Diversos analistas y expertos electorales han levantado la hipótesis de que la división política entre izquierda y derecha no tiene lógica en la actualidad. Según estos, las personas no votan por afinidades ideológicas, sino que, por intereses particulares, indicando que el “clivaje” (fractura o división estructural, social o cultural) entre los polos no es relevante en el mundo actual.
Esta tesis intenta eliminar lo que es imposible de desaparecer por que es parte de la esencia de la historia, la fuerza dialéctica que enfrenta a quiénes pertenecen al sector de los explotados en contra la de los explotadores, de los expropiados contra los expropiadores.
La idea de estos expertos es interesada, al borrar la oposición dialéctica, se elimina la fuente de la rebelión de las clases populares, se intenta desvanecer la potestad esencial del proletariado para contradecir y derrocar al poder, acabando así con siglos de luchas por crear un mundo equitativo confrontando la base del capitalismo. Un intento por desaparecer la herramienta principal del marxismo como interpretación de la realidad. En suma, la despolitización de las masas necesaria para terminar con toda resistencia.
Desde la revolución francesa de 1789 se crearon las características políticas que determinarían la lucha social hasta nuestros días. En la Asamblea Nacional quienes apoyaban al rey se ubicaron en el sector derecho mientras que los sectores liberales ocuparon el lado izquierdo.
En esos tiempos de revuelta, el pueblo carecía de derechos políticos, mientras que la ascendente burguesía se agrupaba para la búsqueda de la conquista del poder. La nobleza en el extremo derecho intentaba mantener el status quo donde todos los privilegios se les otorgaban.
Desde aquellos tiempos se entendió que la lucha entre las facciones políticas era un enfrentamiento existencial entre dos formas de entender la sociedad radicalmente opuestas.
La diferencia central entre los polos está en la representación de los grupos sociales: la izquierda promueve los derechos políticos de las clases desposeídas llamados los sans-culottes (sin calzones) utilizando las herramientas de la rebelión popular contra lo establecido. La derecha, presenta sus armas de la policía, la milicia del Estado y el capital con la intención de mantener todo en su lugar.
El enfrentamiento entre el grueso de la población contra quienes los controlan y explotan su trabajo tuvo una serie de explosiones expresadas en insurrecciones populares especialmente en Europa que se conocieron como la comuna.
El triunfo de la ideología liberal en lo económico con la democracia representativa en lo político empoderó a la burguesía como la nueva clase controladora de la sociedad.
Se impulsó el consenso que la economía tanto como la política debiera ser controlada por la doctrina del liberalismo, esto no supuso un cambio significativo en la forma de vida de los trabajadores, significó, más aún, un retroceso por la introducción del maquinismo de la revolución industrial, naciendo el concepto de proletariado: quienes venden su trabajo para lograr su sustento y la de sus familias.
La transformación radical en la lucha del proletariado fue la elaboración de la teoría del socialismo científico hecha por Karl Marx y Federico Engels configurándose un cambio que daría la fuerza ideológica necesaria a los sectores postergados para enfrentar y ganar la lucha de clases.
El enfrentamiento de clases sociales enseñada por el marxismo se convirtió en la centralidad de la política, mientras, los patrones abrazaron el liberalismo como su fuente doctrinaria esencial y el cristianismo como fuente para la pacificación de las exigencias proletarias.
La derecha agrupada con la fuerza del capital y con base en la construcción del Estado moderno enfrentó la insurrección de las clases populares con una debilidad ideológica frente al marxismo a pesar de que éste se dividió entre comunistas, quienes buscaban un cambio radical con la abolición de las clases sociales, y los reformadores socialistas, que querían cambios paulatinos que no pusieran en riesgo la democracia liberal.
La teoría marxista en conjunto con la práctica de Lenin dio sus frutos con la insurrección bolchevique en la revolución rusa de 1917. La construcción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) creó la primera república proletaria, un gran éxito que supuso una amenaza directa para el capitalismo en todo el mundo.
La respuesta de la derecha fue la creación de una nueva ideología que fuese exactamente lo contrario que el marxismo revolucionario. El nacimiento del fascismo en Italia de los años ’20 fue una ideología frankenstein que tomaba aspectos organizativos del bolchevismo, pero haciendo hincapié en el nacionalismo tanto como en la alianza entre las clases medias con los grandes capitales en contra del mundo popular.
Sin embargo, la nueva ideología era débil, para tomar el poder no podía hacerlo sin destruir a las fuerzas organizadas del proletariado donde primaban socialistas y comunistas. El Estado italiano y la burguesía fueron cómplices para que los fascistas destruyeran físicamente la organización y los liderazgos de la izquierda amén de errores estratégicos y divisiones en el seno de los partidos populares.
El fascismo y su variante alemana trajeron la ruina de sus países sometiendo al mundo a la guerra mundial que tenía como última razón la destrucción de la izquierda revolucionaria.
La caída de la URSS y de los países socialistas en diferentes partes del mundo propició más que una derrota de los proyectos populares, una destrucción de las ideas que sustentan la capacidad de acción tanto como de la cultura que permitió el triunfo de la revolución desde la izquierda.
La derrota central de los proyectos populares estuvo en la aceptación por parte de la izquierda de la nueva ideología de la derecha, el neoliberalismo. La izquierda buscó su identidad en ideologías de género o de minorías (woke) que vieron en el marxismo una carga del pasado en vez de la herramienta esencial para interpretar la realidad.
En nuestros tiempos el ascenso del nuevo fascismo enfoca como su objetivo central la destrucción de la ideología woke anidada en el seno de la izquierda democrática, sin percatarse que su gran aliado para cercar a la izquierda revolucionaria es exactamente esa ideología.
El fin de lo que se considera el fenómeno del wokismo debe llevar a la izquierda a retomar las enseñanzas del marxismo para entender los nuevos fenómenos del mundo actual, mantener la comprensión de la economía como rectora de las relaciones humanas como enseñó Marx, pero adaptando su pensamiento a los cambios que representan las nuevas tecnologías.
Como la revolución industrial a fines del siglo XVIII creó las condiciones sociales y económicas para el nacimiento del proletariado, la nueva revolución de la tecnología digital y la inteligencia artificial crearán las condiciones para el nacimiento de un nuevo proletariado. Mientras no se imponga la eliminación del capitalismo y la lucha de clases, la existencia de la izquierda y la derecha se mantendrá como la esencia del enfrentamiento por el poder político a pesar de que algunos lo den por superado.
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