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El viaje infinito, de la tierra al comedor

Fuentes: Progreso Semanal

Una de las urgencias que afronta hoy la población cubana es el acceso a los alimentos. La localización de estos (dónde sacaron qué), las largas esperas frente a establecimientos (que implican una mayor exposición a la  COVID-19 a causa de las aglomeraciones), la poca disponibilidad (no es suficiente para todos), el racionamiento de muchos productos, los demorados y engorrosos cometidos para quien pueda optar por las compras online, e incluso extensas caminatas porque la distribución no logra ser pareja para todos los territorios han marcado la cotidianidad de la gente en los últimos meses. No solo pasamos horas gestionando el plato de cada día, sino que han aumentado también los niveles de angustia, preocupaciones e incertidumbre alrededor del vital hecho de comer.

El derecho de las personas a la alimentación está recogido en la “Conceptualización”; la necesidad de lograr una mayor autosuficiencia a partir de la producción nacional de alimentos y el respaldo a la seguridad alimentaria de la Isla, se encuentra contemplado en el “Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030”. Ambos documentos fueron aprobados en 2017, luego de algunos años para su elaboración y discusión, y constituyen las bases programáticas del proceso de reformas que comenzó Raúl Castro en 2008, hace 12 años. Como entonces, hoy resulta igualmente vital el escrutinio al sistema agrícola en el país, y por tanto de su elefante blanco: el sistema de acopio. ¿Por fin, cómo es que Cuba puede producir más alimentos?

Hace algunos días se pudo ver en la televisión nacional al presidente Díaz-Canel durante una reunión con los gobernadores provinciales hablando de “aplicar diversas variantes, con alternativas que permitan a nivel local también gestionar directamente con los productores y llevar los productos al mercado”, porque “las empresas de acopio no pueden ser las únicas en ese rubro”, dijo refiriéndose a la comercialización y distribución de productos agropecuarios.

En efecto, “siempre ha habido muchas quejas de parte de los productores con la gestión de Acopio, sobre todo por la lentitud en el procedimiento”, afirma Betsy Anaya Cruz, Dra. en Ciencias Económicas y directora del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, durante nuestra entrevista. Menciona la demora en la recogida de mercancía, las largas cadenas de impagos a los campesinos y los engorrosos criterios para determinar la calidad (y por tanto el precio de venta) de los productos, asuntos que durante años se han reportado como insatisfacciones con el trabajo de la entidad.

Por otra parte, agrega Anaya Cruz, los trabajadores de Acopio han explicado también sus insatisfacciones: que no tienen todos los medios, que no tienen almacenes, que demoran porque no disponen de todo el transporte necesario, o que los productores quieren vender como de primera productos que son de segunda. “Es decir, cada quien, en dependencia de su posición, tiene su punto de vista”.

El sector agropecuario quizás sea el que más transformaciones ha afrontado en todo el país desde 2011. La soberanía alimentaria es un asunto de seguridad nacional en Cuba, y pasa por la transformación integral del modelo agrícola cubano, como han afirmado en numerosas ocasiones investigadores como Anicia García, Juan Valdés Paz y Armando Nova.

No obstante, hasta el momento, las medidas no han logrado la transformación integral que se requiere. Por el contrario, y en el caso muy concreto de la Unión Nacional de Acopio, las cambiantes normas sobre la comercialización y distribución han restado o sumado, indistintamente, centralidad al rol de la entidad en todo el proceso, en dependencia de la coyuntura económica del país en cada momento.

“Al comienzo de la actualización hubo un período en que se contrajo el rol de acopio, y los productores tenían que vender su producción por otros canales, contratando un menor porcentaje de productos con Acopio. Tenían que crear mercados, puntos de ventas, etc.”. En palabras de la investigadora, este escenario no beneficiaba por igual a todos los productores.

“Durante esos años hubo productores que salieron beneficiados, porque tenían grandes asentamientos de población cerca, como los productores de Artemisa y Mayabeque, que florecieron en este tiempo de contracción de Acopio porque tienen muy cerca el mercado más grande, que es el de La Habana, y están en mejores condiciones de enfrentar esa situación que otros productores más pequeños”, explica la Dra. Anaya.

En su opinión, “una entidad como Acopio es una ventaja para los productores si funciona bien”, es una institución que con seguridad va a comprar la mayor parte de sus producciones, garantía con la que no cuentan muchos productores de la región quienes tienen que competir por los mercados. Deben diseñarse los mecanismos que estimulen el aumento de las producciones y la calidad de estas.

