Recomiendo:
0

Flujos migratorios

Europa sepulturera de su propia causa, víctima de sus infamias pasadas y presentes

Fuentes: Madaniya

Traducido del francés para Rebelión por Caty R.

Texto de la intervención de René Naba, director de la web www.madaniya.info, en el marco de la trigésima primera sesión del Consejo de los Derechos Humanos por invitación de la organización «The Global Network for Rights and development – GNRD» con el tema «Las consecuencias inmediatas a corto y largo plazo de la crisis de los refugiados y personas desplazadas».

Europa frente al flujo migratorio accionado por Turquía

Desde el inicio de las primaveras árabes en 2011 han desaparecido 11.132 personas en una de las tres rutas mediterráneas cuando se dirigían a Europa tras la devastación de Libia por los occidentales y la desestabilización de Malí por sus aliados petromonárquicos por medio de sus afiliados Ansar Eddine. La cifra es inapelable y señala la responsabilidad occidental en ese drama humano de gran amplitud.

El acuerdo firmado el viernes 18 de marzo de 2016 en Bruselas entre la Unión Europea y Turquía, que permite al conjunto europeo reenviar a Turquía a los emigrantes desembarcados en Grecia, se podría denominar «acuerdo de la vergüenza», en tanto que pisotea los principios elementales del derecho internacional y del derecho europeo.

El objetivo era ciertamente elogiable: evitar que Grecia se convierta en un gigantesco campo de refugiados en territorio europeo, a la manera de Cisjordania y Gaza en Palestina, tras el cierre de la «ruta de los Balcanes». Pero la promoción del principal proveedor de yihadistas hacia Siria y de refugiados hacia Europa al rango de vigilante de la fortaleza Europa frente a una nueva invasión bárbara, constituye al mismo tiempo una prima a la astucia turca y una concesión al populismo rampante de la opinión pública de un continente en crisis sistémica.

En contrapartida de su papel de guardia de fronteras, el presidente Recep Tayyib Erdogan obtiene considerables beneficios para consolidar su postura autocrática y liberticida.

Una ayuda financiera importante (alrededor de 6.000 millones de euros de aquí a finales de 2018), levantamiento de la obligación de visado para los turcos y recuperación de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea. Grandes beneficios a pesar de que Turquía sigue ocupando la parte norte de Chipre y de que el sultán de Ankara se burla de la libertad de prensa y del sistema jurídico.

La llegada de más de un millón de emigrantes y refugiados a Europa tiene su origen en «grandes principios» europeos. Cinco años después de la primavera árabe Europa paga el precio de su demagogia y su belicismo. Un nuevo telón de acero está cayendo sobre Europa, parafraseando al primer ministro británico Winston Churchill.

Una lectura diacrónica de la actualidad, conjugando un análisis que englobe el espacio y el tiempo de esta secuencia, llevará a la sorprendente conclusión de que Europa es la enterradora de su propia causa, víctima de sus vilezas pasadas y presentes, en cuanto que el flujo migratorio del siglo XXI del hemisferio Sur, particularmente el flanco meridional de Europa, aparece retrospectivamente como el lejano y último avatar de la «carga del hombre blanco» (1).

La colonización, el mayor cataclismo demográfico del planeta

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que el «umbral de tolerancia» no estaba a la altura de la furia colonizadora de Europa, de su necesidad incomprensible de asumir «la carga del hombre blanco» y su «derecho de primogenitura», para cumplir su misión civilizadora.

52 millones de personas partieron del «Viejo Mundo» en poco más de un siglo (1820-1945), al descubrimiento de mundos nuevos, lejanos precursores de los trabajadores emigrantes de la época moderna. Al ritmo de 500.000 expatriados anuales de media durante 40 años, de 1881 a 1920, 28 millones de europeos abandonaron el Viejo Continente para poblar América. 2 millones fueron a Estados Unidos y 8 millones a América Latina, sin contar Oceanía (Australia, Nueva Zelanda), Canadá, el continente negro, el Magreb y el sur de África especialmente, así como los confines de Asia y establecimientos en los enclaves de Hong Kong, Punduchery y Macao.

Curioso derrotero. Curioso cruce: mientras el africano era extirpado de sus raíces por los colonizadores de Senegambia para proyectarlos allende los mares con el fin de que contribuyeran a la prosperidad del Nuevo Mundo, en primer lugar los franceses, ingleses, españoles y portugueses en los siglos XVIII y XIX y después los libaneses y los sirios en el siglo XX, fueron llevados al éxodo bajo el efecto de las presiones económicas.

