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Estampas del capitalismo futbolero, entre la ignominia y la dignidad

Fuentes: Rebelión

“Primero somos personas y luego somos lo que somos, futbolistas o cualquier otra cosa. Eso es lo que siempre he pensado, independientemente de que me ponga un pantalón corto y unas botas para salir al campo a patear una pelota. No necesitaba encontrar tiempo para lamentar lo que sucedía en mi país, simplemente lo tenía muy presente”. -Carlos Caszely, futbolista chileno que se negó a darle la mano a Pinochet

Una caricatura elaborada en días recientes es muy expresiva sobre la relación entre futbol y política o mejor sobre el carácter político del futbol. En la viñeta aparece un gigante, el futbolista español (de origen africano) del Barcelona Lamin Yamal, y a cada uno de los lados del coloso aparecen dos enanos, que representan al argentino Leonel Messi y al portugués Cristiano Ronaldo. Para un analfabeto político, y en el mundo futbolístico abundan, la caricatura no les debe decir nada o les debe parecer una exageración, al vislumbrar la diferencia de tamaño que aparece en la imagen gráfica. Incluso, al momento afloran las discusiones acaloradas para decir que este o aquél de los que aparecen en escena es el mejor jugador del mundo en el campo de juego y no necesariamente el español.

Pero el mensaje no tiene un sentido futbolístico, sino político, porque no hace referencia a la habilidad en la cancha, sino a la estatura moral, a la dignidad, de los tres futbolistas representados. Esa dignidad tiene un valor notable en esta época plena de culto a los genocidas de uno y el otro lado del mundo. Es en este ámbito político donde queda claro, sin duda alguna, que Yamal emerge como un gigante enorme y los otros dos como lamentables liliputienses.

Lo que aparece reflejado en la caricatura tiene que ver con la estatura moral que emerge en momentos cruciales, como los que ahora vive el mundo. Y en este plano han quedado registradas de manera imperecedera tres estampas de un carácter político completamente antagónico: dos de ellas representan el culto a la riqueza, al poder, a los genocidas, y la otra a los palestinos, quienes son la personificación de todo lo opuesto a la opulencia, dolor, sufrimiento, miseria, pero también capacidad de lucha y rebelión. 

Sobre este asunto de la estatura moral expresada en simples y elementales gestos simbólicos versa este artículo, escrito en instantes en que el futbol-mercancía domina todos los ámbitos de la vida cotidiana.

PRIMERA ESTAMPA

CRISTIANO RONALDO Y LA LEGITIMACIÓN DE LOS CRIMENES DE ESTADOS UNIDOS Y DE ARABIA SAUDITA

Cristiano Ronaldo estrecha la mano de Donald Trump

En noviembre de 2025, el momento en que Cristiano Ronaldo fue recibido en la Casa Blanca por Donald Trump, ya estaba claramente establecida y conocida la actitud genocida de este último contra el pueblo palestino y el asesinato de humildes pescadores en el Pacifico y en el Mar Caribe por parte del Departamento de Guerra de los Estados Unidos. Ya había pasado también la Guerra de los Diez Días, cuando en forma conjunta Israel y Estados Unidos atacaron a mansalva a Irán.

La noticia sobre el genocidio de los palestinos, por supuesto que es bien conocida en Arabia Saudita, por la proximidad geográfica y cultural con Palestina. Ese es el país en donde ahora habita Cristiano Ronaldo, ya que juega en el equipo Al-Nassr desde 2022.

EL 18 de noviembre, Cristiano Ronaldo asistió a la Casa Blanca a una gala ofrecida en honor al príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed bin Salmán. Fue incluido en la delegación oficial de esa corrupta petromonarquía, nada sorprendente si se tiene en cuenta que el príncipe heredero es dueño del club de futbol en el que juega Cristiano Ronaldo y responsable directo de su jugoso salario. O, para decirlo en términos poco eufemísticos, el futbolista es un empleado a sueldo, un sirviente de lujo, de la criminal monarquía saudí y como tal lo llevó al encuentro con Trump y se le encargó la misión, que cumplió dócil y obedientemente, de lamer las botas del amo. Otra cosa diferente es que C. Ronaldo, con todo el ego que lo distingue, pretenda que el centro de la reunión era él, pues presume de ser el tipo más popular del mundo, hasta el punto de afirmar sin nada de modestia: “Soy la persona más famosa del mundo. Dime una persona en el mundo que sea más famosa que yo. Soy más famoso a nivel mundial que Donald Trump”.

