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¿Guerra al terrorismo o terrorismo para preservar la preponderancia?

El totalitarismo democrático supera los obsoletos primos artesanales

Fuentes: Rebelión

Cuando sobreviene el colapso soviético y con ello el derrumbe casi generalizado del «mundo socialista» (aunque sobrevivan algunos estados, algunas formaciones que se autodefinen socialistas como Cuba o Corea del Norte y otras que se postulan tales como Venezuela), hay una crisis, consecuente del andamiaje ideológico marxista que durante siglo y medio amparó, nutrió, orientó, […]

Cuando sobreviene el colapso soviético y con ello el derrumbe casi generalizado del «mundo socialista» (aunque sobrevivan algunos estados, algunas formaciones que se autodefinen socialistas como Cuba o Corea del Norte y otras que se postulan tales como Venezuela), hay una crisis, consecuente del andamiaje ideológico marxista que durante siglo y medio amparó, nutrió, orientó, estructuró lo que se consideraba «El futuro de la humanidad», el mundo que heredaría al del capital y el mercado.

Y a la vez, un reverdecimiento de la ideología que había ido configurando la modernidad: el liberalismo, con sus atributos «naturales»; el racionalismo, la cientificidad.

Sin embargo, más rápido que corriendo los ideólogos del viejo-nuevo mundo ─inicialmente Francis Fukuyama, y con él una serie de ideólogos─ a menudo autoconsiderados científicos, por ejemplo en el campo de la economía ─el caso paradigmático de Milton Friedman─, desplegarán sus saberes (más bien poderes).

Con el crac soviético se han procesado una serie de strip-teases: el proyecto de control total (y benéfico, según sus mentores) del socialismo iba empalideciendo, la represión iba ablandándose; el desvencijamiento de órganos represivos como la STASI alemana o la Cheka-GPU-NKVD-KGB rusosoviéticas eran cada más notorios… y a la vez, el libérrimo campo liberal iba incursionando en más y más ámbitos de la vida civil, de las vidas privadas, sus organismos de «seguridad democrática» ganaban autonomía y se ampliaban sin tregua…

LA ERA DISTÓPICA

Si a alguien hay que reconocer en este asunto es a Yevgeni Zamyatin, un escritor ruso que en 1920 ─repare bien el lector en la fecha─ escribió su novela de «anticipación» científica o, como se dice hoy día, la distopía Nosotros.

Una novela, muy bien escrita, sobre el mundo nuevo, edificado con casas de vidrio para facilitar el control y la omnipresencia de los que saben, guían, pueden, y el relato de la resistencia y su peripecia. Un relato asfixiante, sombrío.

Después de Zamyatin no sobrevienen casi utopías de signo positivo, como habían sido casi todas, hasta entonces (si el lector aceptaba sin chistar esos universos presentados como buenos y a la vez carentes de la más elemental libertad, como la Utopía de Thomas Moro ─1516─ o El año 2000 de Edward Bellamy ─1892─ , es otro cantar).

El universo soviético inspiró si no la primera distopía sí un torrente de ellas pensadas sobre el trasfondo de estados totales (Kallocaín, mezclando horrores del universo soviético y del nazi sería una destacada, con personajes de enorme complejidad, Karin Boye, 1928).

Henos aquí situados en el dramático entrecruzamiento de arte y política.1 Pero ahora estamos situados en el terreno del arte, de la imaginación, no en el de la política. En la política en «Occidente», vivimos prácticamente todo el siglo XX con la cómoda división de libertad y tiranía, de autonomía vs. heteronomía. Que muchos intelectuales occidentales procuraban hacer coincidir con la geografía: Occidente vs. Oriente…. (allí estaba lo ruso, lo chino, lo árabe, etcétera).

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas ni lineales como pretendieron quienes se salieran con la suya ante el colapso soviético: la sociedad de control occidental recubría su democraticidad aparente con un trasfondo heterónomo cada vez menos disimulable.

