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Estados Unidos nos vigila

Fuentes: Rebelión

STADOS UNIDOS NOS VIGILA Unos años atrás, no muchos, parecía una loca idea de ciencia-ficción, propia de un drama orwelliano; hoy día está a punto de ser una realidad: un super sistema de control absoluto de la población planetaria. El engendro está en pleno proceso de desarrollo, y en poco tiempo será parte vital de […]

STADOS UNIDOS NOS VIGILA

Unos años atrás, no muchos, parecía una loca idea de ciencia-ficción, propia de un drama orwelliano; hoy día está a punto de ser una realidad: un super sistema de control absoluto de la población planetaria.

El engendro está en pleno proceso de desarrollo, y en poco tiempo será parte vital de la estrategia de dominación universal en que está empeñada la actual administración de Washington -que se siente, cada vez más, amo del mundo. «Conocimiento total de la información» (Total Information Awareness: TIA, en inglés) es su nombre. El mismo complementa -y supera con creces- la Red Echelon (compleja trama de espionaje mantenida igualmente por los Estados Unidos y algunos de sus socios, consistente en un tejido de antenas, estaciones de escucha, radares y satélites, apoyados por submarinos y aviones espía, unidos todos a través de bases terrestres, y cuyo objetivo es controlar todo tipo de comunicaciones mundiales, entre las que se encuentran correos electrónicos, envíos de fax, comunicaciones por cable, por satélite, transmisiones radiales, conversaciones telefónicas).

El dispositivo en cuestión permitirá a la potencia hegemónica mantener un espionaje total, continuo y avasallador no sólo de las comunicaciones -parte medular de lo que desean controlar, y que de hecho ya está haciendo- sino también de las transacciones financieras, los registros de vuelo, las declaraciones de impuestos, la venta de paquetes accionarios, los movimientos de tarjetas de crédito, los archivos médicos de la población mundial. En definitiva: una forma de control absoluto de cada ser humano sobre la faz del planeta; control que se ejercerá no sólo sobre sus comunicaciones sino -esto es lo aterradoramente novedoso- sobre sus características biométricas (el tramado del iris, las huellas dactilares, la voz, sus hábitos motores como la forma de caminar), todo lo cual permitirá un monumental banco de datos universales que posibilitará a los agentes de inteligencia buscar y hallar por satélite a una persona en cualquier lugar del mundo y con una velocidad pasmosa.

En otras palabras: estamos ante el fin de la vida privada de la humanidad, ante un dios omnipotente que -sin ningún lugar a dudas- lo sabrá todo. A partir de este super cerebro omniabarcativo, todos pasamos a ser un número más de una lista; nuestras vidas quedan en sus manos.

Rápidamente explicado, el nuevo sistema -actualmente desarrollado por el Comando de Inteligencia Naval de los Estados Unidos- consiste en una combinación de tecnologías de punta del campo de la informática (entre las que se cuenta una monumental base de datos que permite almacenar información personal de los 6.300 millones de habitantes actuales del planeta, incluyendo vídeos, fotos y parámetros biométricos de cada ingresado al programa), con la capacidad de localización por satélite e identificación de seres humanos a distancia por medio de las características biométricas almacenadas. En otros términos: un espía global del que nadie, absolutamente nadie se puede salvar.

Apoyan y complementan la iniciativa un traductor universal, que podrá convertir instantáneamente en texto una grabación de voz, capaz de intervenir conversaciones telefónicas en cualquier parte del mundo, así como un sistema para «interpretar» las relaciones entre distintos sucesos aislados o que, aparentemente no tienen conexión. Este detecta patrones comunes en la actividad de diversas personas, grupos, empresas, movimientos financieros, viajes, compras; es decir: cualquier movimiento que se quiera investigar.

Sumados todos estos elementos, el complejo mecanismo de espionaje -en palabras de Steven Wallach, antiguo ejecutivo en la empresa Hewlett-Packard y actual consejero del presidente Bush- «podrá asociar una foto de Malasia tomada por un satélite con una llamada realizada en Francfort y con un depósito bancario en Pakistán, para luego relacionar todos esos elementos con algo que pasará en Chicago». Y obviamente, permitiendo actuar en consecuencia.

No hay dudas que la imaginación queda corta ante tamaña parafernalia; el poder de la tecnología es subyugante, pero al mismo tiempo ofende a la condición humana: tanta inteligencia puesta al servicio de la delación policial es simplemente una vergüenza en términos éticos.

¿Qué hacer ante todo esto? Esconderse no, porque no es posible. Podría parecer absurdo querer enfrentarse a tanto poder. Indudablemente las condiciones en que quedamos los mortales de a pie ante esta nueva deidad no son muy alentadoras: el super poder todo lo ve, todo lo oye, todo lo sabe. ¿Resignarse entonces?

La historia no ha terminado, aunque cada vez más se escriba con las directivas del ganador. El nuevo dios que se está pergeñando, en definitiva es un dios humano; y como tal, falible. Aunque lo sepa todo, también tiene puntos débiles: los hackers por ejemplo. Si algo nos enseñó la modernidad, de la mano de Hegel, es que «Dios ha muerto». Y quien no murió es el fantasma de Vietnam, ni la resistencia iraquí, ni el espíritu de justicia que sigue dando vueltas por el mundo.