Esta visita tenía el propósito de promocionar a Arabía Saudita en los Estados Unidos, a nivel turístico, cultural y deportivo y lavar su imagen como un país experto en violar los derechos humanos. Donald Trump, quien condena a los que considera sus enemigos y absuelve a sus amigotes ‒no importa si son narcos como un expresidente de Honduras o asesinos confesos como el príncipe saudí‒ se encargó de edulcorar la imagen de la petromonarquía corrupta y criminal diciendo que Arabía Saudita es un “verdadero socio para la paz y prosperidad” en el mundo y en Oriente Próximo. Y elogió el “increíble trabajo en derechos humanos” que realiza el príncipe Saudi. Aún más, cuando una reportera le preguntó al príncipe heredero por el asesinato del periodista y columnista del Washington Post que residía en Estados Unidos Jamal Khashoggi en 2018, a quien se raptó en el consulado de Arabia Saudita en Estambul, se le estranguló y desmembró por agentes al servicio del príncipe heredero, quien dio la orden de matarlo. Esa misma “belleza” era la que se encontraba físicamente frente a Trump en ese momento. Este no dejo responder al criminal saudí y afirmó, en forma altanera: “Ha mencionado a alguien que era extremadamente controvertido. A mucha gente no le caía bien ese caballero del que usted habla. [Por eso está bien que lo descuartizaran, podemos agregar] Cayera bien o no, hay cosas que pasan [y que no tienen responsables, sino que son algo así como “castigos divinos”]. Pero él (Bin Salman) no sabía nada [cuando fue el autor intelectual del asesinato], y podemos dejarlo así”. Agregó, “No tiene que poner a nuestro invitado en una situación embarazosa preguntando una cosa así”.  Trump también calificó la intervención de Bruce como “una pregunta horrible, insubordinada y simplemente terrible”. 

En el encuentro se establecieron acuerdos sobre compra de armas a Estados Unidos por miles de millones de dólares y la inversión financiera en el mercado de Wall Street por parte de Arabía Saudita, y tratos sobre minerales críticos.

Recordar estos detalles no es irse por las ramas, sino recalcar la esencia del encuentro entre los dos mandamases de sendos Estados terroristas. Y lo que puede deducirse de todo ello, es que Cristiano Ronaldo luce como un decorado en la trastienda de los acuerdos que refuerzan el genocidio de los palestinos, y para eso le pagan millones de dólares, si se considera la responsabilidad directa de Estados Unidos y la complicidad abierta de Arabía Saudita con los genocidas de Israel.

En estas condiciones, formar parte de la delegación oficial de Arabía Saudita y estrechar efusivamente la mano del pedófilo Donald Trump es un acto que revela la catadura moral de Cristiano Ronaldo. Y eso se evidencia con el regalo que le dio a Trump, una camiseta de Portugal con el Número 7 y con la leyenda: “Para el presidente Donald Trump, jugando por la paz”, que había sido entregada meses antes por Antonio Costa, el presidente del Conejo Europeo. Y después de su encuentro con el carnicero de Washington, Ronaldo realizó este desquiciado comentario, que deja bien claro su nivel político: “Él es uno de los hombres que puede ayudar a cambiar el mundo”. Sí, y en efecto lo está cambiando a tal nivel, con matanzas, bombardeos, bloqueos, genocidios aquí y acullá, todo lo cual pone en riesgo la supervivencia de los seres humanos en la tierra.

El mensaje de Cristiano Ronaldo para Trump, en medio del conflicto que enfrenta a Israel e Irán.

DEGUNDA ESTAMPA

LEONEL MESSI ESTRECHA LA MANO DEL CARNICERO DE WASHINGTON

“Esas manos no Lionel. La habilidad de tus pies no curan la insensibilidad de tus manos. ¡Qué lástima!”