ECHELON: PRIMER ANILLO CONSTRICTOR

El acuerdo entre naciones anglófonas de 1948 ─al año justamente en que Orwell escribió su pesadilla 1984─ según el cual EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelandia establecieron una red mundial de control de las comunicaciones planetarias ─’la red de espionaje mundial que todo lo ve y todo lo oye’─, llamada Echelon, podría habernos dicho que no todo el control era soviético ni todo el universo totalitario nazi y menos todavía que todo margen de libertad era «occidental».

En rigor ─como le pasó a Orwell─ la pesadilla soviética era tan manifiesta y taxativa,2 que desdibujó, dejó en la penumbra el otro lado del mundo (el mundo occidental, u ombliguismo mediante, «el mundo») en que también la heteronomía se afirmaba. A ese quinteto desde el que se supervisaba todas nuestras comunicaciones se lo denomina UKUSA, aunque informalmente también se lo ha bautizado como «los cinco ojos».

El llamado «cuarto poder» iba quedando poco a poco, cada vez más, al servicio de algún poder previo, ni siquiera enumerado. Como fue la guerra contra España y «liberación» de Cuba por parte de EE.UU. , 1898, luego que la prensa de ese país culpara a España de un atentado con muertos en el puerto de La Habana, atentado generado desde los mismos «hilos» que hicieran la denuncia. ¿La prensa revelaba aquí un carácter cómplice del poder que al menos teóricamente jamás se había atribuido? ¿Quedaba la posibilidad de un periodismo crítico al poder? Quedaba, sí, pero en coexistencia agónica con medios de comunicación, de incomunicación, del poder.

Con la llegada de la «era digital» aquel acuerdo anglófono se remozó y aunque el control telegráfico se fue extinguiendo y se mantuvo el control y espionaje telefónico, de teletipos y postal, junto a tales medios de comunicación tradicionales, la computación fue abriendo todo un océano de intercomunicación que las redes de espionaje de Echelon se apresuraron a cubrir. A los efectos, en la década de los ’90 Echelon se había multiplicado de modo radical y cubría con macroprocesadores cientos de miles de millones de operaciones por segundo mediante un sistema de búsqueda de palabras clave (de frases y hasta de sonidos). Para lo cual se había adaptado totalmente la legislación sobre interceptaciones de telecomunicaciones, faltaba más. La «cabeza» de esa legislación y de la construcción de los macroprocesadores estaba en EE.UU. de modo tal que todo el universo empresario ciberrnético se fue adaptando sin dificultades ni roces a las exigencias policiales y de control y espionaje madeinUSA. Toda esa parafernalia denominada «Control estratégico de las telecomunicaciones».

Pero hay que tener en cuenta que, fundado en 1948, se supo de su existencia por primera vez en 1971, gracias a las investigaciones de Perry Fellwock (que publicó su denuncia bajo el seudónimo de Winslow Peck). Había un cuarto de siglo casi en secreto. Fellwock, considerado hoy el decano de los whistleblowers no sólo destapó la presencia de Echelon sino que mostró que el presupuesto de la NSA era varias veces superior al de la CIA, dos de los principales servicios secretos de EE.UU.

En el origen Echelon parece haber sido motorizada por «la lucha contra el comunismo», es decir, traduciendo debidamente, por la preservación de «nuestro» sistema de vida. Poco a poco, los alcances y las finalidades se fueron ampliando. Y el control fue adquiriendo su cada vez más desnudo rostro.

El Parlamento Europeo siguió el proceso como pudo. Proviniendo de un semicontinente semivencido, semiocupado y financiado desde EE.UU. fue acoplán-dose a lo establecido en el «quinteto echelónico», acompañando el control de datos con Enfopol, la «sucursal» europea de control comunicacional que en lugar de optar por un instrumento propio, aceptó convertirlo en auxiliar del ya establecido.

Un informe de dicho parlamento reveló que Amnistía Internacional, Greenpeace y Ayuda Cristiana constituían objetivos de control de Echelon. Y los gobiernos de Francia y Alemania se quejaron del fracaso en negocios y en algunas licitaciones en el Tercer Mundo porque inopinadamente otras ofertas provenientes de «echelónicos» les habían escupido el asado. Con lo cual aquella predicada finalidad de control ideológico y de «lucha contra el comunismo» al parecer se fue extendiendo… guerra de mercados (no declarada), luego «peligro musulmán»…

La UE ha protestado reiteradamente por estar sometida al espionaje de Israel, directamente usufructuaria de la red Echelon.

