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¿Éxito en el fracaso?

Fuentes: Rebelión

Heráclito de Éfeso filosofó junto al Caistro su panta rei, su «todas las cosas fluyen como ríos» y Joan Manuel Serrat canta a Antonio Machado desde la orilla del Mediterráneo: Todo pasa y todo queda; pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar. Desde la misma guardería se nos enseña que […]

Heráclito de Éfeso filosofó junto al Caistro su panta rei, su «todas las cosas fluyen como ríos» y Joan Manuel Serrat canta a Antonio Machado desde la orilla del Mediterráneo:

Todo pasa y todo queda;

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar.

Desde la misma guardería se nos enseña que no hay que equivocarse y de mayor se nos dice que hay que errar para corregir los errores. Y pronto nos damos cuenta que hay errores y errores.

Florian Illies escribe en Zeit magazin que ciertos errores son verdades nuevas: Cristóbal Colón buscaba la ruta a la India y encontró América. Poco después Henry Hudson buscando la China se topó de nuevo con América. Se podía pensar que Colón navegó tonta y erróneamente empujado durante semanas por las velas en la falsa dirección. Pero mira, a aquellos curiosos indios, a los que Colón, el fracasado buscador de la India, vio corretear por aquel país extraño lógicamente en su confusión denominó indios. Y hasta el día de hoy a los nativos americanos se les llama indios por el hecho de que Colón calculó mal la circunferencia de la tierra. Y el río junto aquel «Manahatta», como se le denominaba en 1609 en el lenguaje indio -el actual «Manhattan», en lenguaje de los cowboys de las finanzas recibió a vuelta de correo el nombre de Hudson, del buscador fracasado de China. También por el Houdson, como por el Caistro, ha corrido mucha agua en los últimos cuatro siglos de historia, y su nombre hoy día sigue pregonando a aquel magnífico fracasado.

Este tipo de equívocos y errores no sólo enaltecen el conocimiento del lugar, sino que resultan tan importantes para el progreso de la historia de la humanidad como las grandes y aburridas virtudes de la corrección, racionalidad y exactitud. O dicho de otro modo: Si no nos equivocamos es que no caminamos lo suficiente. La misma evolución, tanto la biológica como la cultural, sólo se pueden explicar como historia exitosa de equivocaciones y errores muy productivos. En el fondo se trata siempre del «error en copia» -normalmente la herencia original es lo se comunica a los descendientes, pero a veces se da un error en la copia. Con frecuencia no funciona, aparece como aborto y muere. Pero a veces de esta copia defectuosa surge algo imprevisto, que irrita y se impone. Y surge lo nuevo en el mundo. La gran variedad de la cultura y de la naturaleza no es, en el fondo, más que muchos errores en la copia original.

Johann Friedrich Böttger, tras experimentos y dedicación de años, nunca pudo dar con la fórmula de crear oro pero sí dio, en cambio, con la de la porcelana dura. Cuando Henri Becquerel examinó sobre si el uranio emitía rayos X descubrió incidentalmente la radioactividad natural; y en lugar de elementos radiactivos Otto Hahn descubrió la fisión nuclear. Progreso mediante error o «el fracaso como suerte», tal como lo formuló Christoph Schlingensief, para quien toda catástrofe personal encierra un momento mucho mayor de verdad que toda la normalidad de la vida, «que se pega en el álbum de fotos y se anota a la hora de la declaración de impuestos». Es decir, en palabra del sabio Hans Magnus Enzensberg, «de mis derrotas he aprendido más que de mis éxitos».

Y si esto no es capaz de volver a sacarle a uno de su apatía y depresión cuando alguien ha fracasado en el matrimonio, la empresa, ha perdido la vista o no es incapaz de montar el mueble comprado en Ikea puede dirigirse directamente en Rostock a una «agencia para el descalabro» y oirá de su director, Hans-Jürgen Stöhr, que «en todo fracaso hay una chispa de éxito». Y también «que en cada éxito hay un germen de fracaso». Y esto naturalmente es un bello consuelo. Porque quiere decir que, si fracasas, en el fracaso existe para ti una gran oportunidad. En cambio los otros, todos, que ahora disfrutan del éxito, tarde o temprano van a fracasar.

Y así se camina muy bien y muy ligero por la vida, y uno se ahorra el ponerse en manos de terapeutas.

Tras décadas de almibarar y hermosear currículums vitae, de esconder crisis o fracasos personales, resulta que tales ya no son mácula sino accesorio necesario que hay que anotar como dato de equilibrio, de autenticidad y madurez. Hasta resulta sospechoso el que todo haya transcurrido sin error alguno.

Con los años uno tiene la convicción de que sólo el fracaso puede llevar al éxito. Pero claro, es lección de los payasos Pirritx, Porrotx y Marimotots, que no todo el que busca la India y yerra encuentra siempre América.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.