Fernando Borroni

El 5 de marzo de 2026 le correspondió el turno de la ignominia a Leonel Messi, cuando encabezó la delegación de su equipo, Inter de Miami, en visita oficial a la Casa Blanca. Recordemos que a esa fecha, Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, acababa de cometer estos crímenes, entre muchos: desde finales de 2025 venía asesinando a pescadores y lancheros de varios países de nuestro continente en el Océano Pacífico y el Mar Caribe; el 3 de enero, secuestró en forma brutal, con el asesinado de 130 personas ‒entre ellas 32 cubanos‒, a Nicolás Maduro y a su esposa; el 28 de febrero, junto con Israel, Estados Unidos atacó alevemente a Irán, masacrando a su cúpula gobernante y asesinado a 180 mujeres, niñas y profesoras, en un colegio; las redadas y persecución a los migrantes se habían convertido en pan de cada día y el ICE persigue, tortura, mata y expulsa a migrantes “indeseables”, una gran parte originarios de países de Nuestra América; ya se había recrudecido el embargo contra Cuba y se anunciaban las intenciones de Estados Unidos de agredir la isla y propiciar un cambio de régimen, algo siempre añorado por la gusanería de Miami…

De todos estos hechos debía estar enterado Leonel Messi, salvo que viva en otro planeta. Es decir, que él por más analfabeto político que sea ‒y sí que lo es‒ debía estar informado, por lo menos, de algunos de las acciones criminales de Donald Trump, el actual carnicero de Washington. Y sabiéndolo asistió al encuentro con el ocupante de la Casa Blanca, y no solo eso, el vergonzoso sainete fue peor aún.

En efecto, ese no fue una reunión deportiva, fue un encuentro esencialmente político, porque Trump aprovechó la ocasión para reivindicar su ataque a Irán y regocijarse de los bombardeos en ese país, entre los que se incluye de manera implícita el que pulverizó a las 180 niñas de una escuela. Así mismo, festejo sus acciones criminales contra Venezuela y Cuba, dos países que suponemos que Messi debe saber que quedan en Nuestra América.

Al comienzo de la ceremonia, el mandatario estadounidense dedicó parte de su discurso a referirse a la situación en Medio Oriente. «Diré algunas cosas respecto a lo que está ocurriendo en nuestra operación en el país de Irán». Aseguró, con triunfalismo y arrogancia criminal, que los Estados Unidos estaban destruyendo la infraestructura militar de Irán, ante lo cual hubo un aplauso de los asistentes, entre ellos Leonel Messi.

Asimismo, en ese encuentro Trump redobló sus ataques contra Cuba, delante de Jorge Mas Santos, el mafioso propietario del equipo de Messi, que forma parte de la comunidad gusana de Miami ‒aunque no todos los cubanos de esa ciudad sean gusanos‒ que hace 67 años atacan a Cuba, cubiertos bajo el patrocinio directo de los Estados Unidos. En ese encuentro con Trump, Mas Santos contó como su familia salió de Cuba y su padre, Jorge Mas Canosa, encabezó el movimiento anticastrista en Estados Unidos. Y en su presencia, Trump señaló que “Nos juntaremos de nuevo pronto, sospecho, para celebrar lo que está ocurriendo en Cuba”. Sí, para celebrar el genocidio energético que está afectando a la población cubana. Y todo eso se dijo no sólo en presencia del analfabeto político Leonel Messi, sino con su directa aprobación e incluso con su sonrisa complaciente.

Reiteramos, que no puede pasar desapercibido, para confirmar los nexos directos entre mafia, futbol y política que quien estaba al lado de Trump y Messi era Jorge Más Santos, dueño del Inter. (Ver al respecto nuestro artículo La confluencia de Miami, Mas Canosa y Messi, MESSI-Y-LA-MAFIA-DE-MIAMI-2.pdf) Este es hijo del contrarrevolucionario y terrorista Jorge Mas Canosa, quien participó en el desembarco en Playa Girón en 1961. Fue el fundador en 1981 de la Fundación Nacional Cubanoamericana, responsable de los atentados terroristas en La Habana en 1997.