Porque no se sabe cuándo pero en algún momento Israel fue incorporado al quinteto UKUSA. Algo llamativo por cuanto se ha sobrepasado el recinto anglófono con un estado cuya lengua oficial es el hebreo (aunque «todo el mundo» aprenda y hable inglés). Evidentemente, las coincidencias pasan por otro lado.

SEGUNDO ANILLO: LIBERALISMO Y SIONISMO

¿EXCELENCIA QUE NO NECESITA DEMOSTRACIÒN?

Israel Shamir, un cristiano ortodoxo converso (de origen judío) ha señalado la estrecha identidad entre liberalismo y sionismo: «El liberalismo es la ideología que niega ser ideología; pregúntale a un liberal, y te dirá que él está en contra de la dominación de cualquier ideología y cualquier religión.» 3

En el mismo trabajo Shamir, rastrea las opiniones de Yehuda Bauer, «máximo sacerdote del culto holocáustico» expuestas en una conferencia: «Hay grandes diferencias entre el nacional socialismo, el comunismo soviético y el Islam radical, pero también hay algunos paralelos importantes. Los tres son o han sido movimientos religiosos o casi religiosos. La fe incondicional, casi religiosa, en la ideología nazi era central para la existencia y las opciones políticas del régimen, y fue la ideología nazi el factor central que produjo el holocausto; el marxismo leninismo fue el dogma cuasi religioso por el cual todos tenían que jurar, en el imperio estalinista. Lo mismo vale para el Islam radical. Los tres apuntan a los judíos como su enemigo principal, o inmediato: los nazis los masacraron, los soviéticos planearon en 1932 deportar a todos los judíos soviéticos a Liberia, con la intención obvia de que la mayoría pereciera allá. El mensaje genocida del Islam radical con respecto a los judíos está sonando muy alto y muy claro.»

Shamir observa la enumeración de Bauer y la ausencia del liberalismo. Y se pregunta porqué. Porque: «Un liberal coloca al liberalismo por encima de las religiones ‘corrientes’ y las ideologías; incluso en un plano más elevado que cualquier construcción religiosa o ideológica. Los adeptos de cualquier ideología que no sea el liberalismo son ‘totalitarios’ o ‘fanáticos’, a los ojos del liberal.«

Y aquí viene una observación de Shamir que invita a la reflexión; identifica esa «actitud arrogante de los únicos dueños de la verdad» con «la narración judaica del antiguo Testamento, donde se exalta a los devotos del dios Único, situados en un nivel más alto que los ‘paganos’.«

Shamir explica que esa actitud «de superioridad» fue heredada por las tres grandes religiones monoteístas, pero que fue internalizada de muy distinto modo en cada caso y sostiene, por ejemplo, que: «Un cristiano ortodoxo no se consideraba a sí mismo por encima de los musulmanes y los católicos.» En cambio, «el judaísmo moderno (que diverge en gran medida del judaísmo bíblico en otros aspectos) sigue manteniendo esta pretensión insoportable a la superioridad.«

Con lo cual, remata Shamir, «Bauer está condenando cualquier movimiento moderno basado en la solidaridad, la catolicidad y la comunidad en tanto ‘antijudío’, mientras que el liberalismo le sabe tan judío como el pescado gefilte.» Por eso concluye que la doctrina de ‘la democracia liberal y los derechos humanos’, aquella que los marines anglo-usamericanos llevan más allá del Tigris y el Éufrates es una forma de judaísmo secularizado

La tesis de Shamir es particularmente sustentable porque nos parece nodal que lo que se llama liberalismo, lo que se fue configurando como ideología liberal se constituyó alrededor de derechos señoriales. Pero no de cualesquiera señores. Sino de los señores de la modernidad que rompían ideológica y culturalmente con los viejos señores de horca y cuchillo, con los «mejores» dueños de la espada y/o la toga. Se trata de la nueva capa señorial forjada junto con el desarrollo del capital(ismo) y la industrialización.

