes como objetivo central. Más: «Parecería que una suerte de nostalgia del comunismo esté todavía presente en ciertos países, con el peligro de que los comunistas vuelvan el poder en uno u otro de estos países»[6]; «nostalgia del comunismo», ese es el peligro. Y: «Los símbolos comunistas son abiertamente utilizados y el público es muy poco consciente de los crímenes comunistas. Este grado débil de conciencia es particularmente sorprendente en comparación con el conocimiento que el público tiene crímenes nazis. La educación consagrada a las jóvenes generaciones en muchos países ciertamente no contribuye a reducir esta desviación»[7].

Si el público es poco consciente de lo malo que es el comunismo, si hay que educar a los jóvenes en el anticomunismo, si es peligroso que los símbolos comunistas sean «abiertamente utilizados»…el viejo topo continúa preocupando ( y mucho) a la derecha. De estas y otras expresiones debemos concluir que para la derecha europea, el comunismo está lejos de haber desaparecido de la historia y que, según ella, es preciso tomar medidas precisas de lucha política e ideológica en esta nueva fase de la lucha de clases.

Construir la memoria, reescribir la historia.

Es preciso pensar detenidamente el carácter y los contenidos de la propuesta del PPE. En esta ocasión, el PPE pretendía algo más que una enésima condena «política» en un órgano Parlamentario del Consejo de Europa. La propuesta del PPE no es la simple reiteración de un posicionamiento conocido y recurrente. Es algo más que eso: es un plan de trabajo político y de lucha ideológica que trata de orientar el trabajo político de la derecha europea, y de quienes quieran seguirles, en las próximas décadas. Y como tal hay que tomarla.

Hace cincuenta años que el movimiento comunista, empezando por el PCUS, condenó el estalinismo. Un frío 25 de febrero de 1956, el Congreso del PCUS aprobaba por unanimidad, tras haber escuchado el informe secreto de Kruschov[8], una resolución que decía lo siguiente: «…el 20ª congreso del PCUS aprueba las posiciones contenidas en el informe del Comité Central y confía al CC del PCUS la tarea de poner en marcha de forma consecuente medidas que permitan superar plenamente el culto a la personalidad como extraño al marxismo-leninismo, que permitan la liquidación de sus consecuencias en todos los dominios del trabajo del partido, del Estado y de la actividad ideológica, que restablezcan de forma estricta las normas de la vida del Partido, y aquellas del carácter colectivo de la dirección de Partido tal como fueron elaboradas por el gran Lenin»[9]. Teóricamente, la gran asamblea , reunida en el Gran Palacio del Kremlin entre los días 14 a 24 de febrero, había concluido. El día 24 había sido elegido el Comité Central y los delegados se disponían a volver a sus poblaciones, cuando se anunció que debían quedarse otro día en Moscú. El día 25 de febrero se realizó una sesión secreta, a puerta cerrada y sin delegaciones extranjeras. Kruschov leyó su famoso informe secreto. En él los hechos y las opciones políticas y económicas tomadas antes de 1934, quedaban al margen de toda crítica, pero: «… los detalles dados sobre el periodo posterior son dramáticos, desagarradotes para hombres que, en su inmensa mayoría sólo habían conocido la imagen gloriosa y piadosa de Stalin»[10].

Quizás la denuncia se hizo de forma insuficiente. En efecto, el informe secreto no proporcionaba elementos políticos de explicación de aquello que había sucedido. La insuficiencia empezaba desde la propia cronología del informe. Tampoco el método parece el más propicio para originar una renovación del impulso revolucionario. El propio informe secreto no fue publicado en su momento y se intentó que permaneciera así: secreto. Por ejemplo, el suplemento de «Les Etudes Soviétiques» publicado en Paris en febrero de 1956 daba a conocer únicamente el «Rapport d’activité du CC de PCUS au XXe. Congrès du Parti» leído por Kruschov el 14 de febrero, cómo atestigua el ejemplar que obra en mi poder[11]. Así, los comunistas franceses, por poner un ejemplo debieron esperar a que el Departamento de estado de los USA consiguiese un ejemplar en Polonia y lo publicase, naturalmente en clave anticomunista, el diario Le Monde, entre los días 6 y 19 de junio, es decir cuatro meses más tarde. Publicado de ese modo, el Informe secreto, despertaba todo tipo de sospechas. Incluso daba pábulo a quienes preferían no creer en su contenidos para afirmar que era un invento del imperialismo. En cuanto a los comunistas soviéticos no vieron nunca publicado este texto, si bien lo conocieron leído de viva voz en asambleas del partido realizadas en todo el país, y sus contenidos fueron recogidos en el Informe de Kruschov al 22º congreso. Estos métodos, fruto quizás de la situación interna, no ayudaron en ningún momento a que el movimiento comunista metabolizase una crítica leninista del estalinismo[12].