Lo de Messi para nosotros los latinoamericanos es más despreciable que lo de Cristiano Ronaldo, porque aquel es un migrante sudaca en Estados Unidos, aunque sea un migrante ultramillonario.  Ni un solo gesto de empatía con los miles de latinoamericanos perseguidos, expulsados y encarcelados en el régimen de Donald Trump. Tampoco el más mínimo gesto de solidaridad con los pescadores masacrados por la Secretaria de Guerra de Estados Unidos, ni con los pueblos de Cuba y Venezuela, atropellados brutalmente por Trump y compañía. Peor todavía, la presencia de Messi avala los crímenes realizados, como el de las niñas de Irán, y los procesos en curso, especialmente contra Cuba, como lo manifiesto con su presencia física el gusano Jorge Mas Santos, dueño del Inter de Miami y el patrón de Messi. Porque en este caso, como en el de Cristiano Ronaldo, Messi fue con su patrón, como un vil esclavo que luce cadenas de oro, a estrechar la mano del Carnicero de Washington, porque eso complace al mafioso que le paga su abultado sueldo.

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Por eso, no sorprende que niños de Irán, el país bombardeado y agredido por Estados Unidos e Israel, luego de conocer las imágenes vergonzosas de Messi en la Casa Blanca, hayan quemado sus camisetas y hayan señalado que él no representa a la niñez y juventud del mundo. Porque debe recordarse que desde el 2010, Leonel Messi es Embajador de Buena (¿o Mala?) Voluntad de la UNICEF, habiendo sido designado dizque para defender los derechos de los niños y apoyar a los infantes más pobres y vulnerables. Pero, por lo visto con su apretón de manos a Trump, entre los derechos de los niños de Irán, Cuba o Venezuela se encuentra el de bombardearlos y matarlos de hambre.

Niños de Irán queman camisetas de Messi

En conclusión, como dijo Pablo Neruda existen “manos que cuando se alquilan/ alquilan su honor con ellas”.

UNA ESTAMPA MEMORABLE DE VALENTIA

UN PARENTESIS HISTORICO: LAS MANOS DIGNAS DE CARLOS CASZELY DE CHILE

“Hay manos que no se dan. No es una cuestión de ideas o miradas políticas, es una cuestión de humanidad. Hay manos que al estrecharlas te dejan grietas difícil de subsanar, entre ellas pequeños hilos de sangre buscan un cauce de justicia”. -Fernando Borroni.

Es necesario hacer un breve paréntesis histórico porque los lectores pueden estar pensando que es muy normal que un futbolista de élite (por su posición de clase) estreche la mano de los poderosos, donde quiera que se encuentren, y Cristiano Ronaldo y Leonel Messi se limitaron a hacer lo que hace cualquier vedette del balompié. Pero en la historia del futbol existió una honrosa excepción, la de Carlos Caszely, delantero del Colo-Colo y de la selección chilena en tiempos de la Unidad Popular y del golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Él realizó un gesto memorable de valentía y dignidad que quedó en la historia de los vencidos, como los gestos de Ronaldo y Messi quedan en la historia de la ignominia y la vergüenza, de culto a la riqueza y sumisión frente a matones y criminales del capitalismo realmente existente.

Sucedió que, luego de la dudosa clasificación de Chile al mundial de Alemania de 1974, dudosa decimos porque Chile clasificó porque la Unión Soviética se negó a jugar en el Estadio Nacional, que la dictadura de Pinochet había convertido en un campo de concentración y de torturas. En el momento de la partida de esa selección para el mundial, Pinochet se reunió con los jugadores para despedirlos. Les dio la mano uno por uno, pero casi al final, cuando llegó a donde se encontraba Carlos Caszely este se negó a saludarlo y, ante la insistencia del dictador, lo rehuyó y le dio la espalda, como puede observarse en la imagen que quedó grabada para la posteridad [ver: Carlos Caszely: el jugador del pueblo que ’humilló’ a Pinochet en plena dictadura]