Y ese ascenso señorial es el actualmente naturalizado, al menos en el plano ideológico, cuando se entiende sus derechos como naturales y no condicionados.

Shamir, no sólo atento a cuestiones ideológicas sino a circunstancias bien reales y cotidianas, entiende que la ideología liberal se suelda con el sentido común de la época por «la predominancia de los judíos en los medios masivos y especialmente entre los amos que poseen esos medios […].»

«El ‘carácter único’ de Israel es un capítulo de esta escuela ‘no religiosa’, bien sea en forma de Holocausto ‘único’ o vínculo ‘único’ con Palestina, o de amor ‘único’ a la libertad y la diversidad.

«Por cierto, mientras las mezquitas arden en Holanda y las iglesias se derrumban en Israel, ello no despierta ninguna emoción comparable a las que los judíos echan a andar cuando aparece un graffiti en la pared de una sinagoga. EE.UU. clasifica a sus aliados según su actitud con los judíos. El Templo del Holocausto [llamado ‘Museo’] está edificado junto a la Casa Blanca. El apoyo al estado judío es obligatorio, sine qua non, para un político Usamericano.»

«¿Cómo se puede establecer tanta diferencia entre, por ejemplo, las tres religiones monoteístas principales?», pregunta Shamir. «Estas grandes creencias [cristianismo, Islam, budismo] no le piden nada a los no adeptos, salvo que se sumen a su unidad. Lo único que la iglesia le pide a un no cristiano es que se vuelva cristiano. Pero el judaísmo no quiere transformar un goi en un judío; eso es algo casi imposible, casi prohibido. […]. El judaísmo tiene exigencias precisas para los no judíos que tienen la desgracia de caer bajo su autoridad. No deberían imitar a los judíos, y por eso mismo al goi se le prohíbe que tenga religión, él no deberá celebrar sus propias fiestas religiosas, ni tampoco ayudar a sus hermanos, debería ser un mero animal económico.» El ejemplo histórico que parece dar toda la razón a Shamir es el trato que dispensa el régimen sionista a sus invadidos y desplazados; la población palestina: atroces políticas de hambre y control, confiscación de tierras, derribo de viviendas, encarcelamientos extrajudiciales, manoseo de derechos judiciales, arbitrariedades en traslados, encarcelamientos sin causa y mudanzas forzosas y violencias varias hasta asesinatos a veces colectivos y tantas otras medidas abusivas que ejerce Israel sobre palestinos.

Algo que adquiere toda su monstruosidad si reparamos en la ilación de la violencia: Mazin Qumsiyeh, un historiador palestino que recopila cronológicamente los atentados habidos en Palestina a lo largo del s XX,4 verifica que en todos los casos fueron sionistas los que primero (y a menudo los únicos) que hicieron cartas bombas, sabotaje de instalaciones industriales, hacer saltar en pedazos un edificio o un vehículo (con gente adentro), secuestrar una avión, un barco, atentados contra vidas humanas, asesinatos selectivos y colectivos (como varias aldeas palestinas arrasadas y exterminadas su población), matanzas de prisioneros. Siempre los sionistas primero. A veces, únicos autores de tales atrocidades. Con una excepción: los atentados con inmolación. Ésos, sólo llevados a cabo por palestinos. Una especie de suicidio desesperado, oneroso. El palestino que mata se sacrifica. Veo en ello un parentesco con la filosofía narodniki. Los socialrevolucionarios rusos a menudo cumplían un atentado y morían en el acto o se dejaban detener (vale decir, una muerte lenta). Consideraban que matar a un torturador, por ejemplo, era correcto. Había que hacerlo. Pero que tronchar una vida era atroz. Había que compensarla o, cristianamente, expiarlo.