En su entrevista a la revista «Nouvi Argomenti» Palmiro Togliatti, secretario del Partido Comunista Italiano había ya señalado la necesidad de profundizar en las razones por las que una desviación de los principios básicos del comunismo como fue el estalinismo se había transformado en un sistema de gobierno:»La explicación no puede encontrarse más que en una investigación atenta del modo como se llegó al sistema caracterizado por lo errores de Stalin. Solo así podrá comprenderse cómo esos errores no fueron solamente algo personal, sino que abarcaban de una manera profunda la realidad de la vida soviética»[13]. Pero esa línea, desgraciadamente no fue seguida. Enseguida se produjeron los acontecimientos de Hungría, que mostraron claramente los límites de la desestalinización. Más adelante, con la substitución de Kruschev por Breznev, ese análisis y sobre todo las consecuencias políticas del mismo quedaron frenadas y se perdió la oportunidad de regenerar las sociedades post-estalinianas con inyecciones de más socialismo y de más democracia, evitando la caída posterior de unos regímenes envejecidos e incapaces de competir con el capitalismo. Georg Luckács, en dos textos importantes de finales de los años sesenta mostró claramente, por un lado el método estalinista usado en la desestalinización y por otra parte que el problema no era el comunismo, si no un déficit de comunismo en la construcción de la nueva sociedad. Mostró claramente que la alternativa no era el sistema liberal-representativo sino la democracia socialista[14]

Diga lo que diga la derecha, las críticas del estalinismo partieron del propio movimiento comunista. Ello, por sí mismo, es muestra de que el estalinismo no es una consecuencia inevitable del comunismo si no el producto de unas determinadas circunstancias históricas que pueden ser estudiadas y analizadas. Y que existían otras vías posibles para el desarrollo del socialismo.

Sin embargo, la idea central de la campaña consiste en afirmar que el terror es consustancial con el comunismo. Que el Gulag[15] estaría ya en Marx. Incluso se afirma que el Gulag ya venía incorporado a la acción de Robespierre y del jacobinismo. La lectura de la proposición NCI nos muestra el uso recurrente del término «terror» para identificarlo con el comunismo. Recordemos que «la terreur» era el término usado por sans-culottes y jacobinos para referirse a las medidas extraordinarias tomadas durante el periodo del gobierno revolucionario ( junio 1793-julio 1794) para derrotar la amenaza externa, ( bajo forma de la coalición de monarcas absolutistas) e interna ( en forma de aristocracia y burguesía moderada) para tratar de consolidar la democracia.

Lo que pretende la proposición del PPE, es construir una memoria oficial del siglo XX, reescribir la historia del «siglo de los extremos». Que la historia la escriben siempre los vencedores, es algo más que un tópico. Desde la caída de Robespierre, la derecha ha tergiversado la historia y ha construido una memoria oficial. El Terror del gobierno revolucionario, se transformó en leyenda negra que ocultaba la magnitud, varias veces mayor del terror blanco[16]. Por otra parte, se confunde intencionadamente a Robespierre con los excesos cometidos durante el Terror ya fuera por multitudes incontroladas o por algunos emisarios del Comité de Salud Pública en algunas zonas. Justamente, fueron Robespierre y sus partidarios los únicos que trataron de moderarlo y precisamente fue este intento de moderación del Terror lo que les costó la cabeza el 10 de Thermidor[17]. Por otro lado, Babeuf, comunista continuador del robespierrismo fue un crítico sin piedad de los excesos del Terror[18].

La caída de la Comuna de Paris en 1871, fue otra ocasión similar de monstruosa manipulación de los hechos históricos y de tratar de destruir la memoria colectiva. Diversas anécdotas puntuales de excesos de los revolucionarios ( como el fusilamiento de 48 curas y gendarmes el 26 de mayo de 1871, en la calle Haxo por parte del pueblo, en el fragor batalla, cuando los versalleses estaban masacrando a los comuneros y a pesar de los intentos de las autoridades comuneras presentes[19]) pasaron a construir un discurso cuya misión era encubrir la barbarie de los piquetes de ejecución versalleses cuyas masacres inmediatas alcanzaron hasta las primeras semanas de junio de 1871, los veinte mil muertos reconocidos por las propias fuentes oficiales. A los que hay que añadir las cuarenta mil detenciones, en los meses subsiguientes, acompañadas en muchas ocasiones de tortura, largos años de cárcel o deportaciones a la Guayana. Una represión que duró más de cuatro años[20]. Más recientemente, Jacques Rougerie ha recontado aún más exhaustivamente las victimas: «¿ Cuantos muertos en total? Mac-Mahon, jefe de las operaciones confiesa 17.000; creo que se podría doblar la cifra. Nunca se tendrá la prueba exacta, pero ¡recordemos! Paris alcanzaba casi 2 millones de habitantes en 1870; se censan 1.818.710 en 1872 – cuando los burgueses que habían huido retornan. La diferencia es de 180.000. Hubo el sitio, su mortalidad duplica la ordinaria, los muertos de la guerra. Versalles hizo 40.000 prisioneros. Algunos comuneros pudieron escapar a provincias o al extranjero; muchos obreros se marcharon de Paris, donde el trabajo escaseaba; sería preciso que fueran cien mil por lo menos para que el número de fusilados no excediera los treinta mil. Esta contabilidad es honesta: los Versalleses tuvieron 877 muertos en la batalla y 183 desaparecidos y los comuneros ejecutaron un centenar de prisioneros»[21].