Un movimiento paralelo… el negro iba a poblar América cuando el blanco le sustituía en su continente como intermediario entre colonizadores y colonizados. 52 millones de expatriados, es decir, el doble del total de la población extranjera residente en la Unión Europea a finales del siglo XX, una cifra muy parecida a la de la población francesa. Principal proveedora demográfica del planeta durante ciento veinte años, Europa logró la hazaña de configurar a su imagen y semejanza otros dos continentes, las dos Américas y Oceanía, e imponer la marca de su civilización a Asia y África.

«Dueña del mundo» hasta finales del siglo XX, Europa convirtió el planeta en su campo de tiro permanente, en su propia válvula de seguridad, en el trampolín de su influencia y su expansión, en el vertedero de todos sus males, un drenaje para sus excedentes de población y un presidio ideal para sus alborotadores sin las limitaciones impuestas por la rivalidad intraeuropea por la conquista de las materias primas.

Francáfrica, la Francia de «la pasta»  

La independencia de los países africanos neutralizó el papel del continente negro en su función de aparato regulador del desempleo francés.

Pero Francia, nunca corta de imaginación cuando se trata de hacer dinero a costa de los demás, sustituyó la colonización por la comunidad franco-africana materializada en la Francáfrica, el más extraordinario pacto de corrupción de las élites francesas y africanas a escala continental. Bongos y maletines: Nunca la Francáfrica mereció tanto su nombre, France à fric (dinero, en francés, N. de T.), una estructura ad hoc para bombear la pasta obtenida vampirizando a los africanos para satisfacción de la abulia francesa. Aberrante y odioso.

Cinco siglos de esclavitud para semejante resultado. Para seguir manteniendo a todo tren a uno de sus colonizadores más implacables, Francia. Sin la menor vergüenza por las víctimas de la trata negrera, de la esclavitud, de los zoos etnológicos… los morenos, los perros negros de la República. Gabón, el Congo, Costa de Marfil, Senegal, Guinea Ecuatorial… Vergüenza de África por alimentar a sus verdugos. Vileza francesa y corrupción africana, una combinación corrosiva degradante para el donante y denigrante para el beneficiario: 400.000 millones de dólares evaporados del continente africano en 35 años (de 1970 a 2005) hacia los paraísos fiscales, según las estimaciones de la CNUCED.

¿Y por qué no pensaron en utilizar esos recursos para reducir la deuda, esa nueva forma de trata negrera que desangra a África tanto como la anterior? ¿Y por qué no en crear infraestructuras que redujeran la dependencia africana con respecto al Viejo Continente?

La sangría de los capitales árabes y africanos hacia sus antiguos colonizadores

El bloqueo de los activos de los dictadores árabes y africanos, que constituye un maná para la economía occidental en crisis sistémica, es un hándicap para el desarrollo del hemisferio sur, incluso un desastre.

1,5 billones de dólares es el montante de las sumas procedentes de África y Oriente Medio en las plazas financiera occidentales, el 15 % de procedencia ilegal. La suma de las fortunas de Hosni Mubarak (Egipto), Zine el Abidine Ben Ali (Túnez), Sani Abacha (Nigeria), Moussa Traore (Malí) y Joseph Desiré Mobutu (República Democrática del Congo, antes Zaire), se estima en más de 40.000 millones de dólares. Las migajas se devolvieron.

Según el Boston Consulting Group, Suiza guarda cerca del 30 % de los haberes privados offshore, la mayoría no declarados. La revista profesional de gestión de activos My Private Banking estima que sobre el billón y medio de dólares que representan las fortunas privadas de África y Oriente Medio en el extranjero, el 33 % se localizan en tierra suiza y que el 15 % más o menos sería de origen ilegal, es decir, 74.000 millones de dólares.

Los miles de millones de Gadafi  

Según el Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a principios de 2011 Libia tenía «el índice de desarrollo humano más elevado del continente africano», con un crecimiento del PIB del 7,5 % anual, una renta por habitante récord (10.000 dólares estadounidenses anuales), educación primaria y secundaria gratuitas y acceso de un alumno de cada dos a la enseñanza superior.

Más de dos millones de emigrantes africanos encontraban trabajo en la Jamairiya. Factor de estabilidad y desarrollo en el norte de África, Libia multiplicó las inversiones con el fin de dotar a la Unión Africana de autonomía financiera y de una moneda independiente.

En cuanto a los «500.000 millones de Gadafi» detallados en marzo de 2011, se trataba simplemente de 500.000 millones libios invertidos en el mundo (250.000 en América y 250.000 en Europa y el resto del mundo occidental) entre bancos y empresas. Incluso sin hablar de las inversiones (50.000 millones) efectuadas por el Guía en el continente africano ni del posterior saqueo del petróleo libio. Todo ese dinero no ha aparecido nunca salvo una cantidad entre 11.000 y 34.000 millones restituidos al Consejo Nacional de Transición (CNT) por la OTAN y los occidentales (investigación de Pascal Henry: Pièces à conviction en France 3, 29 de enero de 2014).

