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El sociólogo Tomás Moulian analiza el primer año de Bachelet en La Moneda

«Este Gobierno se caracteriza por su invisibilidad»

Fuentes: La Nación

Tomás Moulián, el sociólogo y ex precandidato presidencial del Juntos Podemos, mira de lejos y con severidad crítica al Gobierno de Michelle Bachelet. Sin embargo, alerta sobre la necesidad de crear «algunas formas de colaboración» para desarrollar una alternativa al modelo neoliberal que sector alguno ha sido capaz de concretar hasta ahora. – ¿Cuál es […]


Tomás Moulián, el sociólogo y ex precandidato presidencial del Juntos Podemos, mira de lejos y con severidad crítica al Gobierno de Michelle Bachelet. Sin embargo, alerta sobre la necesidad de crear «algunas formas de colaboración» para desarrollar una alternativa al modelo neoliberal que sector alguno ha sido capaz de concretar hasta ahora.

– ¿Cuál es su evaluación del primer año del Gobierno de Bachelet?

-Este Gobierno se caracteriza por su invisibilidad. La visibilidad no significa, necesariamente, una gran eficacia del Gobierno, pero la invisibilidad significa que el Gobierno no cumple las tareas principales para que los ciudadanos vean en acción un programa.

– ¿En qué se ha traducido la promesa de un «Gobierno ciudadano»?

-En poco. La proposición de hacer un Gobierno ciudadano es loable, pero hacerlo no significa que los ciudadanos vayan al patio del palacio y se saquen fotos con la Presidenta. Un Gobierno de los ciudadanos es donde hay participación efectiva de los grupos organizados de las diferentes identidades que componen la sociedad, donde hay una disputa por los proyectos de sociedad. En eso veo a este Gobierno débil, más impreciso que los otros de la Concertación.

– Pero se supone que hay ganas de hacer cambios…

-Uno se imaginó a los gobiernos del PS como los que cambiarían la dirección de los gobiernos de la Concertación de la DC. Sin embargo, nos encontramos frente a gobiernos repetitivos. Lagos, pese a todas las esperanzas que suscitó, fue un Gobierno repetitivo, y éste también lo es, con menos presencia del líder, y eso es quizás lo distinto. No hay verdaderas políticas de cambio porque ésas requieren proyectos con alguna capacidad de modificación del programa neoliberal, que busquen afectar esta desigualdad, este crecimiento sin equidad.

-¿Sería esa la gran deuda?

-Sí. El crecimiento no ha sido espectacular tampoco, y la equidad ha sido francamente nula. Es justamente la construcción de un programa que busque mitigar las desigualdades sociales el gran vacío.

-¿No hay avance de participación ciudadana en la rebelión de los pingüinos o en las manifestaciones que se ven hoy por el Transantiago?

-Sí, pero en respuesta, en lucha contra lo que el Gobierno hace. La rebelión de los pingüinos es de los estudiantes universitarios que justamente plantean que no hay cambios importantes en los programas educativos. Y las personas que critican el Transantiago lo hacen desde un punto de vista de un programa de transporte que mantiene y refuerza las dificultades que tienen los sectores populares para acceder a este bien absolutamente necesario de una ciudad moderna.

– ¿Cuál es su evaluación de la conducta de la izquierda en este marco?

-Esa izquierda, cuyo partido más fundamental es el PC, pero que concita en torno a ellos muchos independientes, tampoco ha sido capaz de tener un discurso de crítica que penetre en la opinión pública y haga que ésta se movilice en torno a esos objetivos. Hoy tenemos un tipo de movilizaciones que surgen de lo que podemos llamar la respuesta ciudadana. Eso está bien para la sociedad, pero cuando uno quiere generar un proyecto alternativo, en la dirección no neoliberal, necesita una izquierda capaz de incidir con más fuerza y de dialogar críticamente con la Concertación, distinguiéndola obviamente de la derecha. No se puede, nunca, hacer una oposición que confunda a la Concertación con la derecha, y tampoco es bueno para la sociedad que haya una izquierda balbuceante, tartamuda, que la ciudadanía no identifica. Ahí hay un hueco político que es necesario superar.

-¿Esa izquierda puede ayudar a la Presidenta en su deseo de hacer cambios?

-En esta sociedad no se ha generado una alianza que tenga la capacidad de cambio. Ella no es la Concertación, tiene que ser la Concertación y algo más, y ese algo más para poder cambiar el programa neoliberal tiene que ser alguna forma de colaboración con la izquierda; no digo necesariamente alianza, pero sí un espacio donde el papel de la izquierda no puede ser la pura crítica.

Hechos concretos

-¿Qué le parecieron las medidas de la Presidenta ante la muerte de Pinochet?

-Estuvo muy bien que no se decretara duelo nacional. Me pareció un gesto adecuado, al cual también hay que hacerle ciertas críticas, porque permitió que la Escuela Militar se convirtiese en el lugar de los militares de derecha, donde se le rinde homenaje a un dictador. Esa es una visión de muy corto plazo en la relación con los militares, que para esa coyuntura fue una política adecuada, pero genera un grave peligro, ya que la democracia no se va a profundizar mientras los militares no se separen nítidamente de Pinochet y su obra.

-En cuanto a cambios profundos, ¿qué opina de la nueva Ley de Subcontratación?

-Lo propio del neoliberalismo es que las subcontrataciones o las políticas de empleo sean lo más flexibles posible. Eso es lo que se busca paliar con esta ley; pero paliar, obviamente no se puede pedir más que eso, pero aun así es poco todavía. En ese poco hubo un esfuerzo de Bachelet y eso permitió que un discurso de crítica al neoliberalismo se moviera dentro de la sociedad.

-¿Y del Transantiago?

-En el Transantiago estoy seguro que hay buenas intenciones, pero también está muy claro que está, por ahora, muy mal aplicado, y el resultado ha sido que los sectores populares bajen sus condiciones de vida cotidiana. Es muy bonito ver que la Alameda tiene menos micros y menos ruido, eso está bien, pero no a costa de los sectores populares.