Afortunadamente para la Comuna y para los comuneros mártires, todas las organizaciones del movimiento obrero transformaron, cada una a su modo a la Comuna en símbolo y ejemplo. Supieron rebatir la leyenda negra y preservar la memoria de la clase trabajadora[22].

El revisionismo histórico contemporáneo.

Tras 1989, vivimos una ofensiva de la historiografía conservadora, ofensiva paralela y complementaria a la ofensiva general que hemos conocido como neoliberalismo. El llamado revisionismo histórico, que pretende negar la magnitud de los crímenes del nazismo, y equiparar el nazismo, el fascismo y el comunismo bajo el equívoco rótulo del totalitarismo, tiene un auge inusitado. Señalando 1989 como fecha de arranque no queremos ignorar toda la historiografía reaccionaria producida durante los años de la guerra fría. Queremos señalar que durante toda la guerra fría esta historiografía estuvo contenida, combatida y/o derrotada por las corrientes historiográficas progresistas.

Fue en 1989, en el marco de la conmemoración del Bicentenario de la revolución francesa[23] que esta corriente empezó su auge actual. Recordemos que la conmemoración que se realizaba paralelamente al proceso del implosión de los seniles y burocráticos regímenes del socialismo real. El Bicentenario, salvo excepciones se constituyó como una conmemoración ideológica y de reescritura de la historia de la madre de todas las revoluciones de los siglos XIX y XX. Y es que la derecha no es ciega. Sabe que el comunismo contemporáneo surgió en el interior de la revolución francesa. Sabe que nació en el interior de dos movimientos sociales igualitaristas insertos en esa revolución como fueron el movimiento campesino ( «ley agraria», llamaban al comunismo) y en el interior del movimiento urbano de los sans-culotte. Sabe que los jacobinos robespierristas fueron la fracción de intelectuales orgánicos que fueron capaces de elaborar las propuestas y la experiencias del movimiento revolucionario en forma de leyes y de gobierno revolucionario y que sólo fueron vencidos por sus propias divisiones.

Sabe que la cultura política del socialismo y del comunismo se ha construido entre otras cosas, reflexionando sobre la narración de los hechos que van desde 1789 a 1799. Este carácter constituyente del discurso revolucionario hizo de la narración de la Revolución una «narración maestra». La derecha sabe que el hilo rojo conductor entre la democracia y el comunismo pasó de Robespierre a Babeuf, de éste a Filippo Buonarroti, de éste al comunismo francés de los años treinta y cuarenta, hasta Marx y Lenin. En ese Bicentenario manipulado, ejerció Furet, ex miembro del PCF, un papel central de demoledor de la memoria revolucionaria. Su discurso revisionista llevaba años elaborándose[24]. También ex – marxistas como Ferenc Frehér, dejaron constancia de su cambio de camisa, con su ensayo sobre el jacobinismo[25], cuya conclusión esencial es la necesidad «clausurar la narración maestra», es decir: «… es hora ya de cerrar la Revolución francesa».

La gestión de la memoria: el siglo XX en cuestión.

La propuesta del PPE es, básicamente una propuesta de gestión de la memoria y de reescritura de la historia desde el estado y desde la sociedad civil. La propuesta de resolución propone diversas iniciativas como: la creación de un «comité compuesto de expertos independientes encargado de recoger y de analizar informaciones y la legislación relativas a las violaciones de los derechos de l hombre cometidas bajo diferentes regímenes comunistas totalitarios… una declaración oficial a favor de la condena internacional de los crímenes cometidos por los regímenes comunistas totalitarios, y rendir homenaje a las víctimas de estos crímenes, cualquiera que sea su nacionalidad…una campaña pública de sensibilización con los crímenes cometidos por los regímenes comunistas totalitarios a nivel europeo… una conferencia internacional sobre los crímenes cometidos por los regímenes comunistas totalitarios con la participación de representantes de los gobiernos, los parlamentarios, los catedráticos de universidad, los expertos y la s ONG… crear comités compuestos de expertos independientes encargados de recoger y de analizar informaciones sobre las violaciones de los derechos de hombre cometidas bajo el régimen comunista totalitario a nivel nacional con vistas a colaborar estrechamente con un comité de expertos del Consejo de Europa… revisar la legislación nacional con el fin de hacerla plenamente conforme con la Recomendación (2000) 13 del Comité de los Ministros sobre una política europea de comunicación de los archivos …lanzar una campaña nacional de sensibilización a los crímenes cometidos en nombre de la ideología comunista, incluyendo la revisión de los manuales escolares y la introducción de un día conmemorativo para las víctimas del comunismo y la apertura de museos … animar a las colectividades locales a erigir monumentos conmemorativos que rindan homenaje a las víctimas de los regímenes comunistas totalitarios»[26].