TERCERO: LA GLOBOCOLONIZACIÓN

Hemos hecho este circunstanciado recorrido por las posiciones de Israel Shamir porque nos ha llamado mucho la atención la consustanciación que sobre todo en el último medio siglo se ha operado entre las capas dirigentes de EE.UU. y el núcleo sionista asentado en Israel. No podemos olvidar la fanfarronería del asesino Ariel Sharon tranquilizando a sus adeptos temerosos de alguna crítica desde EE.UU. a causa de las atroces políticas del Estado de Israel sobre Palestina y los palestinos enumeradas sucintamente en el capítulo anterior diciéndoles: ─‘No se preocupen, hacen lo que queremos. Somos nosotros los que le marcamos el compás’.

Conociendo a la AIPAC y a que las tres cuartas partes de los diputados y senadores de EE.UU. están fuertemente vinculados a y/o dependientes de los apoyos del lobby judío, se podría calificar las fanfarronadas de Sharon como altamente certeras (para no insultar en la comparación a los sabios).

Igualmente golpea a mi memoria las observaciones del suequijudío Johannes Wahlström explicitando las posiciones y conclusiones de una suerte de seminario en la Universidad de Jerusalén. En dicho encuentro, Kenneth Jakobson, de la Liga contra la Difamación (ADL por su sigla en inglés), una organización de lobby de judíos en EE.UU. declara: «La única potencia planetaria tiene una posición muy pro-israelí lo cual obedece a que los judíos tienen una posición particularmente prominente en la élite de los medios de comunicación de masas. [a confesión de parte, relevo…] Es algo de lo que podemos estar orgullosos.[…] hasta en EE.UU. sobreviene el antisemitismo que se basa justamente en la afirmación de que los judíos tienen demasiado poder en los medios.» ¡Epa! La crítica o la queja no parece tan descaminada. Pero Kenneth Jakobson parece de amianto, inmune a la realidad. Remata: «Hay que luchar contra este antisemitismo por todos los medios concebibles; no menos a través de una actividad de lobby para conseguir un mejor control sobre lo que los medios emiten5

Esta «simplicidad» o linealidad del «razonamiento» de Jakobson nos explicita algo que en otros casos está un poco más oculto. La Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) tiene una estrecha relación con el Estado de Israel. Hacia el territorio dominado por éste la IURC envía a sus prosélitos para que hagan sus sanaciones bíblicas y su encuentro con «Dios». Lo cual revela que así como en el terreno militar el ISIS es una organización ampliamente ligada al Estado de Israel,6 la IURD en el terreno ideológico o espiritual constituye otro «brazo largo» de los intereses sionistas.

Con lo cual anudamos otro enlace, en este caso entre los mass media, la religión e Israel: Moisés, el teleteatro que hace furor en 2016 en Argentina y apasiona7 a tantos teleespectadores es un engendro del IURD. Con lo cual, como Monsieur Jourdan, los televidentes hacen política sin saberlo.

LIBERALISMO, LIBERTAD DE… ¿QUÈ?

Ya vimos la intranquilizadora omnipresencia de Echelon, las significativas relaciones de sionismo y liberalismo y tenemos a la vista lo que Noam Chomsky designa «El estado de vigilancia en los países libres».8

Chomsky describe el alcance del sistema de intrusión y vigilancia, imposible e impensable apenas décadas atrás. Lo cual nos lleva a advertir qué es lo significativo; si las invocadas libertades o ese generalizado control que trasmuta tales libertades en sendas sujeciones.

Sin embargo, un rasgo clave le da a este «reino de la heteronomía» su carácter más preocupante: el que le permite a cada uno sentirse uno mismo, mediante una conformación mental que logra que cada uno haga lo que quiera aunque la inmensa mayoría coincida en hacer exactamente lo mismo; beber el mismo brebaje, usar la misma ropa, cortarse el pelo o pintárselo hasta ser legión de iguales o mejor dicho parecidos, haciendo coincidir en cada uno la necesidad de autoafirmación individual y la de pertenencia gregaria: esta «sensación de libertad» totalmente ilusoria en sociedades globocolonizadas es el gran invento de los dueños, más bien ocultos, del poder.