Entre 20.000 y 40.000 millones de dólares de dinero ilegal salen cada año de los países en desarrollo. En los últimos 15 años solo se han restituido 5.000 millones. Es decir, una mínima parte.

La sangría es considerable, infinitamente superior al presupuesto de infraestructuras en África. Cada año 90.000 millones de dólares salen de África de manera fraudulenta para enriquecer más a los ricos países occidentales, donde anidan en los paraísos fiscales, empobreciendo de forma proporcional al continente negro cuyo déficit anual de financiación de las estructuras se eleva a 31.000 millones de dólares anuales. Además, a los numerosos males que padece África hay que añadir uno peor y más corrosivo que cualquier otra plaga: el vandalismo que más que cualquier otro continente ha sufrido de lleno por los efectos perversos de la colonización, el despojo y la explotación.

La situación es tan alarmante que la Unión Africana ha invitado a los Estados miembros de la organización continental a tomar las medidas apropiadas para frenar la fuga de capitales que ya tomado la dimensión de una hemorragia. La suma exportada a título de flujos financieros no declarados por los países en desarrollo, cada año, es «casi diez veces los flujos de la ayuda internacional anual y el doble del montante de la deuda anual de los países en desarrollo», señala un informe del Consortium pour la recherche économique en Afrique (CREA), publicado por la revista Afrique Asie en mayo de 2014.

El efecto bumerán, la invasión bárbara  

Por una carambola de la historia de la que solo ella conoce el secreto, el efecto bumerán aparece en el siglo XX y se acentúa en el XXI hasta el punto de amenazar la blancura inmaculada de la población europea.

Francia suplió sus deficiencias llamando a las tropas del otro lado del mar con el enrolamiento de más de 1.200.000 soldados para defenderse en las dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945) y para la reconstrucción del país siniestrado.

Hasta el punto de que los franceses, por definición los auténticos indígenas de Francia, transponiendo el esquema colonial a la metrópoli, designaron con ese nombre, «indígenas», a los nuevos emigrantes que en realidad son los exógenos. Señal indiscutible de una grave confusión mental acentuada por las consecuencias económicas que esta mutación implicaba. Pasó lo mismo en el Reino Unido con el enrolamiento de los sherpas y los ghurkas indopaquistaníes de Bangladesh y Sri Lanka.

Sector principal de la población inmigrada a pesar de su heterogeneidad lingüística y étnica, con casi 20 millones de personas, de ellas 5 millones en Francia, la comunidad árabe-musulmana de Europa occidental aparece en razón de su efervescencia -tópico que sin embargo oculta una realidad- como el vigésimo noveno estado de la Unión Europea. Con la admisión de Turquía, Albania y Kosovo en la Unión Europea se elevaría el número de musulmanes a casi 100 millones de personas, que representarían el 5% de la población total europea, una evolución que hace temer a la derecha radical europea la pérdida de la homogeneidad demográfica de Europa, la blancura inmaculada de su población y las «raíces cristianas de Europa». Para un observador poco informado el conteo es impresionante: el 2,6 % de la población de Europa occidental es de origen musulmán, concentrada principalmente en las aglomeraciones urbanas.

Su importancia numérica y su implantación europea en los principales países industriales le confieren un valor estratégico y convierten a la comunidad árabe musulmana de Europa en el campo privilegiado de la guerra de influencias que libran las diversas corrientes del mundo islámico y por lo tanto barómetro de las convulsiones políticas del mundo musulmán. Ya es un hecho irreversible el anclaje estable de las poblaciones musulmanas en Europa, más allá del debate cíclico sobre la compatibilidad del islam y la República con su variante del islam soluble en la República.

En el umbral del siglo XXI Europa está minada por el auge del corporativismo, el comunitarismo y la xenofobia, exacerbados por la precariedad económica y la creciente marginación de una parte de la población, con la lucha contra el terrorismo como telón de fondo. A las guerras de saqueo de las economías de la orilla sur del Mediterráneo (Libia, Siria) se superpone el conflicto israelí-palestino, del que el Viejo Continente tiene la responsabilidad original, así como del antagonismo judío-árabe correspondiente. Europa parece buscar un segundo aliento mientras los diques de Schengen, la realización más hermosa de Europa, ceden bajo el flujo migratorio del hemisferio sur.

Europa y su frenesí belicista

A seis años de la caída de Gadafi y tras cinco años de guerra de destrucción de Siria, Libia y Siria aparecen como zonas sin ley que vierten hacia Europa un flujo migratorio constante, lejana réplica de una colonización intensiva de todo el planeta por parte de Occidente que causó una dislocación radical de la demografía y de la ecología política y económica de cuatro continentes (África, América, Asia y Oceanía) sin la menor consideración por el modo de vida indígena, sin la menor preocupación por un desarrollo sostenible del universo. Sin otro motivo que la codicia.