Conviene resaltar que algunos de los historiadores-totem de esta campaña son antiguos comunistas como François Furet i Stephane Courtois[27]. Otros proceden directamente del campo próximo a la extrema derecha como Ernst Nolte[28]. Las cantidades de victimas del «comunismo totalitario» citadas en la parte tercera del documento del PPE, proceden directamente de la obra de Estephane Courtois y de otros autores «El libro negro del Comunismo»[29]. Esta obra ha sido publicada en grandes tirajes en Francia (1997), en Italia (1998) y en España (1997). Un tiraje y unas ventas de esas dimensiones no son producto de una casualidad. La burguesía contrariamente a nosotros, presta una gran importancia a la lucha cultural e ideológica por la hegemonía.

Tanto en Francia como en Italia se ha prestado una gran atención por parte de los historiadores y de diversos sectores de la izquierda a dar respuesta cumplida a las insidias y a las falsedades del Libro Negro. Para el caso francés podemos citar: «Le siècle des communismes» y «Cultures communistes au XXe. siècle»[30].

Para las reacciones en Italia podríamos citar la obra de Marco Revelli, desigual pero de gran interés, y además con la facilidad para los lectores españoles de haber sido publicada en España[31]. Una respuesta a todo este tipo de campañas, nos lo ofrece Luciano Canfora en «La democracia . historia de una ideología»[32]. Libro, que por cierto ha sido censurado en la República Federal Alemana. Por su parte, Domenico Losurdo, ha criticado el revisionismo histórico y ha ido más allá construyendo una contra-historia del liberalismo[33].

En España, el libro de Furet fue objeto de un análisis pormenorizado por parte del historiador Alejandro Andreassi: «Convulsiones político-sociales y mitos neoliberales en la historiografía del siglo XX»[34]. Empieza a haber una buena historiografía sobre el fascismo y sobre el nazismo. Sin embargo, no existe en nuestro país un esfuerzo comparable al realizado por los colegas franceses e italianos. Las razones, de esta situación tienen mucho que ver con el modo en que se resolvió la transición del fascismo al régimen liberal-representativo actual.

El totalitarismo, un concepto para no pensar.

La propuesta del PPE hace referencia en todo momento a la necesidad de condenar los crímenes del régimen «comunista totalitario». Cuando se pretende combatir una campaña de tamaña ambición y dimensiones, tenemos la obligación de tomar muy en serio su léxico. La formulación «comunismo totalitario» no es, en absoluto, una formulación neutral ni inocente. Pretende, por un lado, dar la impresión de matizar y distinguir entre comunistas totalitarios y comunistas no totalitarios. Pero nadie debiera engañarse, para Lindblad, comunismo totalitario es sinónimo de comunismo.

Así pues, cualquiera que tenga como objetivo superar revolucionariamente el sistema capitalista, está incluido en esa formulación y debe ser objeto de condena. Como ha dicho Zizek: «Desde el momento en que se muestra la más ligera inclinación a tomar parte en proyectos políticos que pretenden oponerse seriamente al orden existente, la respuesta es inmediata: ‘¡Por bienintencionada que sea, acabará necesariamente en un nuevo Gulag!’ «[35].

Así pues, la recurrencia del concepto «comunismo totalitario» en el texto de NCI, no es un inocente problema de redacción de un determinado documento, sino que busca precisamente asociar el concepto de totalitarismo a la propia idea del comunismo, facilitando con ello la identificación del mismo con el nazismo. En esto, Lindblad se muestra como buen seguidor de Stephane Courtois que defiende en la introducción del libro negro que los crímenes del comunismo fueron, cuantitativa y cualitativamente peores que los del fascismo y del nazismo[36].

Quizás algunos crean que en tanto ellos no son «comunistas totalitarios», sea por que siendo comunistas han condenado desde hace décadas el estalinismo, sea por que son socialdemócratas o trotsquistas, anarquistas o anticapitalistas de cualquier tipo, a ellos no les afecta la condena que el diputado popular sueco pretende arrancar a la Asamblea Parlamentaria. Quizás crean, inocentemente, que la cosa no va con ellos.

A estos, quizás convenga hacerles memoria y recordarles aquello que el gran Inquisidor Arnaud Amaury, en 1209, durante el sitio y saqueo de Béziers, cuando los cruzados que estaban masacrando a los habitantes de la ciudad le advirtieron que muchos de ellos pedían clemencia aduciendo que no eran herejes, les contestó diciéndoles: «¡Matadles a todos, Dios ya reconocerá a los suyos…!»[37]. Efectivamente, a pesar de algunas concesiones verbales, la intención del PPE no es hacer distingos de este estilo. Cierto que el título del documento llama a denunciar a los llamados «regímenes comunistas totalitarios», pero en el apartado en que se pretende resumir las características comunes de todos ellos se habla de comunismo a secas. Los crímenes del comunismo totalitario pasan a ser crímenes del comunismo. Y, simplemente, se trata de acabar con el comunismo en el siglo XX, aunque sea a costa de tergiversar la historia del todo un siglo. Cómo hemos visto más arriba no es la primera ni la última vez que lo hacen.