Chomsky sostiene que la emancipación de lo que resultó ser EE.UU. respecto de su metrópolis británica tuvo mucho que ver con la reivindicación de privacidad de sus habitantes, que el gobierno británico pretendía ignorar. Curiosa y significativamente ─dice─ es ahora el gobierno de EE.UU. el que «ingresa» en los hogares, rompe la privacidad y lo hace de un modo mucho más insidioso y total que la vieja metrópolis colonialista. Pero no nos chupemos el dedo: la reivindicación de privacidad en los flamantes EE.UU. contra la monarquía británica era el reclamo de señores, propietarios, blancos, libres, varones, alfabetizados. La nueva sociedad no era tan igualitaria como predicaba; preguntémosle a los esclavos y a los nativoamericanos, por ejemplo.

Podemos, empero, coincidir con Chomsky en un aspecto: la invasión a la privacidad ahora, modelo s XXI, se hace abrogando el principio de inocencia (in dubio pro reo): «cada cosa que cualquiera de nosotros escribe en un teclado de computadora podría estar siendo enviado en este mismo instante a las cada vez más enormes bases de datos del presidente Obama en Utah

En «el reino de libertad» que es EE.UU., Chomsky pone otro ejemplo: las tribulaciones de un juez por si lesiona algún derecho de un individuo en huelga de hambre al decidir alimentarlo por la fuerza. El «detalle», previo, es que ese hombre que con huelga de hambre protesta contra su encarcelamiento, lleva doce años en Guantánamo, en calidad de preso sin juicio, sin derecho a defensa (no sabe de qué se lo acusa) y sin tener en consideración la tortura verdadera, sostenida, sistemática, a que ha sido y está siendo sometido. Uno se pregunta: ¿de qué sirve la duda moral de ese juez en lo alimentario si todo el resto de este infame témpano guantanamero se considera ejercicio de libertad, está exonerado de cualquier corpus legal que se supone para humanos (¿o lo legal es solo para hombres libres?).

Defendiendo las libertades básicas y propias del liberalismo se cometen atropellos que sobrepasan muchos de los ejercidos por dictaduras y regímenes «iliberales», como les gusta a los liberales llamar a quienes no comparten su misma luz.

Chomsky da otro ejemplo histórico, bien material: «En 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, 9 la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente

Otra vez tenemos la trasmutación de libertad y libertades en los más atroces atropellos a seres humanos. Pero santificados porque se invoca la defensa de los derechos humanos y la lucha contra «ogros, que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos» remata Chomsky.

Tantos los marines, la NSA, la CIA, el MOSSAD como en su momento la KGB soviética o la STASI alemana y hasta la AVH húngara, procuran, procuraban protegernos. Con todos los horrores y atrocidades propias de toda represión, la STASI o la KGB declaraban hacerlo por tu bien, para volverte al redil.10

Pero en el caso de los cuerpos represivos de EE.UU. o Israel los prójimos están apenas entre «ellos»; existe un principio de separación radical con los que son objetos de examen, acusación, desprecio. Algo que se ve claramente en la forma que trata EE.UU. a quienes considera no-prójimos; en la guerra declarada a Serbia por EE.UU. y adláteres, la aviación norteamericana usó «generosamente» uranio empobrecido, que se sabe es cancerígeno. Hay informes que revelan que los aviadores norteamericanos apenas hacían el picado al descargar las bombas radiactivas para escapar de la radiación resultante. Hubo reiteradas denuncias de enfermedades producidas por radiactividad en la población «objeto» pero también entre «aliados» de la coalición antiserbia; soldados españoles, italianos. No prójimos. Tampoco ellos. Pensemos en el destrozo que ha sufrido Irak, primero antes de la invasión de 2003 y más tarde en la misma invasión. El elenco de Bush se propuso iniciar un nuevo país, un nuevo estado, una nueva sociedad con lo que quedaba. Ese saldo ha dejado centenares de miles, millones de niños matados, asesinados, despedazados, familias destrozadas, bienes culturales deshechos. Recordemos cómo trata el régimen sionista a Palestina y a los palestinos.11

Esta omnipresencia intrusiva, que facilita tantas acciones terroristas para ─se proclama─ luchar contra el terrorismo, es la que ha dado lugar a un tipo de coraje civil, conciencia heroica de nuestro presente que adquiere resonancia en, por ejemplo, las personas de Chelsea Manning, Julian Assange, Barret Brown, Edward Snowden, Jeremy Hammond, escritores que se han autovomitado del vientre del monstruo como John Perkins y tantos otros (como en su momento Perry Fellwock, Bill y Kathleen Christison, Philip Agee, y varios más, agentes de seguridad de EE.UU., que se atrevieron a actuar con justicia y no siguiendo a «la justicia» invocada por la organización que los había conchabado).