El futbolista señaló que este gesto lo realizó por “dignidad y los derechos humanos de las personas” Recordó que, en ese entonces, cuando Pinochet “entra con esa capa y lentes oscuros, hace poco había leído el libro de Ana Frank. Por eso puse las manos atrás y quise representar a todo un pueblo. Creo que me salió el universitario de adentro. Porque el futbolista se olvida de las raíces muchas veces, cuando empieza a ganar un Porsche, una casa con piscina se olvida un poco de su entorno y de su gente”. Un periodista de La Segunda, apologista del régimen dictatorial, comentó el gesto de Caszely de esta forma: “Miren cuán deleznable es este jugador comunista, que incluso fue capaz de negarle el saludo al presidente”. Esto indica la importancia de ciertas acciones en el momento justo y adecuado, cuando un simple gesto se convierte en un desafío a aquellos que siempre están acostumbrados a la pleitesía servil de los que se encuentran a su lado, incluyendo a los deportistas, por lo general analfabetos políticos.

La humillación que soportó Pinochet con el gesto digno e inusual del “futbolista del pueblo” (como denominaban a Caszely) tuvo, por supuesto, consecuencias personales y familiares. Caszely dejo de ser convocado a la Selección de su país durante varios años, por imposición expresa de miembros de la dictadura y de la dirigencia futbolística de la época. Cuando volvía a Chile de España, donde jugaba, era seguido y acosado por los esbirros de la dictadura y su casa fue allanada dos veces. Pero lo peor, es que la madre de Cazsely, Olga Garrido, fue torturada brutalmente por la dictadura. Al jugador le cobraban su desplante al dictador y también su militancia política en la Unidad Popular y su respaldo al gobierno de Salvador Allende.

Años después, Caszely dijo que pertenecía a un extraño grupo político, que él denomina el “partido del deportista con conciencia social”, un espécimen cada vez más raro en nuestro tiempo del capitalismo deportivo, de la falsa neutralidad, del conformismo abyecto y la sumisión absoluta. (Ver un recuento de este gesto honroso y valiente en Quique Peinado, “El tipo que le negó la mano a Pinohet”, Futbolistas de izquierdas, Fuera de Ruta, Valencia, 2022, pp. 161-175.)

UN SIMPLE GESTO DE DIGNIDAD DE LAMINE YAMAL

El fútbol es política

No todo puede ser ignominia y servilismo en el capitalismo futbolístico, en el que también existen ciertos actos heréticos, que cuestionan el orden existente de pretendida neutralidad política y falta de compromiso elemental con el sufrimiento de la humanidad. Así, el 11 de mayo, cuando el Barcelona FC celebraba el título de la Liga Española en las calles de la ciudad catalana, sucedió un hecho inesperado de dignidad. En pleno desfile el joven futbolista Lamine Yamal tomó una bandera de Palestina y la ondeó durante parte del recorrido del vehículo en donde iban los campeones. Se calcula que en el desfile se hicieron presentes unas 700 mil personas. Para demostrar que su acción iba más allá del desfile festivo, Yamal subió la imagen, con la bandera de Palestina en sus manos, a su cuenta de Instagram, en donde tiene 42 millones de seguidores en todo el mundo.

El hecho no paso desapercibido para los genocidas de Israel y sus apologistas. Para empezar, el propio entrenador del Barcelona, el alemán Hansi Flick, no ocultó su enfado con el joven futbolista al afirmar: “Son cosas que no me gustan. Hablé con él y si él quiere hacerlo… es su decisión. Tiene 18 años”. Con esto quería decir que es un adolescente y no sabe lo que hace, o algo por el estilo y rubricó su pretendida neutralidad política ‒que no es tal‒ diciendo que “jugamos al fútbol para hacer feliz a la gente. Cuando veías a la gente en la calle, con lágrimas en los ojos, era increíble. Estaban muy contentos de que hubiéramos ganado la segunda Liga consecutiva”. No extraña dicha opinión de este entrenador alemán, cuyo agente es el empresario israelí Pini Zahavi, y la nacionalidad sí que importa en este caso porque gran parte de los germanos son visceralmente sionistas y defensores incondicionales de Israel. Por eso el felicita a los que lloran celebrando un título, pero no a los que lloran porque son masacrados y bombardeados, como les acontece a los palestinos.