El apartado de conclusiones del documento es bastante claro en este aspecto: «Parece que se pueda valorar como confirmado que la dimensión criminal de los regímenes comunistas no fue el fruto de las circunstancias, sino más bien la consecuencia de políticas deliberadas concebidas por los fundadores de estos regímenes hasta antes de alcanzar el poder»[38]. O: «La ideología comunista, por todas partes y en cada época cuando ha sido puesta en ejecución, esté en Europa o en otro lugar, siempre acabó en un terrorismo masivo, crímenes y violaciones de los derechos del hombre a gran escala . Quienquiera que analice las consecuencias de la aplicación de esta ideología puede sólo comprobar analogías con los efectos de la puesta en práctica de otra ideología del siglo 20, el nazismo. A pesar de su hostilidad mutua, estos dos regímenes tienen en común un cierto número de características» [39]. Lindblad sigue en sus conclusiones punto por punto las conclusiones del Libro Negro, escritas por Courtois[40]. y que han creado polémica incluso entre algunos de los colaboradores del libro, como Nicolás Werth, autor del apartado dedicado a Rusia. Este historiador afirmó en una mesa redonda publicada en la revista Regards: «Yo no he en ninguna parte de los capítulos que he editado, dado una cifra global. Lo que he hecho ha sido clasificar un cierto número de categorías de mortalidades, de muertes, de ejecuciones, porque lo que deseaba era evitar una cifra de carácter espectacular»[41]. Refiriéndose a la amalgama entre muertes por represión política o por hambre debida a malas cosechas que practica Courtois en la introducción del Libro Negro, Werth afirma: » ¿Se puede situar históricamente estos acontecimientos en el mismo plano que las muertes de los dos años del gran terror o aquellas de los deportados abandonados en las «aldeas especiales del gulag? Creo que no».

De ese modo tan simple se pretende, sin ningún tipo de prueba histórica, negar la diversidad real de los comunismos, identificar comunismo con totalitarismo y finalmente, asimilar el comunismo con el nazismo. Lindblad pretende identificar a Bukharin con Vishinsky[42], a Trotsky con Ramón Mercader y a Artur London con sus verdugos, primero nazis y estalinistas después.

Se pretende englobar fenómenos que no tienen ningún punto en común entre ellos bajo el rótulo mixtificador del «totalitarismo». Enzo Traverso ha mostrado de forma exhaustiva el nacimiento, la evolución y los diversos usos del concepto de totalitarismo[43]. Un concepto que ha evolucionado a lo largo del siglo XX y que ha servido para objetivos absolutamente contradictorios.

Un concepto que aplicado indistintamente al nazismo y al comunismo muestra una polisemia desmesurada. Un concepto tan polisémico deja de servir para definir ningún fenómeno político concreto. En este sentido, ha podido decir Zijek que se trata de un concepto que impide pensar y comprender el objeto que pretende describir [44].

La guerra de las cifras.

Puesto que Goran Lindblad, quiere desarrollar la guerra de las cifras, habrá que descender a la misma. Digamos de entrada que para mí, el hecho de que un sistema que se reclamase del comunismo practicase la tortura, los juicios sumarios y las condenas a muerte al por mayor, me parece la peor cosa que podía pasarle, a parte de las víctimas, al propio comunismo. Y no solamente por que una parte considerable de las víctimas fueran comunistas, condenados por el simple hecho de pensar diferente que Stalin. Simplemente por que esa plasmación histórica del comunismo es la negación de sus mismos principios. Ciertamente, Iagoda, Ezov o Beria, tenían tanto que ver con Marx y Lenin, como Arnaud Aumary, Nicolau Eymeric y Torquemada con Jesucristo. El estalinismo es la negación del comunismo.

Digo esto por que me parece que la batalla de las cifras puede tomar caminos no deseados. Por ejemplo: si las cifras de Courtois, que son las usadas por el ponente del PPE, resultan ser falsas o infladas ( que lo son), ello significaría para algunos, la exoneración del estalinismo.

Por el contrario, creo que un régimen uno de cuyos primeros actos fue, de acuerdo con la tradición del movimiento obrero, abolir la pena de muerte, podía suspender transitoriamente esta abolición para enfrentarse a la guerra civil y a la intervención extranjera. Lo que no podía hacer era, una vez consolidada la dictadura proletaria transformar la pena de muerte en un sistema, ni en la forma de resolver los debates políticos. Ello no tiene nada que ver con la dictadura del proletariado que fue definida tanto por Marx como por Lenin como el más democrático de los regímenes políticos.

Por eso, si deseo hablar de cifras no es para encubrir la realidad dolorosa de los crímenes del estalinismo. Creo que la realidad de estos crímenes está establecida y cuantificada y no merece otra cosa que la condena.