Porque tuvieron la dignidad de ver lo concreto y no los abstractos atributos que los ideólogos liberales atribuyen a su sistema de ideas (desgajado de las acciones que, sin embargo, acaecen): «Porque el liberalismo [constituye] como dijo Ortega «la tendencia a limitar la intervención del poder público [político o religioso]» un principio fuerza que en su abstracción e indeterminación […] permite trascender todas las épocas y convertirse en un referente universal de la vida colectiva de hombres y mujeres […] uno de los pocos principios transhistóricos presentes con mayor o menor vigencia en todos los períodos y civilizaciones.«12

Este concepto de liberalismo, tan genérico y universal se puede unir a las máximas morales de tantas culturas; querer y respetar a niños y ancianos, obrar rectamente sobre la base de la verdad, p. ej. Pero su nivel de abstracción no nos permite ─tanto las referencias al respeto generacional o los criterios de verdad como aquellas referencias a limitar el poder público─ encarnarlas en fenómenos y acciones concretas. Son aceptables, claro, pero inofensivas para el poder.

Notas:

1 A Zamyatin la novela la costó 6 años de cárcel y el exilio: inesperada clemencia la de Stalin, se dijo.

2 El cotidiano Pravda [Verdad] era la fábrica cotidiana de mentiras.

3 «La tiranía del liberalismo», futuros, no 11, Río de la Plata, primavera/verano 2007/2008. En este capítulo, todas las citas son de este autor (salvo inidicación en contrario).

4 Compartir la tierra de Canaán, Pluto Press, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.

5 Johannes Wahlström, «Israel styr svenska medier» [El régimen israelí controla la prensa sueca], Ordfront, Estocolmo, 12/2005.

6 Hay al día de hoy ya no indicios sino abundantes pruebas que dimanan de la ONU y hasta del mismo Estado de Israel (v. http://21stcenturywire.com/2015/02/19/un-report-reveals-how-israel-is-coordinating-with-isis-militants-inside-syria/; http://www.timesofisrael.com/yaalon-syrian-rebels-keeping-druze-safe-in-exchange-for-israeli-aid/.

7 «Apasiona» en su sentido literal: la pasión es lo contrario de la acción; lo activo es lo contrario de lo pasivo y estar apasionado es estar en modo pasivo ante algo que lo atrae, lo determina, lo esclaviza.

8 Editado en Página12, 24 /9/ 2016. Las citas en este capítulo son de este trabajo, salvo indicación en contrario.

9 Poco después, durante 1982 y 1983, EE.UU. le cedió «el honor» de esa «guerra contra el terror» en América Central; en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, a los mandos militares de la dictadura argentina y de la «democracia» israelí. Chomsky ha investigado el período: La quinta libertad, cap. Apuntes sobre el mundo libre, Edit. Crítica, Barcelona, 1988.

10 La vida de los otros, filme alemán ideado por Florian Christian Graf Henckel von Donnersmarck, en 2006, puede constituir un ejemplo de ese pretensión pastoral alojada en algunos escaños policiales del universo socialista.

11 Avraham Burg, un sionista de la dirección de ese movimiento, ya retirado, recapacitaba sobre la sociedad construida y reparaba que se había quedado sin compasión. U n atributo, una falta de, que se suele atribuir a la sociedad nazi, por ejemplo («El sionismo está muerto», futuros, no 8, Río de la Plata, invierno 2005).

12 Hebert Gatto, «Liberalismo y teoría de las ideologías», Cuadernos de Marcha, no 129, Montevideo, jul. 1997.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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