Los puristas del futbol que lo consideran un deporte no contaminado por la política, como si eso existiese, salieron a decir que lo hecho por Yamal era inaudito, que cómo se iba a usar una celebración deportiva para sacar a relucir una bandera en un evento que nada tenía que ver con la política y tonterías por el estilo. Para esos puristas lo que es escandaloso es la bandera de Palestina, pero no el genocidio que lleva a cabo Israel en tierras de la Palestina histórica y del Líbano. Algunos otros insinuaron que el futbolista estaba poniendo en peligro su carrera meteórica en el mundo del futbol y por eso no se debía mezclar deporte y política, con lo que se deduce que debe predominar la falsa neutralidad y deshumanización, que caracteriza al capitalismo en general y a la “industria” balompédica en particular, e ir por la vida orondo sin preocuparse por nada de lo que sucede en el mundo, puesto que vale más el éxito individual que la masacre de miles de seres humanos.

En España, salieron a relucir una pocas voces en apoyo al sionismo diciendo que Yamal debía irse a vivir a Palestina, que era antisemita, e incluso un periodista de extrema derecha (tan despreciable cuyo nombre no merece ser mencionado) afirmó que el futbolista era una “basura”. Y de inmediato, el genocida Israel Katz, Ministro de Defensa de Israel, salió a decir que “Lamine Yamal eligió incitar contra Israel y alimentar el odio en un momento en que nuestros soldados combaten a la organización terrorista Hamás”. Katz espera “de un gran club respetado como el Barcelona que se desmarque de estas declaraciones y deje claro, sin ambigüedades, que no hay lugar para la incitación ni para el apoyo al terrorismo”. Y con un cinismo, propio de un genocida de Israel, acotó: “Quien apoya este tipo de mensajes debe preguntarse: ¿se considera esto humanitario? ¿Es esto moral?”. Por supuesto, para el genocida activo Katz lo que hizo Yamal al agitar la bandera de Palestina fue un acto de antisemitismo y una “incitación contra Israel y contra el pueblo judío”.

Asimismo, en Israel empezaron a quemarse camisetas de Yamal, como expresión de su odio hacia cualquiera que ose mencionar el genocidio y defienda a los palestinos. Una quema de camisetas completamente distinta a las de Messi en Irán, porque esta la hicieron unos niños expresando su repudio al encuentre entre el futbolista argentino y el sanguinario Donald Trump, mientras que en Israel lo hacen adultos que quieren seguir ocultando el genocidio.

Estas patadas de ahogado de los sionistas de España y de Israel expresan, por vía negativa, la magnitud del gesto del futbolista Yamal, porque por primera vez se llevó un mensaje directo a millones de aficionados al futbol sobre el genocidio en Palestina y la criminalidad de Israel. Lo significativo no es que lo mostrara la televisión o las redes antisociales, sino que lo dijera con un gesto un joven futbolista, un verdadero ídolo de los seguidores del Barcelona.

Y eso es lo que les duele a los sionistas de todos los pelambres, porque un simple gesto ha llevado a miles de personas a preguntarse, y de pronto a indagar, por lo que viene pasando en Palestina.  Por eso, lo que aterra a los sionistas radica en que se haga explícito el rechazo al genocidio, y ese es el tipo de expresión política que no les gusta, porque el apoyo explícito a las causas del poder y de la dominación si son aceptadas y esas no son consideras acciones políticas. Y, además, les preocupa que una elemental acción de un joven futbolista haya convertido el tema del genocidio de los palestinos en un asunto de conversación cotidiana de muchos hinchas de futbol que difícilmente hablan del tema, que supone considerar que no debe ser tolerado el asesinato de seres humanos, ni la expulsión de los habitantes de Gaza de su territorio, ni la destrucción de sus casas, escuelas, universidades y campos deportivos, de la tortura y violación de los palestinos…

Y esto perturba no solo al sionismo sino al capitalismo deportivo, el cual ha convertido hasta el festejo colectivo en una mercancía que debe ser consumida en términos políticamente correctos de neutralidad, analfabetismo político y estupidez a granel. Y en el futbol la FIFA se encarga de controlar cualquier gesto o acción que se salga del libreto de pretendida neutralidad ya establecido, y cuando este es superado se castiga al desobediente. Pero no puede controlar todo, como se demostró el 11 de mayo en las calles de Barcelona, porque la espontaneidad supera el ámbito mercantil y la corrección política establecida, en este caso tocando el incomodo asunto de Palestina y el genocidio de Israel.