Sin embargo, hablar de cifras es necesario para mostrar el carácter ideológico y acientífico del autor de un libro de gran éxito editorial inducido (cómo Courtois), así como de un diputado que no duda en dar por buenas unas cifras sin ningún tipo de contraste histórico, por el simple hecho de que convienen a sus intereses. Que llega a escribir que las cifras mencionadas se basan en «evaluaciones prudentes ( las cifras no son conocidas) » y que: » Las cifras más arriba se apoyan en documentos históricos y si se trata sólo de una estimación es porque se tienen buenas razones para pensar que son mucho más elevadas de hecho. Desgraciadamente las restricciones impuestas el acceso a los archivos, en Rusia en particular, no permiten alcanzar una comprobación más exactas de las cifras» [45] .

Empecemos diciendo que no es cierto que no se pueda trabajar en los archivos de la URSS. Hoy ya existen bastantes trabajos sólidamente fundamentados en el estudio de los archivos abiertos en Rusia que documentan de forma suficiente la falsedad de las cifras de Courtois. El propio Nicolas Werth ha reducido la cifra de víctimas del Goulag a un millón tras el análisis realizado en esos archivos, cuya gestión preocupa tanto a Lindblad[46].

Existe un libro reciente que trabaja directamente con los archivos abiertos o bien con estudios históricos realizados en base al examen de los mencionados archivos, que viene a poner las cosas en su sitio. Se trata del libro del sovietólogo independiente Moshe Lewin. «Le siècle soviétique»[47]. Este autor. En sus capítulos «VII. Hacia el reino de lo arbitrario», «IX. Las purgas y su ‘razón’ «, «X. La extensión de las purgas» y «XI.Los campos y el imperio industrial del NKVD», muestra una visión nada complaciente del estalinismo, sin caer nunca en el error de analizar un régimen en base a conceptos ideológicos. Por el contrario, su análisis parte más de la historia social, trata de elaborar una visión de conjunto y de profundizar en la multiplicidad de causas que provocan ese desarrollo. Nadie podrá acusar a Lewin de complacencia con el estalinismo.

El libro, en ningún momento entra en polémica con las cifras aportadas por el Libro Negro. Sí que lo hace con las exageraciones realizadas en su momento por Roy Medvedev y por Olga Satunovskaya. Basándose en las investigaciones de V.N. Zemskov dice: «Medvedev afirmaba que, durante las purgas de 1937-1938, el número de detenidos en el Gulag había aumentado en varios millones, y que entre 5 y 7 millones de personas habían sido víctimas de la represión. De hecho, la población de los campos pasó de 1.196.369 detenidos en enero de 1937 a 1.881.570 detenidos en enero de 1938, y caído a 1.672.438 detenidos en enero de 1939. Hubo una explosión del número de detenidos en 1937- 1938, pero ella se cifra en centenares de miles, no en millones. Krjuszkov ( jefe del KGB bajo Gorbachov) declaró que «no hubo más de un millón de detenidos» en 1937-1938. Zemskov subraya… que alrededor de 700.000 personas arrestadas por razones políticas fueron ejecutadas entre 1921 y 1953. Satunovskaya ( ella misma víctima de la represión, y que participó en la campaña de rehabilitación bajo Kruschev) afirmó que sólo para el período de 1935-1941, más de 19 millones de personas habían sido arrestadas y 7 millones fusiladas ( cifras retomadas con entusiasmo en Occidente)- habiendo desaparecido las demás en los campos. Sin embargo, Zemskov escribe que Satunovskaya multiplicó las cifras por 10. ¡Una exageración de talla!»[48].

Lewin, por otro lado, cita las cifras aportadas por otro historiador ruso, B.P. Kurasvili que ha usado los archivos soviéticos. Según el detallado cuadro que abarca entre 1921 y 1953, debido al trabajo de este historiador las personas condenadas por crímenes contrarrevolucionarios y otros crímenes particularmente peligrosos serían 4.060.306 ( distribuidas del siguiente modo: penas de muerte 799.455, campos, colonias o cárcel 2.631.397, exilio 413.512 y otras penas 215.942), para el conjunto del periodo.[49]

Comparemos estas cifras con las del Libro Negro y veremos como ese libro, al menos en la presentación y en la conclusiones de Courtois, no es más que un panfleto anticomunista que difícilmente puede ser considerado como perteneciente a la historiografía. Lo más grave e inaudito del caso es que una propuesta que se discute en el año 2006, base sus datos en un libro propagandístico publicado en 1997, cuando existe historiografía anterior y posterior al mismo que, con trabajo de campo en los archivos soviéticos abiertos que deja las cifras de Courtois en la nada. El colmo de la desfachatez se da cuando la propuesta de acuerdo afirma sin inmutarse: » Las cifras más arriba se apoyan en documentos históricos y si se trata sólo de una estimación es porque se tienen buenas razones para pensar que son mucho más elevad a s de hecho. Desgraciadamente las restricciones impuestas el acceso a los archivos, en Rusia en particular, no permiten alcanzar una comprobación más exactas de las cifras» [50] .

La memoria del comunismo en el siglo XX en juego. El futuro del comunismo en el siglo XXI, tambien.