Por otra parte, el principal encargo de esta entidad es medular para el sostenimiento de las responsabilidades del estado con la sociedad cubana. Hacer llegar los productos al llamado consumo social es garantizar que las bodegas, las escuelas, los hospitales, los círculos infantiles, los hogares de ancianos, los hogares maternos, los centros de rehabilitación, los comedores sociales, entre otros importantes eslabones del programa cubano de asistencia social, obtengan los alimentos necesarios cada semana.

Las normas más recientes regresan a lo que se ha llamado el “fortalecimiento” del Grupo Empresarial de Acopio. En la Gaceta Oficial No. 56 de 2019 se publicaron las regulaciones jurídicas “que implementan la decisión de mantener y fortalecer esta Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE) de Acopio, ahora como un Grupo Empresarial subordinado al Consejo de Ministros y atendido por el Ministro de la Agricultura”, según reportó el diario Granma en ese momento.

Luego de una reestructuración del Ministerio de Agricultura que implicó la eliminación de más de seis mil cargos y millones de pesos en salarios, ahora la institucionalidad de OSDE de Acopio es más amplia y fuerte. Aun así, con más de 400 Mercados Agropecuarios Estatales y casi 1200 puntos de venta, la meta de llegar cada mes a las 30 libras per cápita de viandas hortalizas y frutas no se ha logrado cumplir, y los últimos reportes de prensa hablan de un promedio de 21 libras. A simple vista, en varios municipios de la capital estos mercados estatales son los que más evidencian la escasez de estos productos.

La libreta de abastecimiento, que raciona el consumo subsidiado por el estado, solo cubría en 2008 el 52 por ciento de la energía, el 44 por ciento de las proteínas y el 36 por ciento de las grasas de la población cubana. Era el canal de distribución más importante de los seis existentes según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), pero no llegaba a ser suficiente para cubrir las recomendaciones nutricionales que rigen en Cuba. Desde ese año no se ha vuelto a publicar “Consumo de alimentos”, el boletín de la ONEI por el cual se podía evaluar la disponibilidad de alimentos en el país.

Además, explica Betsy Anaya Cruz, “el mercado negro satisface las necesidades de un segmento de la población, porque depende totalmente del poder adquisitivo de las personas. Es muy difícil de eliminar en situaciones de escasez y sin transformar reglas y algunas redes de protección social que el estado hace un esfuerzo enorme por mantener, pero que al final nutren en parte este mercado”.

En la Isla se gasta anualmente un promedio de dos mil millones de dólares en importaciones de alimentos. “Es una situación compleja. Importamos varios productos que pudieran ser producidos en Cuba; hay estudios que dicen que de los dos mil millones probablemente la mitad pudiera producirse aquí. Pero evidentemente eso lleva detrás un programa de inversiones, de modernización de la agricultura, una mejor articulación de esas cadenas, lleva una serie de medidas que no solo pasan por una mayor disponibilidad de recursos, sino por atender cada una de esas actividades con un enfoque sistémico”, afirma la economista.

En este sector, dice, también enfrentamos una contracción de las exportaciones agrícolas, por lo cual se asume tamaña factura de alimentos con una balanza agropecuaria negativa y su financiamiento depende de otros ingresos del país, no de lo que el propio renglón económico produce.

“Acopio no produce, comercializa. O sea, es un eslabón de una cadena que necesita atención integral, desde la producción, pasando por el beneficio, la industria hasta la comercialización mayorista y minorista. Además, no pueden descuidarse los servicios de apoyo a esa cadena, así como el entorno regulatorio, normativo, cultural en el que se desenvuelve.

“Resulta necesario transformar la gestión de acopio como comercializador mayorista, hacerlo más eficiente. Y eso en parte pasa por promover la participación de otros actores estatales y no estatales en esta actividad, como ha afirmado nuestro presidente. Esa presión competitiva les puede llevar a ganar en eficiencia, a la cual su actual condición monopólica no propende”, concluye la investigadora.

La posición de monopolio, como sucede con otras empresas de la Isla, no permite aprovechar estructuras y otras redes de distribución más pequeñas que podrían funcionar mejor a nivel local, por ejemplo. Sin una transformación integral del modelo agrícola cubano, que sane (renueve, compense, analice) cada eslabón del proceso productivo como un sistema, Acopio no podrá cumplir su encargo social de forma eficiente, como se pretende con cada nueva reorganización de la empresa.

Es tan importante que crezca la cantidad, calidad y variedad de los alimentos, como el hecho de que lleguen a nuestras mesas, que no se desvíen, que podamos pagarlos… Sabemos que ese viaje de los alimentos, el de la tierra al comedor, no es infinito, ni imposible. Y por si fuera poco, es indispensable.

Fuente: https://progresosemanal.us/20200625/el-viaje-infinito-de-la-tierra-al-comedor-2/

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