La importancia de exhibir una bandera de Palestina en Europa y Estados Unidos tiene mucho sentido, porque hay países, Alemania otra vez Alemania, por ejemplo, donde se ha criminalizado el solo hecho de nombrar a Palestina y se han prohibido todos sus símbolos, no solo su bandera, sino sus escritores, artistas, deportistas y a todo aquel que se atreve a denunciar a los genocidas de Israel. Esa es la importancia de lo hecho por el futbolista Yamal en un continente cuyos dirigentes son cómplices y coparticipes en el genocidio sionista.

En Gaza, epicentro del genocidio sionista en marcha que nunca se detiene, las reacciones al gesto de Yamal fueron de regocijo y de inmediato convirtieron al joven futbolista español en su nuevo ídolo. Dos artistas palestinos pintaron un mural del futbolista en el campamento de refugiados de Al Shati. En el mural, Yamal sujeta con firmeza una bandera palestina sobre las ruinas de una casa destruida por ataques de Israel. En la bandera aparece escrito “Love you” (‘te queremos’), con un corazón rojo.

PITAZO FINAL

El capitalismo ha convertido al futbol en un negocio muy rentable y ha transformado a la mayor parte de los futbolistas profesionales en máquinas de hacer dinero y, de paso, les brinda jugosas ganancias. Esto coloca a los futbolistas, que son advenedizos de última hora, en una clara posición de clase, aunque, por lo general, por su origen de clase sean de extracción popular. Sin embargo, sus condiciones materiales de existencia, plenos de opulencia, lujo y ostentación, lleva a que personajes como Ronaldo y Messi formen parte de los ricos y poderosos y sean políticamente de derecha. Sí, porque en este caso si que queda claro que el ser social condiciona la conciencia social, para retomar el célebre enunciado de Karl Marx.

En ese sentido, los futbolistas de élite por sus condiciones materiales de existencia ya no pertenecen a la clase de la que proceden y tienden a ser políticamente de derecha, como se demuestra a diario en diversos lugares del mundo. Ya es difícil encontrar futbolistas de izquierda, que alguna vez existieron, cuando el futbol era un deporte de los trabajadores, y todavía no había sido expropiado y mercantilizado por el capitalismo.

Ahora bien, hay situaciones, como la del genocidio en Gaza, los bombardeos indiscriminados de los Estados Unidos que matan a centenares de personas, que desbordan los límites de clase y se convierten en una cuestión de humanidad. Y en ese plano, cualquier ser humano con un mínimo sentido de sensibilidad debía sentirse interpelado por el asesinato masivo de niños y mujeres a vasta escala, como el que hoy realizan Israel y Estados Unidos.

Y, en el momento actual, cuando es necesario sacar a relucir un atisbo de humanidad, son pocos los futbolistas que lo hacen, prisioneros como están por su posición de clase y por sus posturas políticas de derecha. Y, en ese contexto, adquiere sentido que uno de los que ya forman parte de esa clase de adinerados, exprese su humanidad apoyando a los palestinos y denunciando en forma implícita a los genocidas de Israel.

No importa lo que depare el futuro del joven futbolista, porque lo que verdaderamente tiene sentido es lo que ha hecho en este preciso momento, cuando tocaba hacerlo, esto es, condenar y denunciar el genocidio de los palestinos. Ese gesto ha sido de Lamine Yamal y eso es lo que queda y no la ignominia de Messi y Ronaldo. Y cuando en el futuro se reconstruya el genocidio unos pocos brillarán por su dignidad y otros muchos se despreciarán por su bajeza.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.