Lo que llevamos comentado nos muestra que es preciso y posible dar una respuesta clara a la ofensiva anticomunista en marcha. Para ello será preciso algo más que aprobar resoluciones en los órganos de dirección de los partidos o bien, convocar manifestaciones o concentraciones o publicar artículos como éste. Será preciso realizar un esfuerzo muy importante en el campo del debate político cultural y de la investigación historiográfica sobre la realidad del siglo XX, sobre la realidad del movimiento comunista en este siglo, sus grandes luces y también sus sombras. Será preciso restablecer en su verdadero sitio el papel desarrollado por los comunistas y de la URSS en la derrota del fascismo y del nazismo. Todo este trabajo no saldrá de la nada. Será preciso organizarlo, impulsarlo, dotarlo de medios y darle una continuidad. ¿Quién se apunta a una batalla como esa? Nuestra memoria, nuestra identidad están en juego. También lo está la virtualidad del comunismo como instrumento emancipatorio del futuro.

Joan Tafalla

Sabadell, 24 de enero de 2006



[1] «Necesidad de una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios», en inglés y francés en la página de del Consejo de Europa. En español, en www.espaimarx.org .

[2] Información extraída de agencia EFE y de Libertad Digital.

[3] Rafael Poch, «Tres preguntas sobre Rusia», Icaria. Más Madera. Barcelona, 2000.

[4] Punto 7 de NCI

[5] Punto 6 la exposición de motivos de NCI.

[6] Punto 7 la exposición de motivos de NCI.

[7] Punto 47 de la parte II de NCI.

[8] Véase N. Khrouchtchev, «Rapport secret» en «1956. Le choc du XXe. Congrès du PCUS. Textes et documents», edición realizada y presentada por Roger Martelli. Éditions Sociales, Paris, 1982, págs. 153 a 235.

[9] «Résolution concernant Le rapport du camarade Khrouchtchev sur le culte a la personnalité et ses conséquences», Ibid. Pág. 151.

[10] Roger Martelli, «introduction. Le choc du 20e. Congrès», ibid., pag. 27 y 28.

[11] N. Khrouchtchev. «Rapport d’activité du Comité Central du Parti Communiste de l’Union Soviétique au XXe. Congrès du Parti. 16 février 1956». Suplement a «Etudes sovietiques» nº 95, Paris, février 1956.

[12] Véase Roger Martellí, ibid.

[13] Sobre las insuficiencias en esa denuncia, véase «Entrevista con Nuovi Argumenti» (mayo-junio 1956), en Palmiro Togliatti, «Escritos Políticos», Editorial Era, México DF, 1971, pag. 360. Véase también en esta antologia otros dos textos claves para el tema que nos interesa: «Algunos problemas de la historia de la internacional» ( 1959) y «Memorando sobre las cuestiones del movimiento obrero internacional y sobre su unidad» conocido como memorial de Yalta ( 1964), escrito en esa ciudad rusa pocos días antes de morir.

[14] Georg Luckács insistió también durante los años sesenta del siglo XX sobre esas insuficiencias en «El Hombre y la democracia», Editorial Contrapunto, Buenos Aires 1989 y en las «Conversaciones», Alianza editorial, Madrid, 1971.

[15] Glavnoe upravlenie lagerej o sea: «Dirección general de campos del NKVD. Cifra: Moshe Lewin, «Le siècle soviétique», Fayard/Le Monde Diplomatique, Paris, agosto de 2003.

[16] Véase Albert Mathiez, «La Terreur blanche», capítulo 10 de «La réaction thermidorienne», Slatkine-Megariotis reprints, Genève, 1975, reimpresión del original de 1929, pags. 210 a 235.

[17] Véase Albert Mathiez, «Robespierre terroriste»: «Podemos concluir que Robespierre representó en el periodo del Terror la medida, la indulgencia y la honestidad», en «Etudes sur Robespierre», editado por la Société des Études Robespierristes, Éditions Sociales, Paris, 1958, pag. 87. Prefacio de Georges Lefebvre.

[18] Véase «Le système de la dépopulation ou la vie et les crimes de Carrier», en «Babeuf. Écrits. Introduction et annotations par Claude Mazauric», Messidor/ Éditions Sociales, Paris 1988.

[19] H. Prosper-Olivier Lissagaray, «Historia de la Comuna», Tomo II, Editorial Estela, Barcelona, 1971, pags. 84 a 86.

[20] Véase una prolija descripción de esa represión y los mecanismos de creación dela leyenda negra en P-O Lissagaray, Ibid. Páginas 111 a 187.

[21] Jacques Rougerie, «Paris Libre.1871», Éditions du Seuil, Paris, 1971. Yo manejo la edición de 2004. Página 257.

[22] Georges Haupt ha estudiado este fenómeno que contrasta con la triste realidad actual, en «La Comuna como símbolo y como ejemplo», en «El historiador y el movimiento social», Editorial Siglo XXI, Madrid 1986.

[23] Para una crítica del Bicentenario, véase el nº 91 de la revista «Raison Présente» titulado bajo el título «Bicentenaire: la Révolution sans la révolution?», Paris, 1989.

[24] Véase su «Penser la Révolution française», Gallimard, 1978.