El Mediterráneo un cementerio marino

30.000 personas perecieron en 20 años, entre 1995 y 2015, a las puertas de Europa. 3.500 en 2014 y 2.000 en el primer semestre de 2015. Un número récord de 137.000 emigrantes cruzó peligrosamente el Mediterráneo durante el primer semestre de 2015, es decir, una subida del 83% con respecto al primer semestre de 2014. La situación empeoró en verano debido a las condiciones climáticas, el número de emigrantes en el Mediterráneo pasó en 2014 de 75.000 en el primer semestre a 219.000 a finales de año, según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Vieja democracia = democracia envejecida, ¿Turquía vigilante de la fortaleza Europa o chantajista?

Alemania padece un déficit demográfico que podría relegarla al segundo puesto europeo detrás de Francia de aquí a 2050. La propia Francia solo mantiene su puesto gracias a la capacidad reproductora de su componente «moreno». Entre la confusión y la improvisación, alternativamente se considera a Turquía vigilante de la fortaleza Europa o chantajista del drama migratorio, dado que el impulso de salida procede de Ankara, la eterna candidata a la Unión Europea.

El nuevo flujo migratorio procedente del hemisferio sur parece que deberá irrigar el mercado de trabajo europeo con mano de obra abundante, barata y sin duda dócil. Una ventaja apreciable para el capitalismo europeo, ya que mantendría la presión sobre los salarios bajos y desalentaría cualquier veleidad contestataria obrera o sindical.

El flujo migratorio, una deslocalización previa

El flujo constituye en realidad una forma de deslocalización previa en suelo europeo con el fin de mantener la competitividad de Europa. Con su contrapartida inevitable, la mezcla de la población en su terreno, el mestizaje.

Dos de los grandes BRICS, Brasil y Sudáfrica, son países de mestizaje debido a los europeos. Estados Unidos, la primera potencia militar de todos los tiempos, también lo es. Y también debido a los europeos. Ese será un precio a pagar o una oportunidad a aprovechar.

Las cargas migratorias «morenas» proyectadas navalmente por Libia y Siria hacia la ribera occidental del Mediterráneo, más allá de la amenaza que ciernen, según los puristas europeos, sobre la blancura inmaculada de la población europea, resuena en la memoria de los pueblos martirizados como la marca de las cicatrices anteriores que Europa infligió durante siglos a los «condenados de la tierra» y que ahora vuelve a su propia imagen. La imagen de la condena.

«Si una Francia de 45 millones de habitantes se abre ampliamente, sobre la base de la igualdad de derechos, para admitir a 25 millones de ciudadanos musulmanes, incluso en gran proporción analfabetos, no daría un paso más audaz que aquel al que América debe el hecho de no ser una pequeña provincia del mundo anglosajón», profetizó ya en 1955 el antropólogo Claude Lévi-Strauss en su obra Tristes trópicos , en un impresionante resumen de la problemática poscolonial en la que se debate la sociedad europea, en particular la sociedad francesa, desde hace medio siglo.

La historia es implacable con los perdedores. También con los que la insultan. El Coco, la mezcla es capaz tanto de lo peor como de lo mejor.

Así, en Estados Unidos el mestizaje ha creado a los supremacistas del Ku Klus Klan, pero también a Alex Haley (The Roots), James Baldwin, Toni Morison y William Kelly Brown (The Nig). A Louis Armstrong, Charlie Parker y Mahalia Jackson. A Jesse Owen, Carl Lewis y Wilma Rudolph. A Michael Jackson y Denzel Washington. A Martin Luther King e incluso a Barack Obama. Europa tendrá que optar y dotar de medios su política para no verse reducida a la política de sus medios. Resistir y no cometer la gran vileza moral de abandonar a su suerte la lucha de los demócratas turcos, de los demócratas sirios y de todos los demócratas sea cual sea su nacionalidad.

Nota de la traductora:

(1) La carga del hombre blanco (en inglés The White Man’s Burden) es un poema de Rudyard Kipling que, aunque tiene matices más profundos, su lectura directa se popularizó desde los puntos de vista dominantes en la época (racismo, eurocentrismo e imperialismo) justificando como una noble empresa, una ingrata y altruista obligación (incluso una sagrada misión en el sentido misionero), el dominio del hombre blanco sobre las que definían como «razas inferiores».

Fuente: http://www.madaniya.info/2016/06/02/flux-migratoire-l-europe-fossoyeur-de-sa-propre-cause-victime-de-ses-propres-turpitudes-passees-presentes/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.