[25] Ferenc Fehér, «La revolución congelada. Ensayo sobre el jacobinismo», ed. Siglo XXI, Madrid, 1989.

[26] Punto 4 de la NCI.

[27] François Furet, «El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX», FCE, México DF, 1995. Stéphane Courtois y otros «El Libro negro del comunismo.Crímenes, terror y represiones», Planeta-Espasa, Madrid/Barcelona, 1997. Aquí se maneja la edición italiana: «Il libro nero del comunismo», Arnoldo Mondadori , Editore, Milano 1998.

[28] François Furet, Ernst Nolte, «Fascismo y comunismo» Alianza editorial, Madrid 1999.

[29] «URSS, 20 millones de muertos, China, 65 millones de muertos, Vietnam, 1 millón de muertos, Corea de Norte, 2 millones de muertos, Camboya, 2 millones de muertos, Europa del Este, 1millón de muertos, América Latina, 150.000 muertos, Africa, 1 millón 700.000 muertos, Afganistán, 1 millón 500.000 muertos, movimiento comunista internacional y partidos comunistas en la oposición, cerca de 10.000 muertos. El total se acerca a 100 millones de muertos», Stephane Courtois, «Los crímenes del comunismo» en «Il libro nero…», pag. 6. Compárese con las cifras de Goran Lindblad en el apartado 26 de la exposición de motivos de la propuesta Lindblad. Compárese también los datos de Rúsia del apartado 31 de dicha exposición de motivos con los datos aportados por Courtois en la misma introducción del Libro ( página 11). Son los mismos datos. Unos datos que han sido rebatidos por la historiografía reciente usando los archivos que tanto preocupan a Lindblad.

[30] «Le siècle des communismes», sous la direction de Michel Dreyfus, Bruno Groppo, Claudio Sergio Ingerflom, Roland Lew, Claude Pennetier, Bernard Pudal, Serge Wolikow, Les Editions de l’Atelier, Paris 2000, pp. 541. y «Cultures communistes au XXe siècle. Entre guerre et modernité» sous la direction de Jean Vigreux et Serge Wolikow, La Dispute, Paris 2003.

[31] Marco Revelli, Más allá del siglo XX. La política, las ideologías y las asechanzas del trabajo», El Viejo Topo, Barcelona, 2002. Edición Italiana: «Oltre il Novecento. La politica, le ideologie e le insidie del lavoro». Einaudi, Torino, 2001.

[32] Luciano Canfora, «La democracia. Historia de una ideología», Editorial Crítica, Col. La construcción de Europa, Barcelona, 2004.

[33] Domenico Losurdo, «Controstoria del liberalismo», ed. Laterza, Roma 2005; ID. «Il revisionismo storico. Problemi e miti», Laterza, 1996; Id. «Il Pecatto originale del Novecento», Laterza, 1998 I

[34] Alejandro Andreassi: «Convulsiones político-sociales y mitos neoliberales en la historiografía del siglo XX», en: http://www.espaimarx.org/convulsiones-politico-sociales-y-mitos.pdf .

[35] Slavoj Zizek, «¿Quién dijo totalitarismo?» , Pretextos, Valencia 2002, pág. 14.

[36] Stephane Courtois, Ibid.Pags. 14 y 15.

[37] Paul Labal, «Los Cátaros. Herejía y crisis social», Ed. Crítica, Barcelona, 1988, pág. 157.

[38] Punto 44 de NCI.

[39] Punto 45 de NCI.

[40] Stephane Courtois , «Perché?» Ibid. Págs. 679 a 707.

[41] Mesa redonde apublicada en Regards nº 30, diciembre de 1997, bajo el título: «Communisme .Trois historiens autour du Livre noir» . Débat entre Nicolas Werth, Marc Ferro et Frédérick Genevée.

[42] Información bastante completa del proceso contra Bujarin y de su contexto político en el capítulo 9, «La caída de Bujarin y el advenimiento de la revolución de Stalin»en Stephen Cohen, «Bujarin y la Revolución Bolchevique» Siglo XXi de España, editores, Madrid, 1976. Véase también la parte tercera ( «Buoukharine, 1938. Le procès, ses echos») del libro de Yannick Blanc y David Kaisergruber, «L’affaire Boukharine», Ed. Dialectiques, Interventions, François Maspero, Paris 1979.

[43] Enzo Traverso: «Le totalitarisme», Éditions du Seuil, paris 2001. Véase, también, del mismo autor: «El totalitarismo, historia de un debate», Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2002.

[44] Zizek, obra citada.

[45] Puntos 26 y 27 de la Tercera parte de la Exposición de Motivos de NCI.

[46] Artículo en L’ Histoire, 1993, nº 169, citado por Enzo Traverso, «Le passé, modes d’emploi. Histoire, mémoire, politique», editions La Fabrique, Paris, 2005.

[47] Moshe Lewin, Libro citado.

[48] Moshe Lewin, libro citado, pag. 515, anexo 2.

[49] Moshe Lewin, libro citado, pag. 513, anexo 1.

[50] Punto 27 de la Exposición de motivos de NCI.